Edgar Allan Poe

el cuervo
Edgar Allan Poe, el autor del genial poema narrativo «El Cuervo·»

Edgar Allan Poe fue un poeta, narrador y crítico estadounidense, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. Nació en Boston el 19 de enero de 1809 y murió en Baltimore en 1849.  La imagen de Edgar Allan Poe como mórbido cultivador de la literatura de terror ha entorpecido en ocasiones la justa apreciación de su trascendencia literaria.

Edgar Allan Poe fue un verdadero renovador de la novela gótica que ha pasado a la posteridad especialmente por sus cuentos de terror. También escribió poesía y artículos periodísticos, y muchos de ellos siguen siendo grandes referencias 166 años después de su muerte. ‘Los crímenes de la Calle Morgue’, ‘La carta robada’, ‘Eleonora’, ‘El corazón delator’ o ‘Annabel Lee’ son algunas de sus obras más conocidas.

Ciertamente fue el gran maestro del género, e inauguró además el relato policial y la ciencia ficción; pero, sobre todo, revalorizó y revitalizó el cuento tanto desde sus escritos teóricos como en su praxis literaria, demostrando que su potencial expresivo nada tenía que envidiar a la novela y otorgando al relato breve la dignidad y el prestigio que modernamente posee.

Su vida quedó marcada desde niño con la muerte de sus padres cuando era un recién nacido.  Era un niño bellísimo y ese fue, probablemente, su pasaporte a la casa de los Allan, una familia acomodada de Virginia que le dio su primer apellido, pero con la que no congenió en ningún momento. La que se convirtió después en su madre de acogida, Frances, lo adoraba ya antes de que muriera su madre biológica. Su padrastro, del cual Edgar tomaría el apellido, fue un acaudalado comerciante de ascendencia escocesa. aunque nunca fue adoptado oficialmente.

En su infancia, Edgar Allan Poe  pasó  una corta temporada en Escocia. Pero  fue suficiente para ponerlo en contacto con la cultura y el viejo folclore escoceses.  Su padre de acogida tenía, entre sus múltiples negocios, uno de lápidas y a Poe le gustaba perderse entre ellas y hacer cálculos con las fechas de defunción. ¡¿A quién se le ocurre?! a Poe, ya sabemos que su cabeza funcionaba de un modo un poco especial…

Posteriormente  la familia adoptiva de Poe se trasladó a Londres (1816). Edgar estudió en un internado de Chelsea hasta el verano de 1817. Más tarde ingresó en el colegio del Reverendo John Bransby en Stoke Newington, que entonces era un suburbio al norte de la ciudad. De estas vivencias y de la contemplación de los paisajes y arquitecturas góticos de Gran Bretaña nacerían años después relatos como «William Wilson».​ Con todo, el recuerdo que conservaría Poe de su estancia en este país fue de tristeza y soledad, sentimientos compartidos por su madrastra. A este respecto, John Allan manifestó: «Frances se queja como de costumbre».

Fuera de las horas de clase, ya desde pequeño gustaba de pasar el tiempo hojeando las revistas inglesas que encontraba en los almacenes de su padrastro; allí cautivaban además su imaginación las leyendas marineras que contaban los capitanes de veleros que se acercaban a Richmond. Algunas de estas leyendas inspirarían en su momento una de sus obras fundamentales: La narración de Arthur Gordon Pym. Según Van Wyck Brooks, Poe pudo escuchar asimismo historias sobre apariciones, cadáveres y cementerios en los barracones de los esclavos negros, cuando su mammy lo llevaba de visita a las plantaciones de la familia.

En 1824 se empieza a gestar el desentendimiento entre él y su padre de adopción. En una carta dirigida por este al hermano mayor de Edgar, William Henry, afirmó: «¿De qué somos culpables? Es algo que no entiendo. Y que yo haya soportado durante tanto tiempo su conducta todavía me extraña más. Este muchacho no tiene una onza de afecto por nosotros ni un poco de agradecimiento por todos mis cuidados y toda mi bondad para con él»

El cuervo (inglés: The Raven)

Su último libro, El cuervo y otros poemas (1845), es la expresión de su pesimismo y de su anhelo de una belleza ajena a este mundo.

El cuervo (inglés: The Raven) es un poema narrativo escrito por Edgar Allan Poe, publicado por primera vez en 1845. Constituye su composición poética más famosa, ya que le dio reconocimiento internacional. Son notables su musicalidad, el lenguaje estilizado y la atmósfera sobrenatural que logra recrear. El texto narra la misteriosa visita de un cuervo parlante a la casa de un amante afligido, y del lento descenso hacia la locura de este último. El amante, que a menudo se ha identificado como un estudiante, llora la pérdida de su amada, Leonora. El cuervo negro, posado sobre un busto de Palas Atenea, parece azuzar su sufrimiento con la constante repetición de las palabras «Nunca más» (Nevermore). En el poema, Poe hace alusión al folclore y a varias obras clásicas.

 En la mitología nórdica, Odín poseía dos cuervos llamados Hugin y Munin, quienes representaban el pensamiento y la memoria. En Las metamorfosis de Ovidio, un cuervo también comienza blanco antes de que Apolo lo castigara, al convertirlo en negro, por enviar un mensaje de la infidelidad de una amante. La idea de un cuervo mensajero en el cuento de Poe puede haber sido inspirada en estas historias.

Ambientado con una aureola sobrenatural, el poema –muy narrativo, se lee casi como un cuento– narra la visita de un cuervo al hogar de un amante en horas bajas que llora la pérdida de su amada Leonora y de la senda que emprende hacia la locura. Este poema le dio a Edgar Allan Poe reconocimiento mundial, y desde entonces se ha venido reeditando una y otra vez.

Aquí os ofrezco la traducción de Julio Cortázar

Poema de Edgar Allan Poe: El cuervo (en castellano)

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

Traducción: Julio Cortázar

Afectado por la Época Victoriana y el Opio

«Me había convertido en un esclavo preso de las redes del opio, y mis trabajos y mis planes cobraron el color de mis sueños», confesó una vez Edgar Allan Poe.

«Nunca más» repite el cuervo al amante atormentado en el poema que, según Poe, fue escrito de tal forma que pudiese atraer la atención de la clase alta y de la baja. Considerado una obra de arte -que le ganó reconocimiento a Poe.

Por lo demás, los continuadores de los nuevos caminos que abrió su narrativa (como Arthur Conan Doyle en la novela detectivesca, Julio Verne en la ciencia ficción o H.P. Lovecraft en la literatura de terror) señalaron su deuda con el estadounidense, y, en general, su magisterio ha sido reconocido por todos los grandes cultivadores del cuento moderno, desde Guy de Maupassant hasta Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, quien realizó una soberbia traducción de sus relatos. su poema Annabel Lee dio pie a Vladimir Nabokok a su clásico Lolita.

«El cuervo» ha impulsado distintos análisis en los que se trata de explicar por qué Allan Poe decidió tomar al animal. La oscuridad y ambigüedad que presenta la figura del ave pudo ser el motivo simple, pero al parecer hay una persona que tuvo un impacto mucho mayor en el autor para desarrollar su obra.

Charles Dickens, reconocido escritor británico, pudo influir el famoso poema de Edgar Allan Poe de forma indirecta. No existen pruebas contundentes, pero al revisar los hechos la historia toma un sentido lógico. El autor de «Oliver Twist» tenía como mascota a un cuervo llamado Grip. El afecto hacia su mascota era tan grande que incluso lo convirtió en un personaje para su novela «Barnaby Rudge» y en una de las cartas que le envió a su amigo George Cattermole escribió «mi idea es tener al personaje principal siempre con un cuervo de mascota, que sería mucho más inteligente que él. Para esto, he hecho observaciones profundas del animal y creo que puedo hacer un buen personaje con él.»

El cuervo de Dickens tenía hábitos extraños a causa de haber consumido pintura; rascaba en superficies pintadas y bebía la sustancia de distintos lados. Al poco tiempo de comenzar a comportarse de esa manera, falleció. El ave pronunciaba unas cuantas palabras e incluso antes de morir pronunció una última vez su expresión favorita «Halloa old girl» (Hola vieja chica). Después de lo sucedido, Dickens decidió comprar otro cuervo, que fue nombrado de la misma forma que el anterior y un águila.

En total hubo tres cuervos llamados Grip que sirvieron como acompañantes en la vida de Charles Dickens. Durante un viaje que hizo con su esposa a Estados Unidos en 1942, el autor conoció a Edgar Allan Poe –quien en ese entonces escribía reseñas sobre el trabajo de Dickens- y al convertirse en seguidor, pidió una reunión con él. Durante sus intercambios hubo comentarios sobre el intento de Dickens de conseguirle un editor británico a Poe, pero lo que resalta entre lo documentado de su conexión es el interés que mostró el poeta cuando Dickens le confesó que el cuervo en «Barnaby Rudge» estaba basado en su mascota real.

Y aunque no hay prueba física, Lucinda Hawksley, encontró que hay similitudes entre las descripciones del cuervo de «Barnaby Rudge» y el del poema de Poe. La relación que tuvo con Dickens llamó la atención de la crítica; en 1848 el poeta James Russell Lowell escribió una comparativa apropiada: «Ahí viene Poe con su cuervo, como Barnaby Rudge», haciendo referencia a ambas obras.

MAS INFORMACIÓN:  CUERVO (Etiqueta)

El gran poeta, autor de  «El Cuervo», practicaba la Magia Gotica o Ars Goetia. También era maestro de la Magia del Caos , la magia retroactiva que utiliza el tiempo. 

«Eureka», su ensayo escrito en 1848, supone una teoría cosmológica que en algunos pasajes parece presagiar la del big bang, la teoría de la relatividad,​ el espacio-tiempo («[…] las consideraciones que en este ensayo hemos seguido paso a paso nos permiten percibir de un modo claro e inmediato que el espacio y la duración son una sola cosa»),  los agujeros negros, así como la primera solución conocida a la llamada paradoja de Olbers

Siendo la sucesión de estrellas interminable, el fondo del cielo debería presentar para nosotros una luminosidad uniforme, como la mostrada por la Galaxia, dado que no podría haber razón alguna por la que, contra todo punto de ese fondo, no se destacase al menos una estrella. La única razón, por tanto, en tales circunstancias, por la que podríamos entender los vacíos que nuestros telescopios encuentran en direcciones innumerables, sería suponiendo la distancia del fondo invisible tan inmensa que ningún rayo de luz a partir de dicho fondo ha sido capaz de alcanzarnos todavía.

De «Eureka»

Poe escribe en concreto sobre una “partícula primordial” con la capacidad de dividirse, a la hora de hablar del origen del Universo:

“La asunción de la unidad absoluta en la Partícula primordial incluye la de la divisibilidad infinita. Concentrémonos en la Partícula entonces, para que no se agote por completo por la difusión al espacio. Desde la partícula, como centro, supongamos que se irradia esféricamente -en todas las direcciones- a distancias inconmensurables pero aún definidas en el espacio previamente vacío, un cierto número inexpresablemente grande pero limitado de átomos inimaginablemente pero no infinitamente diminutos”

De «Eureka»

Los trabajos que más marcan la supuesta relación de Poe con la magia del cosmos datan de la última parte de su vida, cuando la mayoría de sus biógrafos le achacan una vida desordenada tras la muerte de su mujer, su prima Virginia Clemm, por tuberculosis.

El 3 de octubre de 1849, Poe fue hallado en las calles de Baltimore en estado de delirio, «muy angustiado, y necesitado de ayuda inmediata».157​ Fue trasladado por su viejo amigo James E. Snodgrass al Washington College Hospital, donde murió el domingo, 7 de octubre, a las 5:00 de la madrugada.158​ En ningún momento fue capaz de explicar cómo había llegado a dicha situación, ni por qué motivo llevaba ropas que no eran suyas. La leyenda, recogida por Julio Cortázar y otros autores, cuenta que en sus últimos momentos invocaba obsesivamente a un tal Reynolds (acaso el explorador polar que había servido de referente para su novela de aventuras fantásticas La narración de Arthur Gordon Pym), y que al expirar pronunció estas palabras: «¡Que Dios ayude a mi pobre alma!».

La mitomanía, el encanto y misterio aún hablan de Edgar Allan Poe, de continuo objeto de interés, su vida y su obra. Que su muerte sea un misterio es como una broma macabra del destino, como si de algún modo Poe quisiera escribir su último relato sin usar para ello una sola palabra.

cuervo luna

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