Las Mujeres Celtas: Reinas, Diosas y Guerreras

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La reina Boudica (30 d.C.-64 d.C.) de la tribu Icceni que lideró la gran revuelta contra Roma.

La sociedad celta era mucho más abierta en el intercambio de roles de género

 La mujer en la sociedad celta ha tenido  papeles más importantes de los incluidos en otras civilizaciones de la época y las funciones comparables a las de los hombres, porque no habia discriminación de sexo, y por lo tanto a menudo las mujeres disfrutaron de una gran consideración. El modelo de la mujer celta enfrentaba al modelo grecorromano primero y al judeocristiano después.

En numerosas leyendas celtas aparecen mujeres guerreras; aunque sin serlo, muchas acompañaban a sus hombres a la guerra. En Irlanda se les llamaba banfennid. En tiempos de guerra es citado por los romanos el valor que tenían las mujeres en la batalla y de cómo en caso de asedio tomaban sus vidas y las de sus hijos e hijas prefiriendo morir a sufrir martirio o ser esclavizadas.

La visión cultural celta está muy ligada al mundo de la guerra, tenían una particular interiorización de la muerte. En la sociedad cántabra por ejemplo las personas ancianas no podían valerse por si mismos iban a buscar su destino a la sombra del árbol del tejo, bebiendo un brebaje de la raíz de este mismo árbol.

Nadie mejor que los romanos para decirnos lo que provocaba en ellos la mujer celta:

Tácito en su relato de la toma de Mon las menciona como «desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas»

Plutarco, en su tratado de virtudes femeninas, cuenta varias anécdotas sobre mujeres celtas. Una mujer celta de nombre Kinimara al informarle a su marido que había sido atropellada y violada por un extraño, le presentó al mismo tiempo la cabeza del ofensor.
Plutarco cuenta la historia de que Polibio, historiador, conoció y habló con Chiomara, esposa de Ortagión, jefe de los Tolistobaios. Chiomara fue capturada por los Romanos y un centurión la violó. Cuando el centurión se dio cuenta de que era una mujer de alto rango, pidió un rescate que Ortagión accedió a pagar. El intercambio iba a tener lugar junto a un río. Mientras el centurión estaba recogiendo su oro, Chiomara lo decapitó y llevo su cabeza para su marido.

Otra historia de Plutarco cuenta que en la batalla de Aix-en-Provence (102 antes de la E. Común.), que se entabló entre las tropas de César y la los celtas de la región, las mujeres galas resultaron ser unas decididas guerreras. Armadas con espadas y hachas, eructando de cólera, se arrojaban sobre el enemigo romano y sobre el galo que huía, para obligarle a combatir.

Julio Cesar se refiere a ellas diciendo: «Una hembra celta iracunda es una fuerza peligrosa a la que hay que temer, ya que no es raro que luchen a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos» .Se sabe que este no es un caso aislado debido a la cantidad de armas y armaduras encontrados en los enterramientos de mujeres.

Cita Estrabón: “Las madres mataban a los hijos en tiempo de la guerra cantábrica para que no cayesen en manos de sus enemigos”.

Y si era preciso, mostrando sus nalgas como ademán despectivo al enemigo, al puro estilo celta. Además si iniciada la lucha, el hombre que a su lado estaba, caía herido o muertos por las armas enemigas, ella lo reemplazaba. Así nos cuenta Amiano Marcelino, militar romano de origen griego, buen conocedor de la literatura clásica (330-395 de la Era Común), sobre la mujer celta lo siguiente: «El cuello hinchado, los dientes rechinantes y blandiendo los enormes brazos cetrinos…, daba puñetazos a la par que patadas, como si fueran los proyectiles de una catapulta».

En la cornisa cantábrica de la peninsula, las mujeres participaron activamente en las guerras, conocido es el valor de las cántabras, las cuales lucharon hasta la muerte con sus vestidos policromados y unas armas en forma de tijera de hierro. Durante el asedio de Aníbal a la ciudad de Salmantis, las mujeres pelearon codo a codo con sus hombres contra el enemigo cartaginés. Otros casos son los de las luchas de Lusitania donde es reconocida la destreza en la batalla de las mujeres . Como muestra, los enterramientos guerreros femeninos en la necrópolis de Sigüenza (Guadalajara).

Otro caso a destacar lo narra Salustio sobre sus crónicas celtiberas, este hecho prueba la importancia y el peso de las decisiones femeninas en la sociedad celtibera de la época. Esta medida de presión funcionó.

“En un momento en que los ancianos aconsejan la paz, las mujeres, separándose de los maridos, y como una forma de presión sobre ellos, tomaron las armas, diciendo a los hombres que pues quedaban privados de su patria, mujeres y libertad, que se encargasen de parir ellos. Amamantar y demás funciones mujeriles. Al parecer, ante tal actitud de las mujeres, los jóvenes despreciaron los acuerdos de los mayores”

En el  norte peninsular es donde se produce una intervención más. Estrabón, las dotaba de una gran fuerza. El cronista de Augusto nos habla de la “covada” el parto de las cántabras que trabajan en el campo de labor hasta la llegada de los dolores, y cuando rompen aguas se acercan a un arroyo para tal cometido, limpian al neonato y lo dejan reposando con su esposo envuelto en pieles,  después de esto vuelven a su actividad agrícola. Este punto señala la importancia de las mujeres fuera del ámbito doméstico.

En las tumbas de mujeres celtas se han encontrado ajuares de guerra y gran cantidad de armas y armaduras.

Las reinas guerreras abundan en las historias de los Celtas. 

La reina celta que dirigió el levantamiento contra los romanos en el año 60, según Dion Casio era Boudica, sacerdotisa de Andraste, diosa de la victoria, de los cuervos y las batallas, como la deidad Morrigan irlandesa.  Tácito y Dion Casio coinciden en que Boudica provenía de familia de aristócratas icenos. De ella narra Dión Casio que «poseía una inteligencia mayor que la que generalmente tienen las mujeres», que era alta, de voz áspera y mirada feroz, cabello pelirrojo hasta la cadera, túnica de muchos colores y un manto grueso ajustado con un broche. Siempre usaba un grueso collar de oro, posiblemente un torque, aditamento que entre los pueblos celtas siempre significaba nobleza.

Esta es la arenga con la que, según Tacito, Boudica inspiró a las tribus para ir a la guerra: 

«Nosotros los Británicos estamos acostumbrados a las mujeres comandar en las guerras. Yo soy descendiente de Reyes poderosos, pero ahora no lucho por mi reino ni mis riquezas. ¡Estoy luchando como una persona común por mi libertad perdida, mi cuerpo magullado y mis hijas ultrajadas!. ¡Consideren cuantos de ustedes van a luchar y porque!, entonces ganarán esta batalla o perecerán.¡Eso es lo que Yo, una mujer planeo hacer!, que los hombres vivan como esclavos si asi lo desean».

Otras grandes damas celtas que cogieron las armas, fueron por ejemplo, la reina Medb, cuyo nombre significa «exaltación» y que se consideró una astuta mujer que represento el arquetipo de la reina guerrera divinizada por los celtas que nos brinda la mitología celta. La reina Medb -Medbh, o Maeve- Reina de Connaught, que tiene por esposo al rey Aillil, pero es ella quien detenta la soberanía (que por otra parte siempre es femenina, los nombres de Irlanda: Fotla, Banba, Eriu corresponden a tres diosas que son una, con las que deben casarse los tres reyes de los Tuatha dé Danann, raza mítica de Irlanda, para poder reinar). El número de sus amantes es incalculable puesto que ella prodiga «la amistad de los muslos» a todos los guerreros que desea obtener para su servicio. Su imagen es la de la prostituta divina que dispone de la soberanía a su antojo.

Esta  también Scathach, reina guerrera que enseñó el héroe Irlanda Roith. Cam, la sacerdotisa de la diosa Brigit, Nessa, la madre de Conchobar que tomó el nombre de su madre y no el de su padre y fue nombrado Conchobar mac Nessa. Fidelma referencia en la famosa epopeya irlandesa Táin ciclo. Bó Cuailnge, druidesas que se describe como un ejército de jóvenes, vestidas con una túnica roja, con largo cabello rubio y recogido en tres trenzas, con tres ojos y los lirios de la luz  en la mano. Otra gobernante, contemporánea de Boudicca, fue Cartimandua. También hay noticias de una Jefa Gala, Onomaris, que condujo a las tribus celtas en su marcha hacia Iberia.

Existieron mujeres guerreras en el mundo celta hasta que se dictaron leyes que lo prohibían en el año 697 por la influencia de San Adamnan, y posiblemente esta práctica haya continuado por dos siglos más luego de la sanción de las leyes. Además de guerreras, podían ser instructoras de armas. El héroe del Ulster, Cuchulain, fue entrenado por la amazona Scáthach que vivía en la Tierra de Sombras y enseñaba a los héroes jóvenes que iban a verla grandes proezas. Dice la leyenda que cuando llego encontró a muchos hijos de los príncipes de Irlanda que habían ido allí a aprender el arte de la guerra.

Parece ser que las mujeres celtas eran enviadas a menudo como embajadoras. También tomaban parte en las asambleas, utilizando el arma de la diplomacia. Entre las grandes Reinas estaba, según fuentes Irlandesas, Macha Mong Ruadh (Macha del Pelo Rojo), hija de Aed Ruadh, que fue reina de Irlanda entre 377 y 331.

Macha Mong-Ruadh (Macha la Pelirroja)

Después de que Cimbaeth pasara 7 años por tercera vez como soberano de Irlanda, Macha, hija de Aedh Ruadh (Rojo Fuego) dijo que el turno de su padre para la soberanía era de ella. Dithorba y Cimbaeth dijeron que no le darían la soberanía a una mujer. Su produjo una batalla, Macha los venció y expulsó a Dithorba y a sus hijos a Connaught, donde fue asesinado en Corann. Después tomó a Cimbaeth como marido y le cedió la soberanía. A continuación viajó sola a Connaught y trajo a los hijos de Dithorba con ella como esclavos hasta que construyeran el castro de Emhain que fue la capital de Uladh (Ulster).

De los Anales de los Cuatro Maestros

¿Por qué Macha está tan atada a la realeza o al asentamiento de Irlanda? Es obvio que ella es una diosa de la soberanía, y más que eso, una diosa del caballo. Existe, por supuesto, la famosa historia de Gerald of Wales, sobre el ritual de la realeza registrado en su Topographia Hibernica.III.25, donde detalla cómo fue conducida una yegua blanca en medio de la multitud reunida para la celebración. El rey aparentemente «se comporta como un caballo», es decir, tiene relaciones sexuales con la yegua, aunque no se sabe si es real o falso, y Gerald, ciertamente estaba buscando la peor visión posible para los irlandeses. La yegua es asesinada y cocinada, con el rey sentado y bebiéndolo, mientras él y la gente consumen la carne. Este ritual, si Gerald es exacto en su descripción, es un ritual paralelo en la India y en Roma, que apunta a un ritual de realeza común que involucra la adoración de caballos y el sacrificio. Lo que es aún más interesante es que la descripción de Gerald coloca el ritual en Ulster, donde, por supuesto, la tierra lleva el nombre de Macha. 

“Macha” significa campo o llanura por lo que se relaciona directamente con la tierra, con lo rural; aunque el termino campo puede referirse también al campo de batalla dándole un sentido a la tierra como guerrera y madre de los dioses.

Macha  es además, la diosa triple Celta que abarca tres conceptos: guerra, liderazgo y fecundidad. Los roles que juega ésta diosa son de guerrera, profetisa, benefactora de Irlanda, gobernante, matriarca, y guardiana. Señora de la guerra o la muerte y la destrucción así como las de la fertilidad y la tierra que conceptos femeninos.

El origen mítico de la historia irlandesa aparece en un libro llamado En el Leahbar Gabhála o “Libro de las Invasiones de Irlanda” (Leahbar Gabhála, Macalister and Mac Neill 1916; Lebor Gabála Érenn, Macalister 1938-56) en donde se detalla una serie de invasiones legendarias en las que las tribus vencedoras, las comunidades y los dioses llegaron a vivir en la Isla Esmeralda. En este libro se presenta a la Diosa Macha como parte de las Morrígan (Macha, Badbh y La Morrígan), “Las reinas fantasmas”, quienes poseían atributos de destrucción, sexualidad y profecía. De aquí que probablemente Macha sea mejor conocida como diosa de la guerra ya que fue llamada “el cuervo de batalla” y se dice que las cabezas decapitadas que yacían en los campos de batalla eran llamadas “la cosecha de bellotas de Macha”

Morrigan
Morrigan pertenece a los Tuatha Dé Danann, los seres mágicos que habitaron Irlanda antes que los irlandeses actuales.

Mórrígan, cuyo nombre significa literalmente «La reina de los fantasmas» era una diosa tripartita de la guerra de los celtas irlandeses antiguos que incitaba a los guerreros a combatir.

Colectivamente era conocida como Morrigu, pero sus personalidades también eran llamadas; Nemhain (pánico), cuyo aspecto espantoso adoptaba sólo cuando se presentaba ante los que iban a morir; Macha (batalla), que aparece bajo la forma de una hembra de cuervo y Badb, cuyo nombre deriva del protocelta bodbh, «corneja», aspecto con que incitaba a los guerreros a la batalla. Ella es comúnmente conocida por estar involucrada en la Táin Bó Cúailnge, donde es al mismo tiempo una auxiliadora y un estorbo para el héroe Cúchulainn. A menudo se representa como un cuervo o corneja aunque podía adoptar muchas formas distintas (vaca, lobo o anguila).

Rhiannon es una heroína galesa, su nombre proviene de «Rigantona»: la gran reina. Aparece como una amazona y escoge a Pwyll como esposo. Su hijo Pryderi le es arrebatado al momento de nacer y es acusada de haber hecho desaparecer al niño, es condenada a llevar sobre su espalda a todos los visitantes que vayan a la fortaleza de su esposo.

Si rebuscamos en las leyendas, seguramente aparecerán otras muchas mujeres que tuvieron como oficio o se vieron obligadas a tomar las armas.  En textos Galeses e Irlandeses aparecen varias mujeres gobernantes, que eran «símbolos de una actitud mental que el patriarcado no pudo eliminar del espíritu celta primitivo».

Según la Ley de Brehon, las mujeres celtas podían ejercer muchas profesiones, incluso abogado o juez, como Brigh, una famosa mujer-brehon. Tenían derecho de sucesión, podían heredar propiedades y seguiría siendo propietaria de cualquier bien que aportara al matrimonio. Si el matrimonio se disolvia, no solo se llevaba sus propiedades sino cualquier cosa que su marido le hubiera dado durante los años de casados. Tanto la mujer como el hombre podían divorciarse. Si un hombre «habia caído en su dignidad» (cometido un crimen, perdido sus derechos o exiliado) esto no afectaba a la posición de la esposa. La mujer era responsable de sus deudas, no de las del marido. Los Griegos y Romanos no entendían la libertad y derechos de las mujeres celtas, y sus actitudes más abiertas a las relaciones sexuales. Incluso Estrabón llega a decir que «los celtas britanos no solo cohabitaban con las mujeres de otros, sino con sus propias madres y hermanas».

Podemos citar relatos de antiguos enemigos de los celtas, cuando hablaron del arrojo en combate de esas mujeres: “Mujeres que en la guerra precedían a los hombres en la lucha, a veces como fieras desnudas gritando y aullando, haciendo sonar diversos utensilios e insultando al enemigo con palabras hirientes, empuñando teas e imitando a la diosa guerrera “La Morrigan” con sus hechizos para la victoria.”

Toda esa libertad e independencia que tuvieron las mujeres celtas se terminó con la llegada del cristianismo. Y la validación del patriarcado como sistema sociopolítico dominante.

Sin duda, la sociedad abierta y permisiva de los celtas no era entendida por los extranjeros. Teniendo en cuenta esta posición social única de las mujeres celtas, la tradición Irlandesa no solo habla de mujeres guerreras, sino de mujeres profetisas, druidas, bardos, médicos e incluso, satíricas, pero..

¿Qué sabemos de las mujeres druidas? Mañana hablaremos de ellas

Celtic Queen Boudica & the Morrigu
Boudicca fuera druida además de reina. La gran guerrera celta era sacerdotisa de Andraste, diosa de la victoria.

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