El Toro, Animal Sagrado

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Su nombre científico proviene del latín bos, que significa toro

Debido a su virilidad, al poder y su presencia, el toro ha sido un icono de culto para muchas culturas antiguas. 

El símbolo del toro con el que la divinidad suprema se identifica es muy antiguo, remonta al Neolítico, y se relaciona con el culto a la gran madre, que equivale a la Luna, pero también con la noche y la muerte. Su fuente de conocimiento viene de Egipto, y luego pasó a los pueblos de la Mesopotamia Antigua y la Grecia Helenista, la misma que en su religiosidad la difundió a Roma

Si investigamos un poco en la historia reciente y antigua del toro podremos percibir su presencia en casi todas las religiones antiguas. Son incontables las festividades religiosas y los rituales que ofrecían al toro en sacrificio como símbolo del más noble y supremo de los animales y en los rituales paganos era considerado sinónimo de prosperidad y fortaleza bañarse en la sangre del animal sacrificado.

Domesticado desde hace unos 10 000 años en el Oriente Medio, posteriormente su ganadería se desarrolló progresivamente a lo largo y ancho de todo el planeta. Sus primeras funciones fueron para el trabajo y la producción de carne y de leche, además de aprovecharse los cuernos, el cuero o los excrementos, como fertilizante o combustible; también se siguen empleando en algunos países en los espectáculos taurinos. La cría y utilización de estos animales por parte del hombre se conoce como ganadería bovina. En 2011, la cabaña mundial de ganado bovino superaba los 1300 millones de cabezas. Además de las propias razas o variedades, se emplean diferentes formas de clasificación individual, como pueden ser la disposición y forma de la cornamenta, la capa o color del pelaje, o sus capacidades productivas.

Estos bóvidos siempre han apasionado al ser humano, para quien el toro es un símbolo de fuerza y de fertilidad, por lo que están presentes en numerosas creencias y religiones. Son parte integrante de la cultura occidental, y se les puede encontrar como tema de inspiración de pintores y escultores, o como personajes de historietas, de películas o de anuncios publicitarios.

 Para simbolizar su entrada en la edad adulta, los varones de la tribu Hamar de Etiopía aún hoy, saltan sobre la espalda de los toros más fuertes y viriles del pueblo.

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Grabado de un pastor con ganado bovino en el Antiguo Egipto.

EL TORO, SÍMBOLO DE FERTILIDAD

El toro fue símbolo de fertilidad en muchas civilizaciones agrarias, siempre vinculadas a la “Madre Tierra”.

Desde épocas protohistóricas, el toro ocupó un lugar importante en la vida de los seres humanos. Tanto el nómada como el sedentario conviven de cerca con este animal, que se agrupa a su lado y del cual el hombre, muchas veces, depende para su supervivencia. Por ello aprende a conocerlo bien y a representarlo, identificándolo con la virilidad y la procreación en la naturaleza.

Los objetos sagrados, ya sean animales, plantas, lugares u objetos no se veneran por sí mismos, sino que se les considera sagrados porque revelan la realidad última o porque participan de ella. Se llega a este estado mediante su misma facultad de ser, como el sol, la luna y la tierra; o por su forma que nos sugiere o simboliza otra cosa como la serpiente o el caracol o por una hierofania, cuando ese objeto se sacraliza por medio de un ritual o por el contacto con alguien o algo sagrado.

El toro se vuelve un objeto sagrado en el cual se lleva a cabo la paradoja de ser a un mismo tiempo él mismo y por el otro lado un dios celeste íntimamente relacionado con la fecundidad, que es uno de los atributos de algunos de los dioses creadores celestes, ya que el cielo es la región en donde se decide la fertilidad de la tierra.

El toro evoca la idea de potencia y de fogosidad irresistible, es pues el símbolo de la fuerza creadora y por ello se le relaciona con el sol, por el fuego de su sangre y la radiación de su semen y, sobre todo, con la luna a la que desde épocas muy tempranas se le atribuyó la concesión de la fecundidad universal, por medio de la distribución de las aguas y las lluvias. Sugirió al hombre y solidarizó en su mente, hechos tan esenciales en la vida como el nacimiento, la evolución, la muerte, la resurrección, el agua, las plantas, el ciclo de la mujer y la fecundidad. Fue rápidamente asimilada a los cuernos del toro que desde las culturas neolíticas representan la fertilidad, la creación periódica y la vida inagotable de la Luna.

El toro es belicoso, agresivo y símbolo de fertilidad, muy adecuado como representación del dios viejo y lunar. Sus cuernos recuerdan el creciente lunar

Los cuernos son la imagen de la luna nueva y los cuernos dobles seguramente representarían dos lunas crecientes, dando como resultado una síntesis del pensamiento que los llevaría a la idea de la evolución astral total. Por otro lado, los cuernos representan, tomando en cuenta sus extremos, la fuerza viril del dios; pero haciendo referencia a su base, más ancha, su relación es con la tierra que fructifica. Así pues la luna en menguante asemeja a las astas del toro y cuando se abulta, cada determinado tiempo representando el estado de gravidez, se iguala a la base del cuerno. Al toro también se le asoció con el sonido del trueno similar a su mugido y con el huracán ya que la lluvia fertiliza igual que su semen. Ambos representan así, la vital fuerza fecundante de la naturaleza.

Al toro lo encontramos esbozado ya en las pinturas del paleolítico, en las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira en España y en las de Lascaux, en Francia. En el neolítico tanto en Europa y sobre todo en Oriente, el toro fue ampliamente venerado y representado. En la Europa oriental se han encontrado gran cantidad de estatuillas de animales, siendo la mayoría de ellas toros.

En Cerdeña, en una tumba, se hallaron esculturas que representan cabezas de toros con cuernos en forma de cuarto creciente, además de gran cantidad de bucráneos en la necrópolis de Anghelo Ruju.

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Cabezas de toro excavadas de Çatalhöyük en el Museo de las Civilizaciones Anatolias de Ankara.

 En la meseta de Anatolia encontramos ya desde el 6.500 a.C. un culto bien representado. En las ciudades de Catal Huyuk y Hacilar se descubrieron diversos santuarios con representaciones de cabezas de toro y carnero, hechas tanto al fresco como en relieves de yeso y también estatuas; además de cuernos y cráneos auténticos, cuidadosamente colocados.

Los primeros escritos que aparecen relacionados con el toro, se encuentran en las tablas de arcilla en Babilonia, en donde los sumerios describían la frase de “En un principio era el toro”, posteriormente los asirios en sus códigos mencionan las cacerías de uros.

En las tierras de Mesopotamia, en Tell Arpachija y en otros sitios se han encontrado con mucha frecuencia cabezas de toro en cerámica pintada y estatuillas en piedra, hueso y terracota.  También entre los ríos Tigres y Éufrates, en Mesopotamia (actualmente la zona sur de Irak) , también podemos destacar la presencia de los maravillosos toros alados, genios que protegían los palacios de los malos espíritus.  Hay que mencionar que en los inicios de Mesopotamia, existió también el bisonte de enorme tamaño que sirvió de modelo para representar a los toros alados. En esta fase apareció el toro como símbolo o encarnación de la divinidad, tal es así que Marduk recibió el apelativo de toro negro del abismo.

En la mitología sumeria podemos encontrar a Gugalanna o “Gran Toro del Cielo”, una deidad que representaba a la constelación de Tauro el cual fue el primer marido de Ereshkigal, reina del inframundo. En esta misma y extendiéndose a la semita el toro eran un símbolo común de protección y tutela, de hecho, el toro aparece en el arte y las estatuas que vigilaban las entradas a los templos y se cree que eran colocados allí para proteger estos lugares de robos y otros hechos nefastos.

Los sumerios adoraron a un toro representado con cabeza humana, símbolo de fecundidad. El dios lunar babilonio Sin era llamado el poderoso becerro de Enlil y el asirio Bel era calificado como «Toro Divino», quien con alas se erguía como guardián de las moradas.

En la mitología asiria y aramea se hace referencia a Haddad dios del trueno y la lluvia que hace crecer las plantas o las destruye. Su símbolo es el rayo y se le compara frecuentemente con un toro salvaje.

La mitología Persa esta polarizada por la existencia de dos principios antagónicos: Oemuz, principio del bien y de la luz y por Ariman principio del mal y de las tinieblas. Un antiguo mito iranio reseña:

“Que Ormuz, después de crear la luz, creo un toro primordial, en cuyo cuerpo se encontraban todos los gérmenes de la vida orgánica. Pero Armian con sus demonios invadió la esfera de Ormuz. No solamente logró introducirse en la llama del fuego, que a partir de entonces produjo como impureza el humo, sino que atacó al toro primordial. De las astas del toro primordial salieron los arboles; de su rabo, los granos; de su nariz, las legumbres y de su sangre las uvas.”

Los persas adoraron al dios Verethragna, símbolo viril, que se representaba como toro, carnero o jabalí. En Susa y Persépolis se hayan hermosos capiteles en forma de prótomos de toro.

En la mitología Persa  tienen sus orígenes el dios solar Mitra, cuya adoración se difundió más tarde a la India y el Imperio Romano. La imagen principal del culto mitraico, representa a Mitra matando un toro y es conocida como tauroctonía. La interpretación más aceptada sostiene que la imagen se encuentra relacionada a la precesión de los equinoccios. En esta interpretación, la muerte del toro simboliza el fin de la Era de Tauro y el comienzo de la Era de Aries, mostrando algunos paralelismos con otras religiones antiguas.

En la Arabia del sur el dios más importante fue Almakah, dios luna que se representó como toro o como cabra montés. En otras culturas, Marduk es el «toro de Utu» y la montura del dios hinduista Shivá es Nandi, el toro.

 También los egipcios divinizaron este bóvido. Su dios Apis era hijo de Isis y de una vaca fecundada por un rayo solar, con marcas en la piel y el disco solar entre los cuernos; con la llegada de Alejandro Magno, Apis pasó a venerarse como Serapis, un dios del inframundo con atributos de fertilidad.

En Creta, así como en Sumeria, Egipto, y otras culturas bovinas, el dios toro era sacrificado para que la gente pudiera vivir. La muerte del toro liberaba su «espíritu». Comerse la carne aseguraba que el espíritu pudiera seguir viviendo en los seres humanos

La palabra sacrificio proviene del latín “sacro” + “facere”, es decir, “hacer sagradas las cosas”, honrarlas, entregarlas. Por el uso y la costumbre (no siempre tan positiva), la vinculamos con dolor, pérdida, sin ser ese su sentido y significado.

El buey era un animal utilizado a menudo para el sacrificio por las civilizaciones romana o griega. Aparecen en las mitologías minoica, egipcia o grecorromana, así como en las religiones abrahámicas o en cultos menores como el mitraísmo. El culto del dios-toro es también redundante en las civilizaciones mesopotámicas, donde los sumerios, asirios, babilonios e hititas lo practicaban bajo diversas formas

La víctima anual era verdaderamente divina; el toro original lo había sido de modo especial. El hecho mismo de que la víctima era divina, encarnaba el espíritu, y había sido primero, en los sacrificios reales, de algún modo un dios inmolado y no una víctima ofrecida a un dios. Por ello el toro primordial era dios; no se había convertido en tal, sino que había seguido siéndolo.

El pueblo hitita adoró a un dios toro, del cual no se sabe el nombre pero sí que era dios del cielo y del huracán y al que también se le represento como un toro, un mazo o un rayo. También estuvo muy extendido por el Oriente Próximo el culto a Baal. Nos referimos al famoso «becerro de oro» que adoraron los hebreos tras su huida de Egipto: un toro divino, capaz de brillar e iluminar la oscuridad.

Esta influencia del toro la apreciamos también en Palestina en donde los patriarcas hebreos adoraban al dios El, un toro, proscrito más tarde por Moisés. Desde la perspectiva hebrea, hay un símbolo con el que se identifica a este animal y de hecho este símbolo es la primera letra del abecedario hebreo y tiene una forma similar a la cabeza y cuernos de un toro. Este símbolo representa la habilidad de trabajar con la naturaleza y como sus criaturas nos traen abundancia y hacen que los humanos sobrevivan. Además, este símbolo, Aleph, es un símbolo de harmonía y provisión.

Algunos dioses griegos están representados por toros, como Poseidón dios de los océanos y de las tempestades o como Zeus que incluso tomó esa forma para seducir a Europa, y en general, la mayoría de los dioses fluviales.

Lo encontramos bajo la forma de Tauro entre los signos del zodiaco, o como la constelación del mismo nombre o del signo del Buey de la astrología china.

El área de dispersión del toro abarca desde la punta septentrional de Europa hasta el extremo opuesto de Asia, y desde España e Inglaterra hasta el oeste de China, aquí aparecen formas domésticas, simultáneamente en varias zonas geográficas. Esto explica la existencia de toros semisalvajes en Escocia y Suiza, en esta nación los toros fueron dedicados a la lucha, para Keller estas derivaciones del uro, eran oriundas de la época de los faraones, en la cual se criaban toros en la región del Nilo.

El toro aparece del lado de Apolo, y el ciervo del de Mercurio:

«Las cornamentas y los cuernos parecen haber tenido un simbolismo diferente dependiendo del animal al que corresponden: las cornamentas pertenecen a bestias que, aunque son agresivas entre ellos durante la época de celo, en el resto son benéficos, tímidos y no agresivos generalmente hacia los hombres. Los toros, sin embargo, son beligerantes y pueden ser peligrosos para la gente. Estas características diferentes se reflejan en los dioses que simbolizan: el dios con cornamenta de ciervo es un dios beneficioso de prosperidad y bienestar, mientras que los otros dioses cornudos [toros], especialmentente en el norte británico, frecuentemente un simbolismo agresivo, marcial y relativo a la fertilidad»

ALDHOUSE-GREEN, M. J., An Archaeology of Images : Iconology and Cosmology in Iron Age and Roman Europe, Taylor & Francis Routledge, 2004, pp. 86-87

Además, a lo largo de la Historia muchos personajes han intentado vincularse de una u otra forma con este animal para enlazar su propia persona con la fuerza y poder de este mítico animal, es el caso de Alejandro Magno, por ejemplo, quien llamó a su caballo Bucéfalo (“cabeza de buey”).

En un sentido más moderno, el símbolo del toro identifica una tendencia de prosperidad en el mercado de valores, donde es símbolo de confianza y fuerza. Aunque el origen es desconocido, el conocimiento común nos dice que el toro se convirtió en un símbolo de las fuertes tendencias inversionistas debido a su estilo de ataque y fue representado así en las famosa Calle del Muro (Wall Street) de la ciudad de Nueva York.

En el fondo de todas las religiones primitivas está la representación artística del toro, símbolo de la tierra madre y del cielo padre. 

El toro, como podemos apreciar, ha jugado un papel importante en la vida del hombre desde épocas remotas. Su intensa virilidad y el aspecto de sus cuernos lo mimetizaron pronto a la importante función regeneradora de la naturaleza y esta a su vez le sugirió al hombre la esencial idea de su propio renacimiento, con la promesa de otra vida, cuestión de primordial importancia en la vida de los seres humanos

Seguiremos con este tema en otros artículos

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Guernica. Picasso representará al toro a lo largo de todas sus épocas

FUENTES:

  • Wikipedia
  • «Beyond the Beef» por Jeremy Rifkin, ed. Plume, 1992.
  • Alfred Loisy, Los misterios paganos y el misterio cristiano, Ed. Paidós,
  • Cristina Delgado Linacero, “El Toro en el Mediterráneo
  • Hans Biedermann, Diccionario de Símbolos, Editorial Paidós
  • http://reaxion.utleon.edu.mx/Art_Mito_Rito_Toro_Bravo.html
  • http://terraeantiqvae.com/group/arqueoastronomia/forum/topics/el-drag-n-del-cua-el-asesinato-ritual-del-toro#.U92q7uN_saE
  • http://www.alconet.com.ar/varios/mitologia/simbolismo_animal/el_toro.html
  • http://albadhermes.blogspot.com.es/2009/01/el-signo-de-tauro.html
  • http://chato.cl/blog/es/2009/08/cuando_el_toro_era_un_dios.html

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