La Oración del Poeta (Azorín)

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Azorín en 1928

Azorín, cuyo verdadero nombre era José Martínez Ruiz, ha sido uno de los más grandes escritores españoles del siglo XX. Nace en 1873 en Monóvar, Alicante, y muere en 1967 en Madrid.

La mayoría de poetas y escritores de la Generación del 98 vivieron al margen de la Iglesia institucional, pero fascinados por la figura de Jesús de Nazaret. De todos ellos destaca Azorín, tenido por muchos de sus compañeros de generación, Valle Inclán, Menéndez Pidal, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, los hermanos Machado o Ramiro de Maeztu, entre otros,  como el gran maestro agnostico.

El término agnóstico fue inventado por Thomas Huxley en 1869 – cuatro años antes del nacimiento de Azorin- partiendo de un texto de San Pablo en el que dice que al llegar a Atenas encontró un altar dedicado “al Dios no conocido” (Hechos 17:23). En síntesis, el agnóstico proclama que la noción de Dios es incognocible para el entendimiento humano.

Es curioso observar como hace 100 años, los estados de ánimo resultantes de la interacción social, no diferían en exceso de los actuales.

El leit motiv  agnóstico  del grupo del 98 fue el tema de la angustia vital del hombre contemporáneo (algo que se halla muy presente en obras como La voluntad de Azorín, El árbol de la ciencia de Baroja o Niebla de Unamuno). Los autores del 98 mostraron una gran desconfianza ante el positivismo y el materialismo científico de finales del s. XIX, ya que no ofrecía consuelo ante la desesperación del ciudadano en un situación de crisis. Asimismo, el tan anhelado sosiego del alma humana tampoco podía proceder del catolicismo tradicional (aunque algunos autores como Unamuno o Azorín acabaron finalmente abrazando la fe católica). De esta desconfianza ante el materialismo y la fe (sumada a la influencia de autores europeos como Nietzsche, Schopenhauer o Kierkegaard), surgió una postura pesimista, una angustia metafísica, una insatisfacción vital que marcaba el modo de sentir del hombre del fin de siglo: el vacío de la existencia. En este contexto la creación artística se vislumbraba como la única salida para alcanzar el deseado consuelo.

Una de las grandes virtudes de Azorín es su sencillez en el lenguaje, su concisión. Su mayor plegaria la dejó en este artículo, ‘La oración del poeta’, publicada a modo de artículo en la revista ‘Blanco y Negro’, en 1907. Lo más interesante es que cuando Azorín lo escribió, no era ningún anciano; tenía sólo 34 años.

La Oración del Poeta (Azorín)

Señor, dame para descansar una casa tranquila. Mi cerebro ha trabajado mucho; mis nervios están agotados, deshechos; no tengo ya, Señor, ilusiones de nada. En las ciudades que visito, en el campo, no me interesan ya ni los monumentos, ni los paisajes; siento un terror profundo, íntimo, ante los hombres que me rodean. He recibido mucho daño en la vida; he gustado el amargor de la insidia; he soportado la necedad del elogio exagerado, inconsciente; he visto cómo los más sutiles matices de mis versos eran desconocidos y cómo las cosas más toscas, más llamativas eran aplaudidas.

Señor, tengo un profundo cansancio en mi espíritu. No deseo ya conocer a nadie; no quiero estrechar nuevas manos; cuando por acaso en el trato social me encuentro con alguien a quien he de sonreír, apenas sí en mis labios puede aparecer una sonrisa triste.

Señor, todo me parece ya locura, vanidad. Como vemos en nuestra juventud las apariencias de las cosas; como entonces atisbamos sólo el brillo y el calor de las acciones humanas, ahora veo lo de dentro, ahora advierto cómo todos somos locos en este mundo, de qué manera las cosas que perseguimos son tan falaces, tan deleznables, y qué clase y número de desatinos, enormidades y ridiculeces hacemos por ellas. Señor, ¿qué es la gloria? Señor, ¿para qué quiere escribir este pobre poeta sus versos? ¿Para qué estampa todos los días su nombre en esta hoja ese pobre periodista? Y ese político, ¿para qué arenga a las masas?

Dame, Señor, una casa tranquila y en el campo. Yo quiero tener en ella unos pocos árboles verdes; si esta casa da al mar, yo comprenderé mejor a cada momento la inmensidad del infinito. Yo quiero tener también en esta casa un buen perro que se ponga a mi lado y que me mire silencioso con sus ojos de amor. Yo quiero ver todas las mañanas cómo las puntas de las lejanas montañas se ponen de color de rosa; yo quiero ver por las noches las luces misteriosas de las estrellas. Y así, Señor, deseo pasar el resto de mis días: olvidado de todos, oscurecido, sin que nadie me nombre, sin que nadie me escriba.

Señor, dame un momento de reposo: tengo en mi espíritu un profundo cansancio.

Azorín, (ABC, 20 de abril de 1907)

1922,_Azorín,_Juan_de_Echevarría
Retrato de Azorín con Ávila de fondo por Juan de Echevarría (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía)

Azorín no era poeta en sí como lo entendemos con las palabras en verso, era poeta de la palabra en prosa, expresionista positivo, impresionista como los pintores plásticos, hizo admirables descripciones de personajes, cantó con sensibilidad impresionista a la serena Castilla y a sus gentes. Renovador de la palabra. Sintió profundamente los problemas de España y centró su atención en Castilla: sus pueblos, sus hombres, sus paisajes y su pasado histórico y literario.


FUENTES:

  • WIkipedia

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