Misticismo y Muerte Mística

La Muerte Mística, Puente Espiritual de la Humanidad

La muerte mística es el  puente espiritual común en las diversas tradiciones religiosas que conduce a la vivencial experiencia de la unidad trascendente.

La experiencia mística es una de las bases de la civilización occidental, un tipo de pensamiento que trasciende lo racional y empírico, un acercamiento a los orígenes perdidos en algún pasado mítico e inexplicable. El místico accede a un conocimiento que está vedado a los profanos y lo hace a través de una iniciación en la que aspira a conocer, a través de los símbolos, la verdad que la sociedad de su época ha olvidado ya, los misterios de una naturaleza perdida, de una interacción entre el hombre y su entorno que ya no tiene lugar.

La mística (del verbo griego myein, «encerrar», de donde mystikós, «cerrado, arcano o misterioso») designa un tipo de experiencia muy difícil de alcanzar en que se llega al grado máximo de unión del alma humana a lo Sagrado durante la existencia terrenal. Se da en las religiones monoteístas (zoroastrismo, judaísmo, cristianismo, islam), así como en algunas politeístas (hinduismo) y en religiones no teístas (budismo), donde se identifica con un grado máximo de perfección y conocimiento.

La muerte mística o muerte del ego es un término que ha sido empleado por múltiples tradiciones místicas y psiconautas para hacer referencia a un estado trascendental de la conciencia. Algunos estudios del campo de la religión comparada coinciden ampliamente con la equiparación de la muerte mística y el estado de iluminación perseguido por distintas religiones. En la psicología Jungiana se ha abordado este estado como «una transformación fundamental de la psique». En la cultura psicodélica será definida por Timothy Leary como una experiencia de muerte simbólica en la que el viejo ego debe morir antes que pueda renacer espiritualmente.

Descrita también como un «morir antes de morir» es un morir voluntario, antes de la muerte corporal, a la propia mas falsa y errónea identidad personal del ego, en sus múltiples facetas (miedos, ira, codicia, ambiciones, orgullo, apetitos deshonestos, desidias, indolencia, complejos, etc.), origen de nuestro sufrimiento e infelicidad y causa de dolor y sufrimiento en nuestros semejantes.

Expresada en forma alegórica o explícita en la ascesis de las principales tradiciones religiosas del mundo, la muerte mística permitiría, al ser extinguido en forma gradual el propio yo, la plena manifestación de la verdadera y original naturaleza del ser, su intimidad infinita

Los gnósticos de todas las religiones o escuelas, saben desde siempre, que la verdadera “vida” está en la “muerte”, intentan lograr, antes de su muerte corporal, mediante la ayuda del Amor y la lucha interior, la “muerte” voluntaria de su yo, de su ego. Ese morir antes del morir se refiere a algo muy diferente a la defunción del cuerpo físico. Alude a una transformación interior.

¿Qué es el ego? El ego es un conjunto de elementos infrahumanos que personifican nuestros errores, defectos, etc. Reciben el nombre de “ego” o “yoes”, siendo miles y miles los que cargamos. Cabezas de legión de los yoes son: ira, codicia, lujuria, orgullo, envidia, pereza y gula. Cada yo es una persona completa que se manifiesta a través de nuestros pensamientos, emociones y hechos. El ego viene de muchas existencias anteriores. Son el polvo de los siglos en el fondo mismo de nuestra psiquis. Son los velos que nos impiden ver la realidad. Están constituidos por substancia  mental condesada.

La muerte del ego es una «pérdida completa de la identidad subjetiva».  El término se utiliza en varios contextos entrelazados, con significados relacionados. En la psicología junguiana , se usa el término sinónimo de muerte psíquica , que se refiere a una transformación fundamental de la psique. [2] En la mitología de la muerte y el renacimiento, la muerte del ego es una fase de entrega y transición , como lo describe Joseph Campbell en su investigación sobre la mitología del Viaje del Héroe . Es un tema recurrente en la mitología mundial y también se utiliza como metáfora en algunos aspectos del pensamiento occidental contemporáneo

La muerte del ego y el término relacionado «pérdida del ego» han sido definidos en el contexto del misticismo por el estudioso de estudios religiosos Daniel Mekur como «una experiencia sin imágenes en la que no hay un sentido de identidad personal. Es la experiencia que sigue siendo posible en un estado de trance extremadamente profundo cuando las funciones del ego de la prueba de la realidad, la percepción sensorial, la memoria, la razón, la fantasía y la autorrepresentación son reprimidas […] por los sufíes musulmanes lo llaman fana (‘aniquilación’), y los cabalistas judíos medievales lo llamaron ‘el beso de la muerte ‘

La conceptualización de la unión mística como la muerte del alma, y ​​su reemplazo por la conciencia de Dios, ha sido un tropo católico romano estándar desde Santa Teresa de Ávila ; el motivo se remonta a través de la mística francesa Marguerite Porete  (condenada a la hoguera en 1310),  a la fana , «aniquilación», de los sufíes islámicos.

Carter Phipps iguala la iluminación y la muerte del ego, que él define como «la renuncia, el rechazo y, en última instancia, la muerte de la necesidad de aferrarse a una existencia separada y egocéntrica

¿Qué es un místico? Según Waldo Frank, son hombres o mujeres que conocen la unidad de todo cuanto existe (incluso ellos mismos), de igual modo que un hombre cualquiera conoce la unidad de su persona. Su sentido de la totalidad es tal que, sin abandonar la personalidad que forma su centro, alcanza más allá de este. El verdadero sentido que encierran las palabras vida, muerte y amor, y su polisemia, es algo que debe ser reflexionado individualmente por toda persona con inquietudes hacia ello.

Así que la enigmática frase de lo sufíes «muere antes de morir» nos está invitando a una última paradoja: liberarnos de la muerte; liberarnos del ‘yo’ asustadizo que juzga y huye de la muerte, liberarnos del pequeño ‘yo’ atrapado en la angustiosa lucha de creer ser alguien que no es y de pretender ser alguien que no necesita ser. Esta muerte del ‘yo’ se experimenta como una vuelta a nacer y nos abre a lo que Spinoza denominaba la «vida verdadera».

Descrita y señalada de un modo u otro, acorde al tiempo y lugar, la muerte mística, la ascesis de morir en sí mismo, puede ser considerada el basamento común espiritual, presente en la mística de las grandes tradiciones religiosas y corrientes espirituales de la humanidad, que conduce a la vivencial experiencia de la Unidad Transcendente y a la consecución de la plenitud o liberación espiritual en el ser humano

Es por esta común unión en lo profundo de la espiritualidad perenne y universal, por lo que es posible encontrar analogías tan intensas en los grandes místicos de todos los tiempos y pueblos, ya que su objetivo ―la plenitud que confiere la libertad interior, la unión con lo Transcendente― y la vía para alcanzarlo ―la purificación absoluta dentro de sí, de todo lo que obstaculiza esta meta―, son los mismos.

Esta similitud de los grandes ascetas del espíritu no sólo se da en la forma y el fondo de los escritos que nos legaron sino, y muy especialmente, en su modo de vivir, la rectitud de sus vidas y en el afán sacrificado y desinteresado de ayudar a sus semejantes a alcanzar la plenitud como seres humanos.

Las religiones de origen europeo antiguo, llamadas despectivamente «paganas» o paganismo, son aquellas creencias y religiones anteriores o distintas al judaísmo, cristianismo e islamismo y a menudo caracterizadas por el animismo o el politeísmo. En el seno de estas religiones, los Misterios de Eleusis o eleusinos y el neopitagorismo, todavía mal conocidos, llegaron a tener creyentes que se manifestaban de forma mística.

Las religiones celtas agrupan diversas creencias. Estas religiones mantenían un politeísmo conectado en gran medida con fuerzas de la naturaleza (animismo) que deificaban todo lo viviente o activo. A falta de referencias escritas extensas, por los hallazgos arqueológicos y funerarios se puede deducir que eran religiones muy marcadas por la magia y el ritual. Se han encontrado vasijas de procedencia celta con personajes en posturas yógicas, que con toda probabilidad representan a sacerdotes. Esto lleva a pensar en algún tipo de misticismo religioso emparentado con las creencias en dioses asociados a fuerzas naturales.

El filósofo neoplatónico Plotino (siglo III d.C.) nacido en Egipto, representa una mística natural, que, no obstante, describe el éxtasis con «una perfección tal que ha sido después imitada por los místicos cristianos» quienes siguieron sus mismas fórmula

La mística se basa en la idea de las tres potencias del alma: memoriaentendimiento  y voluntad. Esta idea que ya se encuentra en Platón pasa al cristianismo donde es enriquecida, relacionándola con las tres personas de la Trinidad. San Buenaventura en el Itinerario de la mente hacia Dios considera la memoria como facultad imagen del Padre, el entendimiento como facultad imagen del Hijo y la voluntad como facultad imagen del Espíritu Santo.

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.La enseñanza de Jesucristo de «negarse a sí mismo» es la base de la muerte mística, en la ascesis del cristianismo.

En el cristianismo el fundamento de la muerte mística, mors mystica en latín, queda expresado en diversos pasajes de los Evangelios y muy especialmente en las palabras de Jesucristo, reseñadas en el Evangelio de Mateo y corroboradas por los textos del Evangelio de Marcos (8:34) y el Evangelio de Lucas (9:23):

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Evangelio de Mateo, 16:24

En la explicación de la vía mística hay diferencias entre los distintos autores que pueden atribuirse a la dispersión geográfica y temporal de los místicos, la variedad personal de la experiencia mística y el grado de formación teológico de los mismos. Para esta parte se sigue fundamentalmente a San Juan de la Cruz, por ofrecer una de las exposiciones más completas y claras.

El misticismo está generalmente relacionado con la santidad (Rudolf Otto en su obra Das Heilige, «Lo santo», 1917, lo denomina «lo numinoso»: una «experiencia no-racional y no-sensorial o un presentimiento cuyo centro principal e inmediato está fuera de la identidad»). En el caso del cristianismo puede ir acompañado de manifestaciones físicas sobrenaturales denominadas milagros, como por ejemplo los estigmas y los discutidos fenómenos parapsicológicos de bilocación y percepción extrasensorial, entre otros. Por extensión, mística designa además el conjunto de las obras literarias escritas sobre este tipo de experiencias espirituales, en cualquiera de las religiones que poseen escritura.

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«La Oración», 1894, por Pierre Jan Van Der Ouderaa (1841-1915).

El recuerdo continuo de Dios (o dhikr) es el fundamento de la muerte mística (o fanâ) en el islamismo.

En el islamismo, la muerte mística es descrita con el término fanâ (فناء) cuyo significado es ‘disolución’ o ‘aniquilación del yo’ o ‘renuncia de sí mismo’ y al que sigue baqa (la subsistencia en Dios). El término es relacionado con la sura 55 del Corán, aleyas 26 y 27:

Todo lo que está sobre la tierra perece (fanin) y solo queda (yabqa) el rostro del Señor, lleno de potencia y de gloria.
Sura 55, versículos 26 y 27 del Corán

Así mismo se fundamenta en un hadiz del profeta Mahoma que reza: , podemos citar las palabras de Mahoma recogidas por Al Tirmidhi:

“Morid antes de morir, y pedíos cuentas a vosotros mismos antes de que se os pidan”.

Hadiz del profeta Mahoma, recogido por Al Tirmidhi

Lo asombroso es que la experiencia mística se expresa de manera extraordinariamente parecida aún en lugares, épocas, religiones y contextos muy diferentes. 

El misticismo, es común a las tres grandes religiones monoteístas, pero no restringido a ellas (hubo también una mística pagana, por ejemplo), pretende salvar ese abismo que separa al hombre de la divinidad para reunificarlos y acabar con la alienación que produce una realidad considerada injusta, para traer, en términos cristianos, el Reino de los Cielos a la Tierra. Los mecanismos son variados: bien mediante una lucha meditativa y activa contra el ego (budismo) o nafs como en el caso del sufismo musulmán, bien mediante la oración y el ascetismo en el caso cristiano, o bien a través del uso de la cábala en las corrientes más extendidas del judaísmo.

La mística budista consiste en alcanzar el estado de Buda o nirvana, llamado Samādhi en el yoga; en el budismo Zen se realiza mediante un súbito acto de conocimiento integral denominado satori. Hay varios métodos, incluyendo mantras (recitaciones) y una meditación sobre la realidad o con ayuda de un mándala. Con frecuencia el monje budista zen recurre a algunos ejercicios denominados kōans o problemas o cuestiones tan irresolubles cómo fáciles de resolver que sirven para desintegrar la apariencia lógica de la realidad.

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Para Francisco de Asís, la muerte mística, el «vencerse a sí mismo», es la mayor gracia del Espíritu Santo.

El verdadero místico es aquel que con su vida expresa el yo cósmico, de un modo comparable a la expresión personal

La mística italiana cuenta con las figuras del poverello San Francisco de Asís, autor del famosísimo Cántico, una de los primeros textos de la literatura italiana y sin duda alguna uno de los más hermosos. San Francisco de Asís (1182-1226) en su alocución, camino de Santa María de los Ángeles, al Hermano León, le asevera que la perfecta alegría adviene «venciéndose a sí mismos» y que este «vencerse» es un don y gracia del Espíritu Santo:

Por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo que Cristo concede a sus amigos, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor de Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades.
Francisco de Asís, – La perfecta alegría

Cabe resaltar dentro de la Mística germánica una figura de gran importancia: la abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana Hildegarda de Bingen.

En pleno siglo XII, bajo el reinado del poderoso Federico Barbarroja, la mistica y abadesa Hildegarda de Bingen, dedicó sus más de ochenta años de vida a contrariar con astucia y sutileza los mandatos opresivos de su época.  En su visión profética, la realidad humana y la divina son una misma realidad, garantizadas por el amor que la mujer sabe encarnar. Ella ve y describe a Dios como una «luz viviente», una luz de la que también forma parte el ser humano y sobre la que ella misma se define como «sombra de la luz viviente».

Describe su experiencia de esta luz con admirable precisión:

Y estoy constantemente encadenado por la enfermedad, y a menudo bajo el dolor tan intenso que amenaza con matarme, pero Dios me ha sostenido hasta ahora. La luz que veo así no es espacial, pero es mucho, mucho más brillante que una nube que lleva el sol. No puedo medir ni la altura, ni la longitud, ni la anchura en ella; y lo llamo «el reflejo de la Luz viva». Y a medida que el sol, la luna y las estrellas aparecen en el agua, los escritos, sermones, virtudes y ciertas acciones humanas toman forma para mí y brillan .

Desde niña, Hildegard tuvo una débil constitución física, sufría constantes enfermedades y experimentaba visiones. En estas visiones jamás caía en éxtasis: se sentía mal, le dolía todo, enfermaba, pero se mantenía perfectamente lúcida. Hildegard era capaz de entrar en éxtasis sin perder el conocimiento, viendo, oyendo y conociendo simultáneamente mientras continuaba plenamente en el mundo terrenal. Es el único caso de misticismo consciente en toda la historia de la Iglesia, pues nunca ha existido otra religiosa que tuviese visiones y revelaciones en estado de vigilia, muy diferente a los éxtasis de grandes místicos, como santa Teresa de Jesús.

En mayo de 2012 el papa Benedicto XVI la canonizó y nombró Doctora de la Iglesia. Existen solamente 33 doctores de la Iglesia de las que cuatro son mujeres: Hildegarda, Catalina de Siena, Teresita de Lisieux   Teresa de Ávila.

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Santa Teresa de Jesus ( 1515-1582 ) La santa y religiosa de Avila una de las mayores exponentes del misticismo en el cristianismo.

Santa Teresa de Jesús compuso importantes obras místicas en prosa, como Las moradas y Camino de perfección; a San Juan de Ávila se le debe tal vez el famoso soneto místico «No me mueve mi Dios para quererte», y San Juan de la Cruz compuso con sus experiencias místicas unos poemas que son quizá la cumbre de la lírica española de todos los tiempos, el Cántico espiritual y la Noche oscura del alma, comentados por él mismo en prosa, entre otros varios poemas no menos importantes.

Destacan también otros místicos, como Santo Tomás de Villanueva, San Juan Bautista de la Concepción, Cristóbal de Fonseca, el beato Alonso de Orozco, fray Pedro Malón de Chaide, fray Luis de Granada, fray Juan de los Ángeles o Sor Ana de la Trinidad. En el País Vasco destaca la figura de San Ignacio de Loyola. En Cataluña fue importante en la Edad Media Ramon Llull, también conocido como Raimundo Lulio, cuyo Libro del amigo y el amado es el principal testimonio de la literatura mística en catalán. Tras el Siglo de Oro, la mística española entró en decadencia.

En griego mystikós significa cerrado, arcano o misterioso. Se alude a una experiencia, en vida, de unión con lo sagrado o divino. 

Hay muchas alusiones a lo largo de la historia al morir de amor, al vivo sin vivir, al muero porque no muero, etc. Las encontramos entre los místicos medievales, los trovadores, el cancionero popular y la poesía tradicional. Podemos remontarnos hasta los salmos hebreos del rey David o al Cántico de Salomón. Dámaso Alonso y García de la Concha han hecho profundos estudios al respecto y han reunido una enorme cantidad de ejemplos.

«Vivo sin vivir en mi»

Vivo sin vivir en mí es un claro exponente del misticismo. El sentido de la muerte, de la vida y del amor en estos versos trasciende al concepto común y vulgar que solemos manejar en la vida ordinaria. Dejaremos que sea la propia Santa Teresa la que nos lo diga con uno de sus mas famosos poemas, «Vivo sin vivir en mi» 

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Música de Evoéh para los místicos versos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Está interpretada por Evoéh, con el canto y el pandero de Ariana Barrabés Romeo y el laúd renacentista de Jesús Olivares Heredia.

Muchas tradiciones y elementos de espiritualidad esotérica occidental moderna se han considerado como «la mística», tales como el gnosticismo , el trascendentalismo , la Teosofía , el Cuarto Camino , y el neopaganismo. La psicología espiritual y  transpersonal  occidental moderna combina las prácticas  psicoterapéuticas  occidentales con prácticas religiosas como la meditación para lograr una transformación duradera. El misticismo de la naturaleza es una experiencia intensa de unificación con la naturaleza o la totalidad cósmica, que fue popular entre los escritores románticos.

Os deseo una jornada llena de bendiciones. Así sea

Nos leemos en el próximo post.

FUENTES:

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