LAS SORGINAS Y EL «SORGINETXE» DE MARI.

El culto a la vida y la muerte de la diosa vasca.

Actualmente sorgina quiere decir bruja o brujo en euskera, pero no siempre fue así.  Las sacerdotisas, asistentes de la diosa Mari eran las sorguinas. y poseían sus templos, los Sorginetxes.

Antiguamente para los vascos sorgin significaba “hacedora de creaciones, hacedora de nacimientos” de las palabras sortu (“crear, nacer”) y el sufijo –gin (“hacedor/a”). Eran las encargadas de los santuarios de la diosa ( como “Sorginetxe”),  «Sorginetxe» («casa de la bruja») es un monumento funerario megalítico construido aproximadamente en el 2.500 a.C. (neolítico), se encuentra en Arritzala (Álava). (Imagen de Portada)

LAS GRANDES PIEDRAS,«SORGINETXE» LUGAR SAGRADO

Cuenta Barandiaran en su libro «Brujería y brujas»:

En el pueblecillo de Arrizala, cerca de Agurain, existe un dolmen que ha sido considerado por el pueblo como habitación de brujas, llamándolo Sorginetxe (Casa de brujas).

En Arrizala, aldea próxima a Agurain cuenta también Barandiaran , me dijeron los lugareños de ésta aldea en 1964 que Sorginetxe o dolmen situado en aquel lugar fue construido por sorginak «sorguinas» y que éstas bajaban las piedras desde Atokolarri -Peñas de Entzia- Según otros, tales genios vivían en la Fuente de Lezao, situada sobre el pueblo de Eguileor, junto a una caverna del mismo nombre y venían a peinarse al dolmen. A veinte pasos de éste se hallaba enterrada según dicho popular de ésta comarca una piel de toro llena de oro.

La fe en el poder espiritual de las grandes piedras se mantiene en gran parte viva por las creencias populares. Por la misma razón la construcción de éste monumento, cuya denominación en euskera significa la casa de la bruja, se asigna a una sorgina o bruja. Con sus poderes mágicos trajo durante la noche las grandes piedras desde la caverna de Lezao, transportándola con ligereza sobre su cabeza al mismo tiempo que hilaba, para así demostrar sus poderes sobrenaturales.

Con grandes troncos rodados
de lo alto de las montañas
inmensas moles de piedra
hacia la llanura bajan

En Eguilaz, en el sitio
de la gran jornada
grandioso dolmen elevan
en que sus héroes descansan

El de Arrizala en el campo
Con pompa levantan
a los que heridos murieron
allí, en pos de la batalla

En los inmediatos valles
Desde Agurain hasta Ilarraza
Cada región a los suyos
otros numerosos labran


Federico Baraibar (Romancero Alavés, 1885).

La función de los dólmenes es el alojamiento de los difuntos, acción que cabe interpretar como un acto de veneración hacia los antepasados y la demostración de la propiedad sobre el terreno dominado por el monumento. «Nos pertenecen las tierras pues antes fueron de nuestros padres y antes de sus padres…y lo testificamos mostrando sus restos y riquezas». Se recurre a los muertos en la batalla. No sería casual que bastantes de los megalitos -dólmenes, túmulos o menhires- se enclaven en lugares que limitan valles, vertientes o sirvan de mojoneras entre localidades.

En cualquier caso sorprende el elevado coste de energía, tiempo y organización asumido en la construcción de los dólmenes (búsqueda de las losas, transporte – de varios kmts. en el caso de Aitzkomendi o Sorginetxe-, su alzado y fijación) por unos grupos que viven en cabañas de material vegetal, endebles y perdidas con el paso de los tiempos, de las que poco sabemos. Las tumbas son estructuras que se levantan para perdurar en el valle o en la montaña, entre grupos de vocación agrícola o pastoril.

Imagen de Marisa04 en Pixabay

LAS SORGINAS, SACERDOTISAS DE MARI

El origen de la palabra

Los expertos no se ponen de acuerdo en cuanto a la etimología de la palabra sorgin. Según José Miguel Barandiaran derivaría de sorte + -gin, es decir «echador/a de suertes», aunque también podría proceder de sor + -gin: «creador/a». Existe, sin embargo, otra posibilidad quizá más atractiva e incluso más apropiada, la que resultaría de sortu (nacer) + -gina (la que hace), es decir: «la que hace nacer», la partera.

Hechiceras y curanderas

Las Sorginas eran las encargadas de sanar a través del conocimiento de las hierbas y de traer al mundo a los niños, ejercían, por tanto, de matronas. También se puede interpretar como la comadrona actual, siendo además la curandera y heredera de la cultura indígena, objetivo principal de la «caza de brujas».

Las sorginas irradiaban el “Adur” (adúr), la energía que mueve el cosmos, a los niños que traían al mundo dándoles la vida. Uniéndolos a través de la irradiación del “Adur” a la diosa Mari, a la madre tierra, de la que provienen todos los seres o, como se decía en la antigua religión: «izena daukan guztia» ( “todo lo que tiene nombre, vive”).

Y es que todas esas personas (mujeres en su mayoría, pero también hombres) también sabían de fertilidad, de la reproducción y el parto, y de los anticonceptivos de la época.

Aunque sorgin puede ser tanto un hombre como una mujer, han sido estas últimas las que tradicionalmente han desempeñado este rol espiritual en las comunidades vascas. Las sorginas, esto es las hechiceras vascas, ocupaban (y ocupan) un papel análogo al de otras chamanes indígenas de distintas latitudes. Ellas eran las que conocían los secretos de la procreación y el nacimiento y, por tanto, hacían las labores de parteras y matronas. Igualmente conocían los secretos de las plantas y sus usos medicinales, por lo que también desempeñaban el papel de curanderas. También debido a su conexión con el mundo espiritual hacían las veces de consejeras, oráculos y sacerdotisas.

Sus lugares de encuentro.

Su papel relevante en la cultura tradicional vasca queda atestiguado por multitud de topónimos que han sobrevivido hasta nuestros días. Asi, entre muchos, encontramos: Sorguiniturri «fuente de sorguin», en Goldaratz y en Atáun. Sorguierreka «río de sorguin» en Motrico, Sorguinkoba «cueva de sorguin» en Amboto, Sorguinzilo «sima de sorguin» en Morga, Sorguinzulo «sima de sorguin» en Cegama y Atáun, Sorguintxulo «pequeña sima de sorgin» en Hernani, Sorguinziolak «cavernas de sorguin» en Ascain, Sorguingaztañeta «castañal de sorguin» en Ispáster, Sorguineche «casa de sorguin» que es un dolmen de Arrizala, Sorguinenleze «caverna de sorginas» en Zugarramurdi, Sorguinzuloeta «sitio de la sima de sorguin» en Atáun, Sorguin-pelota «juego de pelota de sorguin» en Atáun.

El lugar que escogían para celebrar sus fiestas, rituales sagrados y ceremonias era una cueva, ya que representaba las entrañas de la Madre Tierra o Ama Lur. Son de sobra conocidas las ceremonias sagradas de fertilidad y fecundidad que celebraban las sorginak, que popularmente se han conocido como Akelarres (prado del macho cabrio) y que fueron una de las causas de la persecución brutal y sanguinaria que sufrieron por parte de la Iglesia.

En algunas de estas ceremonias, y como siguen haciendo muchos chamanes indígenas de culturas de todos los continentes, las sorginak se servían de plantas con poderes psicoactivos para acceder a la dimensión espiritual. Este ungüento, formado por la combinación alquímica de varias plantas diferentes y que las sorginak se untaban en su cuerpo, recibía el nombre de gantzugailu. Cuentan que las palabras sagradas con las que accedían al vuelo chamánico que las desplazaba espacio-temporalmente eran: sasi guztien gañeti eta odei guztien aizpiti (“por encima de todas las zarzas y por debajo de todas las nubes”).

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Conmemoración de un aquelarre en la cueva de Zugarramurdi en 2009.

Es probable que los tan mentados encuentros de brujas no fueran más que bailes nocturnos al son de txistus y atabales o a lo sumo prácticas de drogadicción con alucinógenos como la belladona y el beleño. El lugar pasó a la historia, sin embargo, como “la catedral del diablo” y capital de la brujería española. “Aquelarre” (de Aker, macho cabrío, y larre, prado o campo) se convirtió en la palabra éuskara más mundialmente conocida.

En realidad, al igual que en otras partes de Europa, en el País Vasco perduraron distintas ceremonias y reuniones, unas más sagradas que otras, a las que acudían desde un numero reducido de participantes (sorginak) hasta otras en las que tomaba parte toda la comarca. Estos encuentros relacionados con las cosmovisiones animistas propias de todo pueblo indígena, eran la antitesis de los cultos tristes, grises y culpabilizantes que quería imponer la Santa Iglesia. La alegría y el goce, características intrínsecas a la vida con mayúsculas, formaban parte de muchas de estas celebraciones y esto fue algo que las mentes inquisidoras del catolicismo pusieron mucho empeño en destruir.

A veces  las sorginas  se confunden con las lamias (similar a las ninfas). Tampoco hay que confundir el termino de Sorgin con el de adivino/a, que recibe el nombre de azti.   Por otra parte existe el término «sorginazti», que se emplea tanto para hombres como para mujeres. Aunque sorgin puede ser tanto un hombre como una mujer, han sido estas últimas las que tradicionalmente han desempeñado este rol espiritual en las comunidades.

Existe la variante ‘jorgin-jorgina’, en los Pirineos de Aragón y Cataluña. Curioso, porque «Jorg» es la Madre Tierra de los nórdicos y vikingos.

Sorgiña, herbolera o faytillera, un insulto habitual.

La palabra sorgin tomó el significado de “bruja” cuando las autoridades eclesiásticas quisieron acabar con la religión vasca asociándola con la brujería y el satanismo. El término, con el tiempo, fue haciéndose equivalente al de bruja en castellano y pasaron a ser consideradas peligrosas. Todas ellas vivían en áreas rurales, zonas de «pagus», paganas, pues el cristianismo arraigó primero en las ciudades. Estas tierras eran por entonces las menos cristianizadas de toda la península.

A partir del siglo XV es cuando encontramos extendido el término sorgiña en los pleitos de los tribunales navarros de justicia secular. En tiempos de Carlos III, en Pamplona, el año 1415, María Sáinz de Reta y María Íñiguiz, su hija, tuvieron que pagar 10 libras porque habían insultado repetidas veces a María Johan, llamándola «sorgiña, herbolera y faytillera». En 1424 es multada con 7 libras una tal Teresa, clavera del capellán de Urruz, por llamar a una vecina, María Miguel «sorgiña provada».

Hacia 1500 se abren varios procesos contra los brujos y brujas de la sierra de Amboto (en el Señorío de Vizcaya) en la que se dice que vive una especie de divinidad llamada la «Dama de Amboto». En esta ocasión ya se habla de rituales de adoración al diablo en figura, entre otras, de macho cabrío (un testimonio de la época dice: «se dice y confiesa por muchas personas haber visto al diablo y hablándole, veces en figura de cabrón y otras veces en figura de un mulo grande y hermoso… y dicen éstas que se reconciliaron y confesaron su error…«). Siete años después aparece otro foco de brujería en un lugar no precisado que hace que intervenga el tribunal de la Inquisición española de Logroño, produciéndose la quema de unas treinta supuestas brujas

En 1517 se publica un tratado sobre supersticiones (Tractatus de Superstitionibus) de Martin de Arles, canónigo de Pamplona, que parece que se escribió en el siglo anterior, y en el que se refiere a las brujas del reino de Navarra. En el libro recoge la idea tradicional de la Iglesia, que arranca de Agustín de Hipona, que considera que lo que hacen las brujas es una ilusión provocada por el diablo. «El mismo Satán, a cada una de estas mujeres las capta, y, subyugadas por su misma infidelidad y dormidas, las hace ver, por medio de la fantasía, que se transforman en distintas formas y semejanzas de criaturas… de suerte que habiendo tenido el ensueño la mujer infiel cree que lo ha experimentado no en el ánimo, sino que le ha ocurrido corporalmente«

Fueron constantes los procesos por brujería durante más de un siglo. Uno de los más importantes fue el de Zugarramurdi (Navarra, a pocos kilómetros de la frontera con Francia,) en el año 1610.

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Representación de Mari, la Madre Tierra, la «Dama» o la «Señora» de las Sorgines,

EL ACOSO A  LA ANTIGUA RELIGIÓN.

Mari (mári), Maia (mái-a) o Ama-Lur (áma lur; madre tierra) era la diosa suprema de la antigua religión vasca,

“Y en aquella religión natural vasca, una de cuyas imágenes centrales era la Dama o Señora (Mari), eran fundamentales los ritos de regeneración y fecundación, pudiendo ser el Akelarre, en algún tiempo, uno de esos ritos. Eso puede explicar la importancia del macho cabrío (Aker) y del sapo, símbolos de la fertilidad y de la fecundidad respectivamente. Todo lo cual ponía en entredicho el modelo de familia androcrática heredado por la Iglesia de los romanos. Y eso no se podía tolerar.»

Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”

Según Julio Caro Baroja la brujería vasca tiene poco que ver con el culto al demonio ya que en el folklore vasco la bruja o Sorgina  se vincula con númenes. Así, en parte de Vizcaya y en Guipúzcoa, se cree que la señora  de las brujas es Mari, una especie de numen de las montañas, y a la que se llama la «Dama» y la «Señora». Esta Mari provoca tempestades y es representada como una mujer de belleza extraordinaria, que cruza los aires rodeada de fuego. Sus moradas dentro de las cavernas están llenas de oro y piedras preciosas. Pero los donativos que hace a la luz del día se convierten en carbón.

La antigua religión de los Pirineos poseía unas normas de actuar en la vida muy similares a las cristianas, por lo que fue muy fácil dar el paso de la religión primitiva al cristianismo. Sólo se tuvo que adaptar la trinidad, dioses y espíritus de la naturaleza  a la trinidad y santos cristianos. Hoy es el día que a la Virgen María en euskara se le llama Andra Mari (ándra mári; Señora Mari) que era el nombre con el que era llamada la diosa Mari. Gracias al parecido entre los nombres, el culto a la diosa Mari pasó a ser también, un culto a la Virgen María. Todas las vírgenes que existen en el País Vasco, así como sus iglesias, eran antiguas zonas de culto a esa divinidad. Lo mismo ocurrió con los santos cristianos, por ejemplo, el culto a Argia (arguía; la luz) pasó a ser un culto a Santa Clara, llamada en euskara Deun Argia (deun arguía; Santa Luz). A medida que avanzaban las lenguas y culturas latinas, iba desapareciendo la religión de Mari e iba extendiéndose el cristianismo.

Esta religión se perdió definitivamente en el siglo XVII, cuando las sorginas, similares a las meigas y a los druidas celtas, eran las encargadas de las zonas de culto, de hacer las ceremonias, de sanar a la gente a través de hierbas y de traer al mundo a los niños, fueron acusadas de brujería por la Inquisición. A partir de entonces la palabra sorgina que significaba en euskara antiguo matrona, pasó a significar bruja.

La existencia de la antigua religión, se ha conservado hasta nuestros días, a través de la transmisión oral, de generación en generación, de parábolas y cuentos imbuidos en las antiguas creencias que los abuelos contaban a sus hijos y sus nietos.

Ejemplo de la importancia de la mujer en el sacerdocio pagano son los ritos que aún se conservan en lugares como Urdiáin (Navarra), donde en los dos solsticios las mujeres recorren el pueblo formando círculos alrededor de las hogueras y cantando coplas al Eguzki Amandrea (o la Abuela Sol).

 En sus orígenes, según Julio Caro Baroja, «la Brujería vasca aparece ligada a una peculiar situación social del país y adherida a una tradición de paganismo, que hacía decir a varias personas del siglo XV que los vascos, tan católicos hoy, eran gentiles (paganos)».

Brujas, meigas, sorginas…. pese a la Iglesia…  haberlas ailas!!!

El dolmen de Sorginetxe, dibujado por Baroja, a veinte pasos se halla enterrada, según dicho popular una piel de toro llena de oro. (dibujo de Baroja)

FUENTES:

  • Wikipedia
  • La magia de las hadas  de Sirona Knight – Editor: Obelisco Ediciones
  • Hadas: Guía de los seres mágicos de España», Jesús Callejo
  • BARANDIARAN, Jose Miguel. Obras Completas. Tomos I y II. Bilbao: Biblioteca de la Gran Enciclopedia Vasca, 1972-73.
  • CAMPBELL, J.F. Popular Tales of the West Highlands. 1890.
  • HARTSUAGA, Juan Inazio. Euskal Mitologia Konparatua. Kriseilu, 1987.
  • CUENTOS, LEYENDAS, MITOS Y TRADICIONES DE AGURAIN
  • Imagen Portada de Pixabay

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Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.

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