LA CUEVA, LA MATRIZ DE LA MADRE TIERRA

cueva diosaLa cueva, la caverna es el receptáculo de la energía telúrica, el reino de la “Mater Telluris.” .

“Las cuevas, grietas y cavernas de la tierra son manifestaciones naturales del útero primordial de la Madre. Esta idea no es neolítica en origen; se remonta al Paleolítico, donde las galerías estrechas, las zonas con forma oval, fisuras y pequeños divertículos aparecen decoradas o embadurnadas totalmente en rojo. El color rojo debió simbolizar el color de los órganos regeneradores de la Madre.”

Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa”

Uno de los aspectos que llama la atención dentro de la religiosidad ibérica es el del uso de cuevas-santuario, una costumbre que en algunos casos se había heredado de la época neolítica, y que se prolongó bajo dominio romano e incluso hasta el periodo medieval. En su interior o en las cercanías se han encontrado numerosas ofrendas y piezas cerámicas, así como restos de comidas rituales y de sacrificios animales.

Cueva de Mari en Amboto
Entrada de Mariurrika Kobea, en Amboto, morada principal de Mari.

Mari o Maddi es el numen principal de la mitología vasca precristiana. Es una divinidad de carácter femenino que habita en todas las cumbres de las montañas vascas, recibiendo un nombre por cada montaña (además de ser relacionada y a veces confundida con Amalur). La más importante de sus moradas es la cueva de la cara este del Amboto, a la que se conoce como «Cueva de Mari» («Mariren Koba» o «Mariurrika Kobea»), que atribuye a Mariel nombre de «Mari de Amboto» o «Dama de Amboto» («Anbotoko Dama»).

“Mari (la Gran Diosa vasca) toma generalmente forma de animal en sus moradas subterráneas y forma de mujer en la superficie de la tierra. Las figuras de animales, como la de toro, novillo rojo, de caballo, de serpiente, de buitre, etcétera, a que hacen referencia las narraciones mitológicas relativas al mundo subterráneo, representan, pues, a Mari y a sus subordinados, es decir, a los númenes telúricos. […] Las habitaciones ordinarias de Mari son las regiones situadas en el interior de la tierra, que comunican con la superficie por diversos conductos que son las cavernas. Por esta razones, Mari aparece preferentemente en estos lugares.”

J.M. de Barandiaran, “Mitos del pueblo vasco”

La diosa Mari hila preferentemente en la entrada de las cavernas. Porque representan una frontera simbólica entre el mundo físico y el mundo espiritual, y Mari se vale de su hilo dorado para mantener unidas estas dos realidades paralelas que forman parte de su ser.  Según la tradición oral vasca, Sugaar (serpiente macho) es el amante de Mari (Diosa).  Sugaar, al igual que el joven dios de las cosechas de tiempos neolíticos, debe ser entendido en última instancia como una emanación de la propia Diosa (símbolo del Todo) que le permite a ésta autofecundarse (Diosa partenogénica, diosa primigenia).

Al infierno vasco, a la matriz de Ama Lur, se entraba a través de las cuevas. Son muchos los sistemas religiosos que han visto en la caverna la matriz de la Madre Tierra, por lo que el hecho de ingresar ritualmente bajo el subsuelo por esta vía abierta al exterior se ha relacionado con una muerte o regreso al estado prenatal, para posteriormente surgir como nuevo ser creado a la vida. Los enterramientos en el interior de las grutas se relacionan directamente con esta consideración, es decir, la persona muerta regresa al útero materno, a la matriz de la Gran Madre telúrica, esperando su renacimiento de las oscuras entrañas.

Así mismo la antropóloga lituano-estadounidense Marija Gimbutas (1921-1994) señala que

«el tema principal del simbolismo de la Diosa es el misterio del nacimiento, la muerte y la renovación de la vida. Símbolos e imágenes se agrupan alrededor de la Diosa partenogenética y sus funciones básicas como Dadora de Vida, Ejecutora de la Muerte. Todo gira alrededor de la Tierra Madre, la vieja y joven Diosa de la Fertilidad, que nace y muere con la vida vegetal. Ella era la única fuente de toda la vida y quien tomó su energía de los manantiales, del sol, la luna y la tierra húmeda. Este sistema simbólico representa al tiempo cíclico, y no al lineal


Cueva del Utero
LA CUEVA DEL UTERO (Cueva de la Vulva),  en Bulgaria.

LA CUEVA DEL UTERO (Cueva de la Vulva), también conocido como Santuario Tracio. Data del siglo XI-X a.C . y esta situado en el pueblo de Nenkovo, en la región de Kardjali, en Bulgaria. Esta asombrosa estructura relacionada con antiguos ritos de fertilidad y fecundidad así como con la renovación anual de los ciclos de la Naturaleza fue descubierta y documentada en abril de 2001.

Mide 22 metros de profundidad y 2.5 metros de ancho.  Está en un lugar donde las paredes del la Cueva Vulva están constántemente húmedas por corrientes subterráneas de agua. A lo largo y profundo de la cueva , está construido un altar de 1 metro de alto que simboliza el Útero en sí mismo.
Al medio dia cuando el sol se aproxima a su punto mas alto en el cielo, su luz entra dentro de la cueva por una cavidad creada para ello en el techo de la cueva, y la sombra que refleja proyecta un falo en el suelo del corredor de la cueva…

Pero solo a finales de febrero y principios de marzo ocurre la «fecundación»  cuando el sol está en su más alto apogeo y llega a alcanzar el altar donde simbólicamente fecunda el útero sagrado de la tierra…  ya que al mismo tiempo que el sol va cobrando más luz, el falo proyectado en sombra va creciendo y acercándose hasta el altar, dando lugar a la fusión de masculino y femenino, en el mismo altar.

Ana Mº. Vázquez Hoys, refiriéndose a la cueva de Nenkovo, dice:

«Este fue el lugar donde los ritos órficos alcanzaron su clímax. También en la isla de Samotracia, en la costa tracia, en el Egeo, en un templo órfico, según los autores antiguos, jóvenes solteros eran iniciados en cultos sexuales (abitikos) con jóvenes mujeres tracias.
El significado de estas orgías es arquetípico. Según la tradición indoeuropea, el rey muere cíclicamente y renace de acuerdo con un ciclo cósmico anual. Para esta renovación, debe subir la montaña y llevar a cabo sacrificios de animales o una víctima humana así como llevar a cabo una unión sexual con la Diosa -Madre con lo que vuelve a renacer. Este es el antiguo mito del Hijo-Amante, nacido de la Diosa-Madre, que retorna a su útero en el momento de la cópula. (…)

La entrada a la Cueva es exactamente la entrada de una vulva.

 “Una gran sorpresa aguarda al visitante de Nenkovo, puesto que la entrada de la cueva es exactamente la entrada de una vagina. Y se adentra en la cueva unos 65 pies. Pero los expertos que han analizado el relieve están de acuerdo en considerar que el relieve natural cárstico correspondía solamente a unos 48 pies, siendo lo demás excavado artificialmente. Indudablemente, unas manos humanas continuaron la obra del agua que excavó el lugar durante milenios. Al final de la cueva, un altar excavado en la roca simboliza el útero mismo.

    La sorpresa real, sin embargo, tiene lugar al mediodía: cuando el sol se acerca a su punto más alto en el cielo, su luz penetra dentro de la cueva por una abertura especial de la roca y proyecta una perfecta y reconocible forma de falo de luz sobre el suelo. […] Solamente durante algunos meses del año, enero y febrero, cuando el sol está bajo en el horizonte, el rayo de luz fálico tiene la longitud suficiente para llegar al altar y fecundar simbólicamente el útero.”

Ana Mª Vázquez Hoyos, “El útero de piedra de Nenkovo”

Hay que recalcar que el esquema de Nenkovo es el mismo que el de Santa Bárbara de La Fresneda (Teruel): una cueva en forma de órgano sexual femenino; un trabajo de acondicionamiento de la roca al fin que se persigue, tanto en el aspecto externo como interno; un altar y la figura de un útero en su interior.

En el Alto Aragón existe un fenómeno prácticamente único en el mundo, pues aunque estuvo muy extendido y su práctica debió ser usual en toda la Tierra, sólamente aquí encontramos una representación intensa. Se trata de las Piedras Fecundantes o Piedras de los Moros, son una serie de peñas que han sido trabajadas por la mano del hombre dándoles formas de úteros y vaginas convirtiéndolas así en “templos sagrados de fecundidad”. Allí acudían mujeres para tornarse fecundas, también acudían hombres con problemas. Estuvieron perseguidas por la iglesia pero han seguido en uso hasta no hace mucho, (Peña Mora, estuvo en uso hasta hace 15 años). Morfológicamente son todas similares y también diferentes tanto en la forma de funcionamiento como en su origen.

Cueva Venus-de-Laussel
Venus de Laussel.

La Venus de Laussel conocida como «dama del cuerno», es un relieve de cuerpo entero realizado sobre la roca caliza. Es una de las obras básicas para comprender el Arte Paleolítico. Data aproximadamente del 25.000 a EC. Fue descubierta en el año 1909 por el doctor Lalanne en la Cueva de Laussel, en Dordogne (Francia), el 1911. Actualmente se conserva en el Museo de Aquitania, en Burdeos. Tiene casi medio metro de altura. Es una imagen ciertamente tosca, de exagerados caracteres sexuales, pero expresiva tanto de la actitud oferente como del sentimiento de su propia desnudez. La plaqueta de piedra tenía muchos restos de ocre y que ciertos investigadores han creído ver trece hoyuelos rodeando la silueta de la mujer, y que podrían simbolizar un año lunar o menstrual. La cornucopia en este caso simbolizará tanto la abundancia (fertilidad-sangre) como la Luna. Cabe destacar que la cornucopia tiene exactamente 13 estrías, la misma cantidad de lunas llenas que tiene el ciclo lunar completo.

“Las cuevas paleolíticas europeas, cuyas paredes estaban cubiertas de animales, simbolizaban la matriz de la Diosa, particularmente porque se han hallado esculturas de la Diosa en el exterior de las cuevas (Laussell) o en sus inmediaciones (Lespugue), lo que indica algún tipo de relación entre las diosas del exterior y los animales pintados en el interior.”

Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la Diosa”

Las cuevas de la Madre Tierra forman también parte de los ritos de «regreso al útero» de las culturas prehistóricas y que aún perviven en diversas formas en la actualidad. Estos ritos están asociados con un re-nacer espiritual (una forma de regeneración) o corporal (curar enfermedades). Para nuestros antepasados, entrar en este reino subterráneo era entrar en el vientre de la diosa primigenia, en un mundo espiritual paralelo al nuestro, en el que habitaban los difuntos, pero en el que también se gestaba y regeneraba la vida. Podríamos decir que más que un lugar de muerte, era un lugar de regeneración, como lo demuestra el hecho de que a lo largo de decenas de miles de años de prehistoria, pervivió el rito funerario de enterrar a los difuntos en posición fetal.  En una cueva, uno se siente “dentro de algo” que te envuelve, también con su apelmazada oscuridad.

“En la cosmovisión mapuche, como en otras tradiciones chamánicas del planeta, las entrañas de la tierra son entrañas propiamente dichas, intestinos (Küllche), con el sentido implícito de útero, matriz o seno materno. Estas con sus innumerables circunvoluciones son las que recorre la machi (chamána) en su descenso, y por esas mismas tripas salieron los primeros humanos (Lliche, antepasados) en uno de los ciclos cósmicos de la saga mapuche. Lo mismo dicen los hopi de Norteamérica y para ellos el laberinto es el símbolo de la Madre Tierra. Compartían igualmente esta idea los toltecas. Para los mesopotámicos las tripas eran la representación de la Tierra.”

Aukanaw, “La ciencia secreta de los mapuches”

Hay muchos mitos de origen indoeuropeo sobre la cueva. En estos mitos se suponía que el curso del agua era una corriente fecunda masculina que corría por la cueva – matriz, muchos jóvenes solteros y doncellas solteras se reunían en las cuevas locales como culto a la fertilidad, concepción de vida.

Incluso se puede especular que el Arte fue descubierto en oscuras cavernas de cuevas, donde el hechicero primordial probó y experimentó por primera vez con su mente y su conciencia. Este descubrimiento probablemente le dio un hechizo mágico y un asombro incrustado a su tribu, similar al momento en que se descubrió el elemento del Fuego. Esto es quizás cuando el hechicero llegó a la comprensión divina de su poder e importancia para reconfigurar la realidad, con sus nuevas potencialidades artísticas. Para guiar a su tribu con visiones y sueños tomados de la oscuridad del Vacío.

 “Todas estas cuevas paleolíticas, magníficamente decoradas, fueron protegidas por un acceso muy difícil. Al trasladarse de la luz del día a una completa oscuridad, resulta imposible no sentir un escalofrío de temor y sobrecogimiento cuando se recorre el mismo camino hacia el corazón de la tierra que la gente realizaba hace 30.000 años. Ellos únicamente contaban con lámparas de piedra hueca, con mechas de ramitas de enebro, y aceite de grasa animal para alumbrarse. ¿De dónde sacaron la valentía para deslizarse y arrastrase por estrechos pasajes laberínticos, respirando entrecortadamente, recorriendo cavernas lo suficientemente amplias como para contener una catedral, hasta el santuario que se hallaba al fondo?

Seguir el tortuoso sendero que lleva al santuario, o descender a una caverna-útero enorme, tiene todas las características de una iniciación tribal del tipo que algunas tribus contemporáneas aún practican. La visión que en Lascaux uno se encuentra al final de este viaje, se experimentó seguramente como un segundo nacimiento a una nueva dimensión.”

Anne Baring y J. Cashford, “El mito de la diosa”

Las cuevas inspiraban miedo y respeto. El origen de esas cavernas era misterioso en la antigua Grecia, por eso creían que eran obras de manos divinas y que estaban habitadas por los dioses. En su interior corrían fuentes termales que exhalaban vapores extraños y el peregrino que entraba allí jamás conseguía ver todo el interior ni permanecer tranquilo ante los efectos de dichos vapores, mientras el sonido del agua sobre las piedras parecía velar una voz, lo oracular del dios Pan, lugar de la profecía, la psique como manifestación de nuestros oráculos.

Dotada de oscuridad permanente, la caverna negaba los principios ordenadores de la superficie terrestre, el espacio regido por el movimiento del sol y las estrellas. Era el espacio alterno de la muerte y la resurrección de las plantas, los animales y de la propia estirpe humana. Cuentan las abuelas aymaras, que antes, las mujeres que no podían tener hijos, pasaban largas horas meditando en las mankapachas o cuevas uterinas de la tierra, y de ahí salían embarazadas. Decían que estas mujeres llevaban en su vientre el hijo que la Madre Tierra ha concebido. Los mayas yucatecos creían que cuando la Luna desaparecía del horizonte (durante la conjunción), ella moría o se iba a dormir a una cueva o un pozo, sólo para resurgir nuevamente.

 “Para los pueblos indígenas americanos la cueva simbolizaba el vientre de la Madre Tierra de dónde nacen todos los seres humanos y a donde van a morir, un lugar al que los grupos de habla nahuátl identificaban con los términos Colhuacan, Cincalco y Tamoanchan: es decir, el lugar de origen y procedencia de los antepasados.”

Doris Heyden, “Mitología y simbolismo de la flora en el México prehispánico”

CUEVA MANOS
Manos desnudas. Huellas indelebles de humanos antiguos acariciando  la agrietada piel uterina de una caverna solitaria. «Cueva de las Manos, río Pinturas», en Santa Cruz (Patagonia argentina), 7350 a. C.

«La cueva, la tierra, la madre, la matriz, la materia… La tierra es madre, la tierra es mujer, la naturaleza es mujer, la vida es mujer.»

Las cuevas son lugares mágicos para el inconsciente colectivo. Donde se gestan los sueños y se proyectan los deseos de prosperidad. Debemos prestar especial atención a los sueños sobre una cueva.  La cueva es la matriz de la Madre Tierra. Entrar en este santuario era una fuente de poder, de renovación cíclica. Aún lo sigue siendo en nuestros sueños, y en el vientre cálido de la Madre Primigenia estamos soñando para gestar nuevas realidades. Ahora, en el agitado mundo en que vivimos se hace más crítico establecer un tiempo para entrar en la cueva sagrada, el santuario que existe en nuestro interior y que nos permite proyectar nuestros deseos.

¡Que la Magia Amorosa de la Naturaleza transforme tu Corazón!


FUENTES:

  • Wikipedia
  • http://www2.uned.es/geo-1-historia-antigua-universal/PDF/MATRIZ%20DE%20LA%20GRAN%20DIOSA%20%20MADRE%20NEOLITICA.pdf
  • http://hoyadehuesca.huescaenbtt.es/rocas_fecundantes_1_A.htm
  • https://elembrujodegaia.blogspot.com.es/2014/06/cueva-de-las-manos.html
  • Breuil, Henri, «El Paleolítico», en El Arte y el Hombre, volumen I, por René Huyghe. Editorial Planeta, Barcelona, 1965.

0 Respuestas a “LA CUEVA, LA MATRIZ DE LA MADRE TIERRA”

  1. Siempre hermosas y esperanzadoras tus palabras y/o relatos. Re encontrar o re conocernos. Esa dualidad muerte/regeneración. Posición fetal cuando uno está mal pero que también de esa posición venimos a la vida. Guauuuuu. Gracias, grcs, grcs.

    1. Gracias por sus palabras también. Todos necesitamos un reconocimiento por lo que hacemos, me motivan a seguir, aunque ultimamente mi tiempo es muy limitado. Feliz semana.

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