Las Brujas Cambia Formas

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Morgana le Fay, de Anthony Frederick Sandys (1864).

Morgana (es decir: hada Morgana), en referencia a la hermanastra del Rey Arturo (Morgan le Fay) según la leyenda, era un hada cambiante o cambia formas. Según las leyendas,  el hada Morgana se ganó ese título al ir a estudiar a un convento; debido a sus proezas mágicas todas las estudiantes del convento la asociaron con un hada, y de allí el nombre Morgan Le Fay o El Hada Morgana. Por más raro que parezca ella aceptó ese título como apellido, ya que en varios textos se le llama así o responde a ese nombre. Aunque gracias a eso, su rol en obras primerizas no se expandió más allá de ser una hechicera o curandera.

En literatura, un cambiante o cambiaformatambién llamado mimetista, transmutador o metamórfico, es un ser humano que puede cambiar de forma, generalmente adoptando la forma de otro ser vivo (otra persona o animal).

La capacidad de cambiar de forma suele estar ligada al uso de poderes o artes mágicas. En la literatura son habituales las figuras de magos, brujos, elfos y druidas dotados de este cuestionable poder.

A menudo se cree que las brujas pueden transformarse en una liebre o conejo. Las brujas suelen ser asociadas a gatos y liebres, y así como a los brujos se les confería la capacidad de transformarse en lobos, a las brujas se les concede la capacidad de hacerlo en liebres (lepantropía). Sea a causa de la luna o sea la naturaleza, las brujas se transformaban en liebres

Y es que la magia transformadora es de curanderas, chamanes y hechiceras (Encantadoras). nada tiene que ver con la brujería, entendiendo como brujería las supersticiones creadas por el cristianismo contra el mundo pagano., definiendo a muchas curanderas, hechiceras y chamanes, como brujos. adoradores del Diablo,  por el solo hecho de profesar otra fe sobrenatural. No olvidemos que la religión cristiana, tiene también mucho de sobrenatural.

El folclore de muchos países incluye referencias a criaturas que pueden cambiar de forma; ejemplos tradicionales son los licántropos y los vampiros (estos últimos, según algunas interpretaciones, pueden transformarse en murciélagos u otras criaturas). En Japón existe un mito análogo, el de los kitsune (zorros que adoptan una forma humana generalmente femenina).

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Las Brujas Cambiantes

ISOBEL GOWDIE 

La cara  de la bruja es de  Isobel Gowdie . Esta mujer resultó acusada de brujería a finales del invierno de 1662. Y, durante las seis semanas que duró su solitario cautiverio en la prisión de Auldearm, produjo las confesiones más alucinantes de la historia de la brujería escocesa. Sin ninguna tortura, ofreció historias sobre cómo cambiar de forma a animales, particularmente una liebre, y reuniones con el Diablo.

Su confesión brinda una de las descripciones más detalladas del folclore de la brujería europea en las postrimerías de la época de la caza de brujas. Isobel Gowdie, reveló en una de sus confesiones, que era una cambiaformas y que habitualmente realizaba sus correrías brujeriles en forma de liebre. La cosa era tan sencilla como pronunciar el siguiente ensalmo:

He de convertirme en una liebre,
con duelo y suspiro y gran cautela;
y he de ir en el nombre del Diablo,
sí, hasta que vuelva a casa de nuevo.

I shall go into a hare,
With sorrow and sych and meickle care;
And I shall go in the Devil’s name,
Ay while I come home again.

Para cambiar de vuelta, diría:

Liebre, liebre, Dios te envíe cautela.
estoy con el aspecto de una liebre ahora,
mas estaré con el aspecto de una mujer ahora mismo.

Hare, hare, God send thee care.
I am in a hare’s likeness now,
But I shall be in a woman’s likeness even now.

El primer uso registrado de la palabra Coven para referirse a una congregación de brujas (actualmente adoptado también por las congregaciones wiccanas) aparece en la confesión de Gowdie. Las palabras de Isobel acerca de la morada de la Reina de las Hadas, Faerie, los elfos y sus flechas mágicas, caballos voladores y liebres blancas que en realidad son mujeres, dibujan una exquisita recopilación de las creencias populares que aún eran el día a día de las gentes de las Tierras Altas en el siglo XVII. Mezcladas, es cierto, con una torpe espiritualidad cristiana, pero vigentes en toda la extensión de la palabra. Para ellos, las hadas y los elfos eran tan reales como Dios, Satán y la mujer del panadero.

A principios del siglo XVII en Inglaterra, las personas acusadas de brujería eran aún perseguidas celosamente por Jaime I de Inglaterra, para entonces el lobo ya estaba extinto y los hombres lobo pasados de moda desde que Charles Perrauld transcribió la leyenda de «La Caperucita Roja» a su manera.  Solamente las criaturas pequeñas tales como el gato, las liebres, la comadreja o el buho permanecían como vehículos para que el brujo o bruja  se transformase en ellos.

Una teoría sugiere que algunas de estas brujas acusadas estaban participando en prácticas visionarias chamánicas que eran restos de la era precristiana. Lo mas lógico.
Estas mujeres y hombres podrían haber estado participando en viajes espirituales a los otros mundos mediante el uso de trance o sustancias inductoras de alucinaciones (hierbas u hongos). Esto puede explicar muchas de las cosas fabulosas mencionadas en el testimonio de Isobel.

Emma Wilby, autora de un libro reciente sobre Gowdie, especula que Isobel pudo haber sido una narradora de historias o una bardo de la aldea. Otra opción plausible, una autentica artista del siglo XVII

En The Visions of Isobel, Gowdie Wilby extendió la hipótesis establecida en Cunning Folk and Familiar Spirits para incluir el concepto de ‘chamanismo oscuro’ (o prácticas chamánicas que benefician a las personas o cosas que pertenecen a un grupo al dañar a personas o cosas que pertenecen a otro) . Señaló que la investigación antropológica reciente sugiere que el chamanismo oscuro juega un papel mucho más importante en la práctica chamánica tribal de lo que se pensaba anteriormente y que cuando este nuevo paradigma se lleva al análisis de confesiones de brujas como la de Isobel Gowdie, la correlación entre la brujería y el chamanismo europeos se vuelve aún más convincente.

Aunque controvertido, Las visiones de Isobel Gowdie fue ampliamente celebrado entre los historiadores de la brujería por traer nuevas perspectivas al tema. Escribiendo en el Journal of Scottish Historical Studies Lawrence Normand afirmó que

«Al igual que el físico teórico, el historiador de la brujería moderna temprana debe especular e hipotetizar para generar una comprensión de los fenómenos inaccesibles; y una de las grandes fortalezas de este libro es la precisión y la audacia de sus especulaciones».

«La extraordinaria gama de materiales que aporta al caso Isobel Gowdie ciertamente cambiará nuestra comprensión de este caso particular, así como las formas en que los expertos en brujería están capacitados para pensar algunas de las preguntas más difíciles de la brujería en sí «

Seguramente Isobel Gowdie ni volaba en su caballo mágico, ni arruinaba las cosechas del pueblo, ni le hacía magia negra al hijo de su casero, ni le lanzaba flechas diabólicas a las vacas del vecino… Lo que sí sabemos es que vivía en un mundo en el que ser pobre, mujer, diferente o enferma te hacía ganar muchas papeletas para acabar ardiendo atada a una estaca a las afueras del pueblo. Y que una vez que alguien te apuntaba con el dedo y te llamaba «bruja», las cosas solo podían ir a peor.

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El búho también forma parte de la tradición cambiaformas de las brujas

LAS BRUJAS LIEBRE HISPÁNICAS

Que las brujas pueden convertirse en gatos (espe­cialmente en gatos negros) nadie lo ignora. Nuestros pueblos están llenos de historias y cuentos de gatos y brujas entremezclados. ¿Pero conejos?…

El folclor dotó de amistad a la liebre con las brujas, asumiendo que la liebre es uno de los animales familiares y en los que se podía transformar una bruja. Así pues que los cazadores reconocían que a la liebre se le tenía que disparar de lado, porque si la liebre veía al cazador lo maldecía y el tiro de la escopeta no servía. Muchos sacerdotes preocupados por estos “poderes demoníacos de las liebres” bendecían las balas, otros cazadores con menos plata les grababan cruces a sus balas o las sumergían en agua bendita. Según la tradición popular, si la liebre atrapada era difícil de despellejar o cocinar, era una bruja convertida.

 Tan asociado con la luna y las viejas diosas paganas de Europa es la liebre que una vez se prohibió comer su carne en Gran Bretaña e Irlanda. En Kerry, todavía se dice que comerse una liebre es «comerse la abuela».

En la peninsula, la mas famosa bruja-liebre fue María Zozaya, que apareció a la cabeza de los condenados a muerte del gran proceso a las brujas de Zugarramurdi.  María relata que cuando el párroco de Errenteria salía a cazar, el demonio la transformaba en liebre a fin de que pudiera divertirse volviendo locos a los galgos y al propio abad que, de este modo, lo único que cazaba era un enfado morrocotudo.

Otras brujas más humildes pasaron a la pequeña historia de la leyenda popular en forma de liebre. En el Pirineo tenemos una historia bastante reciente que hace referencia a este tipo de transformación.

bruja liebre

LA LEYENDA DE LA BRUJA LIEBRE DE LOS PIRINEOS 

Empezamos por el principio.

Tres mozos amigos del pueblecillo de Aísa en el Campo de Jaca salieron a cazar un domingo por la mañana. Daban vueltas y vueltas pero no veían ninguna presa sobre la que disparar. Andando, andando, se metieron en el monte de Borau que linda con su pueblo. Se pararon a descansar un rato cuando en éstas que ven entre unas matas unas ropas como escondidas. Se trataba de vestidos de mujer. ¿Qué pintarían allí esos vestidos?
Uno de los jóvenes creyó adivinarlo:
—Seguro que se trata de alguna bruja que se ha convertido en lobo o en gato y ha dejado aquí su ropa…
—Pronto lo sabremos —dijo otro—. Mi madre, esta mañana al salir de misa me ha dado su rosario para que se lo guardara y lo tengo aquí. Si lo ponemos en la ropa, la bruja no se atreverá a tocarla.
Y diciendo esto, sacó, efectivamente del bolsillo un rosario y lo depositó encima de las prendas, sin cambiarlas para nada. Luego se escondieron por allí cerca los tres para esperar acontecimientos. Pasó más de una hora sin que sucediera nada. Ellos esperaban en silencio. Y de pronto, se presenta en el lugar una liebre.
Uno de los mozos agarró inmediatamente su escopeta y ya se disponía a apuntar el arma, cuando otro compañero le sujetó del brazo, impidiéndoselo y se llevó el dedo índice a los labios pidiéndole silencio. La liebre no se había percatado de su presencia y se acercaba paso a paso hacia ellos.
Al llegar a la ropa debió quedar desconcertada. La miró atentamente y empezó a dar vueltas alrededor de ella, sin tocarla. Luego empezó a mirar hacia todos los lados hasta que descubrió a los muchachos.
Ellos quedaron pasmados cuando vieron que, lejos de huir, se les aproximaba más y luego, con una voz extrañísima, pero claramente humana, les pidió:
—Quitad “eso” de encima de la ropa, que no me puedo vestir.
El muchacho que parecía más enterado de las cosas de brujería le contestó:
—Sí, lo quitaremos. Pero antes tienes que decirnos de dónde vienes y qué mal has hecho.
—Vengo de Borau de casa Tal, porque le tenía que dar el mal de ojo a un niño que tienen.
—Pues vuelve a Borau, a esa casa, y quítale el mal al niño y nosotros quitaremos el rosario.
La bruja no se lo hizo repetir dos veces y desapareció a todo correr.
Como el pueblo no estaba demasiado lejos y uno de ellos era buen andador, marchó corriendo tras la liebre a comprobar los hechos. Conocía a la familia que había dicho la bruja y se dirigió directamente a su casa.
—Buenos días, señora Felisa. ¿Qué tal están todos? Nada, que pasaba por aquí y se me ha ocurrido parar a saludarles.
—Gracias, hijo mío. Todos estamos bien, ¿y vosotros?… Bueno, al nene esta mañana de repente se le ha puesto una fiebre muy alta, sin saber por qué. Y no se la podíamos quitar ni con pañuelos mojados con colonia en la frente. Pero, de pronto, hace un ratico, igual que le ha venido la calentura se le ha marchado. Ya está jugando otra vez tan campante. Pero, pasa y tomarás un traguico de vino.
—No, señora, no: que me están esperando unos amigos en Sandianar. Con que, nada. ¡A plantar fuerte!
—¡Gracias, hijo, que vaya bueno!
El mozo volvió corriendo a donde sus compañeros. La liebre estaba ya esperando agazapada. Él contó todo y se decidieron a quitar el rosario. La liebre se convirtió en una vieja que ellos no conocían. Se vistió y desapareció por el bosque.
La verdad es que tuvo más suerte que otra bruja de otro pueblo de la montaña que se convirtió en cabra pero todo el mundo se dio cuenta porque se le olvidó quitarse los pendientes y a la pobre la persiguieron y hasta un zagal, bastante bruto, le cortó una oreja.
Desde aquel día, otra abuelica que llevaba fama de bruja en el pueblo se puso un pañuelo en la cabeza tapándose las orejas y nunca la vieron sin él

No es de extrañar que en aquella época medieval de persecuciones y oscurantismo, las brujas y hechiceras paganas escogieran el TOTEM DEL CONEJO.  Pero de esto a cambiar de forma en conejo…. solo es una metáfora.

Se trata de una metáfora. Estos cuentos de brujas transformistas nos enseñan que las personas no son siempre quienes parecen ser, una lección muy valiosa. Incluso las personas en las que más confiamos pueden decepcionarnos, de hecho, precisamente por confiar en ellas somos tan vulnerables.

Las metáforas nos ayudan a generar opciones, puntos de vista que no somos capaces de ver desde nuestra mente consciente

Y sobre la existencia de brujas liebre,  como dicen por ahí, «Yo no creo en ellas, pero haberlas haylas«.

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Una empusa, mitad gato, mitad conejo

LAS EMPUSAS GRIEGAS

Las Empusas de la mitología griega eran seres femeninos semejantes a las Lamias, hijas de Hécate, diosa del infierno, y Mormo, un ser maligno que mordía a los niños malos por la noche.

Las Empusas podían tomar la forma de animales domésticos como perros, gatos, ovejas o vacas, liebres… pero también la de una bella hetera o prostituta de la antigua Grecia. En la Grecia moderna aún existe la creencia en esta cambiaformas y según la tradición tienen no una, sino varias piernas que son semejantes a las de un buey, una cabra, un burro, un ser humano y la última es de cobre. La Empusa,  se considera una bruja al ser hijas de Hecate, la gran bruja y diosa de la hechicería.

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Representación de una Pesadilla terrorífica de Johann Heinrich Füssli. Es este estado el más adecuado para que se de la posesión psiquica de una empusa

Los mitos cuentan que las brujas con  solo mirar fijamente a un animal, pueden introducirse en su interior y dominarlo. Sus intenciones son fundamentalmente malignas. No hay nada sobrenatural en ello. Basta con tener una mascota bien educada y que responda a nuestras ordenes sin necesidad de doblegar su espíritu, ello esta en manos de cualquiera que conozca la naturaleza animal y un poco de paciencia

Las leyendas de hombre-lobo y  otras variantes cambia formas nacieron como parte del chamanismo y tótems, animales en las culturas primitivas basadas en la naturaleza. El término «teriantropía» ha sido adoptado para describir un concepto espiritual en el que el individuo cree que él o ella tienen el espíritu o alma, en su totalidad o en parte, de un animal no-humano.

El etnologista Ivar Lissner teorizó acerca de que las pinturas rupestres en las que aparecen seres con características animales y humanas eran por un lado representaciones físicas de seres míticos, y por otro tentativas de representar chamanes en el proceso de adquirir las cualidades mentales y espirituales de distintas bestias. El historiador de religiones Mircea Eliade ha observado que las creencias con respecto a la identidad animal y la transformación en animales son extensas

La magia es transformación. La transformación es magia. Toda magia es cambio. Todo cambio es magia.

Scott Cunningham

Os recomiendo los próximos artículos, para entender mejor que es un chaman transmutador: el artista aleman Joseph Beauys es el  mas representativo del siglo  XX.

Y para despedirnos… les presentamos al mayor cambiaformas de la historia  ¡MORTADELO!

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