Los Tudor, el origen del Imperio Británico: La gula de Enrique VIII

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Arrancando las rosas rojas y blancas en los jardines de la Iglesia del Temple, por Henry Payne (c. 1908). Inspirada en la obra Enrique VI de Shakespeare, la escena muestra a los aliados de las facciones rivales escogiendo rosas rojas o blancas.

La Casa de Tudor gobernó el reino de Inglaterra desde 1485 hasta 1603.

Su emblema era una rosa, la Rosa Tudor, de diez pétalos, cinco blancos en el centro y cinco rojos en el borde exterior. De esta forma se simbolizaba la unión de la Casa de York con la Casa de Lancaster y el fin de la guerra civil (La Guerra de las Rosas) que ensangrentó la historia inglesa durante el siglo XV.

Y aquí profetizo: que esta querella de hoy,
que ha acrecido esta facción hasta el jardín del Temple
enviará, tanto de la Rosa Roja como de la Rosa Blanca,
millares de almas a la muerte y a la noche eterna

De la obra Enrique VI de William Shakespeare

La guerra de las Dos Rosas fue una guerra civil que enfrentó intermitentemente a los miembros y partidarios de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York entre 1455 y 1487. Ambas familias pretendían el trono de Inglaterra, por origen común en la Casa de Plantagenet, como descendientes del rey Eduardo III. El nombre «guerra de las dos Rosas» o «guerra de las Rosas», en alusión a los emblemas de ambas casas, la rosa blanca de York y la roja de Lancaster, fue producto del Romanticismo.

La reseña de los Tudor está entrelazada con los acontecimientos más importantes y dramáticos de la historia moderna europea y mundial, pues bajo su gobierno comenzó la exploración inglesa del Nuevo Mundo. Por ello se la considera como la familia real anglosajona más famosa y controvertida. Los Tudor representan el ejemplo por antonomasia de las monarquías autoritarias, con las que compitieron y se relacionaron, en el escenario de la Europa occidental del Antiguo Régimen.

La obesidad fue otra de las señas de indentidad de las altas esferas de los Tudor y así, aun siendo famoso Enrique VIII por tener unas condiciones físicas excepcionales en su juventud, terminó sus días siendo más conocido por su real gordura.

La dieta de los cortesanos variaba según el estatus social. A más nobleza, menor ingesta de vegetales y mayor de carne. De hecho, en la alta sociedad abundaban las enfermedades relacionadas con el nulo consumo de vegetales como por ejemplo el escorbuto, lo que les provocaba empobrecimiento de la sangre, manchas lívidas, ulceraciones en las encías y hemorragias. Se cambió también en la misma época el uso de la miel por el del azúcar proveniente de América teniendo como consecuencia una horrible salud dental, con dientes negros en toda la corte.

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El más famoso de los retratos de Enrique VIII.

Enrique VIII, el Rey Sangriento

Es el rey más co­nocido de Inglaterra, más allá de su crueldad, sus seis esposas y el cisma de la Iglesia anglicana, Enrique VIII de Inglaterra ha pasado a la historia por haber sido uno de los monarcas más glotones que se conocen.

Enrique VIII nació 29 de junio de 1491, era el segundo hijo de Enrique VII y de Isabel de York.  La dinastía de los Tudor se acababa de instaurar con su padre Enrique VII después de la Guerra de las dos Rosas,  Su padre, miembro de la Casa de Lancaster, adquirió el trono por derecho de conquista, ya que su ejército derrotó al último Plantagenet, el Rey Ricardo III, y posteriormente completó sus derechos desposando a Isabel, hija del Rey Eduardo IV de Inglaterra. 

Enrique no era el heredero del trono, sino su hermano Arturo, Príncipe de Gales, que había casado con Catalina de Aragón (1485 – 1536), hija nada menos que de Fernando e Isabel, los muy católicos Reyes de España. Este matrimonio sólo duró meses por la temprana muerte de Arturo. De salud endeble, Arturo falleció prematuramente debido a una infección; se duda si se trató de una tuberculosis o de un proceso por hantavirus, conocido como el «sudor inglés».  Catalina  juraba que su matrimonio no se había consumado.

Enrique VIII ascendió al trono a los 18 años de edad

Enrique VIII fue coronado rey el 22 de abril de 1509 generando grandes expectativas entre su pueblo agobiado por los grandes impuestos a los que estaba sometido.  La Inglaterra de la época era un pequeño reino en los confines de Europa, los grandes eran Francia y España (con Francisco I y Carlos I como reyes) pero ambos países querían tener como aliado a Enrique y éste supo jugar con ambos, aliándose ahora a uno y después a otro.

Para mantener la alianza política entre España e Inglaterra, y previa dispensa papal, la joven viuda se desposó con Enrique VIII. En el año 1510, su primer embarazo finalizó con un hijo varón muerto durante el parto. En enero de 1511, Catalina dio a luz un varón bautizado como Enrique, que apenas vivió 52 días. En 1513, otro hijo varón (también bautizado como Enrique) murió al mes de su nacimiento. La reina tendría dos abortos más, uno en 1513 y el último en 1518. El 18 de febrero de 1516 nació Maria I de Inglaterra, la única hija de este matrimonio que sobrevivió a Enrique VIII.

La unión fue durante años feliz, pero no fructífera. Tras varios abortos naturales y muertes prematuras, hacia 1526 Enrique vio claro que no podría tener un heredero varón mientras siguiera casado con Catalina, que contaba ya 41 años. El matrimonio solo había engendrado una hija, María, y la idea de que una mujer reinara, algo inaudito en Inglaterra, era inconcebible.

La falta de un hijo varón y la aparición de Ana Bolena, una mujer extremadamente ambiciosa empujaron al Rey a iniciar un proceso que cambió la historia de Inglaterra. Enrique VIII propuso al Papa una anulación matrimonial basándose en que se había casado con Catalina de Aragón,  la mujer de su hermano. El Papa Clemente VII, a sabiendas de que aquella no era una razón posible desde el momento en que una dispensa anterior había certificado que el matrimonio con Arturo no era válido (no se había consumado), sugirió a través de su enviado el cardenal Campeggio que la hija de los Reyes Catolicos podría retirarse simplemente a un convento, dejando vía libre a un nuevo matrimonio del Rey. Sin embargo, el obstinado carácter de la Reina, que se negaba a que su hija María fuera declarada bastarda, impidió encontrar una solución que agradara a ambas partes.

El pueblo inglés adoraba a su reina española y parte de la nobleza estaba a su favor, pero fue la intervención del todopoderoso sobrino de Catalina, Carlos I de España, la que complicó realmente la disputa. Pese a las amenazas de Enrique VIII hacia Roma, Clemente VII temía todavía más las de Carlos I, quien había saqueado la ciudad en 1527, y prohibió que Enrique se volviera a casar antes de haberse tomado una decisión. Anticipado el desenlace, Enrique VIII tomó una resolución radical: rompió con la Iglesia Católica y se hizo proclamar «jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra».

En 1533, el Arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio del Rey con Catalina y el soberano se casó con Ana Bolena, a la que el pueblo denominaba «la mala perra». El mismo año que Enrique VIII rompía con el catolicismo y se casaba con la joven Ana Bolena nació Isabel, la futura reina de Inglaterra. Ese 7 de septiembre de 1533 fue una tremenda decepción para el monarca, que ansiaba un heredero varón. En el mismo momento en que Enrique ve que es una hija la que le había traído al mundo Ana Bolena murió el amor que éste sentía por ella.

Si  hubiera alumbrado el deseado varón, todo hubiera cambiado drásticamente. Incluso la facción de la corte que apoyaba incondicionalmente la reina Catalina y a su hija María reconocería la hegemonía y el poder de Ana Bolena. El emperador Carlos V hubiera asumido que restaurar a su tía y prima en el trono sería una causa perdida, pero con otra niña por medio la causa de Lady María seguía viva. Ana y su vientre eran los únicos que podría traer nuevamente a Inglaterra la paz que tanto deseaban, mientras tanto, Ana debería luchar día tras día contra sus enemigos, la hostilidad de las cortes extranjeras y ,como no, la ira del rey.

Catalina de Aragón murió de cáncer en 1536.  Al día siguiente la noticia le llego al rey. Enrique VIII supo de la muerte de su primera esposa, se vistió de amarillo de arriba a abajo, con una pluma blanca en el gorro, dio un baile en Greenwich y mostró a su hija Isabel diciendo: «Sea alabado Dios, ahora que la vieja bruja ha muerto ya no hay temor de que haya guerra»

Mal hecho…

¡1536!… El annus horribilis en que Catalina de Aragón falleció por una neoplasia cardíaca, Ana Bolena fue ejecutada y Enrique VIII sufrió un aparatoso accidente en una justa, suceso que para algunos historiadores desencadenaría toda su patología posterior…

Entonces empezaron a aparecer rumores de que Catalina había sido envenenada por Enrique o Ana, o incluso por ambos, dado que Ana había amenazado con asesinar a Catalina y a María en varias ocasiones públicamente

El día del funeral de Catalina , Ana Bolena sufrió un aborto de un hijo varón y Enrique, un terrible accidente.  La historia de lo que sucedió, explicado a continuación, tiene un trasfondo de castigo divino o maldición, tanto para Enrique como para Ana.

En una justa que tuvo lugar el 24 de Enero del 1536, para festejar la muerte de Catalina , Enrique VIII sufrió durante un serio accidente mientras participaba en esta celebración. Tras una serie de exitosas pasadas, uno de los caballeros sería efectivo en su juego al derribar al rey de su caballo. La caída sería terrible, Enrique se propinaría de cabeza contra el suelo y, para colmo, su caballo, que se había parado en las dos patas traseras, lo pisaría y luego, tras tropezar con el cuerpo inconsciente del monarca, caería sobre el mismo.   Cuando las noticias llegan a la esposa encinta de Enrique, Ana Bolena, ella queda tan impactada, que faltando tres meses para dar a luz, sufre el  aborto de su segundo embarazo: un hijo varon .

Es notable como todos los documentos de la época se sorprenden del literal e instantáneo cambio del monarca.   El violento impacto le causó una profunda herida y un traumatismo craneoencefálico (que le mantuvo dos horas inconsciente). Se sospecha que el golpe pudo desencadenar algún trastorno orgánico cerebral, ya que a partir de entonces su temperamento es todavía más brutal.  Su práctica invalidez tras el accidente, el que una vez fue un príncipe prometedor y admirado, terminó convirtiéndose  en uno de los reyes más tiranos y despiadados.

Aparece una nueva pretendiente: Juana Seymour. Juana es joven, educada, discreta y de buena familia. Enrique piensa cómo deshacerse de su segunda esposa.

 La joven Ana  solo sobrevivió cuatro meses a su antecesora Catalina. Gracias a un plan urdido personalmente por Thomas Cromwell, Ana es arrestada y encerrada en la torres de Londres, acusada de herejía y brujería, Las pruebas que alegaron fueron que tenía un sexto dedo en una mano y que además contaba con un tercer pecho, dato reflejado en los libros sobre anomalías anatómicas, muestra más que suficiente de que la joven reina era una bruja, de tener relaciones adúlteras con cinco hombres, de incesto con su hermano, de injuriar al Rey y de conspirar para asesinarlo.

 En la Inglaterra Medieval, varias damas de la nobleza habían sido acusadas por emplear sortilegios para incitar a los hombres a casarse con ellas. El caso más conocido fue el de la reina Elizabeth Woodville, que sedujo al joven rey Eduardo IV. Las brujas supuestamente también se involucraban en relaciones sexuales ilícitas, conducta que era considerada pervertida y anormal por sus contemporáneos. Los expertos alegaban que del resultado de su unión con el Diablo, daban a luz a bebes deformes, sacrificaban a niños, incluyendo a sus propios hijos, y cometían incesto. También era condenadas por atormentar a los hombres, incluso sus esposas, con impotencia.

Ana Bolena fue decapitada en la Torre de Londres el 19 de mayo 1536 acusada  de emplear la brujería para seducir a su esposo,

Ana , que solo tenia 17 años, fue juzgada por una corte de la que formaba parte su propio padre (sir Thomas Boleyn, hecho duque de Norfolk por Enrique VIII) y unánimemente condenada. Tras permanecer diecisiete días encarcelada, murió decapitada en la Torre de Londres el 19 de mayo de 1536.  El último regalo del rey fue traer de Francia un verdugo para que su cabeza fuera cortada no con un hacha sino con una espada. –“Confío mi alma a Jesús” fueron sus últimas palabras.

En años recientes, la opinión académica e histórica sobre ella ha sido generalmente favorable, en gran parte gracias a dos extensas biografías escritas por el profesor Eric Ives (1986 y 2004). Los trabajos de David Starkey, David Loades, Juan Guy, Retha Warnicke y Diarmaid Macculloch también han sido favorables o admirativos. Las populares biografías de Joanna Denny y la feminista Karen Lindsey la abordaron de forma similar. Una excepción notable viene del trabajo de la escritora británica Alison Weir, cuyos libros son críticos de Ana.

Enrique tiene el camino libre para sus planes con Juana Seymour. Las bodas se realizaron al día siguiente de la muerte de Ana Bolena. En esta época, Enrique firmaba por millares las sentencias de muerte, lejos están los días en que el pueblo de Inglaterra depositaba todas sus esperanzas en su joven y hermoso rey. Finalmente nace el tan esperado varón, Eduardo, pero muere la nueva reina agotada por el parto. Se dice que Enrique amó a Juana por encima de todas sus mujeres y que su muerte lo dejó realmente desconsolado.

Muerta Juana Seymour, la esperpéntica Ana de Cleves y la frívola Catalina Howard ciñeron sucesivamente la corona, siendo por fin relevadas por una dama (dos veces viuda a los treinta años) que iba a ser para el decrépito monarca, ya en la última etapa de su vida, más enfermera que esposa: la amable y bondadosa Catalina Parr.

En 1543, poco antes de la sexta boda del rey, los decretos de bastardía de María e Isabel fueron revocados y ambas fueron llamadas a la corte; los deseos de Catalina Parr tenían para el viejo soberano rango de ley y ella deseaba que aquellas niñas, hijas al fin y al cabo de su marido y por lo tanto responsabilidad suya, estuviesen en su compañía.

El divorcio de Catalina de Aragón y la consiguiente ruptura con Roma, la decapitación de Ana Bolena y los sucesivos matrimonios de Enrique VIII hasta completar el número de seis (incluido el que contrajo con la luego también decapitada Catalina Howard) no sirvieron para garantizar la continuidad de la dinastía Tudor.

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Las seis esposas de Enrique VIII.

En sus últimos días, el comportamiento infantil del anciano Enrique VIII confirma aquel dicho tradicional que nos alerta sobre el paso de los años, y cómo la lujuria va siendo sustituida por la gula.

Enrique VIII de Inglaterra ha pasado a la historia por haber sido uno de los monarcas más glotones que se conocen. Los retratos de él no han podido ocultar la desenfrenada gula de un hombre que nunca bajó de los 100 Kgs. de peso.   Y es que si de joven tenía un físico atlético -cintura de 81 centímetros y pecho de 99-, en sus años finales ambas medidas superaban los 130 centímetros.

Al cumplir 40 años Enrique VIII empezó a engordar y enfermó de diabetes y gota, pero no dejó de comer hasta 13 platos de comida y 10 pintas de cerveza por día, lo que sumaba un total de 5.000 calorías diarias. Algunos de sus biógrafos estiman que Enrique VIII llegó a pesar 180 Kg en sus últimos días, padeciendo terribles dolores por las úlceras varicosas en sus extremidades inferiores, que llegaban a despedir un hedor insoportable a su alrededor.

Enrique VIII, falleció el 28 de enero de 1547 en el palacio de Whitehall, presumiblemente de sífilis, la lujuria era su otro pecado capital.  Tenía 56 años cuando murió.

Sus detractores afirman que dejó tras de sí los cadáveres de unos 70000 compatriotas, víctimas directas e indirectas de las leyes promulgadas durante su reinado. Enrique VIII como verdadero tirano, mandó a la muerte y a torturar a miles de sus súbditos, arrasó con cientos de monasterios y rompió los lazos con Roma sólo por interés puramente personal proclamándose jefe de la Iglesia Anglicana.

De los hijos legítimos de Enrique VIII, tres fueron monarcas de Inglaterra, María e Isabel, coronadas como reinas y Eduardo, como rey.

En su testamento ante el próximo final escribió: Nuestro hijo Eduardo debe heredar la corona real, el reino de Inglaterra, Irlanda y nuestras posesiones en Francia. Si algo le ocurriera a Eduardo, el trono correspondería a María, hija de Catalina de Aragón y, en caso de falta de esta segunda, Isabel, hija de Ana Bolena.

Catalina Parr mandó apresurar los funerales y quince días después se casó con Thomas Seymour, hermano de la finada reina Juana, a cuyo amor había renunciado tres años atrás ante la llamada del deber y de la realeza. Esta precipitada boda con Seymour, reputado seductor, fue la primera y la única insensatez cometida por la prudente y discreta Catalina Parr a lo largo de toda su vida.

Thomas Seymour ambicionaba ser rey y había estudiado detalladamente todas sus posibilidades. Para él, Catalina Parr no era más que un trampolín hacia el trono. Puesto que Eduardo VI era un muchacho enfermizo y su inmediata heredera, María Tudor, presentaba también una salud delicada, se propuso seducir a la joven Isabel, cuyo vigor presagiaba una larga vida y cuya cabeza parecía la más firme candidata a ceñir la corona en un próximo futuro. Las dulces palabras, los besos y las caricias aparentemente paternales no tardaron en enamorar a Isabel; cierto día, Catalina Parr sorprendió abrazados a su esposo y a su hijastra; la princesa fue confinada en Hatfield, al norte de Londres, y las sensuales familiaridades del libertino comenzaron a circular por boca de los cortesanos.

Catalina Parr murió en septiembre de 1548 y los ingleses empezaron a preguntarse si no habría sido «ayudada» a viajar al otro mundo por su infiel esposo, que no tardó en ser acusado de «mantener relaciones con Su Gracia la princesa Isabel» y de «conspirar para casarse con ella, puesto que, como hermana de Su Majestad Eduardo, tenía posibilidades de sucederle en el trono». El proceso subsiguiente dio con los huesos de Seymour en la lóbrega Torre de Londres, antesala para una breve pero definitiva visita al cadalso; la quinceañera princesa, caída en desgracia y a punto de seguir los pasos de su ambicioso enamorado, se defendió con insólita energía de las calumnias que la acusaban de llevar en las entrañas un hijo de Seymour y, haciendo gala de un regio orgullo y de una inteligencia muy superior a sus años, salió incólume del escándalo. El 20 de marzo de 1549, la cabeza de Thomas Seymour fue separada de su cuerpo por el verdugo; al saberlo, la precoz Isabel se limitó a decir fríamente: «Ha muerto un hombre de mucho ingenio y poco juicio.»

El hijo de Juana Seymour, que reinó con el nombre de Eduardo VI, murió siendo todavía muy joven y sin dejar herederos. Hacia 1553, cuando Eduardo estaba mortalmente enfermo y debido a las diferencias religiosas entre ellos, intentó remover a María de la línea de sucesión.

A su muerte, su prima Lady Juana Grey (1536-1554) fue proclamada reina, siendo recordada como «la reina de los nueve días» por la corta duración de su reinado.  En respuesta a la accesión de Juana al trono, María amasó una fuerza en East Anglia, y con éxito depuso a Juana, que fue decapitada por traición. Ascendió entonces al trono la hija de Catalina de Aragón, la católica María I. Un autentico juego de tronos.

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Cuadro de María Tudor a la edad de veintiocho años. Obra de Master John (1544)

María I, hija de Catalina de Aragon

María I (1516-1558) fue soberana reinante de Inglaterra y de Irlanda desde julio 1553 hasta su muerte.

María , hija de Catalina de Aragon, nieta de Isabel la Católica, prima hermana del emperador Carlos V y tía segunda de Felipe II  ocupó el trono, con el deseo de ser fiel a la religión de su madre; un gesto de esperanza para los católicos ingleses. Su fe en el catolicismo constituyó un nexo de unión con su familia Habsburgo, en especial con el emperador Carlos V, de quien recibía consejo. María emprendió una feroz represión contra todos aquellos contrarios a la reinstauración del catolicismo.

En 1554, Maria contrajo matrimonio con el príncipe Felipe de España, convirtiéndose en reina consorte de la Monarquía Hispánica al ascenso al trono de su marido en 1556, si bien nunca visitó España. Para entonces había perdido gran parte de su porte regio y era una mujer triste y envejecida que, sin embargo, demostró fogosidad y ardor con su esposo, del que se enamoró.

El matrimonio fue recibido con una revuelta popular organizada por Thomas Wyatt, quien buscaba derrocarla en favor de su media hermana Isabel —hija de Enrique VIII y Ana Bolena—; sin embargo, el levantamiento fracasó e Isabel fue recluida en la Torre de Londres.

María no tuvo hijos y padeció dos embarazos psicológicos, uno en 1554 y otro en 1557, que la ridiculizaron en Europa. Su muerte sin hijos en 1558 deparó la subida al trono de Isabel I, hija de Ana Bolena. Solo a pocos días de su fallecimiento, en 1558, reconoció a su media hermana Isabel como su sucesora con la condición de que ésta restableciera el catolicismo en Inglaterra. Esta se cuidó mucho de no cumplirlo. . Después de su muerte, el restablecimiento del catolicismo en el país fue revertido por Isabel I, al comienzo de su reinado de 45 años, que clausuró la época Tudor. La historiografía protestante posterior de Isabel I decidió apodar a la reina Maria como Bloody Mary, «la sangrienta María».

Durante su reinado de cinco años, más de 280 disidentes religiosos fueron quemados en la hoguera en las «persecuciones marianas».  Los muertos de las «persecuciones isabelinas» ni se cuantifican.

Las ironías del destino quisieron que no fuera Eduardo ni María los que llevaran a buen puerto los buenos deseos del padre para llevar a Inglaterra a sus encumbradas posiciones debido a sus muertes prematuras, sino Isabel, hija considerada por muchos como bastarda por las condiciones de su matrimonio con Ana Bolena.

Su reino fue glorioso, conocido como Era Isabelina o Edad de Oro  vio el desarrollo del teatro inglés y de las famosas obras de William Shakespeare. Los nuevos descubrimientos geográficos realizados y la potencia de la recién creada marina inglesa fueron las bases del gran poderío de Inglaterra y el futuro Imperio Britanico que rodeara el mundo.

Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor pero merece todo un capitulo aparte, porque en su devenir por la historia, tiene un consejero que demostrara ser uno de los hombres, mas sabios y poderosos que han existido…

MAS INFORMACIÓN: 

El Mago John Dee, Precursor de la Época Isabelina

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Continuara…


FUENTES:

  • Wikipedia
  • A Thirst for Empire  de Erika Rappaport –  Princeton University Press,2017
  • The Hungry Empire de Lizzie Collingham – The Bodley Head, 2017
  • http://valeriaardante.blogspot.com/2018/01/misteriosos-cuadros-de-isabel-i-de.html
  • https://shakespeareobra.wordpress.com/a-la-reina/

 

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