Mozart y la Francmasonería

IMAGEN DE PORTADA: Retrato de la familia Mozart hacia 1780, obra de Johann Nepomuk della Croce. De izquierda a derecha, Nannerl, Wolfgang y Leopold. El retrato de la pared es de Anna Maria, la madre de Mozart, que falleció en 1778.

La Familia Mozart

La fuerza impulsora de la familia Mozart fue sin duda alguna el padre Leopold Mozart.

Johannes Chysostomus Theophilus Wolfgangus Amadeus Mozart nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1.756. Era el menor de siete hijos, cinco de los cuales murieron en la infancia de Leopold Mozart (1719-1787) y Anna Maria , née Pertl (1720-1778),. Su hermana mayor fue Maria Anna Mozart (1751-1829), apodada «Nannerl».

En el mundo del la familia Mozart, la música ocupaba un papel principal. El padre, Leopold Mozart, era apreciado como un buen compositor al servicio del arzobispo de la corte, el Conde de Schrattenbach y tocó frecuentemente con músicos de la orquesta de música de la corte.

Mozart fue un niño prodigio que  tuvo en su progenitor al mejor profesor e impulsor. Leopold Mozart ya había planeado casi con exactitud cómo poder preparar lo mejor posible el camino al talento de sus dos hijos. En sus primeros años, el padre de Wolfgang era su único maestro. Junto con la música, enseñó a sus hijos idiomas y materias académicas.

Nannerl y Wolfgang Amadeus mostraron desde muy pequeños facultades para la música. Nannerl comenzó a recibir clases de teclado con su padre cuando tenía siete años, y su hermano, cuatro años y medio menor que ella, la miraba evidentemente fascinado.  El pequeño Wolfgang siempre acompañaba a su padre. A los cuatro años practicaba el clavicordio y componía pequeñas obras de considerable dificultad; a los seis años tocaba con destreza el clave y el violín y leía música a primera vista, tenía una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad para improvisar frases musicales.

Leopold Mozart se esmeraba por conseguir invitaciones en las cortes de los príncipes, y puso anuncios en los periódicos para intentar crear nuevos contactos. Resumiendo: se convirtió en un agente musical exitoso. Las malas lenguas intentan acusarle de explotación infantil. Pero Wolfgang no solo disfrutaba con sus actuaciones, él también deseaba actuar por iniciativa propia. Para ello, su padre renunció hasta a su propio éxito profesional. Por supuesto se trataba también de dinero. Viajar era muy caro y la manutención de la familia tenía que ser asegurada.

 Fue exigente como padre y como profesor y en todo momento estuvo al tanto de la formación de Wolfgang, para guiarlo como hombre y como artista. Leopold Mozart mantendrá esta actitud protectora el resto de su vida. A veces Wolfgang Amadeus Mozart se sentiría controlado y le habrá prohibido a su padre, que se inmiscuyera en su vida. Pero Leopold siempre tuvo buenas intenciones, podía valorar muy bien el rendimiento de su hijo y estuvo siempre dispuesto a darle consejos constructivos. Cuando Leopold muere en mayo de 1787 Wolfgang no solo pierde a su padre si no también a su mejor amigo.

Con Mozart comienza la profesión de músico independiente, sin el mecenazgo de ningún noble. Su música trasciende en el tiempo y la mejor forma de conocerle es escuchar su legado. Dominó como nadie el arte de producir y combinar los sonidos de una manera tan agradable al oído que se podría decir que llega casi directo al alma.

Wolfgang Amadeus Mozart fue francmasón. La organización masónica tuvo un papel importante en su vida y obra

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Cuadro que representa el interior de lo que se piensa es la casa de campo de Nueva Esperanza Coronada, en Viena. Se cree que Mozart está representado en el extremo derecho, con ropa negra y espadín, sentado al lado de su amigo Emanuel Schikaneder (con ropa roja). Pintura al óleo, 1782.

Mozart con las Logias Masónicas

Mozart se inició en la francmasonería en 1784, y permaneció como miembro activo hasta su muerte, en 1791

La masonería se ubicaba en el siglo XVIII, en un terreno de nadie, que preconizaba los albores de una ilustración incipiente, foro de grandes intelectuales deseosos de desprenderse de una superchería inculta, anclada en el viejo orden. Hay en la masonería una gran implicación con la música, entendida como una de las siete artes que proporcionan el equilibrio. En la jerarquía masónica, el aprendiz estudia la música, el compañero la interpreta y el maestro la idealiza cómo axioma imperecedero, esto es: deriva de ella un valor universal valedero para todo hombre en todo tiempo.

Mozart creció rodeado de la influencia masónica y de sus valores ya que su familia estaba involucrada en esta sociedad desde hacía muchos años. La viva imaginación de Mozart quedó fuertemente impresionada por el carácter misterioso y simbólico de la Masonería. Como ya conocía los ideales masónicos y tenía una sensibilidad especial para la música, antes de pertenecer a esta logia ya recibía encargos para componer piezas para los ritos de iniciación.   La colaboración musical de Mozart con las logias masónicas comienza incluso antes de haber sido iniciado masón, ya que buena parte de sus amigos y patronos pertenecían también a la masonería.

Mozart se inició en la Masonería el 14 de diciembre de 1784 en la Logia Zur Wohltätigkeit (La Beneficencia) en Viena, presentado por el Barón Otto Von Gemminger Hombag. Según expresó en su correspondencia, en la logia encontró un remanso de paz y libertad que jamás había experimentado.

Muy poco después de la iniciación de Mozart se produce la de su gran amigo, el también músico Joseph Haydn, que ingresa en febrero de 1785, y otros pocos días después, la de su propio padre, Leopold Mozart, que morirá sólo un año después. Junto con ellos, Mozart departirá en la logia con unos doscientos miembros más, entre los cuales muchos músicos y algunos grandes personajes de su época, como el editor Ignaz Alberti, el príncipe Anton de Hohenzollern Sigmaringen, el Conde Ferdinand von Harrach y hasta un abad agustino de un monasterio cercano a Lieja.

Al poco tiempo de iniciado visitó la logia Zur Wahern Eintracht (La Verdadera Concordia), donde le sería otorgado el grado de compañero tres semanas después, el 7 de enero de 1785. Su Venerable Maestro, el científico humanista Ignaz Von Born, le regaló un ejemplar de su obra Über die Mysterien der Ägypter (Sobre los Misterios Egipcios), que tuvo una gran influencia en su vida y sería fuente de su ópera Die Zauber Flöte (La Flauta Mágica).

Fue exaltado a Maestro el 22 de abril de 1785 junto con su padre. Contribuyó de manera sublime a enriquecer las reuniones y ceremonias masónicas con la música que compuso para ellas, a través de la belleza del sonido y de su armonía, dando una gran importancia a los silencios, descubriéndonos el arte de desbastar la música, quitando aquello que sobra, para dejar una obra perfecta, percibida por quien sabe apreciar la sencillez, por quienes escuchan, observan y sienten sin prejuicios.

La posición de Mozart dentro del movimiento masónico, según Maynard Solomon, tendía al racionalismo, inspirada en la Ilustración, como oposición a aquellos miembros de la masonería que estaban orientados a través del misticismo y el ocultismo. Esta facción racionalista es identificada por Katherine Thomson como los Illuminati, un grupo de inspiración masónica que fue fundado por Adam Weishaupt, profesor bávaro de derecho canónico que también fue amigo de Mozart

Los Illuminati apoyaron la inspiración en la Ilustración, con la visión humanista de los filósofos franceses Jean-Jacques Rousseau y Denis Diderot. Por ejemplo, los Illuminati afirmaban que la clase social no coincidía con la nobleza del espíritu, pero que las personas de las clases más bajas podían ser de espíritu noble, lo mismo que alguien nacido en la nobleza podía ser cobarde. Este punto de vista aparece en las óperas de Mozart; por ejemplo, en Las bodas de Fígaro, una ópera basada en la obra de Pierre Beaumarchais (también masón), Fígaro es una persona de clase baja que es un héroe y, en cambio, el conde Almaviva es el villano.9​

Los francmasones usaron música en sus ceremonias, y adoptaron la visión humanista de Rousseau en el significado de la música. «El propósito de la música en las ceremonias [masónicas] es extender los buenos pensamientos y la unidad entre los miembros», de modo que puedan «unirse en la idea de la inocencia y la felicidad», escrito por L. F. Lenz en una edición contemporánea de canciones masónicas. La música debía «inocular sentimientos de humanidad, sabiduría y paciencia, virtud y honestidad, lealtad a los amigos y finalmente un entendimiento de la libertad».10​

Esta visión sugiere un estilo musical bastante diferente del estilo galante, que era dominante en aquella época. El estilo galante en la música solía ser melódico, con acompañamiento armónico, y no polifónico, y la línea melódica a menudo tenía una ornamentación rica, con trinos y otros efectos virtuosos. El estilo promovido por la visión masónica fue mucho menos virtuoso y ornamentado. El estilo de composición de Mozart suele catalogarse como «humanista», y concuerda con la visión masónica de la música.11​

La música de los francmasones contiene frases y formas musicales que mantuvieron significados específicos. Por ejemplo, la ceremonia de iniciación masónica comenzaba cuando el candidato golpea tres veces en la puerta para solicitar su admisión. Esto se expresa musicalmente como en la siguiente figura:

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Esta figura aparece en la obertura de la ópera de Mozart La flauta mágica, y sugiere el inicio de la ceremonia de iniciación. Mucha gente considera que el triple acorde de la obertura de esta ópera es un claro signo masónico (la «batería masónica»), que anunciaría el carácter propagandístico de la obra, con objetivo de difundir la masonería en un momento en el que el emperador intentaba prohibirla. Asimismo, el tema de la lucha entre la luz y la oscuridad es un símbolo recurrente en las enseñanzas masónicas, lo mismo que el encumbramiento del individuo por encima de cualquier título nobiliario .

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Diseño, realizado por el arquitecto alemán Karl Friedrich Schinkel alrededor de 1815, del escenario de La flauta mágica, ópera de Mozart que, a través de símbolos masónicos, describe una iniciación, con símbolos masónicos.

La Flauta Mágica

Cuento de hadas o símbolos masónicos

En 1791 Mozart tiene 35 años de edad. Ya es un artista maduro, sus obras habían tenido más o menos un gran reconocimiento, pero de un enriquecimiento económico siempre estuvo muy lejano. Mozart no se encuentra bien de salud, también tenía muchos problemas con el dinero. De hecho, cuando Mozart recibe el encargo de “La flauta mágica” en junio de 1791, se halla ya atacado por la enfermedad que le llevará al otro mundo, como evidencian las dos cartas escritas el 11 y el 12 de junio a Constanze Weber, su mujer.

Constanze, su amada esposa,  se encontraba ya desde hacía muchas semanas bajo terapia en un centro de rehabilitación termal situado en Baden, una ciudad cercana a Viena. Wolfgang Amadeus Mozart se siente solo y triste: “Si me siento al piano y toco algo de la ópera tengo que parar de inmediato porque me produce demasiados sentimientos” le escribió Mozart a su esposa.

Un antiguo amigo de Mozart, el director del teatro periférico de Viena, Enmanuel Schikaneder cuida de él. Así convence a Mozart para que escriba una obra mágica, algo que, por aquel entonces, estaba de moda en Viena. Después de vacilar ante la idea, Mozart aceptó y los dos crearon una obra musical mágica y polifacética en el sentido estricto de la palabra. Pero Mozart tuvo dificultades en la composición de “La flauta mágica”. Constanze no estaba a su lado y la echaba en falta, le hubiera gustado tenerla siempre a su lado: “2999 besitos y medio están volando y esperando a que los caces…. hoy estaba tan aburrido que he escrito un aria de la ópera”.

 Wolfgang Amadeus va trabajando en “La flauta” a retazos y ratos libres durante todo el año 1791, un año que no por ser el último de su vida, es por ello menos fecundo y prolífico. Durante él compone muchos de sus mejores trabajos, como el Ave Verum, el Concierto para clarinete, la ópera “La clemenza di Tito” que compone para la coronación del Emperador Leopoldo II y, por encima de todas ellas, el Requiem, que como es bien sabido, deja inacabado.

ÓPERA LA FLAUTA MÁGICA – MOZART

Tan solo dos meses antes de morir en diciembre de 1791, Wolfgang Amadeus Mozart estrenó La Flauta Mágica, “La flauta mágica”, “Die Zauberflütte” en alemán, es una de las óperas más veces representadas al día de hoy en los festivales de ópera de todo el mundo.

 “La flauta mágica”  es su última ópera, en realidad, se trata de un singspiel, un género popular medio cantado, medio hablado, primo de la zarzuela. La opera es a veces considerada como una apología de la superioridad de la razón sobre la superstición, pero lo más interesante es la manera en la que Wolfgang Amadeus Mozart y su colaborador Emanuel Schikaneder, autor del libreto, nos hacen dudar sobre si realmente una domina a la otra.

La Flauta Mágica de Mozart, una ópera impregnada de hermetismo y simbología alquímica El empresario teatral Emanuel Schikaneder pasaba graves apuros económicos y el compositor, gran amigo suyo desde los años de juventud y en su misma situación financiera, resolvió escribir para él una obra que podría dar dinero. Al conocer que un teatro rival iba a estrenar otra ópera con igual asunto, se modificó por completo la acción dotándola, además, de una significación simbólica de acuerdo con las prácticas masónicas, ya que tanto Mozart como Schikaneder pertenecían a la misma Logia. El elemento mítico y maravilloso adquirió en La flauta mágica un gran relieve.

Schikaneder era hermano masón de Mozart. Fue el primero que interpretó a Papageno, mientras que el papel de la Reina de la Noche era interpretado por Josepha Hofer, cuñada de Mozart. Algunas de sus melodías nos son muy familiares, como el dúo de Papageno y Papagena, o el aria de coloratura de la Reina de la Noche titulada Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen (La venganza del infierno hierve en mi corazón) y el aria del príncipe Tamino.

“La flauta mágica” de Mozart se presenta, vista superficialmente, como una ópera vienesa típica, encantadora y cómica. El argumento de la ópera no pasa de ser una divertida historia de amor bucólica y pastoril, pero encierra toda la filosofía masónica de la superación de pruebas y el triunfo, y en él se esconden multitud de símbolos de la hermandad, entre los cuales, sólo a modo de ejemplo, el constante homenaje al número 3: los acordes triples con que arranca la obertura, tres damas, tres niños, tres esclavos, tres sacerdotes, los templos de la naturaleza, la razón y la sabiduría…

El libreto es una historia clásica de dos amantes que tienen que pasar por pruebas difíciles antes de que finalmente puedan caer en los brazos del otro para siempre. La acción está inspirada en la historia de Christoph Martin Wieland «Lulu oder Die Zauberflöte», expresada en la historia de Papagenos y Papagena, donde ocurren la magia y la balada.

Según muchos historiadores y críticos, hay una importante influencia masónica en la ópera, debido a que Mozart fue iniciado en la logia masónica de Viena llamada Zur Wohltätigkeit («La Beneficencia») el 14 de diciembre de 1784. Cuando se produjo el estreno de La flauta mágica, la masonería acababa de ser prohibida en los dominios del emperador José II, por su relación en ese país con los Iluminados de Baviera. Muchas de las ideas y motivos de la ópera recuerdan los de la filosofía de la Ilustración.

 “La flauta mágica” de Mozart contiene mucho del pensamiento humanista. La clara elevación de este género con ideales humanista-masónicos en un principio no fue muy bien recibida por los ciudadanos sencillos de Viena, y, por lo tanto, el éxito de la obra al principio fue muy modesto. La reservada acogida de la obra dio paso a un éxito que crecía constantemente. Fue evidente que esta ópera de Mozart también necesitó su tiempo para poder ser completamente apreciada en su abundancia temática y en su profundidad

Muchos musicólogos y estudiosos de Mozart han llegado a calificar La Flauta Mágica como la ópera de la Fraternidad Universal, como su obra cumbre o su testamento musical e ideológico. Goethe dice, refiriéndose a La Flauta Mágica: «Se necesita mas cultura y preparación para poder reconocer el valor de esta partitura que para negarlo. Aunque la masa de los espectadores sólo goce con el espectáculo en sí, a los iniciados no les pasará por alto el sentido profundo de la obra.»

En el verano de 1791 Constanze vuelve por fin a su casa. Dio a luz al sexto hijo de Mozart: Franz Xaver Wolfgang. En esos momentos Mozart se encontraba sumido en los trabajos de composición de “La flauta mágica” y además escribe para una obra que le fue encargada misteriosamente ya que el cliente quiso permanecer anónimo: el mítico “Réquiem”.

 En su hogar, se presentó un desconocido, vestido de negro, que rehusó identificarse y encargó a Mozart la composición de un réquiem. El desconocido le dio un adelanto y quedaron en que regresaría en un mes.  Según la leyenda, Mozart, obsesionado con la idea de la muerte desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy sensible a lo sobrenatural por una supuesta vinculación con la francmasonería en esa época de su vida e impresionado por el aspecto del enviado, terminó por creer que este era un mensajero del destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral.

En la primera biografía de Niemetschek se relata una anécdota famosa de su mujer Constanze:

En su vuelta a Viena, se incrementó visiblemente su indisposición y lo hizo estar terriblemente deprimido. Su esposa estaba realmente apenada por ello. Un día iba paseando por el Prater con él, para darle una pequeña distracción y entretenimiento y, estando sentados, Mozart comenzó a hablar de la muerte y afirmó que estaba escribiendo el Requiem para sí mismo. Las lágrimas comenzaron a caer por los ojos del sensible hombre: «Siento definitivamente», continuó, «que no estaré mucho más tiempo; estoy seguro de que he sido envenenado. No puedo librarme de esta idea».

La Misa de Réquiem en re menor, K. 626, es una misa de Wolfgang Amadeus Mozart, basada en los textos latinos para el réquiem, es decir, el acto litúrgico católico celebrado tras el fallecimiento de una persona. Se trata de la decimonovena y última misa escrita por Mozart, que murió en 1791, antes de terminarla. El compositor Franz Xaver Süssmayr (no Salieri, como mostró la película Amadeus de Miloš Forman) la finalizó, y el propio autor, ya enfermo, le dio numerosas indicaciones para hacerlo. A pesar de que no pudo ser terminada en su totalidad por el maestro austríaco, es considerada como la obra más transcendental de Mozart.

Lacrimosa del Requiem de Mozart. Coro de la Ópera de Viena y Orquesta Sinfónica de Viena dirigida por Karl Böhm.

No hay duda de que Mozart fue un masón activo hasta el fin de su vida. Para poder evadirse por poco tiempo de sus imaginaciones y del miedo de la muerte, Mozart compuso la obra “La pequeña cantata masónica” .  El 18 de noviembre de 1791, cuando le restaban tan sólo diecisiete días de vida, dirigió personalmente su Pequeña cantata masónica (Köchel 623) en la consagración del nuevo templo de la logia Zur neugekrönten Hoffnung. Empero, su radicalismo nunca le impidió seguir los ritos del más formal culto católico.

A pesar de las manifestaciones de la masonería en la música y las actividades de Mozart, algunos estudiosos cuestionan el compromiso personal de Mozart con la ideología masónica. Peter Paul Fuchs señala que Mozart era un católico devoto, una religión que amenazaba a los masones con la excomunión. Y el musicólogo David J. Buch señala que muchos de los dispositivos musicales de Mozart identificados con la Masonería también tienen precedentes en la música no masónica. Por ejemplo, las tres notas, que se originan en el género francés de «le merveilleux», ya aparecen en el teatro musical de principios del siglo XVIII. Los tres acordes en la obertura se pueden encontrar en muchas otras obras escénicas del siglo XVIII, como Armida de Traetta y La Circe de Gazzaniga., óperas que no tienen conexión con la masonería.

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Mozart en 1777, luciendo la insignia de la Orden de la Espuela de Oro.

Mozart y la Iglesia católica

Wolfgang Amadeus Mozart fue educado en la fe católica y siguió siendo un miembro leal de la Iglesia católica durante toda su vida.

En su adolescencia, Mozart realizó varios viajes a Italia acompañado de su padre. Durante el primero de ellos, Leopold y Wolfgang visitaron Roma (1770), donde Wolfgang fue ordenado caballero de la Orden de la Espuela de Oro por el papa Clemente XIV. La patente papal decía:

Puesto que conviene la caridad del Pontífice romano y de la Santa Sede con aquellos quienes han mostrado sus grandes signos de fe y devoción y son agraciados con los méritos de probidad y virtud, deberían ser condecorados con los honores y favores del Pontífice romano y la citada Sede. (4 de julio de 1770)

El día siguiente, Wolfgang recibió oficialmente la insignia, formada por «una cruz de oro con una faja, espada y espuelas rojas» emblema de la caballería honorífica. La patente papal también absolvía al condecorado de cualquier sentencia previa de excomunión (innecesaria, en el caso de Mozart) y afirmaba: «Es nuestro deseo que lleves puesta siempre la Cruz de Oro». En el retrato de 1777, conocido como «Mozart en Bolonia», el compositor aparece luciendo la insignia de la Orden.

Fue criado según la moral católica y fue un miembro leal de la Iglesia en todas las etapas de su vida. El matrimonio es un sacramento de la Iglesia Católica Romana, y Mozart se casó en una ceremonia de la Iglesia. Su novia era Constanze Weber ; los dos se casaron el 4 de agosto de 1782 en una capilla lateral de la Catedral de San Esteban en Viena donde vivían

​ Aunque la Iglesia católica cada vez se opuso más a la francmasonería, durante la época de Mozart «un buen católico podía perfectamente ser un masón», y es claro que Mozart no vio conflicto entre estas dos lealtades. In eminenti, la bula papal de 1738 que oficialmente prohibía que los católicos fueran francmasones, no se promulgó en Austria sino hasta 1792, un año después de su muerte.

 Mozart no tuvo pues problema alguno para compatibilizar su militancia masónica con su profesión cristiana, a la que, por demás, no renunció en ningún momento. De hecho, al morir es el sustituto del Kapellmeister de la Catedral de San Esteban de Viena, y no era el titular porque un enfermo Leopold Hoffman aún sobrevivirá al joven Mozart en casi dos años. Aunque mucho es lo que se ha escrito sobre el tema, Mozart recibirá viáticos mortuorios, así como, desde luego, un funeral cristiano.

Hermann_Kaulbach_-_Mozarts_letzte_Tage,_1873
Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart), de Hermann von Kaulbach (1873).

Wolfgang Amadeus Mozart falleció el 5 de diciembre de 1791 a las 00:55 después de una corta pero intensa enfermedad. No llegó a cumplir los 36 años.

Hay evidencia contradictoria sobre si Mozart recibió los últimos ritos de la Iglesia Católica en su lecho de muerte.  Se sabe que fue amortajado según el ritual masónico (manto negro con capucha). El modesto funeral de Mozart no reflejaba su posición con el público como compositor. Posteriormente, Mozart tuvo un funeral católico en la catedral de San Esteban de Viena, y los últimos ritos póstumos tuvieron lugar en una misa de réquiem en la iglesia de San Miguel.

Los servicios conmemorativos y los conciertos en Viena y Praga fueron muy concurridos. De hecho, en el período inmediatamente posterior a su muerte, su reputación aumentó sustancialmente.

En su breve vida, Mozart compuso más de 600 obras, muchas de las cuales son reconocidas como pináculos de música sinfónica, concertante, de cámara, operística y coral.  Es considerado uno de los mejores compositores clásicos de todos los tiempos,  y su influencia es profunda en la música de arte occidental posterior. Ludwig van Beethoven compuso sus primeros trabajos a la sombra de Mozart, y Joseph Haydn escribió: «la posteridad no volverá a ver ese talento en 100 años».

¿Quién es el más grande de los músicos? —le preguntaron en una ocasión a Rossini.

Beethoven —contestó el compositor sin vacilar.

¿Y, entonces MOZART?

Ah, ÉL ES ÚNICO —respondió.

 

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