Imagen Portada: CERES- Jean-Antoine Watteau.

Ceres es el símbolo de la Madre Tierra. Ceres es la diosa romana que enseñó a los humanos a cultivar la tierra y sembrar el trigo. Sus representaciones la muestran con un haz de espigas o bien con un cesto y una hoz o un tocado de frutos del campo.

La Hoz, herramienta sagrada de la diosa.

El símbolo de Ceres es una hoz, compuesta por una media luna orientada hacia la izquierda sobre una cruz. 

Una hoz es una herramienta agrícola hecha de hierro en aleación con cobre (que la hace resistente a la humedad) y que tiene como principal uso el corte de tallos de gramíneas, sobre todo de cereales. Es una herramienta que comenzó a usarse durante el Neolítico, cuando era fabricada en piedra o hueso, y hasta la invención de la cosechadora mecánica, el uso de hoces y guadañas estaba muy extendido en toda la población agrícola, por lo que frecuentemente era empleada también como arma de defensa o de ataque en los ejércitos europeos reclutados durante la Edad Media.

La hoz posee un rico simbolismo en Europa, en el que se incluye por ejemplo la habitual e icónica imagen de la Muerte. En el Apocalipsis, último libro de la Biblia, uno de los ángeles que anuncia el Día del Juicio empuña una hoz.  Dada su importancia en el mundo agrícola, la hoz ha pasado a ser un símbolo del trabajo, apareciendo frecuentemente en escudos de armas, simbología masónica y en el símbolo comunista de la hoz y el martillo.

En la mitología griega se dice que Cronos castró a Urano con una hoz de pedernal. La diosa  Ceres, diosa de la agricultura,  también porta una hoz a manera de símbolo.

Ceres es el símbolo de la Madre Tierra

En la mitología romana se asociaba a la diosa griega Deméter con Ceres. Ceres es el símbolo de la Madre Tierra dadora de sus frutos, es la tierra cultivada, arada. De Ceres reciben su nombre los cereales . Ceres o Deméter   es la diosa de la agricultura, nutricia pura de la tierra verde y joven, ciclo vivificador de la vida y la muerte, y protectora del matrimonio y la ley sagrada. Es la protagonista de uno de los más bellos mitos de la mitología griega, que se rememoraba cada año en septiembre en los cultos mistéricos de Eleusis: el mito del rapto de su hija y de la vuelta a la vida de ésta. Símbolo de la fecundidad y dolor maternal, lloró amargamente cuando Plutón rapto a su hija Proserpina.

A Ceres se la representa como una matrona bella y majestuosa, coronada de espigas de trigo; en una mano una hoz, o adormideras y espigas mezcladas, y en la otra una tea encendida; regularmente va coronada con una guirnalda de adormideras y acompañada de dos pequeños niños, pegados a su seno y llevando cada uno un cuerno de la abundancia que señalan suficientemente a la diosa como a la nodriza del género humano.

La diosa de la fertilidad y del trabajo del campo enseñó a la humanidad las artes de la agricultura: sembrar semillas, arar, recolectar, etcétera. Tenía doce dioses menores que la ayudaban y estaban a cargo de los aspectos específicos de la agricultura:

  1. Vervactor, que transforma la tierra en barbecho;
  2. Reparator, que la prepara
  3. Imporcitor (del latín imporcare, ‘hacer surcos’), que la ara en anchos surcos
  4. Insitor, que siembra
  5. Obarator, que ara la superficie
  6. Occator, que la escarifica
  7. Sarritor, que la escarda
  8. Subruncinator, que la clarea
  9. Messor, que cosecha.
  10. Conuector, que transporta lo cosechado
  11. Conditor, que lo almacena
  12. Promitor, que lo distribuye.

Su hija Proserpina fue raptada por Plutón, dios de los infiernos. Recorrió Ceres toda la tierra buscando a su bella hija y debido a su irritación y tristeza se perdieron las cosechas de los hombres. Intercede Júpiter. padre de Proserpina y a su vez hermano de Ceres, consiguiendo que, salvo durante los cuatro meses de invierno en que la naturaleza permanece dormida, su hija volviera como Ceres Eleusina, llamada así porque durante su búsqueda paró en Eleusis, ciudad donde sus habitantes instituyeron las fiestas iniciáticas de la Cerealia.

Dice Francisco de Soto que en estas fiestas. «…las virgenes y matronas se adornaban de vestiduras blancas y limpias, coronábanse de pámpanos y hojas de encina, llevando en la cabeza cestas y dentro de ellas llevaban todos los misterios simbólicos y secretos que sus sacerdotes enseñaban, llevaban también teas, velas, lámparas y hachas encendidas en memoria de las que encendió Ceres para buscar a su hija… y en alta voz iban llamando a Proserpina y diciéndole motes y donaires y dichos picantes; llevaban también dos grandes cestas cubiertas de flores la una que significaba la primavera , y la otra de espigas que significaba el estío.»

En Grecia eran numerosas las Demetrias, fiestas de Deméter, la diosa equivalente a Ceres. Los más curiosos eran indudablemente aquellos en los que los seguidores de la diosa se fustigaban unos a otros con látigos hechos de corteza de árboles. Se sacrificaban cerdos, debido a los daños que causaban a los frutos de la tierra, y se hacían libaciones de vino dulce. Reliquias propias de su culto, como cerdos votivos de arcilla, se fabricaban ya en el Neolítico. En la época romana, aún se sacrificaba una marrana a Ceres cuando había una muerte en la familia, para purificar la casa. Además del cerdo, la cerda o la jabalina, Ceres admitía también el carnero como sacrificio.

Los romanos adoptaron a Ceres en 496 a. C. durante una devastadora hambruna, cuando los Libros Sibilinos aconsejaron la adopción de su equivalente griega Deméter, junto con Perséfone y Yaco (mediador entre las diosas eleusinas y Dioniso). Ceres era personificada y honrada por las mujeres con rituales secretos en las fiestas de Ambarvalia, celebradas en mayo con procesiones en las que las romanas vestían el blanco propio de los hombres, quienes eran simples espectadores.

En sus festividades, las guirnaldas usadas eran de mirto o narciso, pero las flores estaban prohibidas, porque fue recogiendo flores como Proserpina fue raptada por Plutón. Únicamente le estaba consagrada la amapola, no sólo porque crece entre el trigo sino también porque Júpiter se la hizo comer para provocarle sueño y así darle tregua a su dolor.

Su hermano Júpiter, prendado de su belleza, engendró con ella a Proserpina. También Neptuno se enamoró de ella, y para escapar de éste Ceres se transformó en yegua, pero el dios se dio cuenta y se transformó a su vez en caballo, siendo así Ceres madre del caballo Arión. En Arcadia, los figalios elaboraron una estatua de madera cuya cabeza era la de una yegua con dragones a modo de crines, a la que se llamaba la Ceres negra y mostraba la faz más oscura de la diosa. Dado que esta estatua se quemó por accidente, los figalios descuidaron el culto de Ceres y por ello fueron castigados con una terrible sequía que no cesó hasta que se repuso la estatua.

A Ceres / Deméter se relaciona también con la diosa egipcia Isis, la fenicia Astarté y la mesopotámica Ishtar.   La identificación con la diosa Isis está en el hecho de que las dos deben emprender una búsqueda, su hija Core en el caso de Deméter y su esposo Osiris en el caso de Isis, produciéndose en los dos casos una paralización de la vida en la naturaleza, por la llegada del invierno en un caso y por el final de la crecida del río en el otro, hasta que se produce el encuentro y la naturaleza vuelve a renacer. Posteriormente, las sacerdotisas grecorromanas de Isis debían formarse previamente en los misterios eleusinos a través del modelo de las sacerdotisas de Deméter. La frigia Cibeles, que más tarde fue adorada en Roma como la «Gran Madre», podría pertenecer a esta lista. Hay aspectos del culto de estas diosas que han perdurado en la adoración de la Virgen María.

La tierra ha estado asociada desde siempre al enigma de la fertilidad y la fecundidad, de ahí que los barrancos, las fallas y las entrañas de la tierra hayan sido consideradas como enclaves donde la diosa Madre parece sentirse más a gusto. La ortodoxia Vaticana, ante la imposibilidad de eliminar estos cultos muy arraigados y antiguos, apostó por transformarlos en santuarios marianos.

Sea como fuere, no olvidemos que las leyendas marianas suelen cumplir una función pragmática básica: explicar el origen de un santuario y de una devoción, por tanto son, en última instancia, leyendas etiológicas ligadas a un lugar y a un culto a la Madre, aunque, lógicamente, en la leyenda aparezca al revés, el santuario se funda como consecuencia del milagro, y no es este el que se reelabora para explicar un culto, más o menos borroso en la memoria colectiva. De hecho, cuanto más aislado o rústico es el lugar, mayor enraizamiento parece tener la devoción mariana.

Y como tantas otras, el Santuario de Nuestra Señora de la Hoz en Ventosa, es una de las iglesias dedicadas a la Virgen y ejemplifica esta forma de reconversión cultural.  La estatua de Nuestra Señora de la Hoz, es para muchos autores, una pieza de gran antigüedad y valor; y la remontan a la época romana o visigótica.   La leyenda cuenta que por los años 1140 la figura refulgente de la Virgen María se presentó a un vaquero de Ventosa, fue traslada a Molina pero desaparecía y la volvían a encontrar en el lugar del hallazgo, donde le construyeron la ermita de la Virgen de la Hoz

FUENTES:

  • Wikipedia
  • Biblioteca Virtual Miguel de Cerva
  • Alfredo Orte Sánchez – rutasyleyendas.com
  • Cirlot, J.E. (1997): “Diccionario de símbolos”. Siruela.
  • Downing, Christine, LA DIOSA,  Kairós, Barcelona; 1999.
  • ARISTOFANES: TEATRO COMPLETO La fiesta de Ceres y PROSERPINA Librería y Casa Editorial Hernando, S.A ., 1984

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Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.
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2 comentarios en “La diosa Ceres , la Dama de la Hoz

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