Ninfomanía: sé mala…

unnamed (1)La poesia de Elena Codes Muñoz (Córdoba, España, 1997) es adictiva. ¿Cómo no iba a serlo, si Codes escribe desde lo más íntimo? ¿Si no tiene miedo a nada? ¿Si su escritura conecta con la juventud, con el feminismo y con la risa contagiosa del verano?

En palabras de sus editores “si hay algo que destacar en esta obra, es que cuando leemos sus escritos, no importa la etapa en la que estemos, siempre estaremos leyendo a una Elena salvándose, aconsejándose, queriéndose, insultándose y guiándose en cada minuto de su vida”.

Escribo porque está prohibido matar.

Porque aún no he sido capaz de encontrar otra manera de destruir

lo que me está destruyendo.

Porque no quiero convertir mi corazón en piedra,

aunque me guste gritaros en un folio

que soy peor de lo que dicen que soy.

Porque me encanta cuando me llaman zorra

por hacer lo que me da la gana,

porque me enorgullece saber que mis palabras

no se las va a llevar el viento.

Pero, sobre todo,

escribo porque alguien tirará mi poema a la basura,

por no darme miedo de ser quien soy.

Temed lo que pueda salir de mí.

Hay que ser mala: las mujeres de la historia lo fueron.»

Extracto de la obra Ninfomanía: sé mala de Elena Codes Muñoz

https://www.youtube.com/watch?v=T7D2W4fY890

Videopoema «Garabatos» incluido en el libro «Ninfomanía: sé mala».

“Cabías entre dos líneas
despeinadas
en una cama vacía.
No más de veintiocho palabras
de café recién hecho
y las noticias de las doce.
Pero tus ojos
nunca tuvieron el color de mi tinta.
Ahora…
ni los puntos suspensivos me llegan para levantarte la falda.

Aparecías detrás de un signo de interrogación,
con los mofletes rosados,
y una sonrisa de haber llorado océanos.
Y me pedías que te desvistiera
el corazón
y lo hiciera temblar.
Que convirtiera las mayúsculas en otoño,
las vocales en bostezos debajo de unas sábanas.
Los paréntesis en tener a alguien con quien llorar los domingos.
Las consonantes en escuchar
desde el baño
la última escena de Annie Hall
a las cuatro de la mañana.
Que plantase un punto y coma
en mi vida
y te comiera hasta las pestañas.

Bailabas
persiguiendo mi bolígrafo
y te reías,
en una tumba inacabada de seis palabras y media
para que volasen las tildes con tus carcajadas.

Eras mi garabato favorito.
Y no sé si éramos poetisas
o simplemente infelices,
pero aquí me tienes;
pensando que un para siempre
tiene once letras
y que ahí no cabe ni tu cintura.

Quiero cerrar el cuaderno
y aplastarte el corazón.
Pero tengo miedo
de no saber cómo encontrarme
sino es buscándote.”

Elena Codes

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