MEDITACIÓN SILENTE: El Silencio

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Tenemos que saber distanciar nuestra conciencia o mirada interior de nosotros mismos para poder ver bien nuestra agitación interior como meros espectadores. Así alcanzaremos el sosiego interior.

Presentar el silencio no es fácil. Hablar es un sin sentido porque el silencio es una práctica. En la vida se disfruta con la comunicación, con el encuentro, con el diálogo. El silencio debe formar parte de esta relación. Primero se habla pero luego el silencio es primordial. Con respecto a Dios, pasa lo mismo. Al principio, se siente la necesidad de decir algo porque si no parece que no se reza. Pero luego, hay que quedarse en silencio porque Dios tiene algo que decir. El silencio es para dar paso a a la Esencia de Dios que esta en nuestro interior. Es dar luz verde para que Él se haga presente a través de nuestra Alma.

En el silencio nosotros no somos los protagonistas. Es Dios quien tiene que serlo. Celebramos tan solo su presencia. Y conviene recordar que «si no os hacéis como niños…», no entramos en el silencio. Hay que aprender de ellos a no «hacer nada». Absoluta dependencia. Yo no puedo hacer. No sé hacer. Aprender a callar, a no hacer.

Mediten, hagan de la práctica diaria de la meditación, es la forma de estar conectados con la fuente. Lo único que no puede ser dividido es el silencio…que al dividirlo solo hay silencio, al igual que la Fuente que tampoco puede ser dividida.

El poder de la intención de Wayne Dyer.

El silencio crea el clima interior de quietud en el cual se puede escuchar la voz de Dios. El abstenerse de diálogo con otros libera la comunicación fácil, espontaneidad con Dios que es la oración meditativa.

“Donde falta el silencio, donde sólo hay las muchas palabras y no La palabra, entonces allí hay mucho bullicio y actividad, pero no hay paz, no hay pensar profundo, no hay quietud interior. Donde no hay paz, no hay unos y no hay amor”

Thomas Merton.-

Observa tu interior, tu mente, y fíjate en su «ruido», se asemeja al exterior. Palabras, imágenes, sensaciones, pensamientos persistentes, miedos, preocupaciones… que no te permiten escuchar tu silencio interior.
Un bullicio al que nos acostumbramos y que ya lo hemos naturalizado, perdiendo ese estado natural de silencio, de calma interna.

Mejor guarda silencio, no gastes tu saliva. La saliva es agua sagrada que el corazón crea. La saliva no debe gastarse en palabras inútiles por que entonces estas desperdiciando el agua de los dioses, y mira, te voy a decir algo que no se te debe olvidar: si las palabras no sirven para humedecer en los otros el recuerdo y lograr que ahí florezca la memoria de Dios, no sirven para nada

 Laura Esquivel

Si tomas conciencia de los sonidos que te envuelven te das cuenta de lo ruidoso que es todo a tu alrededor… coches, bocinas, músicas diferentes a todo volumen, gritos… que esconden otros sonidos que pueden ser más agradables.

Cuando uno se despierta se puede aprovechar ese primer instante en el que uno todavía no se ha “enganchado” a nada para iniciarse en la meditación contemplativa. Si tu mirada esta atenta podrás percibir que Él  ha estado allí. Toda la noche Él te ha respirado, se ha hecho cargo de ti.

«La felicidad se encuentra en el silencio»

F. Torán

En el silencio clarificas las aguas turbulentas que yacen en el subconsciente, y nace en ti una vitalidad que te conecta con tu plenitud. Alcanzas un vacío creativo y fértil, en el cual la mente ya no te domina. Tu ser, estar y hacer está bañado de la esencia que eres tú.

La meditación no sólo propicia el silencio interno, sino que es por definición el silencio interno, es el ejercicio de permitir al cerebro descansar completamente de los pensamientos.

En esos momentos de silencio cerebral, toma conciencia de que estás reconectándote con tu fuente de conciencia pura. Presta atención a tu vida interior para que puedas guiarte por la intuición, antes que por interpretaciones impuestas desde fuera sobre lo que te conviene o no te conviene.

Es el silencio lo que te permite aclarar las ideas, proponerte metas, armar estrategias para el buen desempeño de las labores de trabajo, de tu vida privada y de todas las cosas que quieras lograr.

Necesitamos «parar» la mente y para ello hay que practicar el silencio. Escucha más, habla menos; practica la respiración consciente, la relajación, la meditación, la atención plena… descubre como tu mente te sabotea, como insiste en dominar tu estado, aunque ¡tú eres mucho más fuerte!

En la meditación hay que estar atentos porque tenemos dos grandes riesgos: fugarnos hacia arriba –pensando, divagando, discurriendo, imaginando–, o fugarnos hacia abajo –relajándonos, durmiéndonos, evadiéndonos–. Cuando nos demos cuenta de que algo de esto nos está sucediendo, nos tenemos que volver de nuevo hacia el centro de nuestra atención, es decir, nuestra respiración. La respiración no hay que pensarla, solo atenderla. A Dios no hay que pensarlo, sólo atenderlo.

Acalla el interior desde la inspiración: respira con el diafragma y espera la Palabra que brota de dentro. Todo se recibe en la inspiración y todo se da en la espiración: es bueno que la espiración sea total, para que no quede ningún residuo. No debemos buscar en esta actividad el placer. No es necesario manipular, ni dirigir nuestro aliento. Simplemente observar y…, practicar, practicar…


SE APRENDE PRACTICANDO

Práctica el silencio, aunque sea unos minutos, de forma diaria, te va aportar beneficios que no sospechas. Pruébalo, no tienes nada que perder, solo «tus ruidos»! No se mata el hambre y su ruidos interiores  leyendo un libro de cocina o una carta de menús; se mata el hambre, comiendo.

 Podemos empezar con la meditación mas simple: la que se centra en la respiración. Poniéndo atención en ella, en como entra y sale de nuestro cuerpo, y jugando con sus ritmos. Junto con esto podemos visualizar diferentes cosas al ritmo de ésta. Entra el aire en la inhalación como un haz de luz que ingresa a nuestro cuerpo, exhalamos y liberamos pesos en el cuerpo, emociones negativas, cansancio, etc. Inhalo y me lleno de energía, exhalo y esa energía se expande abarcando todo mi cuerpo, inhalo energía y exhalo luz a todo mi cuerpo. Puedo enfocar esta energía en aquellas partes del cuerpo que más lo necesiten. Estos son algunos ejemplos de cómo podemos usar la respiración y la respiración más visualización para meditar. Esta práctica nos ayudará a ir adquiriendo hábitos meditativos, para poder alcanzar la meditación silente, donde la mente se acalla por completo, y logramos estar en el estado de quietud donde nos habla nuestra Alma

Si la meditación silente se nos hace muy dificil, podemos usar meditaciones guiadas. De este tipo de meditaciones hay muchas disponibles en internet. Si bien es cierto no son meditaciones en las que se cumpla el objetivo de aquietar la mente, llevándola al estado de silencio, de todas maneras hacemos un trabajo de centramiento al mantenerla enfocada en algo concreto, un algo que además será una visualización creativa, un mantra, ideas elevadas, música de altas vibracones, etc. Por ende de todas maneras estamos haciendo un trabajo que nos ayudará a alcanzar estados de armonía y paz.


MAS INFORMACIÓN: 

MEDITACIÓN: SABER MEDITAR


Meditar es ir hacia dentro de uno mismo. La meditación es “contemplación”.

Vivimos luchando por las cosas complicadas y olvidamos que mirar los campos es mas que suficiente para complacer a Dios.

Kalhil Gibran

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