Amalur, nombre de origen vasco que en euskera significa «Madre Tierra» o «Tierra Madre», es la principal entidad de origen paleolítico de las tradiciones paganas pre-cristianas del País Vasco. . Está relacionada con la diosa Mari, que es la personificación de toda la naturaleza y a su vez es la divinidad superior que domina a todos los personajes mitológicos, teniendo una relación especial con la Tierra y, según antiguas creencias, siendo la personificación de Amalur.

La Religión Pagana de  Mari Amalur

Amalur (madre tierra en euskera) es uno de pilares fundacionales de la cultura ancestral de los territorios vascos.   Amalur fue la sopa primitiva de unas prácticas tradicionales, transmitidas de generación en generación, relacionadas con los rituales paganos (religiones anteriores al cristianismo) y el uso de hierbas, plantas y hongos con propiedades medicinales.

Esta religión poseía unas normas de actuar en la vida muy similares a las cristianas, por lo que fue muy fácil dar el paso de la religión vasca al cristianismo. Sólo se tuvo que adaptar la trinidad, dioses y espíritus vascos a la trinidad y santos cristianos. Hoy es el día que a la Virgen María en euskara se le llama Andra Mari (ándra mári; Señora Mari) que era el nombre con el que era llamada la diosa Mari. Gracias al parecido entre los nombres, el culto a la diosa Mari pasó a ser también, un culto a la Virgen María. Todas las vírgenes que existen en el País Vasco, así como sus iglesias, eran antiguas zonas de culto a esa divinidad. Lo mismo ocurrió con los santos cristianos, por ejemplo, el culto a Argia (arguía; la luz) pasó a ser un culto a Santa Clara, llamada en euskara Deun Argia (deun arguía; Santa Luz). A medida que avanzaban las lenguas y culturas latinas, iba desapareciendo la religión de Mari e iba extendiéndose el cristianismo.

Esta religión se perdió definitivamente en el siglo XVII, cuando las sorginas (sorguíña; sortu ::: nacer + gina ::: hacedora; hacedora de nacimientos, matrona) que eran similares a los druidas celtas y eran las encargadas de las zonas de culto, de hacer las ceremonias, de sanar a la gente a través de hierbas y de traer al mundo a los niños, fueron acusadas de brujería por la Inquisición.

Según las antiguas creencias las sorginas a través de la energía mágica que movía el cosmos, el Adur (ádur), daban vida a los niños que nacían, de ahí el apelativo de hacedoras de vida (sorgin). Vascos que seguían procesando la religión de Mari y no la cristiana, así como cientos de sorginas, fueron acusados de brujería, siendo posteriormente quemadas.

A partir de entonces la palabra sorgina que significaba en euskara antiguo matrona, pasó a significar bruja. La existencia de la antigua religión, se ha conservado hasta nuestros días, a través de la transmisión oral, de generación en generación, de parábolas y cuentos imbuidos en las antiguas creencias que los abuelos contaban a sus hijos y sus nietos.

La Diosa Mari – Amalur

En las leyendas del pueblo vasco, la Tierra, Ama-Lurra, es la divinidad principal.

Hubo un tiempo en el que la cosmovisión de las primeras culturas europeas en nada se diferenciaba de la del resto de pueblos indígenas de nuestro planeta. Durante un inmenso periodo de más de 35.000 años (del Paleolítico al Neolítico) y según las evidencias del arte simbólico prehistórico y las mitologías arcaicas, una misma cosmovisión en torno a la figura de la Gran Madre Naturaleza fue compartida en todo el continente euroasiático: desde el Cantábrico hasta Siberia, llegando hasta Oriente Próximo y el Valle del Indo.

El posible hallazgo más arcaico del culto a esta entidad podría registrarse en Karrantza (Bizkaia) y data de la cultura Magdaleniense (una de las últimas culturas del Paleolítico Superior, que se percibió al norte de España, entre otros países de Europa -Francia, Suiza y Alemania-), es decir, una cultura que va de entre el 15.000 y el 8.000 antes de la era común.

El paganismo vasco es un paganismo principalmente subterráneo, no únicamente los dioses y espíritus a menudo viven en cavernas o se sitúa el “más allá” bajo tierra, […] sino que el Paganismo Vasco indica que “todo” proviene del mundo subterráneo. La luna, el sol, los vientos y las tempestades, estas últimas provocadas por actividades sobrenaturales que tienen lugar bajo tierra y que, a través de grutas y aberturas naturales, se escenifican en el mundo del ser humano a modo de vientos y tempestades.

En las leyendas del pueblo vasco, la Tierra, Amalur es la divinidad principal. La Tierra se nos muestra como habitáculo de todos los seres vivos, poseedora de fuerza vital propia que ha creado nuestro entorno natural. Es la que hace posible la existencia de animales y plantas, y la que nos da a los seres humanos el alimento y el lugar necesario para vivir. La Tierra es un enorme recipiente, un receptáculo ilimitado, donde viven las almas de los difuntos y la mayoría de los personajes mitológicos. La fe en Amalur es muy antigua en el pueblo vasco, anterior a la invasión de los pueblos indoeuropeos. Ya que estas culturas que llegaron del este a Europa, fueron las que introdujeron la creencia en las divinidades celestes

Mari Amalur, personificación de la madre tierra, es reina de la naturaleza y de todos los elementos que la componen. Generalmente se presenta con cuerpo y rostro de mujer, elegantemente vestida (generalmente de verde), pudiendo aparecer también en forma híbrida de árbol y de mujer con patas de cabra y garras de ave rapaz, o como una mujer de fuego, un arco iris inflamado o un caballo que arrastra las nubes. En su forma de mujer aparece con abundante cabellera rubia que peina, al sol, con un peine de oro.

Entrada de Mariurrika Kobea, en Amboto, morada principal de Mari.

La Diosa Madre Vasca  es Ctónica y no Celestial

La mitología vasca se dice que es Ctónica, ya que sus deidades principales estaban presentes en el interior de la tierra.

La fe en Amalur es muy antigua en el pueblo vasco, anterior a la invasión de los pueblos indoeuropeos. Ya que estas culturas que llegaron del este a Europa, fueron las que introdujeron la creencia en las divinidades celestes. No existe un cielo lejano donde moran los dioses como podría ser el Olimpo griego. La deidad principal sería Amalur o la madre tierra. La Madre Tierra como creadora de vida. La otra deidad mayor era Mari, aunque no pocas personas tratan a Mari como la encarnación de Amalur o la Madre Tierra.

El interior de la tierra para los vascos no solo representa la matriz de dónde nacen los seres terrestres, sino también los celestes. Esto implica que una descripción más precisa del inframundo vasco sería la de útero del cosmos. El relato cosmogónico más revelador a éste respecto es el hecho de que en la mitología vasca, el sol y la luna sean concebidas como hijas de la tierra.

El numen central de la mitología vasca es de sexo femenino, su nombre es Mari o Maya […] Hace funciones de oráculo, guía de los fenómenos climatológicos (característica fundamental para un país agrícola) y somete la naturaleza entera a su voluntad (ella misma es la naturaleza, una personificación de ésta). Mari castiga la mentira, la jactancia, la falta de ayuda al prójimo, encargándose, asimismo, de que se cumpla la palabra empeñada y, sobretodo, de que se lleve a término la voluntad de la madre. Igualmente, educa y transmite conocimientos (misterios) a la mujer.”

Txema Hornilla, “Los héroes de la mitología vasca”

Según cuentan las leyendas, en el interior de la Tierra existen increíbles tesoros, que aunque los humanos persistan en hallarlos y adueñarse de ellos, siempre se hacen inalcanzables, siendo una costumbre muy arraigada dejar ofrendas a Amalur en las cuevas y simas, ya que estas son las puertas al interior de la Tierra.

Mari ha asumido el papel de varios dioses que parecen estar separados en otras culturas.

La conocida “Diosa Mari” desciende de un concepto arcaico de veneración primitiva cuyos rasgos aún sobreviven a lo largo de toda la geografía vasca. Mari, también conocida como Amari, Amalur (significa “Madre Tierra”), o Maya, sabemos que no corresponde a un nombre riguroso con respecto a esta entidad. Ya muchos autores han señalado el carácter “sin nombre” que pareció imperar en las sociedades agrícolas y matriarcales de los primitivos cultos neolíticos matrifocales. Por lo que “Mari” como nombre propio, más bien responde a un título, similar al de “Señora” con el que el folclore tardío ha decidido renombrar a la común Diosa primigenia en la cultura proto-vasca, y vasca posteriormente.

Aunque todas estas leyendas en que se basa la tradición de Mari son posteriores al cristianismoMari se asemeja más a Gea, ya que vive en las cuevas, y a todas las diosas de la fertilidad y del amor, por el mismo motivo, y porque proporciona frutos y regalos.

Podemos suponer que las creencias de los romanos influyeron en el País Vasco y podemos confirmarlo gracias a los altares y otras inscripciones que dan testimonio de ello. El sincretismo romano revela que existía un culto a Magna Mater entre otras irels. Magna Mater, emparejada con Cybele en la Península Ibérica, difundió el culto a la diosa frigia de la Tierra desde el Mediterráneo y fue mantenida en el siglo III por los romanos.

La multi-apariencia de Mari se convierte en algo de sobra sabido, así como su multi-situación en numerosos puntos geográficos vascos. Mari es recogida en numerosas leyendas de diferentes formas, y es percibida bajo diversos aspectos. A veces percibiendo una coherencia más o menos palpable entre forma y función.

Mari es al espiritu de la tierra al que indudablemente muchos devotos se dirigieron cuando, con el tiempo, depositaron sus ofrendas (especialmente monedas) en las cuevas, para que este genio les otorgue algunos favores. Es en este tipo de culto , al parecer, donde tienen su origen algunas ermitas construidas en cuevas o cuevas reconvertidas en ermitas . Lo mismo ocurre con el origen de las oraciones recitadas a la entrada de determinadas cuevas del país.

La tierra tiene una fuerza vital que funda el reino vegetal. Fortalece el organismo humano a veces a través de su contacto, a veces a través de fórmulas y gestos mágicos. Garantiza la conservación del ganado mediante ofrendas o sacrificios de animales domésticos.

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Eguzkilore en la puerta de un caserío en el País Vasco

La Tierra, como Madre del Sol y la Luna

La Tierra, como madre, suponía el Axis Mundi de toda la existencia, dando a luz a todo lo demás que existía, incluidos al Sol y la Luna (ambas de carácter femenino en la Mitología Vasca) que actuaban a modo de hijas de Amalur.

Gaueko («de la noche»), el dios de las tinieblas, se decía que comía pastores y ovejas, y por ello se le temía. Por el miedo que inspiraba a los que allí vivían, los humanos pidieron a Mari que los ayudase. Ella les bendijo con la luz de su primera hija, Ilargi (la luna), pero su luz era insuficiente y los humanos pidieron de nuevo a Mari su ayuda, esta vez la Diosa les bendijo con su segunda hija, Eguzki (el sol).

Pero la noche siguió siendo peligrosa, y Mari bendijo con su protección cualquier morada que tuviese una Eguzkilore («flor sol», Carlina acaulis, flor parecida al cardo muy abundante en el País Vasco) en la entrada, si algún espíritu maligno pretendía entrar en la casa y encontraba una Eguzkilore, tenía que pararse para contar los numerosísimos pelos o brácteas de la inflorescencia y el día le sorprendía sin haber terminado su tarea.

Asi pues, segun el mito,  Amalur es la creadora de la hermana luna (Ilazki, Ilargi), la hermana sol (Ekhi, Eguzki) y la Eguzkilore («flor sol», carlina acaulis), flor parecida al cardo muy abundante en el País Vasco y que se coloca en las puertas de las casas para ahuyentar a los genios, las brujas , las lamias y los espíritus malignos.

Se consideraba que cuando amanecía era que la Tierra había dado a luz al sol, mientras que la luna “había regresado” al útero materno, y cuando anochecía, se consideraba que la Tierra había dado a luz a la luna, mientras que Eguzki (la Sol) había vuelto nuevamente al útero materno. Algo que condicionó también la forma de concebir la muerte por los antiguos vascos, quienes creyeron que “volvían a la tierra-madre” y lo que provocó que el enterramiento primitivo fuese “bajo tierra” poniendo el cadáver en “posición fetal”.

La Tierra era por tanto el Eje de toda la existencia, todo lo que hay por encima de ella es “vivo”, y todo lo que hay debajo es “muerto y/o sobrenatural” lo que produce, a menudo, mitos como los supervivientes de dioses que viven bajo tierra, se desplazan por galerías subterráneas, y acceden al mundo por aberturas naturales, convirtiendo el panteón vasco en un panteón principalmente ctónico.

Os deseo una jornada llena de bendiciones. Así sea

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FUENTES:

  • Wikipedia
  • Biblioteca digital mundial
  • Jack Green, “La Diosa Mari”
  • Txema Hornilla, “Los héroes de la mitología vasca”
  • Andrés Ortiz-Osés, Antropología simbólica vasca, Anthropos Editorial del Hombre, 1985, ISBN 84-85887-84-0

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Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.
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