El Mito de la Cacería Salvaje

La Cacería Salvaje es un mito, asociado a la época oscura del año, que está presente en todo el folklore europeo.

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La cacería salvaje: Åsgårdsreien (1872) de Peter Nicolai Arbo.

AQUELLOS QUE CABALGAN LA TORMENTA 

Por toda Europa aparecen mitos que tienen el mismo esquema y patrón y que se repiten en muchas tradiciones míticas distintas. El arquetipo habla de un personaje maldito que guía una procesión compuesta de difuntos a caballo o en algunos casos se habla de jaurías de animales que en la tradición tardía cristiana se asocian al diablo, pero que en los mitos paganos, no eran sino siervos de las entidades divinas, ya sea de dioses de la la luz o de deidades del Inframundo

La premisa fundamental de todos los casos era siempre la misma: un grupo fantasmal de exploradores ataviados con indumentaria de caza y acompañados de caballos, perros rastreadores, etc., en una desenfrenada persecución a través de los cielos, a lo largo de la tierra o por encima de ella. Frecuentemente, era una forma de explicar las tormentas.

DE DIVINIDADES DEL PAGANISMO A MANIFESTACIONES DEMONÍACAS

Mientras que este tipo de cacerías eran registradas por monjes e interpretadas como manifestaciones propiamente demoníacas, en los romances medievales tardíos ingleses como Sir Orfeo los cazadores provenían de un mundo de hadas y su cacería salvaje contenía más elementos de la mitología anglosajona. Sus líderes eran, casi siempre, el rey Arturo, el rey Herla, Gwydion, Gwynn ap Nudd, Nuada, Wōden y Herne el Cazador. 

Muchos autores han tomado los famosos cuentos infantiles que describen “un tren fantasmal” como el arquetipo superviviente de la caza salvaje común en la mayor parte de Europa. Una actividad posteriormente relacionada con la Brujería y los Dioses Antiguos en general. se la representa como un desfile de espíritus desbocados, en desenfrenada persecución a través de los cielos o la tierra, o bien como una procesión de almas errantes que están obligadas a vagar por los bosques o los caminos durante las noches de otoño e invierno.

La compañía del cazador estaba formada, originalmente, por espíritus de la naturaleza que podían ser de ambos sexos o bien por almas de difuntos, lideradas por un Dios o una Diosa relacionado/a con la naturaleza salvaje, el inframundo o el destino. Posteriormente, el líder de esta procesión de espíritus pasó a ser un personaje importante (rey, noble, sacerdote…), un pecador, un diablo o una bruja, acompañado por almas condenadas, animales, demonios o brujas.

Otro aspecto que el líder de la cacería podía tomar era aquel de un esqueleto azul o de un esqueleto irradiando una escalofriante luz azul.

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El negro y el azul oscuro se dan la mano en los duelos, están unidos al luto, junto al azul cianótico de la muerte. El azul oscuro genera sombras próximas a la negritud, la oscuridad total en la noche.

EL LÍDER DE LA CACERÍA SALVAJE

Como muchas divinidades presentes en numerosas tradiciones de la conocida “Brujería Tradicional”, el Cazador es un ser común a muchos países o regiones de Europa. 

Los cazadores representaban almas perdidas, muertos, todos ellos con deudas pendientes y que estaban liderados por figuras históricas o mayormente legendarias. A veces, la figura del Cazador varía de país en país debido a las distintas idiosincracias particulares de cada cultura o influencia geopolítica de una nación. En cada sitio se adjudicaba el liderazgo de la Cacería Salvaje a alguna figura local similar, normalmente de mala fama o relacionada con algún episodio grave de la Historia. La cacería podía estar liderada por una figura histórica o legendaria como Teodorico el Grande, Carlomagno, el rey Arturo, el rey danés Valdemar Atterdag, el *Wōđinaz de los germanos del oeste (u otras derivaciones de este dios como el germano alaman Wuodan o el Wuotis Heer del centro de Suiza) o el céltico Arawn.

El mito de la cacería salvaje fue modificado con el paso de las épocas para acomodar e introducir otros dioses y héroes populares. Es el caso de personajes auténticos como Teodorico, el rey ostrogodo, o el monarca danés Valdemar IV, bajo cuyo reinado llegó la Peste Negra, sumándoseles más tarde Carlomagno, el rey Arturo, Federico Barbarroja y varios más y, más recientemente, en mitos propios del centro de Inglaterra, sir Francis Drake. Es interesante añadir que en Cataluña existe el Conde Arnau (en catalán Comte Arnau o Comte l’Arnau) un noble maldito por su licenciosa vida, condenado a vagar eternamente sobre un caballo envuelto en fuego y acompañado de perros demoníacos.

Los vecinos de Frankfurt creen que las ruinas del cercano castillo de Fudenstein son habitadas por un cazador que sólo sale momentos antes de estallar una guerra, de la que viene a ser el anuncio o agüero. Lleva un largo cortejo de carruajes que, al rodar ilusoriamente por el espacio, producen una gran ruido que asusta a la gente, angustiosa de lo que pasará.

Mientras que estos primeros testimonios de Cacerías Salvajes fueron contadas por clérigos y consideradas diabólicas, en los romances medievales tardíos, como en Sir Orfeo, los cazadores son más de un mundo feérico, donde la Cacería Salvaje era la hueste de las hadas; sus líderes también variaban, pero incluían a Gwydion, Gwynn ap Nudd, Rey Arturo, Nuada, Rey Herla, Woden, el Diablo y Herne el cazador.

Sir Orfeo es un poema narrativo anónimo del inglés medio que narra la historia de Orfeo como un rey que rescata a su esposa del reyde las hadas . La presentación de las Hadas del poema muestra influencias celtas en el concepto del espacio que habitan como una dimensión paralela al mundo cotidiano en lugar de la Tierra de los Muertos como en el mito griego de Orfeo y Eurídice . La capacidad de moverse entre un mundo y otro distingue la historia tal como se cuenta en sus diversas versiones británicas, como Sir Orfeo y la balada Shetland King Orfeo, donde los captores se consideran como habitantes de un dominio de hadas paralelo y no como la región infernal de Muertos gobernados por Hades como en el mito griego.

El mito de la Cacería Salvaje ha sido modificado con los años para incluir otros dioses y héroes populares, entre ellos el Rey Arturo. En el castillo Cadbury en Somerset, una calle cercana al castillo fue llamada Vía del Rey Arturo e incluso en el siglo XIX sobrevivió la idea de que en las salvajes noches de invierno podían oírse correr al rey y a sus sabuesos.

En la primitiva mitología céltica, la procesión era dirigida por Vindos (del cual es descendiente el mito galés Gwyn ap Nudd), mientras que en la germánica la dirección corría a cargo de Wotan – Odin o en algunos casos de Hel la señora del inframundo y sus Garm . Hay más, desde Caín hasta el Krampus austríaco, la Frau Holda germana o el rey britano Herla, pasando por Herodes o el mismo Satanás en persona.

En ocasiones, las leyendas asocian al cazador con un dragón o el diablo. El cazador generalmente monta un caballo, raramente un carruaje, y normalmente le acompaña varios perros. Si se menciona la presa, suele ser una joven, culpable o inocente.

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Odín , también llamado Wotan o Woden, es considerado el dios principal de la mitología nórdica, así como de algunas religiones etenas.

ODÍN, EL LÍDER DE LA CAZA SALVAJE

Odín, (Wotan)  es uno de los principales protagonistas de la cacería salvaje en diferentes versiones

El dios nórdico Odín en sus muchas formas, a horcajadas sobre su caballo de ocho patas Sleipnir, viene a ser profundamente asociado con la cacería salvaje en Escandinavia gracias a sus aspectos de berserker. Odín adquirió otra característica (además de sus muchos otros nombres y atributos) en este contexto: aquel de cazador salvaje, junto con Frigg. Tanto es así, que en lugar de cacería salvaje, los escandinavos utilizaban la expresión cacería de Odín para referirse a este mito…

Odín (Wotan), habia salido a cabalgar por los cielos acompañado de una jauria de perros o lobos salvajes, a la caza de almas que llevarse al Valhalla o segun otros a exterminar a las almas fugitivas del Hel, liberadas en el solsticio de otoño, cuando se diluye la frontera entre vivos y muertos y los espíritus vagan libres por la tierra, pasado este tiempo, algunos se niegan a regresar a su lugar de reposo, y han de ser cazados.

Una tradición mantiene que Odín no viajaba por debajo de donde un buey lleva su yugo, por lo que si Odín cazaba, era más seguro tirarse al suelo para evitar ser golpeado. Si se habían construido casas en antiguas carreteras, podía quemarlas, porque Odín no cambiaba sus trayectos si había viajado por un camino que antes estaba allí. Ni siquiera podían construirse hornos de carbón, porque si Odín estaba cazando allí, el horno ardería. Era costumbre arraigada que luego de la última cosecha los campesinos le dejaran grano y alimento para su caballo en los campos y que la cacería pasara de largo por sus hogares sin traer desgracia y muerte para algún familiar o al ganado.

La Caza Salvaje es un mito persistente en Europa y muy amplio, que en el Blog «El Santuario del Alba» desarrollamos en varios artículos.

La mayoría de las historias tratan de una persona encontrándose la Cacería Salvaje. Si esta persona se resiste a los cazadores, será castigado. Si ayuda a la cacería, obtendrá dinero, oro o, más frecuentemente, la pierna de un animal o humano cazado, que a veces está maldita para que no pueda deshacerse de ella. En este caso, la persona debe encontrar un sacerdote o mago capaz de deshacer la maldición o engañar a la Cacería Salvaje para que acepte de nuevo la pierna al pedirle sal, siendo algo que la Cacería no puede dar. En muchas versiones, si una persona permanece en medio de la carretera durante el encuentro está segura

En Escandinavia, se oía sobre la cacería de Odín pero se veía muy pocas veces, siendo un rasgo típico de los perros de Odín que uno ladrara fuerte y otro más débil. Aparte de uno o dos disparos, estos ladridos eran los únicos claramente identificados.

Cuando se escuchaba la cacería de Odín era un signo de cambio de clima próximo en algunas regiones, aunque también podía significar guerra o desgracias venideras. De acuerdo con varios informes, el bosque entero se silenciaba y sólo los ladridos, los truenos y  eran escuchados algunos gemidos.

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Hellequin y otros demonios extrayendo almas de la charca para Dante y Virgilio (Giovanni di Paolo)

EL ORIGEN DE LA CACERÍA SALVAJE

Ya hemos citado como el mito de la Cacería Salvaje está presente tanto en la mitología céltica como en la germánica y nordica, por lo que los expertos le otorgan una raíz indoeuropea.

No hay unanimidad al explicar el sentido de la Cacería Salvaje, dada la ausencia de fuentes concretas al respecto. Ahora bien, si algo caracteriza la leyenda de la Cacería Salvaje es su gran difusión, ya que se han identificado versiones por buena parte del mundo occidental. Así, mientras unos atienden especialmente el contexto medieval y la relacionan con la creencia en la celebración de aquelarres brujeriles, otros apuntan a una forma popular de interpretar las tormentas y otros fenómenos meteorológicos, no faltando quien simplemente alude a manifestaciones supersticiosas de la fe, continuando la tradición de los augurios.

La Cacería Salvaje era vista también como un presagio de alguna catástrofe venidera, como una plaga o una guerra, o, por lo menos, de la muerte de aquel que había observado dicho evento. Las personas que estuvieran en el camino y se toparan con la cacería podían elegir entre dos opciones: arrojarse al suelo y sentir cómo las gélidas patas de los animales le pisan la espalda, o dejarse llevar por la partida de caza, corriendo el riesgo de ser depositado lejos de su casa o morir durante la furiosa embestida de los personajes malvados y pasar a ser otro integrante más de la misma. Una niña que vio a un antiguo líder anglosajón fue advertida por su padre de taparse los ojos para evadir la visión. Otros creían que los espíritus de las personas podían ser sacados de sus cuerpos durante el sueño para participar en la cabalgata.

Igualmente, muchas historias se cuentan sobre los orígenes de las cacerías. Fenómeno semejante a caballeros o cazadores fantasmales persiguiendo a las nubes en el cielo, la Cacería Salvaje ha sido considerada durante largo tiempo un presagio funesto de cumplimiento inminente.

Una de ellas es la de Dando y sus perros: Dando, deseando beber algo pero hastiado de lo que sus cazadores llevaban, dijo que sería capaz de ir al infierno por alguna bebida. Un extraño llegó y le ofreció la bebida, sólo para robarle el equipo de caza y sus animales; luego, Dando y sus perros emprendieron la persecución del ladrón. Se decía que tal escena podía verse siempre en el mismo lugar.

En Inglaterra, se decía que las figuras históricas de san Guthlac (683-714) y Hereward el proscrito (muerto en torno al 1070) participaron en la Cacería Salvaje; y, en la Crónica de Peterborough, hay un relato de la aparición nocturna de la Cacería Salvaje, comenzando con el nombramiento de un desastroso abad para el monasterio, Henry d’Angely, en 1127:

Otro relato cuenta cómo el rey Herla, en una visita al rey Oberón, fue advertido de no apearse de su caballo hasta que el perro que llevaba consigo bajara primero; luego encontró que tres siglos habían pasado durante su visita y que él y sus cazadores aún seguían en sus caballos, esperando a que el perro saltara; los hombres que desmontaron se consumieron en el polvo.

El Arlequin es un personaje de las obras de teatro románticas francesas basado en creencias populares de la Caza salvaje. Hellaquin parece ser una derivación de Herla King, que a su vez podría interpretarse como Hell King, o Rey del Infierno. Hellaquin era el nombre de un demonio en la época medieval, más bien un duende travieso y pícaro. Aunque parezca mentira, es el origen del Arlequín

Hellequin, un emisario del demonio pintado de negro, solía vagar por los campos con un grupo de demonios empujando a las almas vagabundas de malas personas hacia el infierno. La apariencia física de Hellequin ofrece una explicación a los colores tradicionales de la máscara del arlequín (rojo y negro)

En Francia la Caceria Salvaje es conocida como Mesnée d’Hellequin (Francés antiguo del norte: «hogar de Hellequin»).  La Cacería Salvaje aparece documentada en algunas obras como la Historia Ecclesiastica de Orderico Vital, un monje benedictino de ascendencia francesa que vivió a caballo entre los siglos XI y XII, reseñando muchos aspectos comunes de la Inglaterra normanda. Vital cita que en el año 1091 el cura de Bonneval contempló una de esas apariciones, denominándola tropa de Arlequín; el religioso, sin duda, se hacía eco de la tradición gala de Mesnée d’Hellequin, enviado del Infierno que lideraba una partida de demonios en busca de almas que llevarse consigo y que posteriormente sería incorporado a las comedias francesas e italianas con una imagen más burlesca, ataviado con un traje de rombos.

Arlequin diabolico
Uno de los orígenes postulados para el moderno arlequín está en «Hellekin», uno de los lideres de la caza salvaje.

También se cita la cacería en el llamado Manuscrito Laud o Crónica de Peterborough, uno de los textos que integran la Crónica anglosajona y narran la historia de la Britania desde la conquista normanda hasta finales del siglo XIV. Escrito en prosa anglosajona (inglés antiguo) en su mayor parte, un pasaje datado en el siglo XII menciona una Cacería Salvaje formada por infernales personajes de piel negra montados sobre caballos y ciervos también negros y rodeados por perros del mismo color, como signo de mal agüero cuando Enrique I nombró abad de Peterborough a un pariente suyo.

Fue el mayor de los hermanos Grimm, Jacob, el que desarrolló la imagen que tenemos de esa infernal partida de caza en su obra Deutsche Mythologie, publicada en 1835. A Jacob le tocó vivir en pleno romanticismo y creía que el folklore de su época tenía sus raíces en un mito ancestral pagano, procedente de latitudes germanas, que se habría ido desvirtuando por la influencia del cristianismo al transformar el concepto de cacería y la parafernalia guerrera (los hérulos, por ejemplo, se tiznaban de negro para combatir en nombre de Wotan) en algo maligno para desacreditar la antigua religión.

Jacob era fundamentalmente un literato, no un antropólogo, así que se equivocaba porque, entre otras cosas, mezclaba fuentes de períodos distintos. Los investigadores del siglo XX corrigieron su visión situando el inicio de esa historia en una fecha más reciente, la Edad Media, desde la que se difundiría, como dijimos antes, por todo el continente con evoluciones y adaptaciones locales desarrolladas a lo largo del paso de los siglos. Sí es justo reconocerle al mayor de los Grimm que, al menos, fue él quien le puso nombre: Wilde Jagd  («Caza Salvaje») para el fenómeno.

Grimm interpretó el fenómeno de la Cacería Salvaje con orígenes pre-cristianos, discutiendo que la figura masculina que aparecía en ella era un remanente de creencias populares del dios Wodan, quien había «perdido su personalidad sociable, sus rasgos casi familiares, y asumió los aspectos de un poder oscuro y terrible…un espectro y un diablo»

Grimm creyó que esta figura masculina era a veces reemplazada por un equivalente femenino, a quien se refirió como Holda y Berchta. En sus palabras, «no solo Wuotan y otros dioses, sino también diosas paganas, pudieron haber liderado la furiosa hueste: el cazador salvaje pasa a la mujer del bosque, Woden a frau Gaude«. Añadió que consideraba a la figura femenina la esposa de Woden.

Además, se encuentran también leyendas similares en América del Norte, obviamente exportadas por colonos, como la Chasse-galerie canadiense (en este caso la troupe diabólica va en una canoa volante) o los Ghost Riders estadounidenses de los que el caso más famoso es el jinete hessiano decapitado glosado por Washington Irving en la historia de Sleepy Hollow, la conocidísima leyenda del Jinete sin Cabeza.

Al llegar la fecha de Todos los Santos, no puede dejar de recordarse en America, uno de los relatos más famosos del escritor Washington Irwing y es la Leyenda de Sleepy Hollow, más conocida como el Jinete sin Cabeza. Y aunque parezca un relato poco creíble,  la aparición de un fantasma en lomos de su caballo en medio del bosque, para los pioneros holandeses fue algo sobrecogedor en lo que hoy conocemos como Nueva York.

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John Quidor (1801-1881) es el autor de una de las pinturas más representativas de la leyenda, fue pintor de temas históricos y literarios estadounidenses. La obra de El Jinete sin cabeza, se encuentra en el museo Smithsoniano.

LA LEYENDA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Las leyendas de la Cacería Salvaje son muchas y también las tenemos en la Península. 

La leyenda de la “Caza Salvaje” (y su cazador) está presente por distintos países de Europa. Irlanda, Inglaterra, Gales y Escocia, así como Alemania, Francia y ciertas regiones del norte Peninsular (Ibérico).  En León se llama Huéspeda, en Castilla Estantigua, en las Hurdes Genti de Muerti, en Asturias Güestia, en Galicia Santa Compaña

Las procesiones de ánimas que se aparecen a medianoche como presagio de una defunción inminente son leyendas folklóricas que se extienden por toda la geografía española, a menudo como herencia de la tradición céltica. Sin olvidar el mencionado  Conde Arnau (el comte Arnau),  noble legendario de Ripollès, quien por su ávida crueldad y lascivia fue condenado a montar a perros por la eternidad mientras su carne era devorada por las llamas. Él es el tema de una balada tradicional catalana. La misteriosa cabalgata del conde Arnau remite a los mitos de la festividad de San Juan, noche en que, al punto de las doce, el noble sale del agujero de San Huevo montado en un caballo negro que escupe fuego por la nariz todo escapando del infierno.

Intentare dedicarle un trabajo  a cada una de las distintas leyendas sobre la Caza Salvaje en la Península Ibérica, que hablan sobre estas huestes nocturnas, ánimas y espíritus condenados.

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La santa compaña

Mis mejores deseos de que este artículo sea de vuestro agrado.


FUENTES: 

 

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