Meditación Contemplativa: «Ámate a ti mismo y observa»

BUDHA

Empezamos con uno de los sutras más profundos del buda Gautama:

Ámate a ti mismo y observa; hoy, mañana, siempre.

Observar es meditar, lo que Buda denomina «meditación». Observar es el lema de Buda. Dice: sé consciente, permanece alerta, no seas inconsciente. No estés adormilado. No sigas funcionando como una máquina, como un robot. Aprende a desactivar el automático. Sé consciente

El primer paso —ámate a ti mismo— te ayudará muchísimo. Al amarte a ti mismo destruirás gran parte de las cosas que la sociedad te ha impuesto.

El amor es el alimento para el alma. Así como la comida es para el cuerpo, el amor es para el alma. Sin alimento el cuerpo está débil, sin amor el alma es débil. Y ningún estado, ninguna iglesia y ningún interés creado ha llegado a desear en ningún momento que la gente tenga almas fuertes, porque una persona con energía espiritual está destinada a ser rebelde.

El amor te hace rebelde, revolucionario. El amor te da las alas para volar alto. El amor te hace comprender las cosas, para que nadie pueda engañarte, explotarte, oprimirte. Y los sacerdotes y los políticos sobreviven gracias a tu sangre -sobreviven gracias a la explotación.

El segundo paso es: observa, simplemente observa. Buda no especifica qué hay que observar. ¡Todo! Cuando camines, observa tu caminar. Cuando comas, observa tu acción de comer. Cuando te duches, contempla el agua, el agua fría cayendo sobre ti, el roce del agua, la frialdad, el escalofrío que recorre tu espalda; obsérvalo todo, hoy mañana, siempre.

 «Solo el amor disipa el odio.»

«En este mundo el odio nunca ha disipado al odio. Solo el amor disipa al odio. Esta es la ley, ancestral e inagotable.»

Sólo la luz puede disipar la oscuridad: el amor es luz, la luz de tu ser, y el odio es la oscuridad de tu ser. Si eres oscuridad por dentro, continuamente arrojas odio alrededor de ti. Si eres luz dentro, luminoso, entonces irradias continuamente luz a tu alrededor. Se trata de un precepto antiguo, ligado a la Ley de Atracción, y que acompaña el trabajo de sanación espiritual: nuestros pensamientos, acciones y emociones emiten vibraciones (positivas o negativas) al Universo, y atraen una carga energética similar, representada por situaciones o personas.

La frase “aes dhammo sanantano” puede ser traducida del idioma hindi como “sin duda el amor viene”. Cuando elevamos nuestro nivel energético, vinculándonos a emociones y pensamientos positivos, dejamos a un lado la negatividad y abrimos la puerta por la que “sin duda” llegará el amor.

 Tú mismo, tanto como cualquier otro ser en el universo entero, mereces tu propio amor y afecto

(Buda)

El hombre que se ama a sí mismo goza tanto del amor, llega a ser tan dichoso, que el amor comienza a desbordarse, comienza a alcanzar a otros. ¡Tiene que alcanzarlos! Si vives el amor, tienes que compartirlo. No pues seguir amándote a ti mismo por siempre porque una cosa te quedará absolutamente clara: que si amar a una persona, a ti mismo, es tan enormemente extático y hermoso, ¡cuánto más éxtasis te está esperando si empiezas a compartir tu amor con mucha gente!

Lentamente las ondas comienzan a llegar más y más lejos. Amas a otras personas; entonces empiezas a amar a los animales, a los pájaros, a los árboles, a las rocas. Puedes llenar el universo entero con tu amor. Una sola persona es bastante para llenar el universo entero de amor, así como un solo guijarro puede llenar el lago entero con sus ondas – un pequeño guijarro.

Una persona que se ama a sí misma se puede volver meditativa con facilidad, porque meditación significa estar contigo mismo.¿Si te odias a ti mismo – como lo haces, como te han dicho que lo hagas, y lo has estado siguiendo religiosamente – si te odias, cómo puedes estar contigo? La meditación no es más que el disfrutar de tu hermosa soledad, celebrándote a ti mismo.

De eso es de lo que se trata la meditación. La meditación no es una relación. El otro no se necesita en absoluto; uno es suficiente para uno mismo. Uno es bañado en la propia gloria, bañado en la propia luz. Uno es simplemente gozoso porque está vivo, porque es. El milagro más grande del mundo es que tú eres y que yo soy. Ser es el milagro más grande, y la meditación abre las puertas de este gran milagro. Pero sólo un hombre que se ama a sí mismo puede meditar; de otra forma siempre estás escapando de ti mismo, evitándote.

El amor empieza contigo mismo, entonces puede continuar expandiéndose. Continúa expandiéndose por su propia cuenta; no necesitas hacer nada para expandirlo.
“Ámate a ti mismo…” dice Buddha. Y entonces él agrega inmediatamente: “…y observa.” Eso es meditación, es el nombre de Buddha para la meditación. Pero el primer requisito es que te ames a ti mismo, y después observa. Si no te amas y empiezas a observar, puedes sentirte como si estuvieras suicidándote.

Muchos budistas sienten que se están suicidando porque no prestan atención a la primera parte del sutra, saltan inmediatamente a la segunda: obsérvate a ti mismo.
De hecho, nunca me he topado con un solo comentario en El Dhammapada, estos sutras del Buddha, que haya prestado alguna atención a la primera parte: Ámate a ti mismo.
Sócrates dice: Conócete a ti mismo, Buddha dice: Ámate a ti mismo. Y Buddha es mucho más verdadero, porque a menos que te ames a ti mismo nunca te conocerás – el conocimiento solamente llega después, el amor prepara la tierra. El amor es la posibilidad de conocerse a uno mismo. El amor es la manera correcta de conocerse uno mismo.

El amor es una cura milagrosa. Amarnos a nosotros mismos hace milagros en nuestras vidas

(Louise L. Hay)

“Ámate a ti mismo y observa… hoy, mañana, siempre.” Crea energía amorosa a tu alrededor. Ama tu cuerpo y ama tu mente. Ama tu mecanismo entero, tu organismo entero. Amor quiere decir: acéptalo como es, no intentes reprimirlo. Reprimimos solamente cuando odiamos algo, reprimimos sólo cuando estamos en contra de algo. No reprimas, porque si reprimes ¿cómo vas a observar? No podemos mirar al enemigo a los ojos; podemos mirar solamente a los ojos de nuestro amado. Si no eres amante de ti mismo no podrás mirar tus propios ojos, tu propia cara, tu propia realidad.

El observar es meditación, el nombre de Buddha para la meditación. Observar es la contraseña de Buddha. Él dice: Estate consciente, alerta, no seas inconsciente. No te comportes de manera soñolienta. Desactiva el automático

Observa – sólo observa. Buddha no dice qué tiene que ser observado – ¡todo! Caminando, observa tu caminar. Comiendo, observa tu comer. Tomando una ducha, observa el agua, el agua fría cayendo sobre ti, el tacto del agua, la frescura, el temblor que pasa por tu columna – obsérvalo todo, “hoy, mañana, siempre.”
Finalmente llega el momento en que puedes observar incluso tu sueño. Ése es el momento cumbre del observar. El cuerpo va a dormir y todavía hay un vigilante despierto, mirando silenciosamente el cuerpo completamente dormido.

Ése es el momento cumbre del observar. En este momento justo lo contrario es el caso: tu cuerpo está despierto pero tú estás dormido. Entonces estarás despierto y tu cuerpo estará dormido. El cuerpo necesita descanso pero tu conciencia no necesita sueño alguno. Tu conciencia es conciencia; es estar alerta, es su misma naturaleza.
Mientras más observador te vuelves comienzas a tener alas – entonces todo el cielo es tuyo.

El hombre es un encuentro de la tierra y el cielo, del cuerpo y el alma.

Igual que eres comprensivo y paciente con los demás, ¿Por qué no tener esas mismas cualidades contigo mismo?

¡Quiérete!

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