Pan, semidiós de los pastores y de la naturaleza salvaje.

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Pan es el semidios de los espíritus de la naturaleza. Él es mitad hombre y mitad cabra. Travieso, lascivo y a pesar de su fealdad, sensual. Se divertía cazando y bailando con sus adoradas ninfas.

Pan era el dios de los bosques, de los rebaños y los pastores. Este mito tiene su origen en la antigua región griega de Arcadia ( la región de los osos), una zona húmeda, boscosa habitada por un pueblo de pastores en cuyos ritos de fertilidad se adoraba al macho cabrío. Con el tiempo esta figura se asimiló a la del dios Pan. La cabra ha estado vinculada a las fiestas Dionisiacas desde la antigüedad clásica y los ritos de fertilidad son dedicados a la cabra, la cosecha y la vendimia, asociados con la muerte y la renovación de la vida.

Pan es un niño abandonado, envuelto en una piel de animal y agradable a los dioses. Según la versión más difundida de entre las muchas existentes acerca de su origen, lo primero que Pan escuchó en su vida fueron los gritos de horror de su madre, la hija de Driope, al ver la criatura a la que acababa de dar a luz. Después de que ella saliese huyendo, Hermes, que era el padre del nuevo dios, lo envolvió en una piel de liebre y lo llevó a la morada de los inmortales. Al verle, todos se alegraron, sobre todo Dionisio-Baco. Le dieron el nombre de Pan, ‘todo’, porque les había alegrado a todos. Sus risas burlonas lo rodearon durante los primeros momentos de existencia.

Ahora bien, existen algunas discrepancias en cuanto al verdadero origen de Pan, ya que algunas versiones de la mitología afirman que es hijo de Hermes y otras que de Zeus, o quizas de Apolo e incluso de Cronos. En cuanto a la identidad real de su madre también hay ciertas incertidumbres ya que se dice que pudo ser Dríope, o quizá Calixto. Existe otra versión en el sentido de que Ulises repudió a Penélope cuando regresó de sus viajes por no haberle sido fiel, una vez abandonada concibió al dios Pan como producto de su unión con Hermes. Otra tradición cuenta que Penélope tuvo varios amantes al mismo tiempo durante la ausencia de Ulises, de todos ellos quedó encinta y el fruto fue Pan, nombre que significa hijo de todos.

Según otra leyenda, Pan era hijo de Zeus y de la bella ninfa Calisto que pertenecía al cortejo de Afrodita y era una de sus favoritas. Como castigo por haber tenido amores con Zeus, Calisto fue convertida en osa por la diosa Hera, pero el gran dios del Olimpo trasladó a su amante al cielo, donde la colocó para siempre como una constelación a la que se dio el nombre de Osa Mayor.

Pan representaba a toda la naturaleza salvaje. Era cazador, curandero y músico. Su hábitat en la Antigüedad, al igual que el de sus formas romanas posteriores (Fauno, Silvano) y sus compañeros, lo constituían los pequeños valles, las grutas, las fuentes, los bosques y los lugares salvajes, nunca los pueblos, jamás los asentamientos cultivados y vallados del mundo civilizado; santuarios en cavernas, no templos edificados.  Pan es primitivo correteando tras las ovejas y las ninfas, espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos, pero no hay que creer que es un dios estúpido, muy al contrario, atesora la sabiduría de la naturaleza en su versión más cruda y sincera.

El dios Pan era mitad hombre, mitad animal. Tenia una cara barbuda y llena de arrugas, la nariz achatada, el cuerpo velludo, dos pequeños cuernos en la frente y extremidades inferiores de macho cabrío, con pezuñas en lugar de pies. Era ágil y  bien dotado para la carrera; trepaba por las rocas y se oculta entre la maleza con habilidad. Portaba en la mano el cayado o bastón de pastor y tocaba la Siringa, a la que también se conoce como Flauta de Pan.

Al crecer, Pan se alejó del Olimpo, vivió a la periferia de todo. En su Arcadia natal, era donde Pan encontraba la seguridad y el cobijo que tanto necesitaba para mitigar su soledad, ese estado le empujaba, por sentirse despreciado por mortales e inmortales, a cometer los actos más deplorables que mente humana o divina pudieran imaginar.  Vivía en una gruta del Parnaso llamada Coricia.

Las cuevas inspiraban miedo y respeto.  Las “oscuras cavernas” donde era posible encontrarlo (El Himno órfico a Pan) fueron comprendidas por los neoplatónicos como los recodos materiales en los que reside el impulso, los agujeros oscuros de la psique donde nacen el deseo y el pánico.

El origen de las cavernas era misterioso en la antigua Grecia, por eso creían que eran obras de manos divinas y que estaban habitadas por los dioses. En su interior corrían fuentes termales que exhalaban vapores extraños y el peregrino que entraba allí jamás conseguía ver todo el interior ni permanecer tranquilo ante los efectos de dichos vapores, mientras el sonido del agua sobre las piedras parecía velar una voz, la oracular del dios Pan, lugar de la profecía, la psique como manifestación de nuestros oráculos.

A Pan se le atribuían dones proféticos.  Pan -como su padre Hermes- tiene el don de la profecía y poderes médicos que despliega sobre todo apareciéndose en sueños y dando en este escenario respuestas a los problemas concretos del soñante. .

Pan es como Hermes un psicopompo, un mediador entre mundos: entre los dioses y los hombres , una especie de instancia psiquica ligada a lo instintivo pero también a la comprensión de las necesidades inconscientes.

Hasta el siglo VII a. de C. apenas es importante, y las teogonías ni siquiera se ocupan de él, pero segun cuenta Heródoto, unos días antes de la batalla de Maratón, un mensajero ateniense que volvía de pedir ayuda a Esparta encontró al dios y éste le prometió que vencerían a los persas. Por ello, tras ganar efectivamente la batalla a causa de un súbito pánico en las filas enemigas, fue incluido entre los grandes dioses reconocidos por el estado. En la propia ciudad de Atenas se le consagró una de las grutas de la vertiente norte de la Acrópolis y se decretó en su honor una fiesta anual donde se realizaban carreras de antorchas. También estaban consagrados a Pan los montes Ménalo, Lampea y Nomia, todos ellos en Arcadia. Por otra parte, en Licosura existía un santuario oracular de Pan. El sitio de culto al dios Pan proviene de la yuxtaposición de rasgos naturales que incluyen bosques, manantial y caverna.

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Banias; centro de culto al dios Pan. Los restos de la ciudad de Banias (pronunciación árabe para Panias) se encuentran en el norte de Israel, a los pies del Monte Hermón. Aquí, debajo de un empinado risco, brotan frías aguas del manantial del Banias, una de las fuentes del río Jordán.  Desde tiempos inmemoriales, el lugar ha sido visitado por pastores que practicaban su culto en la caverna y en el manantial.

 A partir de entonces su culto se propagó por el mundo griego, llegando a Italia, donde se le confundió con el rey divinizado Fauno (también semicabro), protector del ganado contra los lobos, por lo que se le conocía como «lupercus». Las Lupercales son las fiestas dedicadas al dios Pan en el Lacio. Se celebraban el 15 de Febrero. Sus sacerdotes, los Luperci, inmolaban machos cabríos y cabras, se cubrían con las pieles y corrían por las calles cubiertos con ellas, esgrimiendo látigos de cuero con los cuales pegaban a los transeúntes.

Las primeras representaciones de este dios con cuernos Pan se pueden encontrar en todo el Oriente en historias e ilustraciones de los antiguos fenicios y griegos, anteriores a la datación de estos hallazgos en Occidente. Fue venerado en la antigua Creta, Jonia, Grecia y en Egipto. Una de las primeras apariciones de Pan en la literatura fue en el siglo VI aC en la Odicion Pythian III del poeta antiguo Píndar. 78, Pan está asociado con una diosa madre , tal vez Rhea o Cybele ; Píndaro se refiere a las vírgenes que adoran a Cibeles y Pan, cerca de la casa del poeta en Beocia .

Era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer.  La risa de Pan era maravillosa, como la «primera brisa de la primavera, llenando toda la caverna con la esperanza». Hasta la llegada del medio día cuida de sus rebaños, sus colmenas y sus animales. Después, se echa a dormir bajo la sombra de los árboles o junto al frescor de las fuentes, siendo muy irascible si alguien le molestaba durante su siesta.  Por esta razón en la Arcadia, nadie se arriesgaba a molestar a quien plácidamente se encontrase durmiendo la siesta, pues era la creencia que si se interrumpía el sueño de la persona, era al mismísimo Pan al que se le despertaba, lo que ocasionaba la ira del dios.

Pan esta vinculado con otros panteones de dioses de la antigüedad.

En la mitología romana se identifica a este dios con Fauno. Pan era, también, el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada. Dotado de una gran potencia y apetito sexual, se dedicaba a perseguir por los bosques, en busca de sus favores, a ninfas y muchachos. En muchos aspectos, el dios Pan tiene cierta similitud con Dioniso. Era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer. Vivía en compañía de las ninfas en una gruta del Parnaso llamada Coriciana. Se le atribuían dones proféticos y formaba parte del cortejo de Dioniso, puesto que se suponía que seguía a éste en sus costumbres. Era cazador, curandero y músico. Habitaba en los bosques y en las selvas, correteando tras las ovejas y espantando a los hombres que penetraban en sus terrenos.Aparte de su conexión con los dioses Fauno ( protector de los rebaños ) y Silvano ( de los bosques ) en Roma a este dios se le ha identificado con el dios Mendes de los egipcios, una cabra hermafrodita en la que podemos encontrar similitudes con el dios Pan.

También se le ha relacionado con el dios de los babilonios Tamuz, el dios que hacía despertar la primavera. Con el dios astado de los celtas Cernunnos, al que se le representaba en la forma de un macho cornudo relacionado con la fertilidad. Entre los precolombinos aparece el dios Xochipilli, que es como el dios Pan; es el dios del amor, los juegos, la belleza, las flores, el maíz, el placer, de la ebriedad sagrada y de la música,

Pan podía resultar un dios aterrador.  Conocemos como ‘pánico’ al estado de miedo intenso-del griego Panikós, temor extremo y repentino-  y el cual, en ocasiones, se convierte en colectivo o contagioso. Los griegos atribuían al dios Pan los ruidos y rumores de que están pobladas las zonas boscosas de montes y valles, que en especial cuando crecían en intensidad producían toda una escala de miedos que llegaban al terror. Al igual que muchas otras deidades de la naturaleza, Pan era reverenciado y temido por aquellos cuyas ocupaciones los obligaban a atravesar los bosques de noche. El viajero, temeroso ante la majestad nocturna, sintiéndose pequeño y vulnerable bajo el sombrío ulular del viento entre las hojas, caminaba intentando dominar la inquietud que le devoraba las entrañas. De esta forma, se le atribuía la generación del miedo enloquecedor. A esta especie de miedo provocado por los alaridos del dios Pan, le llamaron pánico que, en principio, significaba el temor masivo que sufrían manadas y rebaños ante el tronar y la caída de rayos.  En dos ocasiones en la Antigüedad (en Maratón y contra los celtas en el año 277 a.C.), Pan se apareció de forma terrorífica y los griegos lograron la victoria. La huida provocada por el pánico constituye una reacción de protección, aunque en su ceguera el resultado pueda ser más desastroso.

Pan era también el dios de la fertilidad y como no, del ardor que la mentalidad patriarcal atribuía al género masculino. Esa sexualidad desbocada que se apodera del macho, haciendo que desee embestir con su incontrolable miembro a todo lo que se mueve y respira. Esa danza frenética que era acompañada por los sonidos melodiosos que sabía extraer de su caramillo, embelesando con sus notas a las ninfas de los bosques, ocasión que el lascivo dios aprovechaba para tomarlas, ya fuese por voluntad propia o por la fuerza, si se resistían a yacer con él. Los ritos de fertilidad originales fueron asumidos a partir del siglo V por las Bacantes, que duraron hasta bien entrada la Edad Media. El culto a Pan fue practicado sobre todo fuera de las ciudades, en el interior de cuevas o en la naturaleza, ya que incluía sacrificios, ingesta de bebidas, estados de éxtasis, desnudez y sexo

El universo de los pastores y los rebaños está bordeando lugares frecuentados por las bestias salvajes, observándose un límite entre el salvajismo y el hombre civilizado. Los pastores son gente grosera, ruda e inculta, salvajes que viven en esos parajes solitarios, rodeados únicamente por una naturaleza inquietante y peligrosa. Pan domina este mundo, encarnando aspectos muy ambiguos.

Todas las cualidades positivas del dios Pan contrastaban con su parte más canalla: era un ser lujurioso, un sátiro hipersexual. Por las tardes, se escondía entre la vegetación con prodigioso sigilo para espiar a las ninfas, visión que hacía que Pan se excitase hasta el punto de salir de su escondite para perseguir con su miembro erguido, a las pobres ninfas que corrían despavorida intentando huir de tan perversa visión. Las perseguía aprovechando su extraordinaria capacidad para correr y saltar por los peñasco

Podríamos considerarlo un ser ferico, un espíritu de la naturaleza. Ya en la antigüedad, y posteriormente, se ha confundido a Pan o Fauno con los Sátiros, los Faunos o los Silvanos, moradores de los bosques, alocados, maliciosos y temidos por las pastoras. También formaba parte del cortejo de Dioniso, puesto que se suponía que seguía a este en sus costumbres. Estos semidioses campestres,  al igual que Pan, eran a menudo celebrados por el vulgo como unos seres joviales y festivos, que favorecían la fertilidad y simbolizaban la afirmación (a veces brutal) de los instintos.

Los sátiros podían ser semicabros o casi completamente humanos, mientras que los faunos tenían invariablemente patas de chivo. Dotados de una gran potencia y apetito sexual, se dedicaba a perseguir por los bosques, en busca de sus favores, a ninfas y muchachas.  A todos ellos se les tenía por irreverentes y poseedores de una gran astucia, a menudo maligna, lo que podría explicar una de las posibles etimologías del vocablo «satírico». Se decía de Sócrates, famoso por sus agudezas, que tenía aspecto de sátiro o sileno.

En muchos aspectos, el dios Pan tiene cierta similitud con Dioniso, incluso es famoso por entregarse a los placeres solitarios una vez que se frustran sus persecuciones a ninfas y chicos-. Para Ovidio, Pan representa la masculinidad brutal de la precivilización. Y según un himno homérico, su padre, Hermes, le llama Pan porque hace feliz a todo aquel que lo rodea (en griego, Pan significa “todo”).

Pan fue uno de los dioses griegos más asociados a la música. Adoraba particularmente las melodías rústicas y campestres, en las cuales se destacaba por su gran simpleza y a la vez por su penetrante sensibilidad. Hay una música triste de flautas en la naturaleza en la que nos refugiamos en momentos románticos, tristes, solitarios y desesperados. Puede que Pan resulte agradable a los dioses, pero jamás llega a subir al Olimpo; copula, pero nunca se casa; toca música, pero las Musas favorecen a Apolo.

A pesar de su aspecto semi-animal, Pan fue un exitoso seductor de ninfas. Entre sus víctimas se contaron Eco (la futura enamorada de Narciso), Eufema (la nodriza de las Musas). Sedujo a Selene, la luna, regalándole un vellocino de gran blancura y a la que engaño disfrazándose con una piel de cabra e invitándola después a que montase en su grupa. Pan y Selene eran venerados en una caverna del monte Niceo.

Era un autentico cabroncete, querido por todos y el centro de la diversión, en especial por las bromas pesadas que gastaba a las demás divinidades. Se jactaba además de haber copulado con todas las Ménades, las ebrias asistentes de Dionisio. En realidad, estaba siempre invitado a las fiestas que organizaban. Debussy nos lo narró en este “Preludio a la siesta de un fauno” con siesta, flauta y bucolismo perseguidor de ninfas incluidas, y lo baila Nureyev.

Pero Pan sufrió también fracasos amorosos: no pudo obtener a las ninfas Pitis y Siringa, por mucho que las persiguió.  Tuvo amores con la ninfa Pitis, a la que también pretendía Boreas, éste, movido por los celos, arrojó a Pitis desde lo alto de una roca, Gea, sintiendo pena, la transformó en un pino, desde entonces Pan aparece coronado con las hojas del pino y que existe la creencia que este árbol gime cuando sopla Boreas.

Siringa era una ninfa del séquito virginal de la diosa Artemisa. El dios Pan, la encontró un día, se enamoró de ella y comenzó a perseguirla hasta que la ninfa se lanzó al río. Allí, acorralada, pidió ayuda a sus hermanas las ninfas, quienes, conmovidas, la convirtieron en un cañaveral. Cuando Pan llegó sólo pudo abrazar las cañas mecidas por el viento y el rumor que producían le gustó tanto que decidió construir un nuevo instrumento musical con ellas. Así creó la siringa (llamada así en recuerdo de la ninfa), la primera flauta de las conocidas como “flautas de Pan” o “siringas”, la cual posteriormente Hermes copiaría para vendérsela a Apolo haciéndola pasar como propia.

SYrinx
Clodion «Pan persiguiendo a Syrinx» (1770) Louvre

Es imposible no ver las similitudes entre la imagen del diablo y el lujurioso pero inofensivo dios Pan.

Pan solía aparecer con un gran falo, persiguiendo ninfas y mujeres, manteniendo relaciones con animales e incluso existía el mito de que fue Pan el que enseñó a autocomplacerse a los pastores (referido al parecer por Diógenes de Sinope).  Por si todo esto fuera poco, al igual que el diablo puede introducirse en un cuerpo humano y dar lugar a una “posesión”, Pan era capaz de efectuar “panolepsias”un tipo de teolepsia (posesión de un cuerpo humano por un ser sobrenatural)  que podía ser positiva o negativa para el que la sufría.

Estos aspectos característicos de Pan como son la lujuria, la carnalidad, la sexualidad, la dificultad para aceptar normas sociales, la impulsividad y el mal genio, hicieron que las primeras comunidades cristianas, que convivían aún con los creyentes en los antiguos dioses, denostasen este tipo de personaje y cuando tuvieron que buscar una imagen del diablo encontraron en Pan todo aquello que les parecía maligno e inapropiado.

Más tarde, durante la Edad Media, a Pan se lo recordó como una representación de todos los dioses y acaso del paganismo en su conjunto. Desde entonces, y hasta nuestros días, la imagen tradicional de Pan se asocia con la imagen del diablo (en forma de macho cabrío) y los aquelarres. La huella del dios pagano también se reconoce en el Macho Cabrío Akerbeltz de los aquelarres de las brujas.

La famosa ilustración de Eliphas Levi (1810-1875) sobre la figura de Baphomet, en su manuscrito Dogme et Rituel de la Haute Magie (1855) (basado en la pintura de Goya sobre el sabbat de las brujas, 1789) acompañan las sugerencias sobre este efecto. La imagen de Levi, Baphomet, se ha utilizado en la mayoría de reprentaciones sobre el Diablo desde entonces.

¡El Gran Pan ha muerto!.

Si uno cree al historiador griego Plutarco (en «La obsolescencia de los oráculos» (Moralia, Libro 5:17), Pan es el único dios griego que está muerto. Sin embargo, a pesar de la declaración de su muerte, Pan es ampliamente adorado por los neopaganos y los wiccanos en la actualidad, donde es considerado un Dios poderoso y un arquetipo de la virilidad masculina y la sexualidad. Cabe mencionar que incluso en el siglo XIX poetas como Shelley y Rubén Darío aún se inspiraban en su imagen, así como el místico pagano Aleister Crowley mantenía una orden ocultista donde le rendían culto.

HIMNO A PAN
(Aleister Crowley)

¡Estremécete con el muelle deseo de la luz!
¡Oh hombre!¡Oh, tú, hombre!.
¡Ven corriendo desde la noche
de Pan !¡Io Pan!
¡Io Pan !¡Io Pan ! ¡Ven a través del mar
desde Sicilia y Arcadia!
¡Vagando como Baco, con faunos que te acompañan
y ninfas y sátiros que te guardan,
sobre un asno blanco como la leche, ven a través del mar
a mí, a mí,
ven junto Apolo, en traje de novia
(pastora y pitonisa).
Ve junto a Artemisa, calzado de seda,
y lava tu blanco muslo, oh, bellísimo Dios,
entre la luna de los bosques, sobre el marmóreo monte,
en la aurora surcada de hoyuelos de la ambarina fuente!
Sumerge el púrpura del rezo apasionado
en el sagrario carmesí, en el lazo escarlata
el alma que se sobresalta en una mirada azul,
al observar los gemidos de tu exuberancia, a través
de la espesura del matorral, del nudoso tronco
del árbol viviente, que es espíritu y alma,
y cuerpo y mente… ¡Ven a través del mar,
(¡Io Pan! ¡Io Pan!)
Dios o Diablo, a mí, a mí!
¡Oh, tú, hombre!¡oh, tú, hombre!
¡Ven con trompetas que suenen estridentes
sobre la colina!
¡Ven con tambores que murmuren por lo bajo
desde la fuente!
¡Ven con flautas y gaitas!.
¿No estoy maduro?.
Yo, que aguardo, sufro y lucho
con aire que no permite a las ramas
abrigar mi cuerpo, cansado de abrazos vacuos,
fuerte como un león y aguzado como un áspid…
¡Ven, oh, ven!
Me encuentro torpe
a causa de la solitaria lujuria del poder del diablo.
Mete tu espada entre los mortificantes grilletes,
tú, que todo extingues, y todo creas,
dame el signo del Ojo Insomne,
y el exaltado augurio del áspero muslo,
y la palabra de insensatez y misterio.
¡Oh, Pan! ¡Io Pan!.
¡Io Pan! ¡Io Pan! Me he despertado
entre los anillos de la serpiente,
el águila me fustiga con garras y pico ;
los dioses se apartan :
las grandes fieras se acercan, ¡Io Pan! He nacido
para morir en el cuerno
del Unicornio.
¡Yo soy Pan! ¡Io Pan! ¡Io Pan Pan! ¡Pan!
Soy tu compañero, soy tu hombre,
el macho de tu rebaño, soy oro, soy dios,
carne de tus huesos, flor de tu vara.
Con pezuñas de acero, corro sobre las rocas,
inflexible, de solsticio a equinoccio
Y deliro ; y entre delirios estrupo y desgarro
eternamente, en un mundo sin final,
enano, doncella, ménade, hombre,
por la voluntad de Pan.
¡Io Pan! ¡Io Pan Pan! ¡Pan! ¡Io Pan!.

Entre todas las piezas halladas en las ruinas arqueològica de Pompeya, la que más escándalo y revuelo provocó fue el famosísimo conjunto marmóreo de Pan y Cabra estatua procedente de la “Villa de los Papiros” en Herculano.  Museo arqueológico de Nápoles (Gabinete Secreto)

 Aunque la mayoría de los doctores de la Iglesia veían como cosa diabólica a los antiguos dioses en general, se cebaron especialmente con Pan y los sátiros. San Agustín por ejemplo los identifica con los íncubos y los súcubos. Eusebio se refiere a Pan llamándolo «demonio», tal vez en recuerdo de la importancia que adquirió su figura en el paganismo tardío. Y su imagen acabará sirviendo para componer la iconografía del diablo medieval.

Otros miembros de la Iglesia, sin embargo, se esforzaron en conciliar en lo posible paganismo y cristianismo, transformando las deidades en santos (san Nicolás, por ejemplo, sustituyó al dios Cernunnos y en Cornualles todavía en la Edad Media se le representaba con cuernos), y cristianizando las festividades paganas (las lupercales pasan a ser el carnaval, y se integran en el ciclo de la cuaresma). Así se produce una curiosa dicotomía, entre la opinión de los teólogos, quienes desconfiaban por lo general del campesinado y del paganismo, y la del clero que estaba más en contacto con la religiosidad popular.

De entre todas las visiones de Pan generadas a partir del Renacimiento, tal vez la imagen más conmovedora, evocadora y respetuosa del dios caprino fue la creada por el novelista inglés Kenneth Grahame en el libro infantil «El viento en los sauces«. Publicado originalmente en 1908 este libro se considera un clásico de la literatura para niños y ha sido reeditado en numerosas ocasiones, traducido a la mayoría de los idiomas importantes del mundo e ilustrado por algunos de los más notorios dibujantes del siglo XX.

En 1930,  Disney, en una de sus primeras animaciones, convirtió al dios Pan  en un duende juguetón.  La estupenda película de Guillermo del Toro «El laberinto del fauno» (2006), titulada en inglés «Pan´s labyrinth», ha puesto de moda entre nosotros otra vez la imagen del Fauno o de Pan.


FUENTES: 

  • WikipediaRobert Graves, Los mitos griegos, vol. 1, Madrid, Alianza, 2001
  • Pierre Grimal, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Paidós, 1992

Una Respuesta a “Pan, semidiós de los pastores y de la naturaleza salvaje.”

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