EL CAMINO DEL TAO

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El taoísmo es una filosofía que nos anima a confiar en el curso de los acontecimientos, nadando a favor de la corriente, nunca en contra. Por eso, Lao Tse afirma que, a veces, los obstáculos que encontramos son signos de que no vamos por buen camino. .

El Tao que puede conocerse no es el Tao.
La sustancia del Mundo es solo un nombre para el Tao.
Tao es todo lo que existe y puede existir;
El Mundo es solo un mapa de lo que existe y puede existir.

Hay un flujo en el universo que se llama Tao. El Tao Te king describe una fuerza, llamada el Dao (Tao), que es el orden del mundo. Es una fuerza de contradicción, y representa todas las cosas del universo. Es un libro muy corto; tiene sólo 81 capítulos de una página cada uno. Fundamentalmente está dirigido en dos sentidos. Uno es la transmisión de la idea de Tao y de la manera de obrar del «hombre santo» o «sabio» que la llega a conocer. Por otra parte el Tao Te Ching aconseja a los gobernantes para regir de forma sabia.

Es un libro apasionante que está dividido en 81 versículos en dos secciones. La primera sección empieza con la explicación de la enigmática naturaleza del Tao (que se traduce como “El Camino”) y la segunda sección se abre con la explicación de la naturaleza del Te (“virtud”, “poder”, “cualidad” o “el bien”) y la tercera palabra Ching significa “Clásico” por lo que el libro de traduce como “El Libro Clásico del Camino y la Virtud”.

Los pasajes son ambiguos, y tocan temas que van desde el consejo político para gobernantes hasta la sabiduría práctica para la gente común. Como la variedad de interpretaciones posibles es virtualmente ilimitada, no solo para personas distintas sino incluso para una misma persona en distintos momentos, lo más sensato por parte de los lectores es no intentar establecer una objetividad o una superioridad en sus conceptos. Los principios y conceptos centrales son:

  • El Tao abarca los principios de infinitas cosas. No tiene forma ni sonido; es incorpóreo, eterno y permanente. Este principio no puede explicarse con palabras.
  • El Dào Dé Jīng enfatiza los valores «femeninos» (Yin), como la cualidad del agua, fluidez y suavidad (en lugar de la solidez y aspereza de la montaña), la elección del lado oscuro y misterioso de las cosas, y el control sobre las cosas sin gobernarlas.
  • El concepto de «retorno», no en el sentido de regreso al pasado, sino más bien como «contracción», «reducción» e incluso «retirada» y «retrospección» sobre sí mismo. Este concepto es ilustrado por el texto del capítulo 48: el aprendizaje consiste en aumentar día a día el patrimonio propio; la práctica del Tao consiste en sustraer día a día.
  • La Nada es la sustancia del Tao y el Ser es su función. Para alcanzar el dominio del Tao es necesario primero reconciliarse con la inmovilidad, no ocuparse de cosas mundanas, dejar de lado el intelecto, el conocimiento, los deseos, el egoísmo y el egocentrismo; despojarse de las ideas preconcebidas y retornar a la amplitud mental auténtica.
  • Para el taoísmo es central la búsqueda del vacío, común también al budismo y, en alguna medida, al confucianismo.
  • Otras ideas centrales incluyen:
    • El uso de la fuerza solo atrae la fuerza.
    • La riqueza no alimenta el espíritu.
    • El ansia de poseer sin límite ciega al ser humano y lo convierte en un monstruo codicioso y violento.
    • La preocupación solo por sí mismo, y el darse importancia son vanos y autodestructivos.
    • La victoria en la guerra no es gloriosa. No debe celebrarse, sino ser causa de duelo, porque surge de la devastación.
    • Cuanto más empecinadamente se intenta algo, mayor es la resistencia que se crea; cuanto más se actúa en armonía con el universo, más se logrará y con menos esfuerzo.
    • El verdadero sabio concede poca importancia a su propia sabiduría, porque cuanto más conoce más se da cuenta de lo limitado de su conocimiento.
    • Cuando perdemos los valores fundamentales, los reemplazamos con valores crecientemente inferiores que pretendemos verdaderos.
    • La glorificación de la riqueza, el poder y la belleza atraen el crimen, la envidia y la vergüenza.
    • Las cualidades de flexibilidad y suavidad son habitualmente superiores a las de rigidez y fuerza.
    • El contraste de los opuestos (la diferencia entre masculino y femenino, luz y oscuridad, fuerte y débil, etc.) es lo que permite entender y apreciar el universo.
    • El cambio entre los opuestos (Yin-Yang) permite la fluidez natural del universo. El estancamiento en una sola forma solo atrae la desarmonía y la devastación.

Los chinos, como los hindúes, creían que hay una realidad última que subyace y unifica las múltiples cosas y eventos que observamos:  El tao es una abstracción metafísica que indica el orden universal de la naturaleza. En ese sentido, es indecible, inefable e indeterminado y solo puede ser explicado alusivamente.

A su vez, el tao puede ser fuerza. El taoísmo filosófico define la existencia de tres fuerzas:

  • una positiva, el yin (femenina, creativa, atractiva, pasiva)
  • una negativa, el yang (masculina, destructiva, repulsiva, activa) y
  • una neutralizada, el tao.

Las dos primeras se oponen y complementan simultáneamente entre sí.

Mientras el tao no puede ser expresado, el taoísmo filosófico establece que el tao no puede ser conocido en su totalidad pero que sus principios sí pueden ser seguidos. Mucha de la escritura taoísta se concentra en el valor del seguimiento del tao -llamado te, virtud- y de la necesidad de tratar de entender el control del tao. Esto es expresado usualmente a través de los argumentos del yin y yang, donde cada acción crea una reacción de manera natural, inevitable movimiento dentro de las manifestaciones del tao.

Los taoístas ven todo el universo como imbuido de Tao te (el poder del Tao). Este poder cósmico primordial ha recibido los nombres de «Tai Hsu» (Gran Vacío), «Tai Chi» (Fuente última y Suprema) y «Tai Yi» (Motor Supremo), y constituye la «sustancia» misma del cosmos, la ma­teria inmaterial de la que ha surgido el universo entero.

El Tao engendra el Uno, el Uno engendra dos cosas, luego tres, luego las diez mil cosas…

El Uno es la Fuente última y Suprema.

En el macrocosmos es la Fuente Innombrable, aquello que condiciona la existencia, la fuente de la que brota, que permite, la existencia del contrarios, y por lo tanto de la unicidad. Lo que está antes que el Orden y el Kaos, antes que el uno, el Origen. Es la precondición de existencia.

En el microcosmos es el Logos o Causalidad, derivada de la Dualidad, expresada por los conceptos Yin y Yang. En lo material y en lo ideal. Estas forma de relacionarse los antónimos como cadena de causa efecto son el reflejo del Tao, o El Camino. Si existe lo masculino y lo femenino el Tao sería el sexo. Si existe lo alto y lo bajo el tao es el tamaño, o más bien la dimensión que acoge los tamaños.

La filosofía taoísta le atribuye un máximo valor a la vida individual. Según la filosofía taoísta, el hombre debe dejarse transportar por la corriente indicada en el tao, indispensable para desarrollar sus cualidades innatas para el cumplimiento de la misión de la propia existencia. El ser humano recorre el camino en búsqueda del equilibrio entre el yin y el yang, los dos principios dinámicos del tao.

Cuando el «Big Bang» divi­dió el Tai Chi para crear el universo, surgieron Yin y Yang como polos negativo y positivo de un vasto campo electromagnético, con lo que se puso en marcha ese incesante acrecer y replegarse de fuerzas y fenóme­nos que denominamos «universo».

El tao fluye lentamente, pero nunca para, manteniendo las cosas del universo en orden y equilibrio. Se manifiesta a través de cambios de estaciones, ciclos vitales o mutaciones de poder u orden. El tao es la ley de todo. El que sigue al tao se hace uno con el tao. Además, conviene comprender el chi (término chino para ‘vapor, aliento o energía’), porque el chi y el tao van de la mano, ya que el chi es la energía que circula en el universo, por lo que se puede decir que el tao es flujo de chi.

Tao Te Ching predica la complementariedad, la complicidad entre elementos contrarios que se convierten en antagónicos precisamente gracias a la existencia de su opuesto. Uno sin el otro no es, no existe. Es el concepto del Ying y el Yang. El Universo existe entonces porque existe el vacío, así como lo femenino se debe a su vez a lo masculino.

  • El ying es el principio creador, femenino, polo positivo, luminoso, generoso, dialogante, cordial, suave y comporta una serie connotaciones positivas; pero también es sumisión y sacrificio.
  • El yang como contrario es, el principio destructor, masculino, egoísta, aislante y comporta una serie de connotaciones negativas; pero también rebelde y autopreservador.

El concepto del tao se basa en aceptar que la única constante en el universo es el cambio y que debemos aceptar este hecho y estar en armonía con ello. El cambio es el flujo constante del ser al no ser, de lo posible a lo real, yin a yang, femenino a masculino. El símbolo del tao, llamado Taijitu, está constituido por el yin y el yang confluyendo en un círculo.

 

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El taijitu de los primeros tiempos.

FUENTES:

 

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