Santa Hildegarda de Bingen, la Sabiduria de la Sibila

Hildegard von Bingen y el poder curativo de la naturaleza

Hildegarda defendía una dieta correcta y unos hábitos de vida saludables, dando mucho valor a la salud integral.

Imagen superior: Hildegard von Bingen, abadesa del siglo XII (1098 – 1179),

A través de sus textos, la abadesa realizó interesantes aportaciones a la ciencia.   Fue una mujer de cultura extraordinaria, muy influyente en su época, y una de las científicas más importantes del siglo XII. Su obra desprende una notable sabiduría, incluso a pesar de la contradicción que parece contener el considerar a una religiosa como una mujer de ciencia.

El extraordinario destino de Hildegarda de Bingen llega a poner en entredicho el asfixiante racionalismo de nuestros días y a encarnar a la perfección un saber diferente, intuitivo, místico y visionario: un verdadero bálsamo para nuestra locura cotidiana. En estos tiempos tan agitados, me parece pertinente recordar sus enseñanzas sobre la unión cuerpo-alma y lo importante del cuidado de ambos.

Como sabemos Hildegarda nació en 1098. A los ocho años su padre la envió con una de sus tías, abadesa de un convento benedictino, orden que daba mucha importancia al cuidado de los enfermos. Hildegarda no sólo se ocupó de la curación de las enfermedades, sino que también se interesó por la prevención: hizo conducir agua caliente en todas las celdas monacales e inspeccionaba regularmente el estado higiénico dental de las monjas.

Hildegarda conocía gracias a su lectura la medicina griega antigua y también conocía los remedios populares paganos. La amplitud de su saber es comparable al de su casi contemporáneo Avicena, ya que incluye la cosmología, la antropología, la ética, la medicina, añadiendo el don de la música y de la poesía». Las fuentes de su conocimiento fueron probablemente las tradiciones populares, el humoralismo galénico que formaba parte de la herencia de los benedictinos, los referentes bíblicos, junto a analogías microcósmicas de fuerte contenido místico. Estudió los textos clásicos de Dioscórides, Galeno o Celso y árabes como Avicena. Era muy cercana al pueblo y así consiguió compilar gran cantidad del acervo popular germánico sobre las plantas

Sin embargo, sobre todo, desarrolló sus propios puntos de vista sobre el desarrollo de enfermedades, fisicalidad y sexualidad. Además, condena todos los actos sexuales que, según la comprensión teológica, violan el orden divino de la creación. Ella no desarrolló sus propios procedimientos médicos, sino que simplemente reunió métodos de tratamiento ya conocidos de varias fuentes. La teoría de la enfermedad de Hildegard es la antigua teoría de los cuatro jugos muy similar, solo que con diferentes nombres.

En sus obras de terapéutica, Hildegard hacía referencias frecuentes a las virtudes curativas de las piedras preciosas. En este sentido, se avanzó a la tradición paracelsista en el uso terapéutico de medicamentos químicos: consideraba, por ejemplo, que el zafiro era beneficioso para las enfermedades de los ojos y también lo creía dotado de propiedades antiafrodisíacas, y utilizaba la amatista para curar las erupciones cutáneas.

Hildegard creía fuertemente en la conexión espiritual y mental para la salud del hombre. Entre uno más se alejara de su espiritualidad, más repercusiones físicas habría. De esta base ella parte para sus diversos estudios y por ejemplo, clasifica algunos alimentos como buenos y dañinos.

Scivias-III
Seis dias de Creación de Hildegarda Von Biden

Hildegarda  y el Cannabis 

Durante la Edad Media en Europa miles de herbolarios, al igual que Hildegarda, en su mayoría mujeres, consumían cannabis en ungüentos y remedios. 

Hildegarda presentó un estudio sobre el cannabis, haciendo hincapié que una de sus propiedades aliviaba las cefaleas. Actualmente, se considera que el cannabis tiene un gran futuro en el tratamiento de la migraña. Desde su formación como mujer sabia conoció los poderes curativos del cannabis y también de los hongos. En su famosa obra Physica tiene un capítulo entero, el Capítulo XI, para el cannabis, en donde escribe :

“El cáñamo es cálido, y cuando el aire no es caliente ni frío, entonces crece, y así también es su naturaleza, y su semillas contienen fuerza sanadora, para una persona sana es sana su consumo, y en su estómago es ligero y, logra de quitar del estómago los mocos, y se puede digerir muy bien, y evita malos jugos y refuerza los buenos jugos. Pero el que en la cabeza esté enfermo y tiene una cerebro vacío y come cáñamo le ocasiona un leve dolor de cabeza. Pero si lo come uno con la cabeza sana y un cerebro lleno, a ese no le daña. El que tiene un estomago frío, debe hervir cáñamo en agua y, después de exprimir el agua, lo enrolla en un paño, y lo pone caliente sobre el estómago, y eso lo conforta y lo vuelve a su estado normal. Un paño fabricado de fibras de cáñamo es bueno para vendar úlceras y heridas, porque el calor en él es moderado”.

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

El cannabis fue uno de los ingredientes de las pomadas legendarias para hacer volar. Un ungüento analgésico que se utilizaba contra la peste era el Unguentum populeum. En 1615 el físico italiano Giovanni de Ninault incluía en su lista de ingredientes de las brujas la belladona, el beleño, la cicuta o el cannabis.

Otros remedios de los que Hildegard escribió fueron usar Salbei (salvia) y Minze (menta) para calmar ataques de tos-, Andorn (marrubio) como un componente de expectorante o para ayudar a generar apetito, Enzian (genciana) para calmar flatulencias, dolores de estómago o para calmar los nervio o Melisse (melisa) para molestias del estómago y el intestino.

DE LA LAVANDA.
La lavanda es caliente y seca, ya que tiene un poco de savia. No sirve al hombre para comer no obstante que tiene un fuerte olor. El hombre que tiene muchos piojos, si huele lavanda frecuentemente, los piojos morirán. Su olor clarifica los ojos, porque contiene en sí las virtudes de las especias más fuertes y de las más amargas. Por eso, también aleja muchísimas cosas malas y los espíritus malignos salen aterrorizados por ella. »

 Hildegarda de Bingen.  Physica, Libro I, Cap. XXXV

Por ejemplo, en una de las entradas Physica describe a las flores de «cinquefoil» (planta herbácea semejante a la fresa procedente de las latitudes altas del hemisferio norte) como: «beneficiosas para la salud y útiles para combatir la fiebre causada por la mala alimentación.» También incluye consejos sobre cómo mantener los dientes sanos y firmes o cómo enriquecer la dieta de las mujeres que sufrían amenorrea (ausencia de menstruación), algo habitual en la época debido la desnutrición.

Compartió todos sus conocimientos medicinales inspirada por su propia salud maltrecha. En Causa et curae, además hace un alegato a favor de la cerveza:

Por su parte, la cerveza engorda las carnes y proporciona al hombre un color saludable de rostro, gracias a la fuerza y buena savia de su cereal. En cambio el agua debilita al hombre y, si está enfermo, a veces le produce livores alrededor de los pulmones, ya que el agua es débil y no tiene vigor ni fuerza alguna. Pero un hombre sano, si bebe a veces agua, no le será perjudicial

La «medicina hildegardiana» se fundamenta en la interacción entre principios naturales, como plantas o polvos minerales, y los «humores» corporales. Tiene numerosos seguidores en Centroeuropa, y uno de sus elementos emblemáticos, cada vez más difundido también en España, es el pan de espelta («el mejor alimento para mantener la vida», decía la santa alemana).

Dentro de los buenos alimentos y muy popular en Alemania, está por ejemplo el Dinkel –espelta en español- una forma primitiva del trigo. Al parecer este cereal es mucho más fácil de digerir para el organismo, tanto que los alérgicos al trigo lo pueden comer. Hildegard creí que una porción al día de este cereal ayudaba a mantener el organismo y la digestión sanos.

Otros alimentos que ella clasificaba como buenos, eran las peras y manzanas cocidas, la trucha o incluso –en aquel entonces muy exótico- el jengibre. Éste último para ayudar al metabolismo y fortalecer el sistema inmune. Este uso del jengibre, por ejemplo, se conoce así hasta la fecha. No falta quien recomiende tomar un té de jengibre cuando sientes que te vas a resfriar.

La idea de unidad e integridad también es clave para los escritos naturales y curativos de Hildegard. Estos están formados completamente por el hecho de que la curación y la curación de las personas enfermas solo puede venir de un giro hacia la fe, que solo produce buenas obras y un orden de vida moderado. En estos puntos, Hildegard es muy diferente de los trabajos más racionales de otra medicina del monasterio. Hildegard dice: «Hay tres caminos en los que las personas viven sus vidas: el alma, el cuerpo y los sentidos». Solo si estos tres aspectos del estilo de vida se observan de manera equilibrada, las personas pueden mantenerse saludables.

 

Hidelgarda de-las-cuatro-estaciones
Las cuatro estaciones. Imágen del Liber scivias (1141-1151) una descripción iluminada con magníficas ilustraciones de sus visiones del cosmos y una reflexión sobre la posición que la humanidad ocupa en su seno.

Hildegarda y la “Energía Verde”

Hildegarda creía en un mundo dividido en cuatro secciones, a sus ojos la “energía verde” penetraba por el mundo fluyendo en todas las criaturas como  fuente de vida

Hildegarda solía decir una palabra que para ella significaba la esencia misma de la vida en cuanto burbujeo, metamorfosis y creación: verdor. En todas partes hay verdor, por eso no encanece el mundo. Y establecía una potente relación entre virgen y verdor – virgo et viriditas-, ambas tienen la misma raíz y viven de la Luz. La Luz viviente  inunda sus visiones y  confiere la primera cualidad a una virgen: su espléndida concentración; y da sentido a  viriditas, que además de verdor, también tiene las acepciones de frescor, vigor, fortaleza, lozanía.

Santa Hildegarda de Bingen ve en la Viriditas, el amor, la sutil energía vital, la fuerza de lo verde que procede de Dios que la Naturaleza nos regala con tanta abundancia.

“No existe ninguna criatura que no contenga en sí misma un rayo divino, ya sea la hoja verde, la semilla, las flores o cualquier otra maravilla si no, no pertenecería a la Creación”

Hildegard Von Bingen (1098-1179)

Hildegarda escribe a la “energía verde”, la energia que utilizan las hechiceras, llamada también energia vital, describiendo visiones muy fuertes similares a las de Santa Teresa de Jesús o a las de Juana de Arco, que fue acusada de bruja y de utilizar plantas y por ello fue ajusticiada y quemada por bruja. La veriditas o “energía verde” tiene un papel fundamental tanto en el amor como en la sabiduría. La figura a la que Hildegarda llama “sabiduría” está al lado de un ente espiritual de seis alas en actitud orante, con piel de escamas y los pies de un león. Su cabeza es de un rojo encendido, como la de Sofía (la Sabiduría), es una figura que representa la sabiduría, lo femenino y la sexualidad), y de su vientre sale la cabeza de un anciano con barba. Hildegarda interpreta esta imagen como el “poder omnipotente de Dios”, pero esta figura de aspecto femenino sugiere también a Sofía. Hildegarda representó a Sofía con la cara de rojo encendido, porque el rojo es el color de la diosa. Los pies del león evocan a la diosa Lilith cuando ésta era todavía una diosa que se erguía sobre el lomo de dos leones

¡Potencia de la Sabiduría!,
que girando giraste
abrazándolo todo
en una sola órbita que tiene vida
y tres alas tiene,
de las cuales una vuela hacia lo alto,
y la otra desde la tierra mana
y la tercera vuela por doquier.
¡Que haya alabanza para ti,
como te corresponde,
Sabiduría!

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

Hildegard también creía en la energía del cosmos, sobre todo en la influencia de la luna. De este modo, creía en la energía regenerativa de la luna, así como los ciclos de la luna duran 28 días, igualmente el ciclo menstrual de una mujer –aproximadamente-. Cada mes hay una oportunidad de limpiarse y regenerarse.

En lo que respecta a sus escritos de ciencia y medicina, la santa contempla la naturaleza como criatura y regalo de Dios que hay que apreciar y respetar. Y añade que la naturaleza, solo considerada en sí misma, proporciona informaciones parciales y que, por tanto, hay que estudiarla a la luz de la fe para evitar errores y abusos. En su obra Liber Divinorum Operum, Hildegarda desarrolla una concepción animista-panteista e incluso alquímica del mundo:

“Yo también soy la vida ardiente de la sustancia divina, ardo por encima de la belleza de los campos y brillo en el agua y vago en el Sol, la Luna y las estrellas y con el viento aireado… Yo soy la vida que mantiene todo, me excita todo lo que vive. El aire que vive realmente en el verde y en las flores; en el flujo de las aguas como si estuvieran vivos, y el Sol vive verdaderamente en su gloria, y en la Luna menguante que se inflama por la luz del Sol… las estrellas también brillan en su luz como si estuvieran vivas… y por eso soy el poder del fuego oculto en todo, y lo encienden a través de mí.”

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

El Amor siempre está presente en lo más profundo de nosotros. Es el motor de nuestra vida y la fuente de nuestra salud. Nos enfermamos si nos falta. Santa Hildegarda de Bingen le dedica un canto de alabanza:

“El Amor lo inunda todo desde el abismo hasta las estrellas es él quien lo hace todo porque el amor besa al supremo rey del Universo.”

Hildegard_von_Bingen_Liber_Divinorum_Operum
Visión del cuerpo humano. Liber Divinorum Operum, o el hombre universal de santa Hildegarda de Bingen, 1185 (copia del siglo XIII).

El Hombre y el Cosmos

Hildagarda considera al hombre como centro del mundo creado por Dios y partícipe de su obra redentora.

Según el Liber divinorum operum, el hombre, hecho a semejanza de Dios, posee parecido con otra de las grandes obras del omnipotente: el cosmos. Esta semejanza se refleja incluso a nivel corporal, pues en el cuerpo se pueden distinguir partes aéreas, acuosas, invernales, nubosas, cálidas, etcétera. Hombre y cosmos interactúan y están ordenados conforme al plan divino. Es por ello que el cosmos puede ser leído como una lección para enseñar al hombre a amar a su creador y guardar la debida moral. Tanto uno como otro están destinados a su reintegración final a Dios, pero el hombre con su libre albedrío puede optar por rebelarse.

La calidad moral del hombre se encuentra herida desde la caída de Adán y Eva a causa del pecado, no obstante, Dios elige esa misma debilidad para otorgar la salvación por medio de su hijo Jesucristo, quien toma carne para rescatar al hombre, quien a su vez debe tender hacia Dios con sus pensamientos y actos, eligiendo las virtudes antes que los vicios.

Hildegarda explicaba la creación en términos de un esquema materialista y mecánico, ya que lo que resulta fundamental en el «experimento divino» no es ninguna milagrosa intervención sobrenatural, sino la de los elementos primordiales -agua, tierra, aire y fuego- y sus propiedades y mezclas, de todo lo cual resulta el hombre:

Que cuatro son los elementos: ciertamente, no pueden ser ni más ni menos de cuatro. Y los hay de dos clases: superiores e inferiores. Mientras que los superiores son celestiales, los inferiores, en cambio, son terrenales. Las cosas que viven en los superiores son impalpables y están hechas de fuego y de aire. En cambio, las que habitan en los inferiores son cuerpos palpables y formados, y están hechos de agua y de barro [.] Los espíritus, así pues, son de fuego y aire, mientras que el hombre es de agua y de barro. Cuando Dios creó al hombre, el barro se mezcló con el agua, y de eso se formó el hombre. Y Dios envió sobre aquella figura su aliento de fuego y de aire.

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

Lo anterior nos lleva a ver la manera en que Hildegarda busca hacer coincidir el microcosmos con el macrocosmos: ambos mundos se mueven bajo las mismas leyes; así, no es extraño que intentase armonizar la física con la anatomía y la fisiología, lo mismo que su idea del alma y de la mente, pleno todo ello de sus creencias teológicas. Podemos ver claramente en ello su concepción del alma, cuyo análisis remite a una relación con los elementos materiales: «el alma es ígnea, ventosa y húmeda [.] es fuego que penetra todo el cuerpo y vivifica al hombre», y «el hombre saca del fuego la sensualidad y el deseo; del aire, los pensamientos y divagaciones; del agua, la sabiduría y el movimiento». Pese a semejante idea materialista, nuestra autora afirma igualmente la creencia en la independencia del cuerpo y el alma y la inmortalidad de esta última. Piensa que ambas ideas son compatibles y buscará su integración a través de la «recomposición final».

A pesar de creer en un origen divino, no pensaba que la creación fuese resultado de una intervención sobrenatural sino de la presencia de los cuatro elementos primordiales que dividió en dos clases, las superiores o celestiales (fuego y aire) y las inferiores o terrenales (agua y barro). Según Hildegarda, ambas clases estaban relacionadas como lo estaban el macrocosmos y el microcosmos. Por ello Hildegarda intentó armonizar la física con la anatomía y la fisiología.

 Su influencia intelectual se deja ver en la filosofía oculta de Agrippa von Nettesheim (1531) y en las representaciones alegóricas de la antropología microcósmica de Robert Fludd (1617).

hildegarda2
Hildegard von Bingen, abadesa del siglo XII (1098 – 1179), vivió en plena Edad Media, cuando las mujeres eran irrelevantes.

Hildegarda y el Sexo

Quizas su faceta mas contradictoria y vanguardista es que Hildegarda hablaba de sexo sin miedo: de una forma tan clara como apasionada. Fue la primera mujer feminista del continente y un icono lésbico.  Convirtió las debilidades atribuidas a las mujeres de la época en autoridad y luchó por la equiparación de los sexos en cuanto al castigo por los pecados.

Su credo era pura dinamita: Describió a Dios con atributos femeninos. Convirtió las debilidades atribuidas a las mujeres de la época en autoridad. Promovía la igualdad de géneros. A pesar de que es lógico pensar que como abadesa conservaría su virginidad, se considera que fue la primera mujer europea en describir el orgasmo femenino en pleno s. XII.

Fue una mujer muy adelantada a su tiempo, principalmente en sus opiniones sobre la importancia de la gratificación sexual para las mujeres. Negaba que el placer sexual fuera fruto del pecado y sostenía que la sangre que verdaderamente manchaba no era la de la menstruación sino la que derramaban las guerras. Fue la primera en atreverse a asegurar que el placer era cosa de dos y que la mujer también lo sentía.  Escribió hace 1000 años sobre el orgasmo y el placer sexual femenino.

Tenía una idea muy peculiar de la sexualidad, teniendo en cuenta que era monja y que vivía en el siglo XII. Para ella, el acto sexual era algo bello, sublime y ardiente. En sus libros de medicina abordó la sexualididad y, especialmente, en Causa et curae, donde dio más detalles. . En realidad, todas sus explicaciones médicas sobre el sexo llaman la atención por su realismo y que rescate asimismo la fuerza del sentimiento amoroso entre los dos sexos:.

Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquél el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo, e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer, y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

A este respecto, es ilustrativo recordar que la profesora de Historia de la ciencia Londa Schiebinger, junto a otros autores, considera que entre los debates más interesantes surgidos en torno a la anatomía y fisiología femeninas en aquellos años, fue el enfocado en la menstruación. Esta característica fisiológica ha confundido a los naturalistas durante siglos, ya que en la Antigüedad y en la Edad Media hubo muchos que creyeron que la mujer era el único animal que menstruaba. La erudita abadesa estuvo entre los pocos estudiosos anteriores a la ciencia moderna que sostuvieron (correctamente) que las hembras de los monos también menstruaban

La primera mujer bióloga, la primera mujer médico, la primera feminista de la historia. Mostró grandes conocimientos de botánica, medicina y fisiología humana. Intuyó la circulación de la sangre siglos antes de que pudiese comprobarse y realizó la descripción más detallada del orgasmo femenino que se había hecho hasta la fecha.

Como protofeminista, Hildegard tenía una imagen muy propia de Eva y del pecado original. Para ella, el único culpable fue Satán, envidioso de la capacidad de generar vida de la mujer.

La mujer podrá estar hecha del hombre, pero el hombre no se puede hacer sin una mujer

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

Hildegarda miniatura2

Hildegarda y la Ciencia

A pesar de que su trabajo no sería considerado ciencia como tal en el mundo moderno, brilló con luz propia durante la época medieval.

Desde el punto de vista actual, la ciencia de Hildegard von Bingen se parece más a la superstición, pero hace casi un milenio, sus puntos de vista fueron considerados sabios. Hildegard poseía una verdadera curiosidad por entender el mundo natural que existía a su alrededor

Entre 1151-1158 escribió su obra de medicina más importante bajo un único título: Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas (Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum). Con posterioridad, en el siglo XIII, fue dividido en dos: Physica, un texto sobre las ciencias naturales con conocimientos de medicina sencilla, y Causae et Curae un tratado de medicina compleja que trata de las enfermedades, sus causas y sus síntomas. En ambos textos describe el mundo natural y muestra un particular interés en las propiedades curativas de las plantas, los animales, minerales, metales, y otros elementos de la naturaleza.

Physica es una obra extensa de nueve volúmenes que se ocupa principalmente del uso medicinal de las plantas, los árboles, las piedras preciosas, los metales y los animales. 

En su libro «Física» Hildegard habla de la relación simbiótica entre la humanidad y el reino natural reconociendo la inteligencia en ambos. Con lenguaje poético y conocimientos más cercanos a la medicina china y al ayurveda que al paradigma dominate de su época, describe diferentes sustancias a través de sus poderes curativos.  Habla de plantas, de minerales, de animales, de sus cualidades y propiedades terapéuticas.  Esta obra es la más científica porque Hildegarda nunca pretendió que fuese calificada como de inspiración divina, sino más bien un producto de la observación y la experiencia, constituye un verdadero tratado enciclopédico de ciencias naturales cuyo estilo es a la vez directo y didáctico.

Causae et Curae es un tratado de medicina de cinco volumenes, mezcla de influencias griegas y cristianas. 

Herboristería de Causae et Curae contiene muchas instrucciones muy directas, que se organizan según los síntomas. Por lo tanto, también son fáciles de usar para laicos médicos. Por ejemplo, dice: «De las lágrimas de los ojos: aquellos que tienen los ojos llorosos como si estuvieran regando deben recoger una hoja de higuera que ha sido completamente humedecida por el rocío en la noche cuando el sol ya la ha calentado en su rama, y ​​así sucesivamente ponerle calor a los ojos para limitar su humedad … «o» Cuando una flema u otro tipo de enfermedad destruye el oído de una persona, toma incienso blanco y deja que el humo se eleve del fuego vivo y deja que salga el humo Levántate en la oreja obstinada … «.

A diferencia de sus otros escritos, los cuales presentó en forma de visiones, las obras científicas de Hildegarda no se describen como profecías.

En general, el mundo científico de Hildegarda es un mundo natural y físico que debe ser explicado mediante la experiencia y la razón; un mundo cuya lógica depende de sus propias leyes, las que lo mueven mecánicamente, lo que no impide en modo alguno la intervención divina. Hay ciertamente tensiones en todo ello, pero esto no devalúa su acercamiento científico.

 

Una  mujer del Medioveo que habia saltado las coordenadas del tiempo. 

Es muy destacable que una mujer sin instrucción formal llegase a aceptar que, con independencia del impulso creador, los misterios del cosmos podían explicarse a través de la observación y el razonamiento. Una mujer, en fin, llena de sabiduría y con una vida más que excepcional para aquellos tiempos en los que la cultura estaba vetada a las mujeres.

Los trabajos de esta singular abadesa fueron los primeros escritos por una mujer que han llegado intactos hasta el presente, lo que ha permitido su minucioso estudio. Su influencia en la medicina general, gracias a nuevas investigaciones, es cada vez mayor. La monja mística, declarada Doctora de la Iglesia en 2012, fue la precursora de un tipo de medicina alternativa que ha hecho escuela en Alemania y otros países europeos como Francia.

Las enseñanzas de la monja mística estan en el mercado editorial en español de mano de «Manual de Medicina de Santa Hildegarda» (editorial LibrosLibres), escrito por los doctores Wighard Strehlow y Gottfried Hertzka, ambos seguidores y difusores de la medicina alternativa de Hildegarda, y traducido y editado en castellano por Juan Antonio Timor.

VER SERIE SOBRE  #HIDELGARDA VON BINGEN.

Nos leemos en el próximo post.

FUENTES:

  • Hildegarda de Bingen (2011). Libro de los merecimientos de la vida, Liber vitae meritorum. Buenos Aires: Miño y Dávila Editores.
  • Causas y remedios. El arte de curar de Santa Hildegarda. Edición Manfred Pawlik. Madrid: Susaeta Ediciones, 1999.
  • Physica. Libro de medicina sencilla. Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas, Liber simplicis medicinae. Astorga: Editorial Akrón, 2009.
  • Libro de las obras divinas, Liber divinorum operum. Barcelona: Herder Editorial, 2009.
  • Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales. Madrid: Editorial Trotta, 2003.
  • Martínez Lira, V. y Reta Lira, A. (2003). El lenguaje secreto de Hildegard von Bingen. Vida y obra. Espejo de viento, UNAM, FCE, México.
  • Muncharaz, A. (2013). Santa Hildegarda de Bigen. Mística y visionaria alemana del siglo XII. Doctora de la Iglesia. Editorial Palabra. Madrid.
  • Scivias. Conoce los caminos. Madrid: Editorial Trotta, 1999.
  • Hertzka, G. (2014). Manual de medicina de Santa Hildegarda. Libros Libres.
  • Schiller, R. (1997). La farmacia natural de Santa Hildegarda: plantas medicinales para una vida sana, recetas para preparar medicamentos naturales, indicaciones prácticas para el autotratamiento. Susaeta Ediciones.
  • Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente. Barcelona: Herder Editorial, 2005.
  • Flisfisch, María Isabel (2003), “Las figuras femeninas en la Symphonia de Hildegard de Bingen: Caritas, Sapientia, Ecclesia
  • Chiaia, M. (2006). El dulce canto del corazón. Mujeres místicas, desde Hildegarda a Simone Weil. Narcea. Madrid.
  • Cirlot, V. (2009). Vida y visiones de Hildegard von Bingen. Ediciones Siruela. Madrid.
  • Cirlot, V. Blanca Garí, B. (2008). La mirada interior: Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media. Ediciones Siruela. Madrid.
  • Hildegarda de Bingen, una conciencia inspirada del siglo XII, Régine Pernoud
  • http://www.hildegardiana.es/
  • https://www.santahildegarda.es/
  • http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_letters/documents/hf_ben-xvi_apl_20121007_ildegarda-bingen.html

Y finalmente recomiendo la lectura de “La mujer de las nueve lunas” de Carmen Torres Ripa- La primera novela sobre el personaje más fascinante de la Edad Media: Hildegard de Bingen, la mujer de las nueve lunas, que en una época de oscurantismo y superstición,  se atrevió a desafiar todos los tabúes de su tiempo.

Si te ha gustado puedes compartir

Una Respuesta a “Santa Hildegarda de Bingen, la Sabiduria de la Sibila”

Deja un comentario