El Martirio de las Brujas en la Península Ibérica

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Un grupo de brujas atormenta a un hombre mientras sobre ellas descienden animales y genios malignos. Francisco de Goya. 1798. Museo Lazaro Galdiano, Madrid.

La leyenda negra achaca a la Inquisición española la muerte de miles de mujeres acusadas de brujería, entre otras exageraciones y cifras huérfanas de documentación. No en vano, los datos tumban la historia que los enemigos del Imperio español inventaron con el fin de desacreditar a la potencia hegemónica. Mientras que en Alemania se condenaron a muerte a 25.000 mujeres, se calculan únicamente 300 casos en España.

El Santo Oficio: la Inquisición Española

Desde el siglo XIV hasta el siglo XVII, hay una progresión creciente en los procesos por brujería en toda la península

Curiosamente la palabra bruxa aparece por primera vez en la segunda mitad del siglo XIII en un vocabulario latino-arábigo reproducido en un códice catalán, como término equivalente al de súcubo o demonio femenino. Más tarde aparece el aragonés broxa cuyo campo semántico lo comparte con fetillero, envenenador, adivino,… siempre con un sentido muy negativo, pues todos ellos cometen crímenes… a dios muy horribles, como se dice en las Ordinaciones y Paramientos de la ciudad de Barbastro de 1396, por lo que serán «preso o presa por los iurados de la dita ciudat«

Por mi parte tengo una teoría, relacionado con el nombre «Bruxa» (cat) . La raíz brux- / bruix- (de donde viene, por evolución fonética, el español moderno bruj-) es común a todas las lenguas latinas habladas en la Península Ibérica, incluido el occitano (aranés).  Bruix se asemeja  a «Bruch»(cat) (Brezo en español), una planta arbustiva típica de nuestros bosques y que tenia infinitas utilidades, entre ella la confección de escobas

Muchas de las mujeres que murieron colgadas eran simplemente curanderas o comadronas.

Un ejemplo notable en la geografía española se da en Euskadi, a la bruja en euskera se conoce por sorgiña, sorgina o sorginak, que proviene de sortu y egin (“hacer salir, hacer nacer”), es decir: “la que hace nacer”, o, la partera. Las mujeres perseguidas durante la caza de brujas no eran invocadoras del diablo, sino parteras, curanderas o como mucho hechiceras, siendo esa su  sabiduría, conocimientos empiricos transmitidos de generación en generación.

Se creía que las brujas obtenían sus poderes mediante un pacto con el demonio. Existen muchas leyendas sobre los detalles de la ceremonia. Además, el demonio les otorgaba los poderes y las hacía inmortales.

La población creía en la existencia de brujas y en su poder para hacer daño y se protegía con diferentes métodos: bendecía o perfumaba objetos y casas, pintaba las ventanas de moratón, ponía cruces de palma a la puerta, no dejaba nunca las masías solas, tenía siempre pan en el cajón, lavaba la ropa interior con agua de siete fuentes diferentes, no dejaba nunca recortes de uñas ni cabellos en el suelo, se ponía la camisa al revés o tocaba campanas para evitar tormentas. En cambio, puede ser difícil de creer que las brujas hicieran pactos con el demonio, se transformaran en animales o volaran. Quizás por eso la brujería puede ser definida como una mezcla entre ficción y realidad.

La sociedad medieval creía en el poder de la magia y muchos de sus miembros la practicaban. Las finalidades perseguidas eran muy diversas: desde curar o proteger hasta adivinar el futuro, descubrir objetos y hechos ocultos, propiciar el amor y el deseo o perjudicar la salud o el patrimonio de otras personas.

En el año 1499 tuvo lugar una posesión demoníaca masiva entre mujeres de los Valles de Hecho, Villanúa y Tena, que provocó que éstas se olvidaran de hablar y ladraran para comunicarse. Fueron las mujeres “ladrantes”. 

En el año 1574 se decía que las montañas oscenses estaban invadidas de mujeres hechiceras. Era tal la problemática de la brujería en la zona, que unos años más tarde se acordó que los delitos de brujería se podían resolver por la vía sumarísima, esto es, sin juicio y sin posibilidad de defensa.

En la Península Ibérica dos regiones se destacan por la proliferación de brujas y hechiceras: Galicia y Euskadi. Las numerosas denuncias y procesos que se producían en Galicia obligaron a Felipe II a enviar una comisión que investigara los poderes atribuidos a bruxas, meigas y sorgiñas. En el informe que se conserva en los archivos de El Escorial, los investigadores aseguran que las vieron salir por las chimeneas de sus casas a medianoche.

La Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue una institución fundada en 1478 por los Reyes Católicos para mantener la ortodoxia católica en sus reinos.  El Santo Oficio fue un aparato represivo que causó un brutal retraso en España, pero su historia está salpicada de mitos en una Europa donde la persecución religiosa fue todavía más cruel

En la Corona de Castilla el cambio de visión de la brujería aparece reflejado en las Partidas de Alfonso X el Sabio —quien por otro lado era muy aficionado a las prácticas hechiceras—, aunque ponen bajo la jurisdicción real a la magia y a la adivinación, y no de la eclesiástica, porque no son consideradas herejías. Sin embargo, en 1370 y 1387 las leyes de Castilla establecieron que el sortilegio era un delito que implicaba herejía, y que los acusados serían juzgados por los tribunales reales si eran laicos y por los eclesiásticos si eran clérigos.

Un decreto de 1500 confirmó que la jurisdicción sobre sortilegios y brujería correspondía a los corregidores y a los tribunales civiles, y no a la Inquisición española creada veinte años antes, como ya había ocurrido con la Inquisición pontificia en los tres siglos anteriores

A nivel del Santo Oficio, en la práctica, la mayor parte de los testimonios de la existencia de tal delito, fue rechazada por considerárseles engaños. Es decir, que contrariamente a lo que se cree, el complejo proceso judicial establecido de la Inquisición en España, paradójicamente  salvó a muchas personas de ser  quemadas como brujas en una época donde en Europa prevalecía el desorden buscando acusados de un crimen no existente.

Un ejemplo de la relativa benignidad de la Inquisición española, impensable en otros países europeos, fueron dos casos sentenciados por el tribunal de Barcelona. En el primero un grupo de personas que realizaban cultos satánicos —celebraban misas negras y sacrificaban un macho cabrío en una de sus ceremonias— fueron condenados a azotes y al destierro, y no a la pena de muerte. En el segundo una mujer acusada de haber echado mal de ojo a unos pastores, ocasionado la muerte de parte de su ganado, fue puesta en libertad

Más lejos fue el dominico castellano y obispo de Cuenca, Lope de Barrientos, (Medina del Campo, 1382-Cuenca, 1469), quien se pregunta «qué cosa es esto que dicen, que hay mujeres, que se llaman brujas, las cuales creen e dicen que de noche andan con Diana, deesa de los paganos, cabalgando en bestias, y andando y pasando por muchas tierras y logares, e que pueden… dañar a las criaturas«, a lo que se responde: que nadie ha de tener «tan gran vanidad que crea acaescer estas cosas corporalmente, salvo en sueños o por operación de la fantasía«. Y para demostrarlo recurre a los argumentos del sentido común. Así escribe, por ejemplo, que nadie puede creer que una mujer pueda salir de una casa por una grieta, por un agujero de la pared o por una chimenea, porque con lo «luengo, ancho o rondo» de los cuerpos, no pueden pasar. Así concluye que creer en todo eso «no viene sino por falta de juicio«

Otra de las  actuaciones más destacadas del Obispo Barrientos a las órdenes del rey fue el pleito contra don Enrique de Villena, al que condenó a prisión acusado de brujería y nigromancia. Algo sabía Villena, sobre estas materias, como testimonian los manuscritos inéditos de algunas obras suyas que hay en Salamanca: Tratado de caso e fortuna, Ms. Salamanca, Universidad, n. 2096, fol. i-12v. Tratado de dormir o despertar e del soñar de las adevinanças e agüeros e profecías, Ms. Salamanca, Universidad, n. 2096, fol. 12-55 y Tratado de la adevinança e sus especies, Ms. El Escorial, Biblioteca, h. III, 13. En realidad, tanto Juan II como él desconfiaban de las ideas innovadoras de las que era una de las personas más cultivadas y sabias de la época.

Enrique de Villena  llamado el Astrólogo o el Nigromante (Torralba de Cuenca, 1384 – Madrid, 1434)  escribía sobre muchos temas, era literato, traductor, cirujano, alquimista y es posible que coleccionase libros en hebreo y en árabe, lo que le convertía automáticamente en sospechoso de herejía. Según una conocida leyenda, el Marqués estudió artes nigrománticas con el mismísimo Diablo en la Cueva de Salamanca,  murió en la cárcel, en 1434, y el rey Juan II le encargó a Barrientos el estudio de su biblioteca. Barrientos mandó quemar la mayoría de los códices, pero conservó unos pocos: «Fray Lope los miró e hizo quemar algunos, e los otros quedaron en su poder»

El Santo Oficio prefería quemar libros y no brujas. De todos los procesos entre 1540 y 1700, solo el 8% fueron por causa de la brujería. En total, se condenó a la hoguera por brujería a 59 mujeres en España. En Portugal fueron quemadas cuatro, y en Italia, 36.

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Quema de libros heréticos por frailes dominicos. Detalle de una tabla de Pedro Berruguete sobre la vida de Santo Domingo de Guzmán.

La caza de brujas fue especialmente intensa en la Cataluña del siglo XVII, principalmente en los tribunales civiles que no quedaron debidamente documentados, como si hacia la Inquisición. Los teólogos e inquisidores españoles se mostraron más racionales o, si se prefiere, bastante más escépticos ante la relación entre desastres cotidianos y brujería, una psicosis que sí alentaron las autoridades y demás elites locales.  El tema merece capitulo aparte.

Muchas de las personas torturadas y quemadas lo fueron como consecuencia de denuncias presentadas por rencillas personales con algún vecino, por la psicosis colectiva, por ser raras, o por tener una mente demasiado abierta para la época que vivían, que las hizo sentirse y mostrarse más libres de lo que sus contemporáneos estaban preparados para aceptar.

La inquisición española, que fue tan dura con los judíos, moriscos y protestantes, fue, por el contrario, mas benigna con las brujas. El inquisidor actuaba de oficio e imponía penas leves, excepto en muy raras ocasiones. La iglesia parecía escéptica y negaba la realidad, condenando sólo la intencionalidad.

El más famoso proceso por brujería ocurrido en España fue el de Zugarramurdi, un pueblo de poco más de 500 habitantes en el valle de Baztán, cerca de la frontera francesa. Con el fundamentalismo cristiano en plena efervescencia y decenas de personas que aseguraban haber oído el susurro del mismísimo Lucifer, la situación ocasionó un estado de paranoia en la comarca, en una etapa donde eran habituales el hambre, la sequía y las grandes tempestades, la delación entre vecinos se convirtió en una práctica habitual y el argumento de la brujería en el consuelo idóneo para aliviar el temor ante cualquier amenaza.

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El Aquelarre, pintura negra de Francisco de Goya. Según Julio Caro Baroja «es el símbolo más perfecto de una sociedad fea y bestial, dominada por crímenes y violencias de todas clases».

PRÓXIMAMENTE

Las Brujas de Zugarramurdi


FUENTES:

  • Wikipedia
  • https://www.abc.es/historia/abci-leyenda-negra-mentiras-sobre-persecucion-brujas-espana-pais-no-unio-masacre-mujeres-201605200105_noticia.html
  • Caro Baroja, Julio (2003) [1961]. Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza Editorial.
  • Caro Baroja, Julio (1996) [1970]. Inquisición, brujería y criptojudaísmo. Barcelona: Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg. 
  • Lisón Tolosana, Carmelo (1992). Las brujas en la historia de España. Madrid: Temas de Hoy

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