El Toro en la Mitología Clásica

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El toro desempeñó un importante papel en las religiones antiguas, especialmente en las que florecieron en la región del Mediterráneo y sus proximidades. El toro no solamente fue víctima para el sacrificio, sino también, como objeto de culto llegó a ser venerado o adorado como encarnación o símbolo de un dios, y en otras ocasiones como animal venerado por sí mismo. 

EL TORO SAGRADO DE CRETA

En la cultura minoica el culto al toro jugó un papel importante, representando probablemente el poder autofecundante de su dios.

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El Toro de Creta es domado por Heracles. El animal violó a Pasifae y de ella tuvo al horrendo Minotauro

El rey Minos era hijo de Europa y de Zeus, hijo de un dios que había adoptado la forma de toro para seducir a Europa. Era rey de Creta y desde su isla ejercía su poder sobre todas las islas griegas y parte del continente. Siendo joven luchó por el trono con sus hermanos Radamanto y Sarpedón, y confirmó su proclamación por derecho divino, e invocando este derecho, se jactó que los dioses le concederían lo que les pidiese.

Entonces rogó a Poseidón, dios del mar (hijo de Cronos y Rea, hermano de Zeus), que un toro emergiera de las aguas, para sacrificarlo. Inmediatamente un hermoso toro blanco nadó hasta la playa. Codiciándolo para sí mismo, Minos lo incorporó a sus manadas y sacrificó otro en su lugar. Poseidón, como divinidad que todo lo ve, disgustado castigó la ofensa de Minos mandando a Eros, dios del amor, a que clavara una de sus flechas a Pasifae, la esposa del rey Minos, e infundirle una atracción zoofílica hacia el toro, enamorándose del bello animal. Pasifae mando construir a su mejor ingeniero una vaca para meterse dentro de ella y ser tomada por el toro… El hijo, concebido contranatura entre Pasifae y el toro blanco fue el Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano.

La vergüenza y el horror hicieron que Minos encerrara al engendro de cuerpo de hombre y cabeza de toro en un laberinto diseñado por el arquitecto Dédalo. Lo cierto es que el toro blanco, que comenzó a echar fuego por las narices, causaba terror entre los cretenses por su ferocidad, hasta que Heracles (o Hércules) logró montarlo y llevarlo a las costas opuestas del mar Egeo. Allí lo dejó libre y las penurias alcanzaron a los atenienses, hasta que Teseo (que también mataría a su hijo el Minotauro) le dio muerte

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Minos confinó al Minotauro en un laberinto diseñado por el artista Dédalo.

Hasta  el laberinto de Creta llegaba periódicamente de Atenas una ofrenda viviente que consistía en un tributo anual de cincuenta mancebos y doncellas, alimento para el el aberrante Minotauro.
La tercera vez que correspondía enviar ese tributo, el héroe ateniense Teseo fue a Cnosos, entró en el laberinto con la ayuda de Ariadna (hija de Minos y de Pasifae, que enamorada del héroe ateniense le dio un ovillo, cuyo hilo iba devanando y sirvió para indicarle el camino de regreso) y, sin otras armas que sus manos, dio muerte al Minotauro.

El padre de Teseo era Egeo, rey de Atenas. Teseo había prometido izar en su nave si volvía vencedor, velas blancas, y si el barco regresaba sin él, velas negras. Pero Teseo, ofuscado por las maldiciones de Ariadna, a quien había abandonado en Naxos, se olvidó de cambiar las velas, y Egeo, que vigilaba su regreso desde la orilla, al ver el color del velamen creyó perdido a su hijo y se tiró al mar que, desde entonces, lleva su nombre: mar Egeo.

Como muchas leyendas, la del Minotauro tiene sus raíces en los hechos. Se ha encontrado en las excavaciones de Cnosos abundante evidencia de que el toro era un símbolo central de la civilización minoica. Muchas pinturas murales sugieren claramente que el deporte nacional era una forma de lidia con toros, ya existía la tauromaquia. Otro indicio sobre el origen de la leyenda del Minotauro reside en lo intrincado del palacio de Cnosos, capital del reino en la edad de oro de Creta. Al extranjero nativo de las montañas de Arcadia o las inhóspitas regiones del Asia Menor, sus interminables y retorcidos pasadizos, sus compartimientos desconcertantes, innumerables salas, columnatas, corredores, salones oficiales y depósitos, le parecían sin duda un laberinto. La misma palabra laberinto es significativa, porque deriva del vocablo griego labris, «doble hacha». Y el hacha de dos filos constituía un motivo religioso que se repetía en Cnosos por todas partes. Para los griegos, el palacio de Minos era, literalmente, la casa del hacha de dos filos..

El toro cretense es ampliamente conocido por los estucos del Palacio de Knossos y en otros sitios u objetos.

En Creta unos 3.000 años A. C. se dio un verdadero culto al toro.   Este culto consistía en burlar la fuerza del animal por medio de la habilidad e inteligencia humana. Estas prácticas, se utilizaron como deporte y rito religioso como podemos observar en el Toro del palacio de Knossos (1.500 A. C.) conocido como ‘El Toreador’

La taurocatapsia ​ era un ejercicio en el que los gimnastas realizaban demostraciones de agilidad, a pie o a caballo con la mediación de un toro salvaje. Es un motivo del arte figurativo de la Edad del Bronce Media, y en particular del arte minoico, en donde aparecen escenas de esta actividad en numerosas ocasiones, tanto en la decoración de paredes como en diversos objetos.

En el gran palacio de Cnosos, se observa en uno de sus frescos, el famoso Salto al Toro en donde un joven realiza una acrobacia: una especie de salto mortal por encima de un gran toro. Una joven coge los cuernos del toro mientras otra levanta los brazos esperando la caída del toreador. En este ritual, el toro no estaba destinado a morir sino que jóvenes de ambos sexos alardeaban de su agilidad, a la vez que ponían de manifiesto el poder del hombre con el más fuerte animal de la isla, de gran carga sexual, erótica y fertilizadora. Este culto al toro, dejó también constancia en esmaltes, medallas, estatuillas de bronce, joyas y delicados vasos de Vafio; eran vasos de bronce o de oro, adornados con ingeniosos repujados de escenas de campo, que tienen al toro como principal protagonista.

Es así como Homero en la Ilíada lo describe:

Y aúreos pastores con las vacas se enfilaban, a una Cuatro y nueve perros de veloces pies los seguían. Y, espantosos, dos leones entre las vacas primeras A un toro gimiente tenían, y él era, con magno mugido Arrastrado, y perros y mancebos tras él acudían. Esos, en verdad, del gran buey habiendo rasgado la piel, Sus entrañas y negra sangre tragaban, y los pastores Los perseguían en vano, excitando a los rápidos perros.

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El rapto de Europa. Europa era hija de Agenor y Telefasa, siendo su padre descendiente de Zeus y a su vez hijo de Poseidón

EL TORO SAGRADO EN GRECIA

Los griegos adoraban al toro como la encarnación de un dios. 

Existe una relacion entre Zeus y el Toro Sagrado. El poderoso dios Zeus al ver a la a la noble fenicia Europa, se enamoró de ella y quiso seducirla. Adoptó  la forma de un toro albar que salía del mar, raptó a la noble llevándola en su blanco lomo, significativamente, a Creta donde se unieron y más tarde tuvo tres hijos de Zeus, Minos, Radamantis y Sarpedon. Así nace el mito, aunque Zeus ya había adoptado el mismo disfraz para raptar a la ninfa Io.

 Dioniso era otro dios de resurrección que estaba fuertemente vinculado al toro.

El iluminado poeta Nono de Panópolis, en su monumental “Dionisíacas”, que es la epopeya del dios Dioniso, ofrece una variante del mito muy poco conocida y que no suele figurar en los compendios de Mitología Clásica, pero que está disponible para la curiosidad del lector en la Biblioteca Clásica Gredos.

Cuenta el poeta que siendo Dioniso aún adolescente mantenía una relación amorosa —ya se sabe cómo eran los dioses antiguos— con un joven humano llamado Ámpelo, que gustaba de cabalgar en los prados un hermoso toro propiedad del dios. Celosa la envidiosa Selene de la belleza y orgullo del muchacho, ordenó a un tábano que aguijonease la piel del toro y este, al recibir la picadura, loco de dolor, descabalgó al joven Ámpelo, que se desnucó contra una roca y luego fue salvajemente corneado por el astado. Tras las tristes exequias, Dioniso condenó a la raza de los toros a morir atravesada por su afilado tirso y convirtió al joven en la planta de la vid. Para adornarse eternamente con sus frutos y poner a disposición de los humanos un lenitivo que echase al viento sus penas.
También cuenta Nono de Panópolis que el propio Dioniso creía soñar que, desde más allá de la muerte, la sombra de Ámpelo le gritaba: “Tengo ojos para ver, pero no puedo ver; tengo oídos para oír, pero no puedo oír”.

Dionisio, el dios de la fertilidad, era conocido como el «Toro con cuernos»  y el «Hijo de una Vaca». En un himno de culto procedente de Olimpia, en un festival en honor a Hera, también se invitaba a Dioniso a aparecer como un toro, «con la furia de su pezuñas». «Con bastante frecuencia es retratado con cuernos de toro, y en Cízico tenía una imagen tauromorfa», cuenta Burkert, y alude también a un mito arcaico en el que Dioniso es masacrado como un ternero y comido impíamente por los Titanes

En Creta, así como en Sumeria, Egipto, y otras culturas bovinas, el dios toro era sacrificado para que la gente pudiera vivir. La muerte del toro liberaba su «espíritu». Comerse la carne aseguraba que el espíritu pudiera seguir viviendo en los seres humanos

La palabra sacrificio proviene del latín “sacro” + “facere”, es decir, “hacer sagradas las cosas”, honrarlas, entregarlas. Por el uso y la costumbre (no siempre tan positiva), la vinculamos con dolor, pérdida, sin ser ese su sentido y significado.

El Taurobolium

Se conoce por taurobolio a un rito de los misterios de Cibeles y Atis en el que se sacrifica un toro.

Un caso especial de sacrificio, y que pertenece a otra categoría de magia, es el ya mencionado taurobolium. En este sacrificio ritual del toro, sus fuerzas vitales son derramadas a través de la sangre sobre el devoto. Se atribuía un poder extraordinario a este acto, y aquéllos que habían pasado por esta experiencia eran célebres por ser «eternamente renacidos». El taurobolium empezó como un sacrificio taurino ordinario, común en el mundo antiguo (cf. las «hecatombes de bueyes» de Homero), pero tomó un sesgo más religioso en el siglo segundo d. C. al distribuirse la sangre del toro a modo de una comunión entre los fieles. Al mismo tiempo, los genitales eran retirados y enterrados de una manera especial: esto conecta con los ritos de la Gran Madre Cibeles, recordando y quizás representando de nuevo la castración de Attis. Con el ritual completo, establecido alrededor del 300 d. C., se pretendía transmutar la fuerza física del toro en energía psíquica para el beneficio del participante o de otro señalado por él. Dos de los aspectos fundamentales de esta magia son la utilización de la energía inherente a la sangre y de la energía sexual para propósitos defensivos, ofensivos o sublimatorios. De forma semejante, la forma fálica de muchos amuletos antiguos es una manera de atraer la energía creativa y esencialmente positiva de la Naturaleza en contra de los designios entrópicos y destructivos de las fuerzas del «mal».

Kakouri, Katerina, Dionysaika: Aspects of the Popular Thracian Religion of Today, Atenas 1965.

Como indica su etimología (en griego, taurobolion, cfr. elaphebolion, «caza del ciervo», en latín tauropolium, tauropolium por analogía con Artemis tauropolos) en un principio significaría la caza de un toro salvaje, quizá a lazo, para un sacrificio ulterior a una divinidad. Posteriormente el término designó el degüello de un toro y el baño del toro en su sangre conforme a un determinado ritual.

Las inscripciones demuestran que al taurobolio le solía acompañar un criobolium (sacrificio de un carnero), pero nos dejan a oscuras sobre el significado de la fórmula uires excepit… et transtulit («tomó sus fuerzas y las transportó») frecuente en ellas. Por uires probablemente deben entenderse los testículos del animal, no la sangre o el bucranion, simbolizando la emasculación ritual del iniciando, que se cumplía de hecho en el caso de los gallo

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Altar de Mitra en la Basílica de San Clemente, Roma.La tauroctonía estaba representada en cada mitreo

EL TORO SAGRADO EN ROMA

Como en todas las civilizaciones mediterráneas de la Antigüedad, en Roma también se rindió culto al Toro.  En su religión, como ya sucediera en la griega, los dioses fueron antropomorfos (con forma humana), lo que apartó del panteón divino al Toro; pero mantuvo asociados a este animal los mismos conceptos y valores que ya se le habían venido atribuyendo en otras religiones mediterráneas, por lo que el Toro siguió siendo considerado en Roma como un animal sagrado y víctima propiciatoria por excelencia para los sacrificios.

Los italianos toman su nombre de la palabra «Italia», que significa tierra del ganado. Cuando la gente de la península se unió para resistir el ataque de Roma, peleaban bajo la protección del culto bovino, y como otros de sus tierras, usaban cuernos de toro en la batalla. Los arqueólogos han descubierto monedas del período que muestran al dios toro italiano Marte, el dios de la batalla, al lado de un fiero toro que había «corneado y lanzado por los aires a la loba de Roma».

Es quizás más familiar a Occidente el empleo del toro por parte de Roma y su religión quienes en ciertas fiestas o acontecimientos de conquista a otros pueblos, para agradecer a los dioses hacían sacrificar a uno de estos animales nobles y fuertes en sus rituales paganos y muchos, como sinónimo de prosperidad y fortaleza, se bañaban en la sangre del animal sacrificado. Viene a colación en este hecho los sacrificios que se hacían en Roma por ejemplo después de que César conquistara las Galias.

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Tauroctonía de Mitra en el Museo Británico (Londres).

La Tauroctonía  de Mitra

Tauroctonía es el nombre moderno que se da a la imagen principal del culto mitraico romano, en la que se representa a Mitra matando un toro

A mediados del siglo primero después de Cristo, el culto bovino incluso logró entrar en Roma. El culto de Mitra era una amalgama de varias religiones adoradoras de toros que tenían su centro en religiones del Oriente Medio, África del Norte, e incluso del lejano Asia Menor. De origen persa, este dios se incorporó al panteón del imperio romano tardío. En el contexto romano, el culto a Mitra se desarrolló como una religión mistérica, y se organizaba en sociedades secretas, exclusivamente masculinas, de carácter esotérico e iniciático. Gozó de especial popularidad en ambientes militares. Obligaba a la honestidad, pureza y coraje entre sus adeptos.

Mitra era originalmente una antigua divinidad Aria: el dios de la luz. En una época temprana, el dios sol se unió con los cultos bovinos populares de la época. Mitra era conocido como el «señor de las amplias pasturas». Era el que daba la vida, el «dios de la fecundidad». Sabio y puro, este «señor de la luz y la bondad» peleaba contra las oscuras fuerzas del mal.

Hacia el final del siglo segundo, el mitraísmo fue declarada una religión oficial en Roma y era mucho más popular que el joven culto cristiano de la época. El culto bovino permeaba virtualmente cada aspecto de la vida romana. Cuando una pareja joven intercambiaba votos de matrimonio en el altar, la novia declaraba «tú eres el toro y yo soy la vaca.».

El toro es uno de los animales relacionados con el culto sincrético romano y helenístico tardío de Mitra, en el que la muerte del toro astral, la tauroctonía, era tan central en el culto como la crucifixión en el cristianismo de la época. No se debe confundir con el taurobolio, rito de los misterios de Cibeles y Atis en el que se sacrifica un toro, ya que no hay ninguna evidencia de que se hiciera lo mismo en los ritos mitraicos.

Walter Burkert resumió la revisión moderna de una identificación superficial y difusa de un dios que era idéntico a su víctima sacrificial, que había creado analogías sugestivas con la eucaristía cristiana para una generación anterior de mitógrafos:

Sin embargo, el concepto del dios teriomórfico y especialmente del dios toro puede borrar también demasiado fácilmente las muy importantes distinciones entre un dios llamado, descrito, representado y adorado en forma animal, un animal real adorado como un dios, los símbolos y máscaras animales usados en el culto, y por último el animal consagrado destinado al sacrificio. La adoración animal de este tipo hallada en el culto egipcio de Apis es desconocida en Grecia

Una sugerencia muy discutida relaciona los restos del ritual mitraico con la pervivencia o auge de la tauromaquia en Iberia y el sur de Francia, donde la leyenda de san Saturnino de Tolosa y su protegido en Pamplona, san Fermín, está inseparablemente relacionada con los sacrificios de toros por la vívida forma que adoptaron sus martirios, fijados por la hagiografía cristiana en el siglo III, que también fue el siglo en el que el mitraísmo estuvo en su apogeo.

El gran mito mitraico del degüello ritual del toro era particularmente atractivo para los soldados de las legiones romanas, que lo esparcían a través del imperio. De acuerdo al mito, Mitra recibió la orden divina de sacrificar al dios toro. Después de numerosos fracasos tuvo éxito, y la muerte de la gran bestia-dios es seguida por una serie de milagros:

«Del cuerpo del toro salieron las plantas y las hierbas que los hombres ahora encuentran útiles. Del cordón espinal salió el trigo, el báculo de la vida del hombre, y de la sangre salieron la vid y el vino, el sagrado deleite de la vida.»

La fuerza del mal, resentida del nuevo botín conseguido por el hombre, envía a sus demonios a atacar el cadáver. Pero de acuerdo a la leyenda, su asalto a los genitales del toro muerto condujo a otro milagro. La semilla del toro fue liberada, recogida por la luna que ahí engendró todos los animales «útiles» de la tierra, y luego el alma del dios toro ascendió de vuelta a los cielos, donde se convirtió en el guardián de los rebaños.

Por lo general, en la mayoría de las escenas aparecen también un can (comúnmente identificado como un perro), una serpiente y un escorpión. El perro y la serpiente están intentando lamer la sangre o el grano que mana de la herida del toro, mientras que el escorpión se encuentra normalmente en los genitales del toro moribundo. Muchos relieves incluyen un pájaro, identificado con el cuervo, en algún lugar de la escena. asimismo, no es infrecuente, sobre todo en los relieves del Rhin y del Danubio, que las escenas de tauroctonía incluyan un cáliz y un león.

Los discípulos de la fe mitraica eran bautizados como miembros del culto en días especiales y sagrados. La interpretación más obvia se refiere a la precesión de los equinoccios. En esta interpretación, la muerte del toro simboliza el fin de la Era de Tauro y el comienzo de la Era de Aries, mostrando algunos paralelismos con otras religiones antiguas.

Los creyentes se alineaban en un pozo debajo de un toro. El sacerdote entonces reproducía el mito mitraico, terminando en el sacrificio del animal. Los novicios levantaban sus cabezas hacia el toro moribundo, dejando que la sangre caliente cayera en sus bocas y sobre sus cuerpos. Después de haber sido purificados por la sangre sagrada, a cada uno se le daba de comer una pequeña porción de la «semilla» sacada de los testículos del toro, con lo que aseguraban su inmortalidad en el día del juicio final cuando «el sagrado toro entre los toros vendría a la tierra y Mitra traería de vuelta a la vida a todos los hombres».

La religión mitraica compartía muchos rasgos con la cristiandad, haciendo que los dos fueran poderosos competidores. Ambos cultos creían en la dualidad del bien y el mal. Ambos creían en el cielo y el infierno y en la salvación eterna para aquellos bautizados en la fe. El culto mitriaco podía haber triunfado sobre la cristiandad si el Emperador Constantino no se hubiera convertido al cristianismo. Aún así, los clérigos cristianos se sintieron obligados a expropiar muchos de los ritos mitraicos para obtener mayor popularidad. Conrad [Jack Randolph Conrad, autor de «El cuerno y la espada»] indica que el cristianismo tomó el baño de sangre que limpia el pecado, del culto mitraico, sustituyendo la sangre del Cristo moribundo en lugar de la sangre del toro. La religión cristiana también tomó del culto mitraico el día sagrado del 25 de diciembre, que celebraba el nacimiento del sol, y lo transformó en la fecha de nacimiento del Cristo.

En un coup de grâce [francés en el original] final, los nuevos cultos cristianos transformaron al dios mitraico toro en el nuevo símbolo de la oscuridad. El dios de la religión adversaria se convirtió en el diablo encarnado. En el Concilio de Toledo del año 447, la iglesia publicó la primera descripción oficial del demonio. De acuerdo a los prelados, el demonio es:

«una grande y monstruosa aparición negra con cuernos sobre su cabeza, pezuñas hendidas –o una pezuña hendida– orejas de burro, pelo, garras, ojos fieros, terribles dientes, un inmenso falo, y olor a azufre».

En algunas religiones cristianas se escenifican belenes en Navidad. La mayoría de ellos incluyen un toro o un buey echado en el pesebre, cerca del recién nacido Jesús. Las canciones navideñas tradicionales cuentan a menudo que el buey y el burro calentaban al infante con su aliento.

Por otro lado, al igual que ocurrió en la isla de Creta y en ciudades griegas como Larisa, en Roma también se celebraron espectáculos o juegos en los que intervenían toros. Pero es en este apartado donde se produce una evolución más particularizada respecto a otras civilizaciones mediterráneas, puesto que los juegos con toros de Roma llegaron a perder su connotación religiosa y se convirtieron en un mero espectáculo lúdico de circo,  donde el sacrificio  del toro, hoy sigue aún, perviviendo como necesidad  «necedad» recreativa.

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Circo Romano

NOTA: Mitología clásicamitología grecorromana o grecolatina es la mitología de la civilización clásica grecorromana, un cuerpo de narraciones míticas esencialmente común (tras adaptar los romanos el panteón de la religión griega a su propia religión original -religión romana-), aunque los nombres de los dioses sean distintos en griego y en latín. Ambas mitologías convergieron en el siglo I a. C.


FUENTES:

  • Wikipedia
  • «Beyond the Beef» por Jeremy Rifkin, ed. Plume, 1992.
  • Alfred Loisy, Los misterios paganos y el misterio cristiano, Ed. Paidós,
  • Cristina Delgado Linacero, “El Toro en el Mediterráneo
  • Hans Biedermann, Diccionario de Símbolos, Editorial Paidós
  • http://reaxion.utleon.edu.mx/Art_Mito_Rito_Toro_Bravo.html
  • http://terraeantiqvae.com/group/arqueoastronomia/forum/topics/el-drag-n-del-cua-el-asesinato-ritual-del-toro#.U92q7uN_saE
  • http://www.alconet.com.ar/varios/mitologia/simbolismo_animal/el_toro.html
  • http://albadhermes.blogspot.com.es/2009/01/el-signo-de-tauro.html
  • http://chato.cl/blog/es/2009/08/cuando_el_toro_era_un_dios.html

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