La Oración Meditativa, la búsqueda de Todo.

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LA MEDITACION es el viaje de nuestra conciencia hacia el ser autentico. Es el camino directo al Espíritu Inconsciente y ascender del pilar al Alma. Lo que no significa soltar la materia sino unir Tierra y Cielo.

Para hacer meditación tenemos que transcender el cuerpo y la mente, cuando transcendemos el cuerpo y la mente alcanzamos conectar con nuestra Alma , nuestro Yo Interior pero tambien nuestra verdadera guia, pues ella esta conectada a Dios y al Cielo. Experimentamos nuestro espíritu y la certeza de nuestra naturaleza eterna. Así, nos amamos y nos sanamos y ese amor se expande a todo cuanto miramos y tocamos, vivimos lo mágico. Nos unimos a Dios y gozamos en él.

Existen variadas técnicas de meditación. Tan variadas como somos nosotros. Y en ese sentido hay técnicas de meditación para cada estado mental, emocional o físico, y para cada tipo de personalidad. Podemos encontrar fácilmente nuestra mejor técnica hasta que “el Todo Uno” se muestra y ya conocemos el principio del camino.
A partir de allí y progresivamente, todo en nuestra vida se transforma en meditación y un estado de paz interior se encuentra siempre dentro nuestro, revelándonos nuevos estados de conciencia constantemente, abriendo nuestras fronteras y despertando nuevos dones.
Así, en comunión con nuestro espíritu, en una espiral de evolución de la conciencia personal y atento a las necesidades del alma,  avanzamos en el camino evolutivo.

Entonces, una sacerdotisa dijo: Háblanos de la Oración. Y él respondió:
Oráis en vuestra pena y en vuestra necesidad; deberíais también hacerlo en la plenitud de vuestra alegría y en vuestros días de abundancia.
Porque ¿qué es la oración sino el expandirse de vuestro ser en el éter viviente?
Y si es para vuestra paz que volcáis vuestra oscuridad en el espacio, es también para vuestro deleite el derramar el amanecer de vuestro corazón.
Y, si no podéis sino llorar cuando vuestra alma os llama a la oración, ella os enjugará una vez y otra aún llorando hasta que encontréis la risa.
Cuando oráis, os eleváis para hallar en lo alto a los que en ese mismo momento están orando y a quienes no encontraríais sino en la oración.
Por lo tanto, que vuestra visita a ese invisible templo no sea más que éxtasis y dulce comunión. Porque, si entrarais al templo solamente a pedir, no recibiréis. Y si entrarais aun a pedir por el bien de los otros, no seréis oídos.
Es suficiente que entréis en el templo invisible.
No puedo enseñaros cómo orar con palabras.
Dios no oye vuestras palabras sino cuando Él Mismo las pronuncia a través de vuestros labios.
Y yo no puedo enseñaros la oración de los mares y los bosques y las montañas. Pero vosotros, nacidos de las montañas, los bosques y los mares, podéis hallar su plegaria en vuestro corazón.
Y si solamente escucháis en la quietud de la noche, les oiréis diciendo, en silencio:
«Nuestro Señor, que eres nuestro ser alado, es Tu voluntad la que quiere en nosotros.
Es Tu deseo, en nosotros, el que desea.
Es Tu impulso el que, en nosotros, cambia nuestras
noches, que son Tuyas, en días, que son Tuyos también.
No podemos pedirte nada porque Tú conoces nuestras necesidades antes de que nazcan en nuestro ser:
Tú eres nuestra necesidad y dándonos más de Ti, nos lo das todo.

Khalil Gibran – Extracto del libro “El Profeta”


LA INVOCACIÓN EN LA ORACIÓN MEDITATIVA: LA PLEGARIA

La invocación en la oración une nuestro estado de conciencia en la meditación con el poder de la palabra y con nuestra fuerza de voluntad innata. Se requiere práctica para construir la fórmula apropiada para la satisfacción de las plegarias, y cada uno de nosotros debe encontrar la fórmula que mejor le funcione.

Evidentemente, existen unas pautas. En cuanto hemos encontrado la fórmula y empezamos a cambiar y a cultivamos, cambiará también nuestra fórmula para la plegaria. Usándola de forma adecuada, disiparemos cualquier tipo de sombra. Por ello son tan importantes las afirmaciones. Éstas inician el proceso de creación del ambiente apropiado y el cambio de energía en el aura. Ayudan a clarificar la trama a fin de que la energía de nuestras plegarias pueda brotar más rindiendo un mayor fruto.

COMO PEDIR CORRECTAMENTE 

Se ha dicho: Pedid y se os dará, pero tenemos que aprender a pedir. Existen unas bases para pedir con toda devoción:

1. Imagen mental adecuada (concentrada y específica) de aquello por lo que estamos rezando. Debemos verlo como si ya fuera nuestro.

2. También tiene que haber una energía emocional aplicada a la plegaria. No se trata de la emoción del deseo, sino más bien de la emoción de la expectativa. Veamos la respuesta a nuestra oración como si la hubiéramos elegido de un catálogo y estuviéramos simplemente esperando que el mensajero nos la traiga a casa.

3. Tiene que haber una vocalización específica y segura. Esta vocalización resulta más efectiva si nosotros: o bien incluimos una referencia a algún aspecto divino que opere en el universo y en nosotros; o incluimos una afirmación acerca de nosotros como parte de este aspecto divino; o permitimos que el universo nos lo traiga en el momento, de la manera y por los medios que nos vayan mejor; o le permitimos que sea invocado en nuestra vida para el bien de todos y de acuerdo con la libre voluntad de todos.

4. Una vez que hayamos iniciado las plegarias, prestemos atención a la ley de recepción. Generalmente cuando rezamos por algo grande, durante unos cuantos días también pueden aparecer en nuestra vida pequeñas cosas. Es posible que alguien vaya a nuestro encuentro o nos ofrezca su ayuda. No quitemos importancia a estos pequeños detalles. Si rehusamos recibir las pequeñas cosas, el universo no nos enviará las grandes. A menudo son las cosas pequeñas las que inician la atracción magnética y las precursoras de la manifestación de las cosas grandes.

Nuestras dudas y temores retrasan las respuestas a nuestras plegarias. Establecen obstáculos e impedimentos. Una vez puesta en marcha, la energía de nuestras plegarias tiene que llegar a su fin, pero hay que intentar que lo haga en el mejor momento para nosotros. Hagamos lo que debamos hacer y dejemos que su satisfacción siga su propio curso.

Cualquier error en nuestras plegarias puede desembocar en unos resultados que no podemos utilizar o que no necesitamos. Mantengamos en secreto nuestras oraciones (sobre todo las oraciones personales). No en silencio, sino en secreto. Esto impide que otros interfieran en las energías. Impide asimismo que otros siembren la duda por lo que se refiere a la validez de nuestras plegarias. Muy a menudo hemos empezado un proyecto y hemos hablado de ello a nuestros amigos, y todo lo que hemos sacado de ello es que nos cuenten lo difícil que resultará o lo catastrófico que fue cuando lo intentaron su tío, su tía, su hermano, su primo o su amigo. En el silencio está la fuerza.

ESPERAR LA RESPUESTA…

Si tienes la costumbre de rezar u orar frecuentemente, recuerda que eso es sólo una parte de tu diálogo con Dios. Cuando estás rezando es como si le estuvieras hablando a Dios. Pero cuando estás meditando estás escuchando Su respuesta. Si sólo rezas, estás produciendo un monólogo en el cual no estás escuchando a la otra parte. Esta es la razón por la cual mucha gente religiosa se desconcierta y se queja de que Dios “no contesta sus pedidos”. Es imposible que eso ocurra.

El silencio de la meditación posterior crea el clima interior de quietud en el cual se puede escuchar la voz de Dios.  Una concentración en la cual la atención es liberada de su actividad común y es focalizada en nuestro YO Superior, nuestra Esencia divina, el Alma. Debemos tener tiempo para el silencio como también para la comunicación, tiempo para retraernos al silencio como también para envolvernos de paz interior. La  espiritualidad va más allá de las palabras y acciones, y llega la verdad última, la paz interna,  sólo en silencio y en el amor.

Dios siempre contesta y en forma inmediata. La solución es permanecer en silencio unos minutos después de rezar, y prestar atención a lo que recibimos internamente. ¿Cómo sabrás cuándo es Dios quien contesta tus inquietudes y no tu propio ego? Hay una clave para reconocerlo: las respuestas de Dios son siempre una forma de paz y armonía para todos los pilares: cuerpo, mente y espiritu.

“La oración es pedirle a Dios, la meditación es escuchar su respuesta”

El silencio y discurso son correlativos. Se complementan uno a otro. No importa que la oración sea esto, un incesante volver al silencio. Para permanecer atentos a nuestro interior sin distraerse, necesitamos un “ancla”. Tenemos dos posibles anclas: estar atentos a la respiración o estar atentos a una palabra –oración, mantra o pequeña jaculatoria (“estrella matutina, ruega por nosotros” es una jaculatoria)–.

¿Dónde está el silencio? ¿Dónde está el amor? Al final éstos no se puede encontrar en ninguna parte excepto en el fondo de nuestro propio ser. Allí, ya no hay más distinción entre el yo y él no-yo. Hay una perfecta paz porque estamos enraizados en el amor infinito, creativo y redentor. Allí encontramos a Dios, al que ningún ojo puede ver, y en quien, como dice San Pablo: “vivimos, nos movemos y existimos”, hechos 17,28

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