¡El Gran Pan ha muerto!

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«The afternoon of the faun» de Carlos Schwabe (1923),

Si uno cree al historiador griego Plutarco (en «La obsolescencia de los oráculos» (Moralia, Libro 5:17), Pan es el único dios griego que está muerto.

Plutarco  en su obra “Sobre la destrucción de los Oráculos” nos narra como en la época de Tiberio, un marinero de nombre Tamus, cuando pasaba por la isla de Paxi, escuchó una extraña voz que como si saliese del mar le advirtió: “Cuando llegues a Palodes anuncia a todos que ¡El dios Pan ha muerto!

“El gran Pan ha muerto”.

Durante el reinado de Tiberio (14-37 d. C.), llegó la noticia de la muerte de Pan. A un Thamus, un marinero que se dirigía a Italia por la isla de Paxi. Una voz divina lo saludó a través del agua salada: «Thamus, ¿estás ahí? Cuando llegues a Palodes, procura proclamar que el gran dios Pan está muerto «. Lo que hizo Thamus, y la noticia fue recibida desde la orilla con gemidos y lamentos.

El asunto lo recoge de Plutarco, por aquella época sacerdote de Delfos, quien cuenta que la noticia de la muerte de Pan la dio un tal Tamo, marinero egipcio de un barco que iba a Italia pasando por la pequeña isla de Paxi en el Heptaneso o islas Jónicas.

Plutarco, en el tercero de los Diálogos píticos, escritos hacia el año 100 después de Cristo, visitó la ruta de los oráculos y constató su desaparición, condenados «al silencio y a la total desolación» pues el Gran Dios Pan había muerto, como lo gritaban voces misteriosas en alta mar.

El autorizado mitólogo británico  Robert Graves nos cuenta en su conocida obra Los mitos griegos, que Pan es el único dios griego que ha muerto

Robert Graves (Los mitos griegos) sugirió que el Thamus egipcio aparentemente maltrató a Thamus Pan-megas Tethnece (‘el grande Tammuz está muerto’) para ‘Thamus, ¡el Gran Pan está muerto!’ Ciertamente, cuando Pausanias realizó una gira por Grecia aproximadamente un siglo después de Plutarco, encontró que los santuarios de Pan, las cuevas sagradas y las montañas sagradas aún son muy frecuentadas.

Una característica de los dioses es la inmortalidad. Los humanos siempre mueren, inexorablemente, pero los dioses son inmortales. Pan no era un dios. Todos los dioses son inmortales. Pan podia morir, entonces era un mortal o algo mas que un inmortal.

En la época helenística, coincidiendo con la máxima difusión del culto a Pan, se produce una curiosa transmutación de este humilde dios rústico en señor del universo y la materia. Por influjo del sincretismo alejandrino, que lo identificaba con Mendes, reencarnación de Osiris y representación de los elementos, el orfismo asimila «pan» (todo) a «el todo» y le convierte en deidad panteista y omnipotente, reflejo del Protogonos. Es el «demiurgo» o daemonium generador, es Inos, símbolo de la naturaleza dual, superior e inferior.

Porfirio dice que a Pan le hicieron símbolo del universo, siendo los cuernos emblema del sol y la luna; la piel velluda de las estrellas o la vegetación, etc. Cornuto habla del Júpiter-Pan y de la energía espermática de la naturaleza, y Macrobio en Saturnaliorum lo llama «señor de la materia universal». Los órficos no lo convierten en objeto de sus ritos, pero sí lo invocan en los himnos.

Parte de estas enseñanzas serán recogidas luego por los primitivos gnósticos. El sello de todas las escuelas gnósticas es la creencia de que el universo está traspasado por alguna clase de espíritu universal, desde el cual emana la materia. El principio primero viene a ser el demiurgo. Interesantemente, en algunos sistemas no es Dios mismo quien es el demiurgo, sino que a veces otra clase de ente inferior al principio supremo: depende de quién emane la materia. En algunas escuelas, este rol le corresponde a Satán a veces identificado con el Dios fiero y vengativo del Antiguo Testamento y que en estas concepciones es opuesto al Dios amoroso y bondadoso del Nuevo Testamento que nos presenta Cristo.

 Deus sive natura

El nombre de Pan significa, literalmente, «todo» , y tal vez por eso llegó a ser considerado como un símbolo del universo y la esencia misma de la naturaleza. A la doctrina, a veces filosófica, a veces espiritual, en donde la naturaleza, o bien el universo, es considerada como un sólo ser que integra a todos, se le ha llamado Panteísmo, cuya sigla no proviene del dios Pan, sino de la palabra griega homónima pan (πᾶν): todo. (Ver: El Panteísmo)

El mito griego situó a Pan como dios de la naturaleza. Pan fue para los griegos la entidad que habitaba los bosques y pastizales; representante de lo instintivo conecta la naturaleza interior con la exterior. Lo que transmite la iconografía de este semidiós es la libertad y arrebato propios de un ser libre, evocando la naturaleza salvaje de este.  El rey de los sátiros encarnando las fuerzas superiores del mundo natural y también representando los instintos más profundos e incontrolables del ser humano, su lado “poco amistoso” se convirtió en objeto de interés para distintos autores, en donde queda atrás el dios Pan ingenuo de los bosques para dar paso al gran dios Pan, creador y destructor

En el crepúsculo de la Edad Media,  cuando quedó atrás el terror por el año mil, Petrarca y otros autores recuperaron los temas bucólicos a la manera de Virgilio, y vieron en Arcadia y la Edad de Oro una vía de escape ante las guerras, la peste y el oscurantismo monacal. Boccaccio, autor de la Geneologia Deorum Gentilium, recupera los temas mitológicos, pero no para refutar los «errores» del paganismo, al modo de la poesía medieval cristiana, sino como recurso retórico y fuente de alegorías.

El Gran Pan ha muerto
Cualquiera que sea la opinión que nos plazca mantener
con respecto a la muerte, podemos estar seguros de que
no tiene el menor sentido ni el menor valor. La muerte
no nos ha pedido que le reservemos un día libre.

Samuel Beckett

Los testigos del gran dios Pan son los poetas. Pan no era el dios de la poesía ni de los poetas. Las divinidades griegas de la poesía y los poetas eran las Musas: Erato, de la poesía de amor y Calíope, de la poesía épica. Pero no olvidemos que Pan es hijo de Hermes, el dios de la palabra. La magia es la creación por el Verbo, la creación de los poetas. Entonces Pan es el todo corporificado, o sea, el espíritu reunido con el cuerpo donde obran las tres Gracias de la Creación, musica, poesia y danza.

John Milton, en su bellísima descripción de la Creación, alude así a Pan como personificación de la naturaleza:

El Universal Pan
danzando con las Gracias y las Horas
conduce la Eterna Primavera.

Y hablando de la morada de Eva, añade:

…en una Sombría cúpula
más sagrada o retirada, pensada pero fingida,
Pan nunca duerme, ni ninfas ni faunos merodean.

Se ha interpretado como el símbolo del nacimiento del cristianismo y el fin del paganismo en el Imperio Romano, por lo que podemos pensar que Pan era el dios pagano por excelencia, y que su muerte representaba el fin de las creencias pre-cristianas.

En cualquier caso, esto no significa que el paganismo muriera en aquella época, puesto que encontramos prohibiciones imperiales de cultos paganos a finales del siglo II d.C., de lo que se deduce que el culto pagano continuó practicándose. Para la mentalidad de los griegos, que un dios feneciera, no significaba en absoluto que su culto terminara, y mucho menos que su nombre fuera olvidado, por el contrario se construyeron nuevos templos en su honor y su mito siguió recreándose en todas las edades,

Se dice de su muerte como una alegoría, la victoria del cristianismo sobre el paganismo, el triunfo de la fe depositada en un mundo venidero y en el progreso por encima del mundo natural-terrenal y de lo primitivo en la conducta humana.

Existe una antigua tradición cristiana que cuenta que cuando el ángel anunció a los pastores de Belén el nacimiento de Cristo, un profundo lamento se oyó por todas las islas de Grecia. Se dice que en ese instante se produjo la muerte de Pan, que toda la realeza del Olimpo fue desterrada, y las diversas deidades y criaturas fantásticas fueron sentenciadas a vagar por la fría oscuridad del olvido. No fue casualidad que Jesús naciera en Belén. … Belén tiene dos significados: uno es “Casa de guerra” y el otro “Casa de Pan”.

La poetisa Elizabeth Barret Browning confirma esa secreta certidumbre:

Por tu Belleza que confiesa
que alguna belleza principal te ha Conquistado,
por nuestras grandes y Heróicas ideas,
por tu falsedad ante la Verdad,
no lloraremos, y la tierra Nombrará
un heredero para las aureolas de los Dioses,
Y Pan ha Muerto.

La Tierra ha olvidado las míticas fantasías
que Cantaba en su juventud,
y aquellos Hermosos cuentos
pierden su Belleza al lado de la verdad.
¡El carro de Apolo ya no correrá más!
¡Contemplad, poetas, al sol!
Y Pan ha Muerto.

A lo largo de los siglos diversos autores han rescatado al semidiós, desde poetas como Rubén Darío y Salvador Rueda, representándolo como símbolo de vida y armonía, hasta los mayores escritores de fantasía y terror como Lord Dunsany y Arthur Machen que veían en Pan la abstracción de las fuerzas desencadenadas de la naturaleza. Inspirado en textos de Nietzche, Baroja escribe su célebre trabajo sobre El Gran Pan.

Cuenta Plutarco en su discurso sobre la desaparición de los oráculos de su tiempo, que en el reinado de Tiberio, encontrándose un navío, de noche, cerca de Paxis, una de las pequeñas islas Echinades, del golfo de Patrás, no muy lejos de la desembocadura del río sagrado Aquelous, río toro y fecundo, en un momento de calma, cuando los tripulantes y los viajeros del barco estaban dormidos, el capitán Thamus oyó una voz sonora, llegada de tierra, que pronunciaba su nombre varias veces.

Thamus no contestó a las primeras llamadas, pero a la última preguntó:
— ¿Qué se me quiere?
— Anuncia en Palodes —contestó la voz— esta noticia: “El Gran Pan ha muerto”. (…)
[Al llegar a su destino] el capitán Thamus avanzó en la proa de su barco, y dirigiéndose a la costa incierta, envuelta en sombras, gritó con voz tonante:
— ¡El Gran Pan ha muerto!

No había acabado de decirlo cuando se estremeció la tierra y el mar, y se oyeron de todas partes gritos, voces extrañas, lamentos y gemidos.
El capitán Thamus repitió:
— ¡El Gran Pan ha muerto!
Y volvieron los lamentos y las quejas.

¿Quién era ese Gran Pan cuya muerte se anunciaba? ¿Era sólo el dios de los pastores y de los rebaños? ¿Era Osiris? (…) ¿Era el Dios del Universo, el Gran Todo, el Éter Puro, la Sustancia única de los estoicos y de los órficos, o solamente un silvano, un demonio intermedio entre los hombres y entre los dioses?
Nadie lo sabía; pero el mundo tembló cuando la voz tonante del capitán anunció de nuevo la noticia:

— ¡El Gran Pan ha muerto!
¡El Gran Pan ha muerto! Sí; se acabó la alegría de la vida antigua, fuerte e inconsciente; se acabó la confianza en la naturaleza y en los instintos; se acabó la creencia en los mitos vitales; se acabó el correr coronado de hiedra por los bosques.

¡El Gran Pan ha muerto!
Los hijos de Sem han vencido para siempre a los hombres de las demás razas; el desierto, a la selva y al bosque; el arenal, a la fuente pura; el practicismo estrecho, al fervor ideal; la unidad, a la variedad; la esclavitud, a la libertad; el rencor, al ánimo sereno y monoecuánime; el monoteísmo áspero y universalista, a los cultos sonrientes y locales.

¡El Gran Pan ha muerto!
Ya los frutos nos parecerán frutos secos y exprimidos, ya la conciencia nos paralizará la voluntad, ya no nos inspiraran confianza nuestras inclinaciones, dudaremos de lo consciente y de lo inconsciente. Sospecharemos si estamos engañados en todo: si la naturaleza nos será siempre hostil, si por nuestros sentidos no nos llegarán más que apariencias, si todo no será apariencia en el mundo de los fenómenos, desde nuestro cuerpo hasta nuestra alma, y tendremos como única verdad los dogmas esquemáticos, secos y autoritarios.

¡El Gran Pan ha muerto!
En vez de la alegría nos quedará el resentimiento; en vez del ímpetu vital, la teocracia y la ley; en vez de la realidad, la entelequia; en vez d ela satisfacción, el desprecio; en vez de los frutos de la vida, el dinero. Miraremos con desdén nuestro cuerpo, miraremos con desdén nuestras pasiones. Comprobaremos el vacío de la naturaleza y pasearemos con tristeza y con horror nuestra mirada por toda la oquedad del mundo, entristecido por los hierofantes alucinados de las tierras del Sur…

¡El Gran Pan ha muerto!
Capitán Thamus: tú no sabías todo lo terrible, todo lo importante de tu grito, cuando desde la proa de tu barco anunciaste al mundo, en Palodes, con voz tonante:
¡El Gran Pan ha muerto!.

Pío Baroja, El laberinto de las Sirenas.
(El texto de Plutarco al que hace referencia Baroja se halla en ¿Por qué guardan silencio los oráculos?, XVII.)

 Baroja llega a una conclusión dramática. Si El Gran Pan ha muerto, si el Godot de Becket no llega al escenario, si Dios ha sido definitivamente enterrado por quienes le han disparado al alma, sólo nos queda el caos, el vacío, la nada. Así lo concibe Baroja:

 “En vez de alegría nos quedará el resentimiento; en vez de ímpetu vital, la teocracia y la ley; en vez de la realidad, la entelequia; en vez de la satisfacción, el desprecio; en vez de los frutos de la vida, el dinero. Miraremos con asco nuestro cuerpo, miraremos con desdén nuestras pasiones. Comprobaremos el vacío de la Naturaleza y pasaremos con tristeza y con horror nuestra mirada por toda la oquedad del mundo, entristecido por los hierofantes alucinados de las tierras del Sur. ¡El Gran Pan ha muerto!”

 La expresión «Pan, el gran Pan ha muerto» , se utiliza para significar el fin de una sociedad.

Originalmente, Pan era un espíritu secundario de la naturaleza, ocupado principalmente en importunar en una sociedad pastoríl; pero después, cuando los romanos se envolvieron más en la cultura griega, Pan fue confundido con to pan, que significa “el Todo” . Pasó entonces a ser el Demiurgo, el anima mundi. Así, los numerosos semi dioses del paganismo primitivo quedaron concentrados en un Dios. Entonces vino el mensaje, “Pan está muerto”. El Gran Pan, que es Dios, está muerto. Solo el hombre permanece vivo. Después, el Dios uno se transformó en hombre, y ese fue el Cristo; un hombre para todos los hombres. Pero ahora también ese ha partido, ahora cada hombre tiene que contener a Dios en sí. El descenso del espíritu a la materia se ha completado.

“… te digo, que todas estas cosas —sí, desde la estrella que acaba de brillar en el cielo hasta el suelo sólido bajo tus pies— te digo, que todas son sólo sueños y sombras; las sombras que ocultan a nuestros ojos el verdadero mundo. Existe un mundo real, pero trasciende este glamour y esta visión, y se encuentra más allá de todo esto, tras un velo. (…). Quizá pienses que todo esto es un sinsentido extravagante; puede ser extraño, pero es real, y los antiguos sabían lo que significaba descorrer ese velo. Lo llamaban presenciar al dios Pan”.

Arthur Machen

El Padre Nuestro pagano de Rubén Darío

El poema de Rubén Darío «Padre Nuestro de Pan», incluido en su Lira póstuma, expresa la nostalgia moderna -o modernista, si se prefiere- de los valores sensuales paganos de la antigüedad. Darío se nos presenta dividido entre deseo erótico y deseo religioso : «hasta en el templo y en el instante de plegaria, llegaba a perturbarle y hacerle sufrir ideas de negación, de pecado, visiones de un erotismo imaginario, ultranatural y hasta sacrilego. La voz de Pan le sale de su reino interior: » Y oí dentro de mí: ‘Yo estoy contigo,/ y estoy
en ti y por ti, yo soy el Todo.’ Rubén reivindica el paganismo en este su Padre Nuestro, compuesto por ocho cuartetos de versos de nueve sílabas con rima ABBA, que contiene ecos del Pater Noster cristiano.

EL PADRE NUESTRO DE PAN

Padre nuestro, padre ambiguo
de los milagros eternos
que admiramos los modernos
por tu gran prestigio antiguo.

La ninfa junto a la fuente pasa
y tiene en su blancura
lo que inspira, lo que dura,
lo que aroma y lo que abrasa.

Pues al ver la viva flor
o la estatua que se mueve,
hecha de rosa y de nieve,
nos toma el alma el amor.

Pan nuestro que estás en la tierra,
porque el universo se asombre,
glorificado sea tu nombre
por todo lo que en él se encierra.

Vuélvanos tu reino de fiesta
en que tú aparezcas y cantes
con los tropeles de bacantes
mancillando la floresta.

Hunde siempre violento y vivo
y por tus ímpetus agrestes,
en el cielo cuernos celestes
y en la tierra patas de chivo.

Danos ritmo, medida y pauta
al amor de tu melodía,
y que haya al amor de tu flauta
amor nuestro de cada día.

Deudas que el alma amando trunca
están en tu disposición,
y no le concedas perdón
a aquel que no haya amado nunca.

Rubén Darío

Summa Naturae

La naturaleza está viva, una ecología de espíritus la habitan y la mitología griega y romana da fe de esto.  Desde que Pan ha muerto la naturaleza ya no nos habla, como ya anunció Plutarco hace siglos, coincidiendo con el ascenso del cristianismo, tan contrario a las fantasías. O no podemos escucharla. Pero el dios Pan no ha muerto del todo y se materializa en los impulsos libidinosos o en el deseo sexual más extremo, y también en las pesadillas: donde cunde el pánico allí se agazapa el dios Pan, ese dios cabra peludo y fálico, que cuando el alma se halla presa del pánico se aparece en forma de instinto que finalmente la volverá a conectar con la naturaleza, ya que Pan se revela a sí mismo como sabiduría de la naturaleza.

“¡Soy tu compañero! ¡Soy tu hombre!
Cabra del rebaño, yo soy oro, yo soy dios,
Carne para tu hueso, y flor para tu vara.
Con pezuñas de acero, cabalgo por las rocas
Del Solsticio duro a Equinocio
Y balbuceo; y violo y desgarro y corro
Eterno, mundo sin fin”

Himno a Pan de Alesteir Crowley (1913)

A Pan se le califica de “desafortunado en amores”, y los humanos sentimos su tristeza en la melancolía de la naturaleza. A veces, cuando cierta melancolía nos induce a sentirnos poetas, nos arrepentimos del cambio de radical que ha sufrido nuestra mentalidad respecto a la naturaleza. Ver a un dios operando en cada flor, imaginar que detrás de cada roca, de cada grano de arena, habita un pequeño inmortal, austero y oficioso, es ciertamente más conmovedor que hablar de leyes y procesos naturales. Cuando éstas ideas nos invaden sentimos que el corazón ha pagado el precio por todo todo lo que la razón ha ganado.

El poeta William Wordsworth expresa magníficamente este sentimiento de pérdida:

Gran Dios, preferiría ser un pagano,
educado el el credo desechado.
Así me sentiría menos triste,
en éste sombrío y delicioso prado.

signorelli
«Educación de Pan» de Signorelli (destruido en la Segunda Guerra Mundial)

Desde que se anunció la muerte de Pan el mundo occidental experimentó una progresiva represión de la espíritu más íntimo y salvaje del hombre. La desconexión del mundo de la naturaleza, la condena del sexo y la imposición de unas normas sociales cada vez más rígidas llegaron al paroxismo, creando un mundo en el que las más íntimas pasiones humanas estaban estranguladas por el imperativo social. Sin embargo, a pesar de toda esta represión el mundo no paró de sufrir estallidos de violencia en los que parecía que toda esa energía reconcentrada se liberaba en un delirio de guerra y muerte…

Después de los horrores de las guerras mundiales, nace un hombre nuevo, aparecido entre las cenizas del conflicto, un hombre que busca reconectar consigo mismo, que repudia el autoritarismo, valora la naturaleza y reconoce sus pulsiones, dominándolas desde el conocimiento.

Veré triunfar la flauta revivida,
con notas hechas de cien mil idiomas,
y tras de Budas, Cristos y Mahomas,
reaparecer la interceptada vida (…)

Y tornará la religión primera,
la de Dios, la del Sol, la duradera,
la instituida sobre Pan fecundo (…)

Salvador Rueda; El triunfo de la flauta

Si alguna vez viajas a Grecia, lector, , no te molestes en buscar la tumba del gran dios Pan.  El dios Pan no ha muerto, esta oculto en nuestra naturaleza interior, búscalo  en ti,  y convierte sus palabras en poesía


NO HAY DOS SIN TRES.  Si habéis tenido la paciencia de leer los dos artículos dedicados a Pan , sabed que falta un tercero. Del Arquetipo de Pan y las Ninfas hablaré en mañana


FUENTES:

  • Wikipedia
  • James Hillman «Pan y Pesadillas» de Editorial Atalanta. 
  • Robert Graves, Los mitos griegos, vol. 1, Madrid, Alianza, 2001
  • Pierre Grimal, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Paidós, 1992,
  • Machen, Arthur. El Gran Dios Pan (The Great God Pan)
  • Rueda, Salvador. Trompetas de órgano; El triunfo de la flauta.
  • https://es.scribd.com/doc/196133672/Sobre-La-Muerte-y-Renacimiento-Del-Gran-Dios-Pan
  • http://elespejogotico.blogspot.com/2007/11/pan-no-ha-muerto.html

Una Respuesta a “¡El Gran Pan ha muerto!”

  1. Excelente trabajo, muchas gracias. Con tu permiso lo usaré de fuente para mi investigación, desde luego te daré parte en el aparato crítico. ¡Saludos!

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