La Vacuidad. El vacío de la mente y el ego

 

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La creación del Ego, el Yo pluralizado

El vacío es una señal del estado de absoluta ausencia del Yo pluralizado.

El «ego» (Yo Exterior) es, para la psicología, la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce como yo y es consciente de su propia identidad exterior.  El ego necesita contínuamente dar buena imagen ante la sociedad, carece de humildad. Es como una ilusión, una fantasía que pretende situarse por encima de los demás.

El Yo pluralizado son los  demonios interiores que crea el ego , que sentimos dentro de nosotros, que nos frenan, que nos causan temores, que nos hacen cometer actos agresivos que luego nos hacen arrepentir, nos hacen claudicar, nos vuelven a empujar. Los demonios interiores nos llenan de rencor hacia personas que han cometido actos hostiles hacia nosotros, nos crean ansias de revancha, nos inyectan con deseos de venganza. En psicoanálisis se llamarían ‘traumas’.

Cada sensación, cada emoción, cada pensamiento, cada sentimiento, pasión, odio, violencia, celos, ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc., están constituidos por pequeños Yoes . Cada uno de estos pequeños Yoes sólo representa una ínfima parte de la totalidad de nuestras funciones, pero cree equivocadamente ser siempre el todo

 Es importante que seas capaz de ver que todas las necesidades de aceptación exterior no son más que ilusiones, fantasías que tu ego te ha creado. Solo el acto de compararse con otras personas ya ensucia y deteriora la mente, la impurifica. La voz del ego, nos confunde y nos aleja de nuestro verdadero ser, impide que puedas sentir desde el corazón, desde la sencillez de tus emociones.

 Todos llevamos dentro a una gran persona que merece mucho la pena, no dejes que el ego te nuble y saque lo peor de ti,  vacia tu ego de yoes.

“Alcanza la total vacuidad para conservar la paz. De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla su retorno. Todos los seres crecen agitadamente, pero luego, cada uno vuelve a su raíz”.

Tao te King

La vacuidad no significa la nada.

La vacuidad o el vacío, además de clave para la comprensión del budismo, es un término bastante mal entendido.

El budismo dice:

“La forma no difiere del vacío y el vacío no difiere de la forma. La forma es vacío y el vacío es forma.”

Es debido al vacío que las cosas existen y, por el mismo hecho de que las cosas existen, deben ser el vacío. ). Lo principal que hay es que decir que el término shunyata (vacuidad) no se refiere a la nada, ni niega que exista el mundo ni el ser. Lo que niega es la existencia sustancial de las cosas o que tengan una existencia por su propia cuenta, independiente y separada de todo lo demás.

Subhuti, discípulo de Buda, descubrió de pronto la riqueza y fecundidad del vaciamiento de sí, cuando cayó en la cuenta de que ninguna cosa es permanente ni satisfactoria y de que todas las cosas están vacías de «yo». Y con este talante de divino vaciamiento se sentó, arrobado, a la sombra de un árbol, y de repente empezaron a llover flores alrededor de él.

Y los dioses le susurraron: «Estamos embelesados con tus sublimes enseñanzas sobre el vaciamiento».
«¡Pero si yo no he dicho una sola palabra acerca del vaciamiento…!»
«Es cierto», le replicaron los dioses, «ni tú has hablado del vaciamiento ni nosotros te hemos oído hablar de él. Ese es el verdadero vaciamiento». Y la lluvia de flores siguió cayendo.

El vacío no es la nada, el vacío es la vida libre en su movimiento. 

La vacuidad no es la nada, sino la naturaleza real de los fenómenos. Los términos verdad última, vacuidad y naturaleza última de los fenómenos son sinónimos.

El vacío y la existencia se complementan entre sí, se abrazan, se incluyen, jamás se excluyen, jamás se niegan. El vacio no se define, se siente. La esencia de la vida se siente, no se piensa (no se racionaliza o conceptualiza), y cuando se capta se comprende su naturaleza de vacío.

Una vez liberada de creencias erradas y emociones afligidas,
la esencia de la mente pura es la vacuidad,
la naturaleza de la mente pura es la claridad,
y la manifestación de la mente pura es la compasión.

―Kyabye Tashi Norbu Rimpoché

La Mente Pura, Mente Espiritual .

Es la Mente filosófica, en relación a la vida interior y elevados ideales no egoístas, no afectada por el miedo o el deseo.

La Mente Pura es el famoso vacío del Zen. Todo pensamiento surge y regresa al vacío en el mismo instante. Pero esto solo puede ocurrir si la mente no es acosada por la aflicción. Sin liberar la mente de la aflicción, codicia, odio, ignorancia, arrogancia, duda, resentimientos, clasificación de pensamientos, la persona común no podrá progresar.

Para el zen vaciarse significa darse cuenta de que realmente no se tiene nada y que nunca se ha tenido nada. Nada que ganar y nada que perder, nada que dar y nada que recibir; ser exactamente así de pobre y sin embargo ser rico en posibilidades inagotables.

La mente pura es de naturaleza femenina y esta hecha para recibir, asimilar y comprender; la mente es receptiva, quieta, silenciosa, como un océano profundo y tranquilo.

La mente debe cultivarse continuamente, si no, no habrá progreso. El cultivo no es una actividad exterior, sino que es la erradicación de los impedimentos de la mente. Si la Mente es Ku (vacío), esta mente no alberga nada en ella. Este es el “gran secreto” del Budismo.

La doctrina zen remarca con especial interés como fundamentos de su enseñanzas:

  •  La recuperación de la simplicidad y de la sencillez.
  •  La posibilidad de hallarlo todo, paradójicamente, al perderlo todo.
  • Un especial entusiasmo en la riqueza del vacío.
  • La inexistencia de un principio y un fin. Tan sólo existe el vacío.

Un poema zen dice así:

El camino perfecto carece de dificultades excepto la de negarse a admitir preferencias, sólo cuando se ha liberado del odio y del amor se revela plenamente y sin disfraces; una diferencia de un décimo de pulgada es lo que separa al cielo de la tierra. Si quieres verlo con tus propios ojos, no debes tener pensamientos fijos, ni a favor ni en contra.” “Todo es adecuado y a la vez nada es adecuado”.

La conciencia iluminada es fundamental para experimentar lo real y reducir al Yo pluralizado a polvareda cósmica; pero este estado está todavía al borde del Samsara (el mundo doloroso en que vivimos)

La razón de que permanezcamos en la prisión del Samsara es que seguimos cometiendo acciones contaminadas inducidas por nuestras perturbaciones mentales, que surgen de la ignorancia del aferramiento propio.

Esta ignorancia es la causa de todos nuestros problemas y engaños y la única manera de eliminarla es realizando la vacuidad. Aunque nos resulte difícil comprender la vacuidad, debemos hacer un esfuerzo.

La mente tiene que estar absolutamente libre de todo prejuicio, idea, comparación o duda. Liberarse de las creencias es la verdadera purificación de la mente. Y cuando se hace surge el vacío mental a través del cual la Luz puede atravesar. La mente de luz clara fundamental innata, se manifiesta cuando todos los otros niveles más groseros de conciencia cesan. El Dalái Lama dice que está vacía de de todo eso.

Llegar al centro mismo de la mente, llegar al vacío iluminador, al conocimiento objetivo, es algo tremendamente difícil, pero no imposible, todo gnóstico puede lograrlo si trabaja sobre sí mismo. Los que han eliminado al Yo pluralizado tienen un alma que controla permanentemente sus acciones.

En las filosofías místicas orientales, particularmente en el budismo se considera al ego como una ilusión. El ego se presenta como un velo de la mente que induce al sujeto a identificarse con su experiencia provocándole sufrimiento.

Seamos lúcidos, profundicemos, purifiquemos nuestra mente, pongámonos a contemplar, lo que no consiste en quedarnos inmóviles durante horas, pensando. Lo podemos hacer siempre que notemos la demanda interior, aunque cuando estemos en soledad, en la naturaleza o con personas en contemplación será más favorable

Experimentar y sentir el aspecto vacío de la mente:

Relajación del cuerpo físico imaginando una luz amarilla que nos va envolviendo tal y como vimos en las practicas de relajación.
Concentrarse en el siguiente koan o frase misteriosa del budismo zen:

“No es la mente, no es el buda, no es nada”.

Concentrarse en esta frase tratando de comprender su honda significación. Este koan * o frase enigmática es difícil de comprender y meditando en ella con el sano propósito de experimentar la verdad encerrada en cada una de las palabras contenidas en esta frase misteriosa, la mente cae vencida, como herida de muerte, entonces se resigna quedando quieta y en silencio.


El Satori

Una explicación sencilla de que es el Satori, el fenómeno que puede ayudarnos a vaciar la mente y poder meditar sobre nuestra existencia. Satori equivale en la cultura oriental lo que la Gnosis en la occidental.

Satori es un término japonés que designa la iluminación en el budismo zen. El término satori en idioma japonés significa literalmente ‘comprensión’. Satori es el momento en que se descubre de forma clara que solo existe el presente (donde nace el pasado y el futuro), creándose y disolviéndose en el mismo instante; con lo que la experiencia aclara que el tiempo es solo un concepto, que el pasado y el futuro son una ilusión al igual que todo el mundo físico. Satori es un momento de comprensión al nivel más alto, es ir más allá de la experiencia terrenal. Esta experiencia solo se da en niveles elevados de conciencia, comunes en los meditadores pero no al alcance de cualquier persona.

Alcanzar el “satori” equivale a descubrir el significado de la propia existencia. Experimentar el estado natural de la mente, del que emanan todas las buenas acciones y la armonía. Llegar a ser verdaderamente “humano”, relacionándose con los demás con una conciencia y comprensión intuitiva totalmente desinteresadas.

De acuerdo con Daisetsu Teitaro Suzuki, el satori es la «razón de ser» del zen, sin la cual el zen es «no zen». Así, cada paso, cada matiz, tanto doctrinal como disciplinario, es directamente hacia el Satori. La mente del estudiante debe prepararse por medio de un riguroso estudio, con el uso de los kōan y la práctica de la meditación para concentrar la mente, bajo la guía de un maestro.

El fenómeno SATORI – Cómo crear el vacío en la mente | El videoblog de Granmisterio


NOTA: 

* Un kōan es, en la tradición zen, un problema que el maestro plantea al alumno para comprobar sus progresos. Muchas veces el kōan parece un problema absurdo , ilógico o banal. Para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional común para así entrar en un sentido racional más elevado y así aumentar su nivel de conciencia para intuir lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras. Los kōan reflejan la iluminación o despertar de tales personas, y tienen el propósito de desconcertar el pensamiento discursivo lógico-racional y provocar un shock mental que lleve a un aumento de conciencia (despertar). En la cultura occidental, un tanto ajena a las sutilezas de la filosofía oriental, a veces se encuentra el término kōan referido a preguntas que no tienen respuesta o a enunciados sin sentido. El maestro Zen no está buscando que el discípulo sepa la respuesta correcta, sino evidencias acerca de sus progresos en la filosofía zen y la aplicación en su vida diaria.

Ejemplo de Koan:  Un nuevo nombre

Eido Tai Shimano visitó al  maestro Zen Shunryu Suzuki

– ¿Cómo te encuentras últimamente?, preguntó Shimano.
– Me han dado un nuevo nombre, respondió Suzuki.
– ¿Cuál?
– Cáncer.

FUENTES Y BIBLIOGRAFIA: 

  • Wikipedia
  • «Mente Zen, Mente de Principiante  de Shunryu Suzuki
  • Michael Wenger y José M. Prieto (2007). Penetrante compasión: cincuenta koan contemporáneos. Miraguano, Madrid. p. 244.
  • “Introducción a la vacuidad”, de Guy Newland.
  • “Claridad y vacuidad”, de Lama Thubten Yeshe, que viene a guiar al lector por una especie de proceso de meditación hasta alcanzar la vacuidad.

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