LA SERPIENTE DRAGÓN EN LA TRADICIÓN CRISTIANA

Serpiente arbol de la Vida
La serpiente tienta a Eva y Eva misma es la serpiente

Las serpientes han sido apreciadas en diversas culturas, pero repudiadas en otras. En Occidente la Serpiente Dragón representa el mal y el mundo amenazador del Pecado. 

La serpiente en la antigüedad ha tenido muchos significados tanto positivos como negativos. Sin embargo, con el advenimiento del Cristianismo como religión mayoritaria su multivalencia fue desapareciendo prevaleciendo sus aspectos negativos y así se convirtió en el símbolo del pecado y del Mal.

La peligrosidad es uno de los atributos de la serpiente. A causa de sus movimientos de reptación, su habilidad para desaparecer repentinamente, el brillo y la fuerza fascinante de sus ojos y especialmente a consecuencia de su fatal mordedura, la serpiente ha sido un tema de gran cantidad de leyendas en las que el temor ancestral llevaba a deificarlas para aplacar su furia, o a considerarlas el origen de todos los males, la encarnación del demonio.

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La destrucción de Leviatán, un grabado hecho en 1865 por Gustave Doré. El grabado representa a Dios venciendo al legendario Leviatán

Los dragones occidentales son, en general, peligrosos, e incluso se les relaciona directamente con el demonio. También se les relaciona con el agua, pero de modo destructivo con inundaciones catastróficas a su paso. A diferencia también de los orientales han sido cazados o destruidos según las leyendas.

Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores.

Leviatán (del hebreo לִוְיָתָן, liwyatanenrollado) es una bestia marina del Antiguo Testamento, a menudo asociada con Satanás, creada por Dios (Génesis). El término Leviatán ha sido reutilizado en numerosas ocasiones como sinónimo hoy en día de gran monstruo o criatura. Algunas leyendas judías consideran al Leviatán como un dragón andrógino que en su forma masculina sedujo a Eva, y a Adán en su forma femenina.

Presente en los cuentos, las leyendas y el folclore, ¿cual es el mensaje que encierra la figura legendaria del dragón en la cultura occidental?

Para la cultura cristiana el dragón simboliza el mal y la destrucción, convirtiéndose en un animal al que hay que eliminar. Tenemos varios ejemplos como el arcángel San Miguel luchando contra un dragón, o el dragón que se revuelve contra la lanza de San Jorge.

En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el diablo. En el simbolismo medieval la idea de lucha contra dragones sirvió para fortalecer la motivación de los reinos cristianos. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza.

En esta sección es necesario mencionar a la serpiente más famosa en la cultura occidental, la serpiente del Jardín del Edén que representa el lado oscuro de la serpiente.

LA SERPIENTE DEL JARDÍN DEL EDÉN

Una serpiente enrollada en el árbol de la vida es beneficiosa pero enrollada en el del conocimiento es maléfica (excepto entre los gnósticos).

En la historia bíblica del Génesis, encontramos que el simbolismo de la serpiente, todo y ser negativo y asociado con el mal, nos muestra que la serpiente estaba estrechamente ligada al árbol de la vida. La condena por oponerse a los designios divinos ofreciendo el fruto prohibido (que era en realidad el conocimiento para el hombre) fue que se arrastrara sobre su vientre como algo maldito. De esta forma permanecería dormida en la parte más baja de los instintos humanos hasta que llegase el momento de despertarla para ascender de nuevo por el árbol de la vida (analogía del despertar de la energía Kundalini).

Ya desde la noche de los tiempos, al menos en la tradición judeocristiana, la relación entre la mujer y la serpiente siempre ha sido conflictiva. En nuestra civilización judeo cristiana  es tenida como la representación del mal. Fue la serpiente quien tentó a Adán y Eva a comer la manzana del paraíso. Sin embargo, también hay que explicar a su favor, que la serpiente no puso la semilla del mal en la cabeza de Eva para que pecara, sino que le dio la semilla de la curiosidad, al plantearle nuevas experiencias.

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos…Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti…”

Génesis 3, 6-24

Vivir feliz en la ignorancia del paraíso, o ser curioso y pensar que hay más allá de los muros del paraíso, tal vez no sea tan pecaminoso como nos han pintado. La serpiente aparece como un icono de sabiduría en todo caso, pues ilustra a Adan y Eva sobre otras perspectivas que ellos ni se plantean .
Después del episodio de Eva con la serpiente en el Paraíso, Yavéh le dice a la culebra:

“pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer/ Y entre tu linaje y el suyo;/ Este te aplastará la cabeza, Y tú le acecharás el calcañal”

(Génesis 3.15).

Desde el momento que Eva come del fruto del árbol del conocimiento y trae los males a la humanidad, la asimilación de serpiente-mujer-pecado queda ya determinada. El desarrollo de esta imagen durante la Edad Media fundamenta una corriente de misoginia que ha sido clave para la consideración y situación de la mujer hasta la actualidad.

Manzana
Representa al diablo como tentador.

Con la expulsión de Adán y Eva vino la enfermedad y la muerte.

¿Y todo por una manzana?  ¿Por comer un simple fruto Dios los mortificó con semejantes castigos? Si fuera así, lo que sucedió en el Eden no fue sino ¡un fatal error gastronómico! Si Adán y Eva hubiesen sido chinos, todavía estaríamos en el Paraiso, porque se habrían comido la serpiente en vez de la manzana

Lo femenino en el paradigma judeocristiano está asociado al mal, al pecado, al error y la falencia. Lo cual es evidenciado en la invisibilización de la existencia de Lilith como primera humana y fuerza desobediente, la idea de Eva como precursora del pecado y la corrupción de la sexualidad femenina, y la idea de María como madre abnegada, sacrificada y virgen.

Se alimenta esta idea de que el dios invasor es el dueño del mundo y que es un hombre, un señor, un padre, un hijo y un espíritu estableció el poder como masculino, como la única regencia y dominio al que hay que someterse; en contraposición a otras ideas en donde la divinidad femenina, la Madre Tierra que sostiene la vida, y las múltiples entidades que actualmente se pueden considerar como femeninas fueran relegadas, ocultadas, satanizadas y negadas.

Me aparté del sendero,
donde estaba la víbora,
escribiendo en el polvo arabescos enigmas,
como negra embrujada por los rayos del sol.
Sentí sobre mi carne peso de escalofrío
y un vago pensamiento de los hombres y Dios.

(Víbora, F. García )

VENCER A LA SERPIENTE

 En Occidente, el Dragón siempre fue concebido como malvado.

En la cultura occidental de influencia judeo-cristiana la serpiente viene a representar el mal, la tentación y la traición, lo opuesto a su significado chamanico que es la iniciación en lo que es el reino de lo sagrado. Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores.

Aproximadamente en el siglo IV el Cristianismo se convirtió en la religión dominante. Constantino el Grande prohibió a los magos por su paganismo y a la magia maléfica aunque permitió la magia para propósitos de salud y agricultura. También dictó un edicto contra el sacrificio pagano que fue la base para el Código Teodosio del 438 que proscribió cualquier sacrificio a dioses paganos.

Es aproximadamente en esos tiempos cuando se percibe a los “daimones” (espíritus) o al “demonio” como algo maligno ya que, hasta ese momento, era considerado bueno en las sociedades helénica y romana. Incluso Sócrates decía que un “buen demonio” había jugado un importante papel en su vida y le había guiado desde su juventud.
Así la serpiente se convirtió en algo diabólico como Satán y se fue eliminando de sus representaciones habituales. Por ejemplo, Orfeo en la antigua Roma y Grecia aparece con un arpa y todos los animales, incluida la serpiente pero cuando se copia esta imagen en la época cristiana se suele omitir la serpiente. Otro ejemplo es que antes del cristianismo el león y la serpiente eran la representación de la realeza, poder y divinidad. A partir del Cristianismo la serpiente es el diablo y el león está allí para matarla.
Relacionar la serpiente del Génesis con el diablo fue habitual entre los Padres de la Iglesia y también la relacionaron con los relatos del Apocalipsis 20,1 identificándola con el dragón encadenado por el ángel.

En Irlanda, la serpiente representa el paganismo y en la leyenda de St. Patrick, patrón de Irlanda, éste alejó a todas las serpientes de la isla. Los druidas, sacerdotes celtas, eran llamados serpientes. Como sacerdotes paganos fueron exterminados.

En este sentido, el pintor y grabador italiano Antonio Tempesta, para titular su obra, llamó «serpiente» a Ladón, ya que la tradición cristiana asoció los dragones a Satanás, y los imaginó bajo la forma de serpiente —que, otra vez, descendía de un árbol—.  Considerados símbolos demoníacos, en el bestiario medieval fantástico los dragones eran los enemigos más genuinos de Dios y el hombre, de modo que en el arte romántico se los representara siempre como animales vencidos.

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(‘Hércules y la serpiente Ladón’, de Antonio Tempesta, 1608)

El dragón forma parte del Apocalipsis de San Juán, en el que representa al diablo. Comparte con muchos con sus parientes pequeñas, las serpientes, en cuanto a la representación de la maldad, pero además el dragón posee una fuerza descomunal y una brutalidad que excede a la astucia de la serpiente.

:“Después hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. El dragón y sus ángeles pelearon, pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. Así que fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña a todo el mundo”. (Apocalipsis 12:7-9)

En el Apocalipsis aparece la Serpiente/Dragón o Monstruo de Siete Cabezas como símbolo del mal junto a la denominada Gran Ramera. Esta última es la misma Diosa Madre denostada por los descendientes del patriarca Abraham. La lucha inicial contra el paganismo se simbolizaba en numerosos cuadros y tapices como la lucha contra un dragón.

El Apocalipsis se refiere a Satanás como el gran dragón, la serpiente antigua. Una evolución iconográfica que llegaría hasta la imaginación del pintor y poeta William Blake, cuyo Gran Dragón Rojo, de forma antropológica, nos obligaría a repensar el significado del dragón.

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El Gran Dragón Rojo y la Mujer revestida con el Sol de Wiliam Blake.

Los cuadros de Blake están inspirados en un pasaje del Apocalipsis, llamado «la visión de la Mujer y el Dragón». De nuevo, nos encontramos ante la lucha entre el bien y el mal:

«y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pieles y una corona de doce estrellas en su cabeza. / Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz. / Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. / Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando naciera.»

Finalmente, y como consecuencia de lo expuesto, fundamentalmente derivado de la idea de la inclusión de los opuestos en la totalidad, Jung alude al Cristianismo como excepción irresuelta ante la problemática del mal:

La contraposición de lo luminoso y bueno, por un lado, y de lo oscuro y malo, por otro, quedó abandonada abiertamente a su conflicto en cuanto Cristo representa al bien sin más, y el opositor de Cristo, el Diablo, representa el mal. Esta oposición es propiamente el verdadero problema universal, que aún no ha sido resuelto.

C. G. Jung. Psicología y Alquimia, 1944, 21, §

Sin embargo, en contra de la creencia general no siempre fue así, y de hecho los primeros cristianos llamaban a Cristo “La Buena Serpiente” (Juan 3, 15). En el manuscrito medieval “Book of Kells” cuando se ilustra Mateo 27:38 que trata de la crucifixión está iluminado con serpientes. San Agustín decía “¿qué es una serpiente alzada? La muerte del Señor en la cruz”.

Cristo era el sanador divino y la identificación con la serpiente fue hecha frecuentemente sobre todo por los ofitas (sectas agnósticas de Siria y Egipto que se desarrollaron alrededor del año 100 d.C.), una secta cristiana que representaba a Cristo como una serpiente.  El pensamiento común que tenían estas sectas es la gran importancia que dan a la serpiente de los relatos bíblicos, puesto que este animal es la conexión entre el árbol del conocimiento posteriormente considerado del bien y del mal) con la gnosis o conocimiento

Una serpiente enrollada en el árbol de la vida es beneficiosa pero enrollada en el del conocimiento es maléfica (excepto entre los gnósticos). El cáliz de San Juan es representado con una serpiente emergiendo de él representando poderes beneficiosos. Y en Monasterboice, Louth, Irlanda, hay una Cruz de Muiredach que tiene dos serpientes una hacia arriba y otra hacia abajo, con tres cabezas humanas entre las colas y que terminan en una mano humana con un círculo arriba representando un círculo solar. Se le conoce como Dextra Dei o la mano derecha de Dios.

En el cristianismo parece  que hay ciertas contradicciones.

En el Judaísmo la serpiente representa el diablo, tentación, pecado, pasión sexual, y las almas de los condenados en Sheol (sepultura común de la humanidad). También aparecen serpientes en el castigo a los israelitas que iban con Moisés en el desierto. Pero también hay descripciones de la serpiente retorcida como referencia al conocimiento y también el brazo de la serpiente de Moisés es un símbolo de curación. Y en la Kábala el hombre primordial lleva una serpiente en el cuello.

Algunos teólogos basándose según sobre la historia de Moisés en el relato bíblico, para liberar al pueblo hebreo, Dios convirtió su bastón en una serpiente en medio de la zarza ardiente cuando Moisés entró en contacto.. De acuerdo a esta historia, se interpreta que Dios a través de Moisés demostraba su furia contra el pueblo egipcio frente al Faraón. En esto algunos teólogos consideran que el bastón de Moisés, es una serpiente de aspecto positivo o a la vez milagroso.

El culto a la serpiente está atestiguado en el libro de los Números cuando el autor sagrado habla de la serpiente de bronce que los israelitas erigieron en el desierto:

“Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrazadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrazadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado. (Números 21, 4-9).

Es más el culto a la serpiente de bronce fue introducido en el Templo de Jerusalén, a la que se ofrecían sacrificios, y esto hasta la reforma de Ezequías quien “Hizo desaparecer los lugares altos, rompió las piedras conmemorativas, taló el poste sagrado e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta esos días los israelitas le quemaban incienso; se la llamaba Nejustán.” (2 Reyes 18,4).

En la cristiandad del Medievo comprendieron esta verdad y por eso la imagen del dragón fue venerada y usada como símbolo de la aristocracia europea. El dragón animal aristocrático por excelencia representa la fuerza y la nobleza. Pero también, en la Edad Media fue una de las representaciones de la lujuria, uno de los pecados que más preocupaban a las autoridades eclesiásticas, y muchas obras de arte mostraban los motivos de la serpiente, la caída, el pecado, la enfermedad y el castigo.

El mito de los dragones se fortaleció en la Europa medieval. La razón por la cual estos seres fantásticos han sido asociados con el mal, se debe en gran parte a leyendas, historia populares y al mito de Drácula, príncipe Vlad Tepes, Dracull o Dracula que en rumano significa dragón o demonio. Según estas leyendas, los dragones podían atemorizar a pueblos enteros. El dragon adquiere las capacidades de volar y de echar fuego por la boca en el siglo V, y se convierte en cuadrúpedo con alas de murciélago en el siglo XIII.  Hasta principios del siglo XVIII, la mayoría de los habitantes de Europa, incluidas muchísimas de las personas más cultas, creían firmemente en la existencia de todo tipo de dragones.

Aunque conceptualmente se lo concebía como una serpiente alada, en pinturas y esculturas nos encontramos que los dragones parecen más bien una ave bípeda con cabeza de perro, grandes ojos, orejas puntiagudas, mandíbulas alargadas y cola de serpiente. No será hasta el período gótico que las alas de esta bestia maligna, representante del inframundo, serían dibujadas como extremidades membranosas, iguales que las de un murciélago. También le crecería una cresta dentada en la cabeza.

El dragón analizado en todo su espectro, llegó a ser catalogado por la ciencia y el conocimiento occidental como una bestia mitológica serpiente-halcón-tigre, pero ciertamente esta definición quizás solo calce completamente en la idea de dragón nor-europeo, el devorador de princesas y acaparador de tesoros.

Representación indiscutible de la maldad y del demonio, presa principal de caballeros de brillante armadura, personaje infaltable de tradiciones celtas y vikingas, el dragón como némesis del ser humano se hizo presente en Europa.

No es posible nombrar el legado cultural europeo sin los dragones, que se hacen presentes en miles de obras de caballería como la representación viva del mal.

En el simbolismo medieval la idea de lucha contra dragones sirvió para fortalecer la motivación de los reinos cristianos. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza. Los colores a menudo determinaron el simbolismo que un dragón tenía.

Un elemento básico de Occidente es su ansia de dominio sobre todo lo creado. Sea inferior o superior. Si es inferior ratifica su carácter de amo de todo lo existente. Si es superior, muestra su gran poderío. Éste fue uno de sus errores garrafales con relación a los dragones. Al no poder dominarlos, ni como seres ni como arquetipos, decidió execrarlos de la realidad, aunque no haya podido hacerlo con la memoria.

San Jordi
San Miguel se batió con el demonio dragón y lo expulsó del cielo, pero el más famoso aniquilador de dragones es San Jorge dando muerte al dragón liberando a la doncella.

Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores. En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el diablo. La leyenda de San Jorge y el dragón muestra claramente este significado

Según la leyenda, hace unos dos mil años vivía en un lago un dragón terrorífico que exigía sacrificios humanos. Por casualidad (o por suerte) pasó lugar San Jorge por el lugar en que habían atado y abandonado a su suerte a la hija del rey para aplacar las exigencias del malvado dragón. En este punto encontramos diferentes versiones de lo que allí aconteció. La primera y tal vez la más contada es que el héroe mató al dragón clavándole una lanza y en el charco de sangre que se formó en el suelo de la mortal herida, creció un rosal de rosas rojas, símbolo del amor del santo y la princesa (en Catalunya el 23 de abril se celebra la festividad de Sant Jordi en la que las damas reciben de sus amados una rosa roja). En otra de las versiones, el joven solo hirió a la bestia para que la princesa lo amordazase con su ceñidor y lo condujese al reino, para matarlo en presencia del pueblo. Por último, en una clave más simbólica se dice que el dragón representa los miedos y debilidades del hombre y que por ello ha de dominarse y hacerse más pequeño para poder llevar a la bestia bien cerca pero siempre bajo control.

Vencer al dragón es vencer el miedo, es obtener la victoria sobre cualquier peligro. Los héroes, como San Jorge vencían al dragón y por eso son héroes.

Para Catalunya, ese héroe sagrado es Sant Jordi, que en 1456 fue declarado patrón por las Cortes Catalanas, reunidas en el coro de la catedral de Barcelona. Es también patrón de Aragón, Inglaterra, Portugal, Grecia, Polonia, Lituania, Bulgaria, Serbia, Rusia y Georgia, entre otros países. De Sant Jordi está más documentado su culto que su existencia, pero la leyenda lo sitúa en el siglo III, nacido en Capadocia o Nicomedia, y mártir por decapitación durante la persecución de los cristianos por el emperador romano Diocleciano. Su leyenda llegó a la Península en el siglo XV.

MAS INFORMACIÓN:  Iberia, Madre de Dragones

La leyenda de San Jorge y el Dragón se inicia con la obra de Jacobo de la Vorágine, arzobispo de Génova. A mediados del siglo XIII escribe “Legenda Sanctorum” (Lecturas sobre santos) que pasará a ser conocida como “Legenda aurea” (Leyenda dorada). Recoge una compilación de la vida de 180 mártires y santos, teniendo como fuente los evangelios. Sin intencionalidad documental ni histórica, su objetivo era más bien moralizante y didáctico. Pretendía cristianizar a través de la vida modélica de los hijos preclaros de la Iglesia. Gran parte de la iconografía con la que se representaron los santos a partir de ese momento estuvo basada en los relatos que de ellos se hacían en su libro.

Según la tradición occidental, para matar a un dragón hace falta una lanza de hierro. Es muy probable que el primer hierro que conocieron los humanos procediese de meteoritos, y, puesto que estos caen desde el cielo, se creía que su origen era celestial y por tanto  contaba con el poder para destruir el mal.

En Occidente el simbolismo alrededor del dragón es esencialmente el de la lucha.​ La lucha entre el dragón y un héroe o un dios tiene, sin embargo, distintos significados. En estos míticos combates el dragón asume dos papeles, el de devorador y el de guardián, que tienen finalmente una sola raíz: el de un ser cósmico en espera, cuya acción implica la muerte –o el nacimiento– de un nuevo orden. Justamente porque son guardianes de algo sagrado, es por lo que simbolizan el puente a otro mundo o la prueba de todo héroe.

En la pauta del viaje del héroe, los dragones representaron el obstáculo o el temor, y el paso necesario para volver al hogar, y como muchos dragones se presentan también como la encarnación de la sabiduría, en esas tradiciones matar a uno de ellos no sólo daba acceso a sus riquezas sino también significaba que el caballero había vencido a la más astuta de las criaturas. Otra faceta del dragón en la mitología clásica de la época caballeresca es el dragón como guardián que custodia o secuestra princesas en sus castillos.

Volviendo a la mitología más cercana en el tiempo, nos encontramos con la madre de un rey franco, Clidón, que fue a nadar al mar. Allí resultó ser violada por un extraño ser marino muy parecido a una serpiente. De tal unión nació Meroveo, el primigenio de la dinastía merovingia. La raíz etimológica del nombre Meroveo es un eco de la palabra francesa que significa “madre”, y la latina que significa mar. En mitos como este, basaban su ascendencia divina y su derecho al trono algunas dinastías reales.

A pesar de todo, no todos los dragones occidentales son malos y perversas bestias asesinas. En las leyendas Artúricas encontramos que cuando nació Uther Pendragón (el padre de Arturo), aparecieron en el cielo dos grandes dragones dorados para anunciar el nacimiento de un rey, y se utilizaron imágenes de estas magníficas bestias en escudos y estandartes. Incluso se dice que el nombre de “Pendragón” lo adoptó el propio rey Uther al ver un meteorito con forma de dragón, atravesando el cielo.

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Iglesia de Santa María de Uncastillo, Zaragoza (España)

Por lo tanto las religiones judeo-cristianas se equivocan al decir que la serpiente representa solo la maldad, como cada arquetipo animal tiene su dualidad y con ello sus atributos. El Dragón como arquetípico representa algo sagrado pero estos arquetipos animales tienen su sombra que es el arquetipo invertido. Así la serpiente dragón simboliza la sabiduría y la iniciación, su sombra viene a representar la traición y el engaño.

Mientras que Jesús como parte de sus enseñanzas aconseja:

“Ser sagaces como serpientes”.

Mateo 10:16

En el Cristianismo generalmente representa al diablo aunque también sabiduría (“sed tan prudentes como la serpiente y buenos como palomas” Mateo 10,16) y también sutileza (Génesis 3,1).

En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado y al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y los reinos cristianos sobre el diablo.  En la iconografía cristiana, además de la imagen de la serpiente del árbol del Paraíso, es frecuente la imagen la Virgen con una serpiente bajo sus pies, simbolizando el pasaje del Génesis en el que Dios le dice a la serpiente unas palabras, interpretadas posteriormente por el cristianismo como que sería María la única mujer capaz de pisarle la cabeza a la serpiente, venciendo así todo aquello maligno que ésta representaba.

Rubens. Detalle
Detalle de la Inmaculada Concepción de Rubens, 1628

Mujer y serpiente simbolizan la vida pero también el Mal, por eso debe ser vencida y la mujer dominada y vigilada por el varón. Este arquetipo cultural ha impregnado de misoginia el pensamiento occidental durante siglos, convirtiendo a la mujer en instrumento del Diablo. La serpiente se enrolla, se arrastra, serpentea formando líneas onduladas continuas, quebradas, cambia de piel, se renueva…

Objeto de horror o de adoración, los hombres tienen a la serpiente un odio implacable, o se postran ante su genio. La Mentira la llama, la Prudencia la reclama; la Envidia la lleva en su corazón, y la Elocuencia en su caduceo; en el Infierno, arma el látigo de las Furias; en el Cielo, la Eternidad hace de ella su símbolo.

H. P. Blavatsky, Isis sin velo

Los aspectos más importantes del Cristianismo que determinan la visión negativa de la Serpiente son los siguientes:

  • La serpiente del Jardín del Edén: que convence a Eva para que coma de la fruta del árbol prohibido. De esta manera se provocó la ira de Dios trayendo todos los males a la humanidad. Es la  representación del pecado, la caída y el caos. Iconografía muy representada en el Cristianismo.
  • Dios condena a la serpiente a arrastrase por el suelo y comer sólo polvo, siendo éste símbolo del caos y oscuridad (Genesis 3:14).
  • La serpiente dado que es sorda y muy independiente se asemeja a los que no oyen la palabra de Dios o los que prestan oídos al conocimiento corrupto. En el jardín del Edén la serpiente es inteligente y lista y puede hablar con la mujer. En realidad no era mentirosa, mostró el camino al conocimiento pero a un conocimiento que separó al creado del creador lo que según las escrituras, no era sabiduría sino conocimiento corrupto.
  • En diversos textos bíblicos se interpreta que la serpiente del Jardín del Edén tenía una mente cruel, mostraba envidia e intenciones maliciosas por lo que Dios le quitó la capacidad de hablar y le enemistó con los humanos.
  • Cristo venciendo a la serpiente significa el triunfo sobre la muerte. En el Juicio Final Cristo sujeta una serpiente y en algún amuleto Copto se da a entender que Cristo bajó a la tierra el 25 de Diciembre para juzgar a todas las serpientes venenosas. Y en el evangelio de Bartolomé la Muerte y sus hijos van a la tumba de Jesús apareciendo en forma de serpientes.
  • El castigo de las mujeres que no seguían las normas de los evangelios sobre todo de malas madres y de las mujeres lujuriosas era la tortura en el infierno por dragones, fuego, serpientes y víboras.
  • Tanto en el Judaismo como en el Cristianismo la serpiente significa la mentira y también en la cultura árabe denota esa misma característica reflejada en el dicho “una serpiente no puede traer nada excepto una serpiente pequeña”. En el Talmud de Babilonia también se hace referencia a la mentira en cuanto a la mujer que rompe los votos matrimoniales y dice “No es posible para un hombre habitar de manera segura con una serpiente en la cesta”.
  • Mucha iconografía cristiana muestra al arcángel Miguel decapitando al dragón como al mal que hay que vencer y también en el arte copto y árabe se encuentra a la serpiente como símbolo del poder hostil. Constantino adoptó el símbolo de la serpiente para que se le viera cómo el que había derrotado a la serpiente y en los primeros cristianos la serpiente aparece como el enemigo vencido por Cristo representándolo algunas veces al pie de la cruz.
  • Es la representación del diablo. En la historia de la caída Adán dice: “El Señor Dios puso dos ángeles para guardarnos. La hora llegó cuando los ángeles ascendieron a adorar a Dios. Inmediatamente, el adversario, el diablo, encontró oportunidad mientras los ángeles estaban ausentes y engañó a tu madre que comió del árbol prohibido, Y ella comió y me lo dío a mí”. Y en el Génesis 3 está el relato de cuando el diablo habla a la serpiente y la convence para que coma del árbol del Jardín del Edén. Es ahí donde la serpiente y el diablo se hacen una entidad.
  • Representación de todo lo maléfico o pecaminoso. Incluso en algunos momentos de la historia como con Clemente de Alejandría (150-215) llevar símbolos de serpientes en joyas fue castigado ya que dado que la serpiente engañó a Eva, los adornos con serpientes conducían a las mujeres a prácticas viciosas, que usaban la forma de la serpiente como cebo tanto en adornos como en decoración.

Citas Biblicas sobre la serpiente

Considerada como un animal peligroso del que había que huir (Si 21,2); figura de la maldad (Gén 3,14; Sal 58,5-6; Mt 3,7), de la astucia (Gén 3,1), del peligro (Pr 23,12), del enemigo (Jer 8,17; Mi 7,17), de la insidia (Gén 49,17), ocasionalmente de la prudencia (Mt 10,16); Moisés cambia el bastón en serpiente (Éx 7,9-12.15); los justos y los discípulos de Cristo no deben temerla (Sal 91,13; Lc 10,19). Algunas veces representa un motivo mitológico, per ejemplo como monstruo (Leviatán, Is 27,1), como símbolo de una divinidad (culto de Baal para la fertilidad) o como personificación del diablo (Gén 3,1-3; Sap 2,24; Ap 12,9; 20,2- 3). – de bronce. Expuesta por Moisés como signo de protección de Yavé (Núm 21,6-9; Sap 16,7-8); adorada como Nejustán, fue destruida por Ezequías (2Re 18,4). Signo de Jesús crucificado (Gv 3,14).

Así pues, en nuestras tierras occidentales el dragón se asocia a lo demoníaco, al mal, a la destrucción, a la impiedad. Sin embargo, este enfoque es demasiado simplista para que sea aceptado sin más, sobre todo si tenemos en consideración que el bien y el mal no son más que parámetros mentales útiles para movernos en una tercera dimensión, pero el simbolismo es el lenguaje de dimensiones superiores.

Dice C. G. Jung que: 

“un símbolo es una imagen arquetípica producida espontáneamente a partir de una fuente común y que aparece de manera universal tanto en sueños, como en mitos y rituales”.

Para la psicología que estudia los mitos, los mensajes que traen las serpientes no provienen de ningún cielo, sino de una parte de nuestro psiquismo, el inconsciente.

La serpiente es un medio que vincula nuestros instintos primordiales con la conciencia. Es realmente un mensajero, una función del aparato psíquico. Esta asociación con los instintos, con nuestra naturaleza animal es un argumento más que utilizó la religión para despreciar a la serpiente. En la Europa medieval, la serpiente tenía patas, escamas, alas y vomitaba fuego, era el dragón que custodiaba algún secreto u objeto valioso y que había que vencer. Siempre según la psicología jungiana, las escamas aluden al elemento agua; las patas, a la tierra; las alas, al aire y el fuego a sí mismo. El dragón representaba los cuatro elementos que componen la naturaleza y que en el hombre son analogía de sus instintos: aquello que, según las religiones, son su aspecto más abyecto. Para ellas conciencia es igual a luz; instintos, oscuridad. Sol y tinieblas, mejor dicho: sol o tinieblas. En este sentido es más lógico lo que proponen las doctrinas orientales: la integración. Recuerden el Ouroboro y su sentido de totalidad.

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