«ALQUIMIA» Carl Gustav Jung. Psicología y Alquimia

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Carl Gustav Jung. Psicología y Alquimia

C. G. Jung hizo exhaustivos estudios sobre la alquimia en su aspecto psico-filosófico.

Carl Gustav Jung (1875-1961) es una de las figuras más importantes de la psicología transpersonal así como uno de los simbólogos más considerados de este siglo (tanto en el campo de la mitología como en lo que respecta a la interpretación de los sueños) y un gran conocedor de corrientes esotéricas como el Gnosticismo cristiano, el Tantra, el Taoísmo, el I-Ching y la Alquimia. Sus libros han sido editados, en lengua castellano, casi todos por Paidós

En 1955, al cumplir Jung los 80 años de su vida, el mitólogo Karl Kerényi definía en un artículo de homenaje, y en una sola frase, la personalidad del médico psiquiatra y escritor suizo: “maestro y autoridad incomparable del alma”.

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung inició su contacto con la alquimia desde un claro desinterés: «La alquimia me parecía una cosa afectada y ridícula». Su opinión cambiaría radicalmente en 1928 a raíz del comentario solicitado por parte del sinólogo Richard Wilhelm sobre la traducción de las ocho primeras secciones de un tratado de alquimia fisiológica china del siglo xiii: El secreto de la Flor de Oro, libro budista con base taoísta.

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Mandala realizado por una paciente anónima de Jung antes de 1929, fecha de publicación del libro El secreto de la flor de oro ilustrado por este dibujo.

Jung vio la alquimia como una proto-psicología occidental dedicada al logro de la individuación. En su interpretación, la alquimia era el recipiente en el que el gnosticismo sobrevivió sus diversas purgas en el Renacimiento. En este sentido, Jung veía la alquimia como comparable al yoga en occidente. También interpretaba los textos alquímicos chinos en términos de su psicología analítica como medios para la individuación.

El inicio de su contacto con la alquimia se vio por lo tanto determinado al contemplar en la obra las bases del proceso de individuación, así como un centro procesual al que denominó posteriormente sí-mismo. Necesitó diez años para elaborar un diccionario de referencias cruzadas con el fin de poder entender los significados incluidos en los textos alquímicos, así como quince años para disponer de una biblioteca semejante a las de sus sueños.

Carl Gustav Jung, tras detectar en los sueños de sus pacientes numerosos puntos de contacto con el simbolismo tradicional del arte sagrado, ha visto en la alquimia la expresión de un conjunto de técnicas a través de las que aflora en la mente del individuo que las pone en práctica el inconsciente colectivo de la Luego, destacaba “al redescubridor de la integridad y de la polaridad de la psique humana”, a un científico plenamente “empírico” que, sin embargo, supo extraer los mejores frutos de “una vida anímica espiritualizada”.

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El rey y la reina, lámina 2 del Rosarium philosophorum incluida en la obra de Jung La psicología de la transferencia, 1946. Figura alquímica ilustrativa de los fenómenos transferenciales desde la óptica de la psicología analítica.

Psicología y alquimia (en alemán Psychologie und Alchimie) es una obra de Carl Gustav Jung publicada en 1944. Representa el duodécimo volumen de su Obra completa, siendo a su vez uno de sus principales trabajos dedicados al estudio de la alquimia. Es un estudio de las analogías entre la alquimia , el dogma cristiano y el simbolismo psicológico

Jung refuerza la naturaleza universal de su teoría del arquetipo y presenta un argumento apasionado sobre la importancia de la espiritualidad en la salud psíquica del hombre moderno. Lujosamente ilustrado con imágenes, dibujos y pinturas de Alchemy y otras fuentes mitológicas, incluido el cristianismo, el libro es otro ejemplo de la inmensa erudición y fascinación de Jung con las expresiones exotéricas de espiritualidad y psique de eso y de la psique en la religión y el misticismo.

En esta obra, Jung aboga por una revaluación del simbolismo de la alquimia como íntimamente relacionado con el proceso analítico. Utilizando una serie de sueños de uno de sus pacientes, muestra cómo los símbolos utilizados por los alquimistas acontecen en la psique como parte del depósito de imágenes mitológicas aprovechadas por el individuo en sus estados de sueño. Jung dibuja una analogía entre la Gran Obra de los alquimistas y el proceso de reintegración e individuación de la psique en el paciente psiquiátrico moderno.

Al señalar estos paralelismos, Jung refuerza el carácter universal de su teoría del arquetipo y hace un apasionado argumento a favor de la importancia de la espiritualidad en la salud psíquica del hombre moderno. Profusamente ilustrado con imágenes, dibujos y pinturas procedentes de la alquimia y otras fuentes mitológicas entre ellas el cristianismo, el libro es otro ejemplo de la erudición de Jung y de su fascinación con expresiones de espiritualidad tanto esotéricas como exotéricas, como asimismo de la psique en la religión y en el misticismo.

Influenciado por el trabajo pionero de Ethan Allen Hitchcock y Herbert Silberer (que a su vez fue influenciado por Jung), Psicología y alquimia es un trabajo seminal de revaluación de un sistema olvidado de pensamiento que hizo mucho por revivificar el interés en la alquimia como una seria fuerza en la cultura filosófica y esotérica occidental.

En esta obra, también es un hecho de interés el que el paciente cuyos sueños están siendo analizados en la segunda sección sea el físico Wolfgang Pauli, quien llegaría a colaborar con Jung en ideas tales como el principio de conexión acausal de la sincronicidad. Los sueños son interpretados en serie con el fin de esclarecer los significados de motivos y símbolos recurrentes, culminando dichas series en la visión de un «reloj mundial», que es en realidad varios relojes en diferentes planos operando a diferentes escalas y colores como un símbolo de la aprehensión inconsciente de Pauli sobre algún gran orden cósmico. Tres de los mejores de estos sueños fueron también mencionados por Jung en sus Terry lectures en Psicología y religión.

La psicología de la alquimia enunciada por Carl Jung nos dejó un legado tan fascinante como polémico. Para el célebre psiquiatra suizo una de las finalidades del ser humano era su transformación en un ser libre e individual. No obstante, este logro pasaba por decodificar cada símbolo contenido en nuestro inconsciente.

Jung nos da una idea general de la operación alquímica:

La alquimia, con su tesoro de símbolos, nos da un atisbo de una tarea de la mente humana que puede compararse con un rito religioso, un opus divinum. La diferencia entre ellos es que la opus alquímica no es una actividad colectiva rigurosamente definida en su forma y contenido, sino que, pese a la similitud en sus principios fundamentales, es una empresa individual en la que el adepto se jugaba el alma entera por el propósito trascendental de producir una unidad. Era un trabajo de reconciliación entre principios aparentemente opuestos que, característicamente, eran entendidos no sólo como la hostilidad natural de los elementos físicos sino al mismo tiempo también como un conflicto moral. Ya que el objeto de esta tarea era visto afuera como también adentro, tanto físico como psíquico, el trabajo se extendía, como si fuere, a la totalidad de la naturaleza, y su objetivo consistía en un símbolo que tenía un aspecto empírico y al mismo tiempo trascendente.

Jung sostiene en su obra Psicología y alquimia (1944) que los fenómenos observables de lo inconsciente, tales como los sueños, contienen elementos simbólicos que también se pueden hallar en la simbología alquímica. Además, dedica un análisis al paralelismo entre los conceptos de la llamada piedra filosofal, por un lado, y la figura de Cristo, por otro. Ilustró a través de las figuras del Rosarium philosophorum incluidas en su trabajo La psicología de la transferencia (1946) aquellos fenómenos transferenciales acaecidos en el proceso de individuación. Finalmente, en su obra Mysterium coniunctionis (1955-1956), configura la culminación de la confrontación entre la alquimia y la psicología analítica. Como tercera parte de dicha obra se incluirá editado y comentado por Marie-Louise von Franz el Aurora consurgens.

A todo ello no hay que olvidar la importancia que revistieron para el acceso de Jung a la esencia de la alquimia diversas figuras históricas relevantes, como son María la Judía, Zósimo de Panópolis o Paracelso. Jung se ha ganado el desprecio de muchos de los alquimistas modernos por afirmar reiteradamente que los alquimistas nunca consiguieron la piedra, al menos no en cuanto a una sustancia material capaz de transmutar los metales en oro, como un elixir de la inmortalidad o como una medicina universal.

«El verdadero misterio no se comporta de manera misteriosa o secreta; habla un lenguaje secreto, se adula por una variedad de imágenes que indican su verdadera naturaleza. No estoy hablando de un secreto guardado personalmente por alguien, con un contenido conocido por su poseedor, pero de un misterio, un asunto o circunstancia que es «secreto», es decir, conocido solo a través de pistas vagas pero esencialmente desconocido. La naturaleza real de la materia era desconocida para el alquimista: lo sabía solo en pistas. Al tratar de explorar proyectó el inconsciente en la oscuridad de la materia para iluminarlo. Para explicar el misterio de la materia, proyectó otro misterio más, su propio trasfondo psíquico, en lo que debía explicarse: Obscurum per obscurius, ignotum per ignotius! Este procedimiento no fue, por supuesto, intencional; fue un hecho involuntario «.

Psicología y alquimia  de Carl Gustav Jung  (Parte 3, Capítulo 2.1

Hermes en la Alquimia de Jung

En la alquimia se llama a Hermes «espíritu Mercurio» y tiene su puesto fijo. Bajo esta denominación se pueden encontrar diferentes significados en la alquimia. Por un lado, se refiere al elemento mercurio (del latín Hydrargyrum, Hg, «plata líquida») tal y como lo vemos en su estado real, y al que, por su calidad líquida y volátil, se le llamó «agua volátil» asociándoselo siempre con la «sustancia espiritual» intangible. El significado alquímico real de Mercurio va mucho más allá y designa en general la «naturaleza del espíritu».

Jung, en sus estudios, profundizó en la simbología de Hermes-Mercurio de manera especial, al ver en ella una imagen de la psique, guía del ser humano a través del inconsciente, y fuerza capaz de unir los opuestos que también están en su doble naturaleza.

Se debe considerar a Hermes-Mercurius como la idea dominante de la alquimia, como la luz espiritual que «cae sobre el hombre ciego y dormido» (que se encuentra en el proceso inconsciente de la adquisición de conciencia, en el proceso de individuación), generalmente simbolizado por el «arbor philosophica» (el Árbol del Conocimiento del Paraíso), que, en ambos casos, está vigilado por un poder demónico (la serpiente o un espíritu maligno) que persuade y empuja a obtener el conocimiento.

«Pero es entonces, al liberar a Mercurius de su cárcel, cuando adquiere el carácter del Atman superior, el que es, más allá de la personalidad. Entonces es cuando ese “spiritus vegetativus” de toda criatura, el núcleo de oro en el Yo Superior, se representa a través del “filius macrocosmi”, que es la Piedra Filosofal en sí (lapis et unus)».

En la Aurelia Occulta, un texto alquímico del s. XVII, se dice: «… Te otorgo las fuerzas de lo masculino y lo femenino, incluso también las del cielo y la tierra. Con valor y generosidad se han de usar los misterios de mi arte […]. Los filósofos me llaman Mercurius; mi esposo es el oro filosófico; soy el viejo dragón, presente en todos los lugares de la tierra, padre y madre, joven y anciano, muy fuerte y débil, muerte y restablecimiento, visible e invisible, duro y blando; bajo a la tierra y asciendo al cielo; soy lo superior y lo inferior, lo más ligero y lo más pesado; en mí, el orden de la naturaleza muchas veces se vuelve del revés en el color, número, peso y medida; mantengo la luz de la naturaleza; soy oscuro y claro, surjo del cielo y de la tierra, soy conocido y sin embargo no existo en absoluto… Soy el brillante carbúnculo solar, la tierra radiante más preciosa, a través de la cual puedes transmutar cobre, hierro, zinc y plomo en oro».

Jung reconoció que en las ambiguas, oscuras y paradójicas facetas de Hermes- Mercurius se reflejan justamente aquellos componentes del ser humano que rechazaba el cristianismo. De ahí que esos aspectos fueran asociados a Lucifer, al poder demoníaco y afines; o sea, a la suma de todos aquellos componentes psíquicos que el cristianismo intentaba eliminar. Pero como ese aspecto reprimido «posee realidad viviente, le apremia expresarse, y lo hace a través de una simbología oscura, hermética». La alquimia, a través de una especie de cultura paralela al cristianismo, logró producir durante muchos siglos en Europa una imagen contraria y «un camino de vuelta al Hermes antiguo y, con ello, reabrir la idea precristiana, o sea alquímica, de una mente integral».

Los estudios de C. G. Jung ofrecen una clave psicológica para las cualidades del dios Hermes y lo hacen susceptible de ser vivido a nivel humano-espiritual. Hermes es, en este sentido, al mismo tiempo, la dinámica que mueve la búsqueda y la misma meta: la sabiduría.

Los Escalones de la Transformación

Ningún árbol, suele decirse, crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno»

Carl Jung

Opus magnum o Gran obra es un término alquímico para el proceso de creación de la piedra filosofal. Se ha utilizado para describir la transmutación personal y espiritual en la tradición hermética, atribuido a procesos de laboratorio y cambios químicos del color, usado como un modelo para el proceso de individuación y como un recurso en arte y literatura. Originalmente tenía cuatro etapas:

Los cuatro pasos de la transformación alquímica se denominan: 

  1. Nigredo, ennegrecimiento o melanosis
  2. Albedo, blanqueamiento o leucosis
  3. Citrinitas, amarilleamiento o xantosis
  4. Rubedo, enrojecimiento, purpúreo, o iosis

El origen de estas cuatro fases se puede remontar al menos hasta el siglo primero. Jung pudo deducir el significado profundo de la alquimia, y relacionó la escalera de la transmutación alquímica con la psicología profunda, con la necesaria transformación interior o individuación de cada uno. «Lo que la alquimia (…) ha creado, lo ha reconocido la psicología sin mucha dificultad como materia psicológica que aparece, cual cuerpo químico, contaminada. Esa materia procede originalmente del inconsciente. (…) Dicho más exactamente: el punto de origen es el inconsciente colectivo».

Dentro de esta transformación desde el inconsciente (prima materia) a la consciencia, Hermes es esa fuerza misteriosa de la Mente-Fuego, que corresponde tanto a la fuerza motriz del Fuego como también al objetivo: la sabiduría. Con la ayuda del Fuego, que cada vez es más fuerte, se destila la esencia. Las dos son cualidades herméticas: tanto el Fuego como la quintaesencia.

En cada peldaño, el alquimista sufre una purificación cada vez más profunda, seguida de la unión con el Fuego de cada peldaño (boda alquímica), del nacimiento de una cualidad nueva y de la muerte de la misma para poder seguir al escalón siguiente. El Fuego de cada paso es el doble de fuerte que el del peldaño anterior. Jung interpreta este Fuego como el despertar de cuatro niveles de amor ígneo en el corazón del alquimista a través de su Anima (en el caso de un hombre) o de su Animus (en el caso de una mujer). El Fuego es el combustible de la obra alquímica. Una vez encendido, acompaña el camino hasta el final.

“Nigredo” o “Putrefactio”
Es la primera etapa del Opus alquímico. “Nigredo” o “Putrefactio” es la fase del plomo, la inmersión en la materia prima que, mediante una serie de operaciones por las que es pulverizada, calcinada, disuelta y fundida, se transformará en “Oro Filosofal” y en “Lapis Philosophorum”. En este nivel, el ser humano tiene que penetrar en lo oscuro, en lo caótico del inconsciente, integrar el aspecto oscuro de la psique, de todas aquellas emociones, percepciones y pensamientos que se han rechazado a lo largo de la vida por considerarlos indeseables. Es el proceso por el cual se integra a la conciencia el arquetipo que Jung llamó Sombra.

Albedo: el blanqueamiento
Hay textos alquímicos que dicen que es en este momento cuando el alma se hace consciente de sí misma. Recorriendo el proceso de transformación interior, Jung describe esta fase como un retirarse de la vida exterior. Este peldaño es comparable al vapor que surge cuando se calienta el agua, y es sinónimo de la esencia espiritual que surge, elevándose, de la psique y se manifiesta en el “saber de quién se es verdaderamente”, el saber de la propia identidad. Psicológicamente esto hace referencia a la integración consciente de los aspectos psíquicos opuestos, es decir, del Ánima en el hombre, y del Ánimus en la mujer.

Citrinitas
Literalmente “color amarillo”. Es la tercera etapa del proceso alquímico. Se describe como la transmutación alquímica de la plata en oro o el color amarillento de la conciencia lunar. El alquimista, una vez purificado en sus sentimientos y deseos, debe ahora hacer pleno uso de sus poderes mentales, aprendiendo la dura labor de pensar por sí mismo, es decir, que esta es la etapa en la que se desarrolla la sabiduría, como resultado de la reflexión en la etapa de albedo.

Rubedo: el enrojecimiento
En este peldaño se despierta el deseo de dar a la conciencia iluminada una nueva forma o, lo que es lo mismo, encarnar de nuevo y de otra manera. Aquí es donde tiene lugar la verdadera transmutación, o transformación integral, y la unión nueva de espíritu y materia. Es la culminación de la «Gran Obra», la creación totalmente nueva del ser.
Jung se refiere a esta etapa como aquella donde se produce el encuentro del Yo personal y el Sí-Mismo.

Esto conforma una nueva unión, en la que todos los opuestos se complementan armónicamente y se conectan directamente con el “Unus Mundus”. Tal estado es indescriptible e inefable y constituye el logro de la Totalidad. Este Sí-Mismo es la “chispa divina” de la que hablaba Eckhart, el Antrophos del Gnosticismo, el “dios interior” de la mística, el Rey o el “Mercurio Filosofal” que reúne consigo los más irreconciliables opuestos. Ése es el motivo por el cual la obra alquimista más importante de Jung se titula “Mysterium Coniunctionis”. Jung alude a esta obra como «Mi último libro». Constituye el culmen de la confrontación entre la alquimia y la psicología analítica.

Sólo con Mysterium Coniunctionis mi psicología se situó definitivamente en la realidad y se cimentó históricamente como un todo. Con ello mi tarea estaba terminada, mi obra hecha y concluida. En el instante en que logré mi objetivo accedí a los límites más extremos de lo para mí concebido científicamente, a lo trascendente, la esencia del arquetipo en sí, más allá de lo cual ya no es posible expresar nada más en el aspecto científico

El análisis de la alquimia, al igual que gran parte de la obra de Jung, fue un intento de comprender el complejo funcionamiento de la psique humana. Si bien todavía no se le ha dado el merecido reconocimiento, es de hecho, una de las contribuciones más importantes de Jung para el estudio de la psicología.

 Etienne Perrot, nos advierte lo siguiente:

«Ninguna descripción psicológica, científica en el actual sentido de la palabra, logrará jamás agotar las riquezas del tesoro alquímico. Su misión es únicamente conducir al hombre hacia sí mismo, permitirle adherirse al universo de símbolos en el silencio donde se producen las bodas transformadoras del ser y de estas energías misteriosas, terribles y benéficas a la vez, que Jung designó con el nombre de arquetipos».

Para finalizar, bueno será recordar estas palabras de Jung en «Mysterium Coniunctionis»:

«Aconsejo a los lectores que me critiquen a que dejen a un lado los prejuicios, que prueben el camino que he descrito, o si no, que suspendan su juicio y admitan que no comprenden nada. Desde hace treinta años que estudio estos procesos psíquicos, he adquirido la certeza de que los alquimistas, así como los grandes filósofos de Oriente, se refieren a tales experiencias y que, esencialmente, es nuestra ignorancia de la psique la que nos hace atribuirles el calificativo de místicas».


FUENTES 

2 Respuestas a “«ALQUIMIA» Carl Gustav Jung. Psicología y Alquimia”

  1. Reblogueó esto en Semiología de la Comunicacióny comentado:
    … . /¨«Lo que la alquimia (…) ha creado, lo ha reconocido la psicología sin mucha dificultad como materia psicológica que aparece, cual cuerpo químico, contaminada. Esa materia procede originalmente del inconsciente. (…) Dicho más exactamente: el punto de origen es el inconsciente colectivo». _ /«Lo que la alquimia (…) ha creado, lo ha reconocido la psicología sin mucha dificultad como materia psicológica que aparece, cual cuerpo químico, contaminada. Esa materia procede originalmente del inconsciente. (…) Dicho más exactamente: el punto de origen es el inconsciente colectivo». [“Mysterium Coniunctionis”. Jung alude a esta obra como «Mi último libro». Constituye el culmen de la confrontación entre la alquimia y la psicología analítica]. .

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