LOS SABIOS  OCULTOS DEL TAO

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Los siete sabios del bosque de bambú, para quienes “fama, poder, riquezas, son palabras vacías”

La palabra yinshi significa literalmente “sabio oculto” en lengua china, y su única condición para poder ejercer su modo de vida era la libertad: no ser adscrito a ninguna corriente o grupo conocido, para que de esta forma su pensamiento no quedara  anclado a cánones fijos. Su aspiración era la de conseguir una percepción global del universo.

Hace dos milenios y medio, los sabios ocultos de China, alejados de unas estructuras de poder que veían viciadas de modo irremediable, sentaron los fundamentos del taoísmo, los cuales quedaron poéticamente espresados en el Tao Te Ching (Daodejing), el Zhuangzi, el Liezi y otros textos clásicos: los conceptos de mutación permanente y de interdependencia entre todos los elementos del universo, la importancia de aceptar nuestra desnudez esencial y la fugacidad de la existencia, la necesidad de confiar en la intuición y desarrollar el sentido de la percepción. Sorprende la vigencia de ese ideario revolucionario en nuestro mundo actual.

J. M. Romero asegura que estos yinshi no pretendían ser santos, “ni fundar religión alguna. Se trata únicamente de un hombre que percibe, relaciona y, si se da el caso, emite. Así pues, su figura es más próxima al filósofo griego que al santo milagrero, y sus proposiciones están más basadas en la experiencia que en la fe”.

En síntesis, se afirma que la preocupación por pasarlo bien (tener dinero, honores…), impide ser feliz. Alcanzar la felicidad es dejar de buscarla: “La alegría perfecta es estar sin alegría. La alabanza perfecta es no ser alabado”.

Por eso, el verdadero sabio se presenta a los hombres como un mendigo, como un torpe , como un loco. Todo el convencionalismo social hace que el sabio tome esta actitud de contrapie y se presenta como envuelto en las fuerzas oscuras del Yin, templando la luz interior, como dice nuestro texto. Porque ésa no es “su luz” sino la luz, no es “su gloria” sino la gloria. Sólo así puede ser el “valle del mundo” o el “cauce del mundo”, sólo así puede “estar en el centro” que es la posición polar; ser el inmóvil señor del movimiento, que todo lo dirige sin dirigirlo.

COINCIDENCIA: En el Mito de la Caverna de Platón, el que ha salido de la cueva y ha recibido la “iluminación” aparece como un loco, y su comportamiento en la oscuridad se vuelve torpe.

Los sabios ocultos de China adquirieron unos conocimientos como no se han vuelto a ver en el mundo. Eran auténticos adeptos del verdadero Tao, no clérigos ni charlatanes, y se interesaron por un gran número de cuestiones que iban desde la alquimia y la medicina hasta el régimen dietético, la respiración profunda y el yoga sexual. Estos sabios dejaron abundantes escritos donde se recogen sus descubrimientos, en voluminosos tomos redactados en una terminología secreta que sólo era comprensible para otros adeptos. Algunos de sus logros e ideas eran sin duda muy notables, aunque quizás unos tantos excéntricos, y merecen una detenida atención.

Uno de los primeros taoístas de que se tiene noticia fue Yang Zhu  (Maestro Yang), que vivió hacia el siglo IV a. de C. Fue él quien inició la tradición hedonista en el taoísmo, que consideraba la gratificación de los sentidos como una forma de devoción al Tao. Algunos de sus seguidores y suce­sores se entregaron a excesos desenfrenados, con los que aseguraban conseguir la misma percepción directa del Tao que otros alcanzaban «sentándose quietos sin hacer nada» Tiempo de guerra constante, de inseguridad y de violencia, lo que quizá explique algunas de las ideas de Yang Zhu.  Una de las frases célebres de Yang Zhu es la que afirma que no daría un pelo por la salvación del mundo. Se ve que la gente también estaba en aquellos años cansada de las tiranías y de los abusos del poder.

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Pintura representando a los Siete sabios del bosque de bambú, en el Palacio de Verano de Peking.

Los siete sabios del bosque de bambú

Entre los excéntricos taoístas más famosos de todos los tiempos des­tacan los «Siete Sabios del bosquecillo de bambú», que vivieron en el siglo IV d. de C., en una época en que los charlatanes corrompían la filosofía del Tao a fin de establecer una iglesia organizada que pudiera competir con el budismo. Estos sabios originaron la escuela taoísta de la «Con­versación Pura» (ching-tan), y su propósito era retornar al taoísmo filo­sófico puro de Lao y Chuang. También creían que los taoístas debían vivir en el mundo de las personas, no como ermitaños aislados del mundo en las cuevas de la montaña.

Los componentes del grupo  de los 7 sabios son: Chi Kang, Liu Ling, Ruan Ji, Ruan Xian, Xiang Xiu, Wang Rong y Shan Tao

El motivo principal para el retiro lejos de la corte fue que las carreras de los miembros principales del grupo estaban ligadas al emperador Cao Wei, de influencia taoísta, y vieron sus vidas en peligro cuando la dinastía dinastía Jin, de influencia confucionista, tomó el poder.

Promulgaban la búsqueda de la armonía del Tao, fuente original de toda vida, siguiendo la naturaleza innata del ser humano, alejándose de los artificios de la vida urbana y se oponían a la concepción de pureza individual propuesta por Confucio y su filosofía de dedicación al trabajo. Escribieron poemas sobre las ideas taoístas y manuales sobre misticismo taoísta y alquimia, además de poemas en los que criticaban a la corte y la administración.

XikangSe reunían habitualmente en un bosquecillo de bambú próximo a la residencia del poeta Chi Kang (223­-262), en Honan.

A  Chi Kang, en China se le considera un enfant terrible de la historia del pensamiento y acérrimo enemigo de Confucio. Efectivamente, Xī defendía en sus obras la preeminencia de la razón frente a la autoridad en forma de anécdotas sobre grandes pensadores chinos, que se empleaban tradicionalmente como medios para la argumentación, dudando de la autenticidad y credibilidad de tales historias. Sin embargo, él mismo se basaba en citas de textos confucianistas para dar más peso a sus argumentos.

Como músico y compositor Chī escribió Qínfù (琴赋, «Una composición en el guqin»), sobre la importancia y la calidad de la música, y Shēng wú āilè lùn, «Ausencia de sentimientos en la música». También escribió sobre las prácticas taoístas para alargar la vida en Yǎngshēng lùn , «Ensayo de la vida de la nutrición», sobre el pensamiento confucianista en Shisi Lun «Discurso de la individualidad» y muchos otros temas.

Parece ser que su obra tuvo influencia en los escritos de Ge Hong. Chī Kāng se dedicó a una vida retirada y contemplativa, que esperaba alargar varios cientos de años con la alimentación y un tipo de vida adecuado. Sin embargo, Chī Kāng sólo llegó a los 40 años, muriendo ejecutado tocando su música.

Los siete sabios tras una tarde de «pura conversación», se dirigían a alguna taberna cercana para dedicar la noche a la bebida, sin detenerse hasta quedar todos ebrios y en comunión con el Tao. Todos ellos eran hombres de gran talento que se burlaban de los convencionalismos so­ciales y preferían dedicar su genio al Tao, y, al igual que otros taoístas en todas las épocas, tenían la reputación de ser unos bebedores prodi­giosos. El célebre poeta y bebedor Liu Ling (221-300), por ejemplo, escribió todas sus obras bajo la influencia y en loor del vino. Allí donde iba, lo seguía un sirviente con una jarra de vino en una mano y una pala en la otra, preparado para cavar su tumba en el acto si caía muerto en plena farra. Otro famoso bebedor de aquella época fue el alquimista Ko Hsüan, que cultivaba las técnicas taoístas de respiración profunda reteniendo el aliento bajo el agua.

Los siete sabios, o el símbolo que representan, han sido muy influyentes en la poesía, la música, el arte y la cultura china en general.

La apartada vida del grupo con el tiempo se convirtió en un tema corriente en el arte chino como símbolo de libertad, e inspiraron a otros artistas que desearon hacer un retiro espiritual en épocas de agitación política. El mito se propagó rápidamente y en muy pocas generaciones se les representó de las más variadas formas, desde en bucólicas reuniones de eruditos recitando y escuchando música hasta en alocadas y anárquicas juergas donde todos estaban desnudos

Para describir el estilo de vida de los Siete Sabios, y de otros como ellos, se utilizaba el término feng-liu, que significa literalmente «fluir con el viento», una forma poética de decir «dar la espalda a los con­vencionalismos». Aquellos adeptos seguían sus propios impulsos durante toda su vida, y nada les divertía más que escandalizar a los severos confucionistas con su excéntrico comportamiento. Eran sumamente sensibles a las bellezas de la naturaleza, y creían que el vino los acercaba al Tao. Sin embargo, los partidarios de la «conversa­ción pura» no se interesaban demasiado por la alquimia, la dieta, el yoga sexual ni demás disciplinas para prolongar la vida, tal vez por­que, al igual que Chuang Tzu, consideraban la muerte como una mera transición que quizá los condujera a una vida todavía mejor. Eran filó­sofos puros, y sus escritos preservaron para la posteridad el prístino espíritu original de Lao Tse y Chuang Tzu

Lo que el hombre sabe es harto menos de lo que ignora; el tiempo de su existencia es harto más corto que el que precedió a su nacimiento; con algo tan sumamente pequeño, querer llegar al dominio de lo sumamente grande, por fuerza ha de llevarle a gran confusión y extravío.

Chuang Tzu

Los sabios yinshi nunca sintieron gran simpatía por el arte de la dialéctica: los oradores más brillantes no son más que embaucadores y tramposos. Para el taoísta, lo esencial es la conciencia permanente, la totalidad del mundo; así, renuncia a etiquetar la realidad, a conceptualizarla definitivamente -al contrario que los seguidores de Confucio-. La palabra no es más que una herramienta que sirve para expresar una idea evanescente: estaríamos equivocados si pensáramos que podemos atrapar la -compleja y dinámica- realidad a través de ellas.

Las palabras son como las olas levantadas por el viento. Cuando se transmiten, unas veces procuran ganancia y otras causan pérdida. Las olas se levantan fácilmente, y fácilmente surge el peligro de que la ganancia se vuelva pérdida.

Zhuangzi

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Zhuangzi

FUENTES:

 

J.M. Romero ha bebido de la filosofía del Tao. Su libro “Tao las enseñanzas del sabio oculto” (Kairos, 2013) es inprescindoble para entender el Taoismo filosofico. Estudió la historia y la religión en China. Desde esos escenarios, la filosofía de los viejos taoístas resultó más comprensible y luminosa.

 

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