EL TAOÍSMO FILOSÓFICO

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El Taoísmo Filosófico, creado por el filósofo chino Lao-Tsé, durante el Siglo VI A.C. como ya comentamos anteriormente, seguía como objetivo fundamental alcanzar la inmortalidad, no por la reencarnación, sino como longevidad en plenitud. Lao Tse enfatiza el tao (también conocido como dao, traducido usualmente como ‘el camino’), y expande su significado para abarcar el orden innombrable, inmanente, del universo. Lejos de una amoralidad o de una moralina latitudinaria, el taoísmo preconiza la armonía, allí está el equilibrio, un absoluto sobre las relatividades.

Los estudiosos occidentales suelen describir el taoísmo como una de las grandes religiones del mundo, pero esto no es del todo exacto. Es cierto que, unos 500 años después de Lao Tse, la filosofía taoísta dio lugar a una iglesia organizada provista incluso de su propio «Papa taoísta», pero esta iglesia tiene muy poco que ver con el Tao original. Parafraseando a Lao Tse, «el camino que puede ser organizado no es el Camino verdadero». En realidad, la misma idea de una iglesia jerarqui­zada, con clérigos de sotana y dogmas religiosos, es completamente contraria al Tao.

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Los Reinos Combatientes en el 260 a. C. Wikimedia Commons

Lao Tse vivió durante un largo y caótico capítulo de la historia china conocido como el Período de los Estados Combatientes.

 Tras la muerte del rey You de Zhou en el año 771 a.C., se inaugura en China un largo espacio temporal (durará más de cinco siglos) de crisis política y social: la monarquía es persistentemente débil y el poder está fragmentado. El sistema por el que se regía la China más antigua quedaba así colapsado. “El trauma de la crisis dejará una marca indeleble en la conciencia del chino: es el paradigma de inestabilidad, de peligro, de incertidumbre.

Mientras docenas de príncipes mezquinos conspiraban y competían por la supre­macía, los reinos se alzaban y caían como las olas del mar, con alianzas repentinas que se disolvían en el mismo día y violentos combates que asolaban el país. La última parte de esta época de fermento intelectual se conoce como «Era de las Cien Escuelas» porque produjo grandes fi­lósofos como el propio Confucio, que vagó de estado en estado tra­tando en vano de persuadir a los belicosos príncipes para que adopta­ran su filosofía pacifista en el gobierno del reino. Contemporáneo de Confucio, es lógico que Lao Tse tuviera tam­bién algo que decir acerca de la política, aunque solía envolver sus ideas en sus acostumbradas y penetrantes metáforas.

El Taoísmo netamente filosófico fue originado en el siglo vi a. C. a raíz de las enseñanzas del pensador chino al que se lo conoce como Lao-Tsé (Anciano Maestro), quien vivió en el período de los Siete Reinos Combatientes.

El periodo de los Reinos Combatientes que trajo la unificación de China, diferentes filosofías evolucionaron hacia las Cien escuelas del pensamiento, incluyendo el confucianismo, taoísmo, legismo y moísmo. Durante este periodo, muchos filósofos y estrategas viajaron a lo largo de los estados para recomendar a los gobernantes la puesta en práctica de sus ideas. Estos «grupos de presión» fueron famosos por su tacto e intelecto, y fueron conocidos colectivamente como Zonghengjia (縱橫家), tomando su nombre de las dos principales escuelas de pensamiento.

Debido a la situación de guerra que vivía la Antigua China de aquella época, Lao-Tsé postuló un tratado filosófico donde planteaba las causas del comportamiento hostil del hombre y los comparaba con el comportamiento natural de la naturaleza, mostrando como es que los ciclos cósmicos naturales, los diferentes elementos y ecosistemas, y los animales mismos, vivían en una perfecta armonía que debía servir de ejemplo para trasladar dicha prosperidad a la vida del hombre, el cual en contraste se comportaba de forma autodestructiva y contraproducente para sus semejantes.

En su libro el Tao Te King, Lao-Tsé señala que la codicia y la ambición son las causas por las cuales los hombres han estratificado su sociedad poniendo a un poder nobiliario como máxima autoridad, la cual justifica su soberanía con leyes intolerantes, tributaciones desmesuradas, lealtad absoluta a una ética patriótica, y sumisión incuestionable al poder religioso que asegura el derecho divino de gobernar para la familia real, los cuales llegan a involucrarse en guerras sangrientas en pos de dominar las tierras y riquezas de los reinos vecinos.

Pese a ser originario del Reino de Chu, Lao-Tsé no afiliaba a la idea de la lealtad nacionalista a su soberano, el Rey Chow, ya que la filosofía del anciano maestro era contraria a todo régimen nacionalista y monárquico debido a que todos ellos perpetuaban las guerras y el sufrimiento de sus pueblos, por lo que Lao-Tsé era crítico incluso contra la propia dinastía Chou para la cual había trabajado anteriormente como archivista de la biblioteca imperial.

Lao Tze creía que la violencia debe ser evitada y que la victoria militar es una ocasión de duelo debido a la necesidad de usar la fuerza contra otros seres vivientes. Sostenía también que el exceso de leyes y reglas hacen más difícil el manejo de la sociedad, ya que oprimen las libertades de los pueblos. Las formulaciones de Lao Tze, en el Tao Te Ching, sirvieron  a Sun Tzu , para expresar el sentido del “bien” en la conducta inteligente del general en el libro El arte de la guerra 

El Tao Te Ching a pesar de que fue escrito hace dos mil quinientos años, en un mundo que era muy diferente en muchos aspectos al actual, debido a los avances de la ciencia y la tecnología y otros aspectos globales, aún con las enseñanzas más valiosas acerca del “Ser”, el mundo es bastante similar al período de los Reinos Combatientes, ya que continuamos teniendo guerras, persiguiendo el poder y un status social, seguimos obsesionados con la adquisición de bienes y riquezas.

Las religiones occidentales proponen el concepto de un ser su­premo que gobierna el universo desde su trono en el cielo, y lo denomi­nan «Dios» con «D» mayúscula para subrayar su omnipotencia. El punto focal de las religiones occidentales es «la otra vida», y buena parte de sus fieles manifiestan una morbosa preocupación por el destino de sus almas después de la muerte. En este sentido, las religiones occidentales son más idealistas que prácticas, más interesadas por la otra vida que por la actual.

Los taoístas, por su parte, no hablan de un ser supremo, sino de un supremo estado del ser; un estado sublime que se halla profundamente encerrado en el interior de todo ser humano y que sólo puede alcan­zarse mediante el más intenso esfuerzo personal y la mayor autodisci­plina. Este estado del ser, que por lo común se traduce a los lenguajes occidentales como «iluminación», recibe en Oriente la misma reveren­cia que los conceptos de «Dios» en Occidente, y forma parte del poten­cial interior de todas las personas.

La malinterpretación superficial y religiosa hace creer que el tao es un dios o algún otro tipo de entidad espiritual o suprema, pero en realidad Lao-Tse describe al tao como el origen de todo, la fuente primordial de todo lo existente, tanto lo físico como lo abstracto, por lo que define al tao como un concepto superprofundo de unidad primordial que escapa a la idea fijista y mítica de un dios, un ser, o cualquier otra personificación; contrariamente, Lao-Tse describe al tao como abstracto, amorfo, intangible, inaudible e inasible, por lo que las posteriores formas de la naturaleza han surgido del tao, y así también lo que carece de forma, por lo que el tao no se describe como una de estas dos cosas, sino como la primordialidad neutra de la cual todo lo demás surge, siendo así el origen cosmológico y esencia de todo lo existente; y el concepto básico de la filosofía taoísta, pero no una sustancia vaporosa o un ser sobrenatural.

Lao-Tse fue deificado como dios taoísta ―un inmortal―, encabezando un enorme panteón de héroes folclóricos, generales famosos y sabios, todos los cuales alcanzaron la inmortalidad. Sin embargo, la antigua forma del taoísmo era la de una corriente filosófica y no una religión, por lo que los antiguos pensadores interpretaban por «inmortalidad» el hecho de autosuperación del propio ser en comunidad con el entorno, lo que implica buscar la superación y el progreso personal y colectivo, de acuerdo con la mutación constante que enseña el taoísmo.

La Filosofía del Tao  es una manera de vivir, no un dios ni una religión. 

El Tao Te Ching no transmite doctrina como tal, sino que está abierto a interpretación, permitiendo que el lector se cuestione su realidad y piense por sí mismo. Ello facilita que la obra pueda ser interpretada en la actualidad sin perder el sentido y la lógica de su fundamento.

Tao Te Ching tiene a su vez dos líneas de pensamiento.

Por un lado, en el escrito se describe el modo en el que debe comportarse un auténtico gobernante. Lejos de una posición moral o de una moralidad latitudinaria, lo bueno, en el taoísmo, preconiza la armonía, el equilibrio absoluto por sobre todas las relatividades del mundo físico.

Por otra parte, se nos transmite la idea del Tao, así como el modo de obrar de aquél que se siente sabio gracias a haberlo alcanzado.   Se describe la forma de obrar del sabio o santo, y una búsqueda del vacío, común también al budismo. Entre las ideas centrales del taoísmo están que el uso de la fuerza sólo atrae a la fuerza, que la riqueza no alimenta el espíritu, y criticar el ansia de poseer, la soberbia y el egoísmo.

En todo el Tao te king ridiculiza los más elevados ideales humanos, como la benevolencia, la piedad, la lealtad y la moralidad, repudiándolos por artificiosos, por ser meras convenciones sociales, y burlándose de toda pretensión de gobernar al pueblo por medio de una ideología. Como señala, la misma necesidad de gobernar mediante leyes y amenazas de castigo indica que la sociedad ya ha llegado a una avanzada fase de decadencia.

Lao Tse decía que las personas son iguales en todas partes. Cuando están sanas y felices, se tratan entre sí amablemente y con respeto de manera natu­ral. Cuando están hambrientas y oprimidas, se vuelven naturalmente crueles y revoltosas. Puesto que la mayoría de los gobernantes man­tiene a sus súbditos más o menos en un estado permanente de hambre y opresión, les resulta necesario imponer desde arriba las antinaturales trabas de la ley y el castigo para conservar su propia supremacía. Y, más ridículo todavía, para justificar su privilegiada posición se presentan ante el pueblo como personas de moralidad superior.

Aunque el Tao te king fue escrito varios siglos antes del nacimiento de Cristo y en un ambiente cultural completamente distinto al de Occi­dente, sus semejanzas con el espíritu del Nuevo Testamento son muy notables, y tal vez esto explique su permanente atractivo popular en todo el mundo occidental. Por ejemplo, en San Lucas 6:27 leemos: «Haz el bien a aquellos que te odian», mientras que el capítulo 63 del Ta, nos sugiere «Responde al odio con virtud». En San Mateo 26:52 en­contramos la observación «Quienes viven por la espada morirán por la espada», muy en consonancia con una línea de Lao Tse en el capítulo 42, «el hombre violento tendrá una muerte violenta».

El Tao se comparto  con el confucianismo , el budismo chán y el zen y, en general, en toda la filosofía y la religión de Asia oriental. El taoísmo religioso se fundó en el siglo III a. C.,pero no se convirtió en un movimiento religioso organizado hasta el siglo II d. C. Algo semejante a lo que sucedió con el cristianismo.

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Lao Tse, Buda, Confucio. Tres sabios probando el vinagre

La pintura de los tres sabios probando el vinagre Lao Tse, Buda, Confucio. en la interpretacióninclusiva”, que es más común en Japón, la imagen quiere decir que las tres filosofías son una, y que todas abrevan de una misma fuente de Verdad, aunque interpretada de formas diferentes según el énfasis en lo natural, lo social o lo espiritual.

En la interpretación Taoísta, que es la más conocida, cada maestro toma el sorbo de vinagre y se pronuncia sobre él:

Confucio dice “es agrio”,mostrando su practicidad pero también haciendo una alusión sutil a la necesidad (o el potencial) de la mejora, a través de algún proceso.

– Buda dice “es amargo”, indicando la visión budista del mundo como un lugar de desventura causado por las ilusiones del hombre.

– Lao Tse dice “¡buen vinagre!”, indicando su convicción de que cada cosa debe verse en su contexto y sin tratar de forzar opiniones que son proyecciones arbitrarias. En algunas versiones modernas de esta historia hacen decir a Lao Tse “es dulce”, para tratar de indicar la visión de que todo está en su lugar y ‘es dulce’ o ‘adecuado’ el entenderlo; pero sin embargo esta respuesta no va con el espíritu del original y tiende a malentenderse como un optimismo mal enfocado.

De modo que ahí tenemos a los tres maestros sabios. ¿Bebemos con ellos?

Lao Tse no tenía intereses que defender, ni ambiciones personales que lograr, ni dioses que apaciguar, ni tiempo para tonterías. Lo que con tan gran acierto intentó transmitir en los fascinantes versos del Tao te king «no depende de nada, es inmutable, todo lo penetra, no falla nunca».

La alquimia, la astrología, la cocina, varias artes marciales, la medicina tradicional, el Feng Shui, y muchos estilos de las disciplinas del entrenamiento de la respiración del Qi-Gong tienen relación con el taoísmo debido a que sus conceptos pilares se originaron a partir de los postulados taoístas.

El Taoísmo filosófico ejerció su mayor influencia en un sistema de higiene basado en practicas respiratorias, ejercicios físicos y de meditación, así como en la experimentación con la alquimia y los elixires (en la medicina china el cinabrio era utilizado para el restablecimiento de la vitalidad.), todo ello con el objetivo de buscar la inmortalidad que era entendida, en el aspecto filosófico, como prolongación de la vida o longevidad en plenitud. Las personas que conseguían vivir en armonía con la naturaleza eran consideradas inmortales.

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Sinograma de la palabra dào, literalmente «camino».

FUENTES:

  • Wikipedia
  • Tao Te Ching: Los libros del Tao. Traducción directa del chino por Iñaki Preciado Idoeta.
  • Libro del curso y de la virtud. Ed. y tr. directa del chino Anne-Hélène Suárez Girard.
  • Dos grandes maestros del taoísmo. Lao Tse/Chuang Tzu. Carmelo Elourdy. Editorial Nacional.
  • Las enseñanzas de Lao Zi. Iñaki Preciado. Editorial Kairós.
  • Tao Te Ching. El Libro del Tao y la Virtud. Traducción directa del chino clásico por Alejandro Bárcens. Charleston: Anamnesis Editorial. 2014. 
  • Tao Te King. Edición de Richard Wilhelm. Barcelona: Editorial Sirio. 2009.
  • Los místicos taoístas. Howard Smith. Edicomunicación.
  • Tao de la Salud, el sexo y la larga vida de Daniel Reid. Edit. Urano
  • La historia de Lao Tsé  de Chen Jian
  • Lao Tzu and Taoism  de Max Kaltenmark
  • Tao Tê Ching. El libro del recto camino  de Lao-Tse
  • Breve historia de la China milenaria de Gregorio Doval Huecas)
  • Asia. A Concise History de Arthur Cotterell
  • China  de Flora Botton Beja

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