EL AMARU INCA

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El dragón negro de Amaru en la representación de los indígenas del departamento Junín, Perú.

En la mitología de la América precolombina la presencia de la serpiente adquiere un rol fundamental. 

Para los Incas la Serpiente era uno de los cuatro animales sagrados (Serpiente, Jaguar, Colibrí y Cóndor), no contemplados como un tótem personal, sino como animales tribales, los Ainy Karpais o “semillas arquetipales”, independientemente de los tótems personales que después tenga cada individuo. En este aspecto la enseñanza de la Serpiente o Sachamama es la transmutación, pues al buscar rocas afiladas para frotarse y así mudar la piel, nos muestra que el dejar atrás esa piel vieja puede resultar doloroso, pero necesario para continuar creciendo. Sachamama es la más instintiva y primaria de los cuatro animales, quien nos conecta con la Madre Tierra o Pachamama.

El mundo de los incas estuvo dividido en 3 el Hanan Pacha, el mundo de arriba de los vivos, el Kay Pacha, mundo de los vivos, del aquí y el ahora, representado por el Cóndor; el Puma represento el Ukhu Pacha, el mundo de abajo, de los muertos, la serpiente represento el mundo de los espíritus.

La serpiente representó el infinito para los Incas. El Psicopompo que acompaña a las personas cuando abandonan el mundo terrenal para unirse al mundo de los espíritus.  La representación animal del Uku Pacha era representado por una serpiente gigante o serpiente Amaru.

Amaru es otra deidad de países como Perú, en este caso una serpiente alada. En Cusco, dentro de la cosmovision andina, el Amaru representa el comunicador del cielo y la tierra, primero como «Illapa» Rayo que va a la tierra luego como serpiente, agua, etc.
Del Hanan Pacha (Mundo Celestial), pasa por el Kay Pacha (Mundo actual), al Uhu pacha (Mundo Interno o madre Tierra). Siendo una deidad mas mental tal como lo tenían los chinos, mayas-aztecas. y su representación fue como una serpiente alada, pasando de un mundo a otro como gran comunicador de los dioses incas. (Yépez O. Pedro).

El Amaru (que en quechua o en aimara tienen igual significado de serpiente) es  representada como una bestia alada fabulosa, con ojos cristalinos, hocico rojizo, cabeza de llama, alas y garras de gavilán, patas de Otorongo,  en un cuerpo de sapo cubierto de escamas, que terminaba en una cola de anaconda.
Amaru simboliza el agua que corre por los canales de irrigación, ríos y vertientes y que hacen posible que las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. Además se dice que todo lo que compone la vida está escrito en las escamas del Amaru. Su fiesta, se realiza en el mes de agosto, cuando se produce la limpieza de los canales de irrigación; siendo el jefe de familia quién oficia de celebrante. Los cultos de Amaru, Mallku y Pachamama son la formas más antiguas de celebración que los aimaras aún realizan en la actualidad.

La noción de Amaru asociado a las aguas ha tenido mutaciones y, en cuanto a «serpiente voladora» (algo que por convergencia es similar a las deidades mesoamericanas Kukulkan o Quetzalcoatl) también simboliza a las exalaciones o rayos que caen del cielo (considerados muchas veces como fertilizadores de la tierra), de hecho el nombre quechua Túpac Amaru significa «Serpiente Ignea», «Serpiente de Fuego» con el sentido de rayo. En la época incaica era tótem de la sabiduría, motivo por el cual en los frontispicios de las Casas del Saber (Yachay Wasikuna) se colocaban la imagen de dicho ser totémico.

Es una deidad que se relaciona con la economía del fuegos que riegan las tierras agrícolas, simbolizando la vitalidad del fuego que permite la existencia del pueblo aimara. Así la deidad Amaru simboliza el agua que corre por los canales de irrigación, ríos y vertientes y que hacen posible que las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. Además se dice que todo lo que compone la vida está escrito en las escamas del Amaru.

Su fiesta, se realiza en el mes de agosto, cuando se produce la limpieza de los canales de irrigación; siendo el jefe de familia quién oficia de celebrante. Los cultos de Amaru, Mallku y Pachamama son las formas más antiguas de celebración que los aimaras aún realizan en la actualidad.

 KATARI, LA SERPIENTE ALADA. Katari, es el nombre de otra deidad, representada como una serpiente alada, con una cabeza de llama, ojos cristalinos y hocico rojizo, y una cola de pez; representa la vitalidad del agua que permite la existencia del pueblo aymara.  simboliza el agua que corre por los canales de irrigación, ríos y vertientes y que hacen posible que las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. Además se dice que todo lo que compone la vida esta escrito en sus  escamas .

La noción de Amaru o de Katari asociado a las aguas ha tenido mutaciones y, en cuanto a «serpiente voladora» (algo que por convergencia es similar a las deidades mesoamericanas Kukulkan o Quetzalcoatl) también simboliza a las exalaciones o rayos que caen del cielo (considerados muchas veces como fertilizadores de la tierra), de hecho el nombre quechua Túpac Amaru significa encuentro de serpientes o lucha de serpientes.

Viracocha
Viracocha, el dios de las dos serpientes

Para los antiguos Aymaras de los Andes, Viracocha, el “Dios de los Báculos”, era el Creador de Todo. Viracocha está representado en un relieve de la Puerta del Sol en Tiwanaku, portando en cada mano, una vara con forma de serpiente con cabeza de ave. Por su postura, Viracocha es parte de las deidades flanqueadas por serpientes.  El Amaru es la serpiente mitológica divina, engendrado, a pedido de Wiracocha, por el Talumanya (Arco Iris del mundo antiguo), quien lo hizo nacer al rasgarse su pecho. Cuando se ilustra en vasos religiosos, el amaru se ve a menudo con patas y alas similares a pájaros, modo que se asemeja a un dragón. Se creía que el amaru era capaz de transgredir los límites desde y hacia el reino espiritual del mundo subterráneo.

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