Santa Hildegarda de Bingen, el Canto de la Sibila

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La Sibila Mistica Hildegarda de Bingen,

ESTA ES LA TERCERA Y ULTIMA ENTREGA DE ESTA SERIE SOBRE  HIDELGARDA VON BINGEN 

Abadesa, profetisa, curandera, bruja, artista, escritora, compositora, visionaria, mística… la vida de Hildegard de Bingen fue una de las historias más apasionantes, precursora de otras figuras misticas tan importantes como Catalina de Siena o Santa Teresa de Ávila.

Hildegard compuso música gregoriana, escribió casi ochenta canciones y una ópera intitulada Ordo virtutum, una pieza musical que va más allá del lenguaje de la música medieval. Consideraba el arte una forma de comunicación con Dios y una forma de alegrar el alma en un mundo doloroso.

Además de realizar aportaciones literarias, los monasterios  medievales dieron un impulso notable y específico al desarrollo de la Farmacia al dotarse de boticas y huertos medicinales propios. En la Edad Media, entrar en una convento, podía llegar a ser para una mujer una auténtica emancipación intelectual. Tras los muros de los muchos monasterios que surgieron en los siglos medievales, fueron muchas las mujeres que pudieron dedicar su vida a la oración pero también al estudio, la literatura y la poesía. Siempre con temas religiosos de fondo, aquellas monjas fueron auténticas trovadoras de Dios. En un tiempo en el que los trovadores del mundo seglar cantaban al amor mundano, aquellas mujeres dedicaron sus versos al amor divino más puro y sublime.

Hildegarda Von Biden, la sibila del Rin, como también se le conocía por sus habilidades adivinatorias, estuvo lejos de ser una mujer sumisa. La abadesa fue un fenómeno irrepetible, de las casi inexistentes mujeres sabias que no terminaron en la hoguera medieval. Fue no solo inteligente, sino astuta y manipuladora cuando le convino Al igual que otras muchas mujeres a lo largo de la historia, disimuló su talento y su sabiduría detrás de un discurso aplacador de las posibles iras masculinas escribió Ángeles Caso en su libro «Las olvidadas» (Planeta, 2011).

VIDEO: La música de Hildegard von Bingen (1098-1179)

Hildegarda fue la primera compositora cuya vida conocemos de la era cristiana. Las obras tanto musicales, literarias o filosóficas de Hildegarda siguen siendo a día de hoy muy valoradas.  Es una de las compositoras más conocidas de la monofonía sagrada, así como la más registrada en la historia moderna.

Hildegarda von Bingen, la legendaria visionaria alemana, es uno de los rarísimos casos en la historia de la música de una mujer compositora. Según se narra en la Vida de santa Hildegarda escrita por Teodorico de Echternach tras la muerte de Hildegard, Jutta, su mentora, “le instruyó en el salterio decacorde y le enseñó a gozar de los salmos de David”. Sin embargo, en un pasaje autobiográfico incluido en la Vida Hildegard afirma que componía cantos y melodías para alabar a Dios y a los santos sin haber recibido nunca una formación específica, y que los interpretaba pese a no haber estudiado la notación musical neumática ni el canto.

El arte, por considerarlo una forma de meditación y cercanía con lo sagrado, estuvo presente en sus conventos. Fue compositora de obras sacras, donde quería representar el sonido de sus visiones. Su actividad como escritora empezó a la edad de 42 años, un momento fundamental de su vida que refiere en un fragmento de su primera obra, Scivias  donde relata que la “voz del cielo” le ordenó “decir y escribir” lo que “veía y escuchaba”. Y agrega:

“Mas las visiones que contemplé, nunca las percibí ni durante el sueño, ni en el reposo, ni en el delirio. Ni con los ojos de mi cuerpo, ni con los del hombre exterior, ni en lugares apartados. Sino que las he recibido despierta, absorta con la mente pura, con los ojos y oídos del hombre interior, en espacios abiertos, según quiso la voluntad de Dios”.

Al equiparar el sentido de la vista y del oído, Hildegard se distancia de la tradición filosófica que solía otorgar a la vista un lugar principal y exclusivo, asociado con la teoría entendida como contemplación. Ambos sentidos, vista y oído, tienen una relevancia compartida en su experiencia místico-cognoscitiva de aprehensión de la “verdad revelada”.

Esa “inspiración divina”, que Hildegard afirma percibir mediante la vista y el oído del alma, le permitió hablar con voz propia en una época —como tantas otras ha habido— en la que las mujeres debieron encontrar estrategias discursivas para poder, tras afrontar no pocas dificultades, transmitir su saber.

Los rasgos de esta doctora de la Iglesia, son contradictorios. Por una parte, es extremadamente racional mientras por otra, según sus palabras, no busca nunca atajos ni se engaña. Se define como una persona que “examina y analiza los problemas”. Se considera muy equilibrada. Dice de si misma: “lograba mantener la misma fuerza de ánimo tanto en los tiempos de alegría como en los de sufrimiento”.

Además de elaborar tres obras maestras de Teología, la Santa tenía dotes musicales y fue compositora de decenas de partituras litúrgicas para la misa.  La mayoría de sus composiciones son audaces y se apartan de los estilos de la época.

Hildegarda escribió 77 canciones litúrgicas con sus melodías. La santa también fue compositora musical, en su Symphonia armonie Celestium revelationum  En sus canciones se incluyen antifonías, responsorios, himnos, secuencias o aleluyas. Una de sus obras, Ordo Virtutum, dedicada a la virtud, es uno de los primeros ejemplos de drama litúrgico.

Entre los años 70 y 80 se rescataron sus composiciones musicales y es autora de uno de los repertorios de música medieval más extensos. Como curiosidad se pueden escuchar sus obras en Spotify o en YouTube parte de su repertorio musical que nos hace sentir en paz y ser parte de un todo natural.

https://www.youtube.com/watch?v=Q8gK0_PgIgY

Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales

¡Espíritu ígneo,
que haya alabanza para ti,
que en los tímpanos y en las cítaras
resuenas!
Las mentes de los hombres por ti arden,
y los tabernáculos de sus almas
contienen sus mismas fuerzas.
De allí la voluntad asciende
y da sabor al alma,
y su luz es deseo.
El entendimiento te llama con dulcísimo sonido
y te levanta edificios
con la razón,
que destila en obras de oro. (Sinfonía: 279-280).

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

Hildegard otorgaba a la música —y al canto de alabanzas en particular— una función activa en la historia de la humanidad, afirmando que cantar es una práctica mediadora por la que el ser humano hace presente a la divinidad, y al mismo tiempo renueva su propia condición edénica.

El alma es “sinfónica”, dice Hildegard, y el canto que el ser humano entona con el alma es un eco de la armonía celeste. Así, Hildegard considera que la música es capaz de una transformación personal, y también colectiva, ya que entiende la práctica musical como una forma de cohesión social, en un momento histórico que no en vano es recordado como la época de las cruzadas.

Las representaciones de Hildegarda no son muy frecuentes, probablemente porque se la veneró de manera local en un principio. Las mejores ejemplos proceden de las copias de sus manuscritos en los que aparece representada con el hábito benedictino y portando el báculo en señal de su condición de abadesa. Es muy frecuente también en estos ejemplos que aparezca en actitud de escribir sobre unas tablillas de cera, soporte escriptorio propio de los borradores, o dictando a uno de sus secretarios que copia en un códice las palabras de Hildegarda. Otras veces aparece sola portando pluma y libro o bien algún instrumento musical. Su capacidad de visión mística y de profecía suele representarse mediante unas llamas que salen de su cabeza.

VIDEO: Pelicula “Visión: La historia de Hildegard Von Bingen” en Español

Existe una película basada en su vida, llamada Visión, cuyos diálogos están basados en sus escritos y cartas y la banda sonora son sus propias composiciones. Ese convento en la época debía ser visto poco menos que como una actual comuna hippie lésbica por muchos clérigos. Con un punto de frialdad y un exceso de solemnidad en algunos momentos —sobre todo por una música enfática— “Visión: La historia de Hildegard Von Bingen” se acerca a esta mujer culta y santa, y nos muestra su firmeza para llevar a cabo la misión divina de escribir sus visiones.

El Legado de Hildegard von Bingen

El legado que nos dejó fue incalculable. Su producción literaria abarca textos teológicos, botánicos y medicinales. Por lo que a sus obras se refiere, dictó un total de doce libros.

Hildegard fue una visionaria, escribió sobre teología, propuso un universo heliocéntrico 300 años antes que Copérnico, escribió sobre la gravitación universal 500 años antes que Newton, pregonó la fitoterapia, se carteó y polemizó con papas, reyes, nobles y teólogos de la talla de Claraval, que siempre tuvieron un enorme respeto por sus opiniones (evidentemente no por su condición de mujer, sino de visionaria), compuso música avanzada, se inventó la primera lengua artificial de la historia, la lingua ignota, y fundó en Rupertsberg su propia abadía, porque en esa época lo habitual era que los conventos fueran mixtos, formando una suerte de comunidad femenina donde las monjas daban rienda suelta a sus talentos artísticos, aprendían a cantar, copiaban e ilustraban manuscritos, hacían gimnasia y bebían cerveza.

Las obras tanto musicales, literarias o filosóficas de Hildegarda siguen siendo a día de hoy muy valoradas.  Mujer prolífica, fue madre de obras literarias y musicales que aun tienen vigencia y de una sutíl sabiduría práctica que hoy podemos apreciar en las marcas que dejó su paso por el mundo.

OBRAS TEOLÓGICAS:

De las obras religiosas que escribió Hildegard, destacan tres de carácter teológico: Scivias, sobre teología dogmmática Liber vite meritorum, sobre teología moral y Liber divinorum operum, sobre cosmologogía, antropología y teodicea. Esta trilogía forma el mayor corpus de sus obras.

  • Scivias. El nombre Scivias es una forma abreviada del latín «Scito vias Domini» que significa «Conoce los caminos del Señor» pensamiento de la visionaria del Rin. Describe las 26 visiones que tuvo. En su obra Liber Scivias Domini describió 35 visiones, con sus correspondientes miniaturas, desde la creación del mundo hasta el fin de los días.
  • Liber vite meritorum. El Libro de los méritos de la vida, cuyo título completo es Liber vite meritorum, per simplicem hominem a vivente lucem revelatorum, fue escrito entre 1158 y 1163. Es una obra de carácter moral en 5 libros la que, partiendo de la visión de Dios como un hombre cósmico que sustenta y vivifica al universo, Hildegard llega a una exposición de los principales vicios espirituales y sus virtudes opuestas.
  • Liber divinorum operum. El Liber divinorum operum o Libro de las obras divinas fue creado entre 1163 y 1173 siendo Hildegard ya sexagenaria. Es la descripción de diez visiones, en donde realiza una cosmología que estructura al universo en correspondencia con la fisiología humana, y que convierte los actos del hombre en paralelos a los actos de Dios, mediante su cooperación activa en la construcción y orden del cosmos.

OBRAS DE CARACTER CIENTIFICO

  •  Liber simplicis medicine o Physica, es un libro sobre medicina, divido en nueve libros sobre las correspondientes propiedades curativas de plantas, elementos, árboles, piedras, peces, aves, animales, reptiles.   
  • El Liber composite medicine o Cause et cure, sobre el origen de las enfermedades y su tratamiento y los metales.

OTRAS OBRAS Y ESCRITOS

  • Lingua ignota, Otra de sus obras destacable es  la primera lengua artificial de la historia, por la cual fue nombrada patrona de los esperantistas.
  • Hagiografía: la Vita sancti Disibodi (Vida de san Disibodo) escrita hacia 1170 a petición del abad Helenger, donde trata la vida y obra del eremita irlandés Disibodo que terminó su vida en las cercanías del monasterio que aquel presidía. Por las mismas fechas escribió, además, una explicación de la Regla de S. Benito (Explanatio regule s. Benedicti) y otra del Simbolo Quimcumque (Explanatio symboli s. Athanasii). Por esas fechas escribe la Vita sancti Ruperti para documentar la vida del santo.
  • Epistolario: 300 cartas con temas de lo más variado: teología, espiritualidad, política, remedios curativos, consejos sobre la vida monástica y clerical, entre otros temas que le consultaban.
  • Música: Hildegard compuso setenta y ocho obras musicales, agrupadas en la Symphonia armonie celestium revelationum (Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestes): 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias 2, sinfonías, 1 aleluya, 1 pieza libre y 1 oratorio (fascinante, pues el oratorio se inventó en el s. XVII). Además, compuso un auto sacramental musicalizado llamado Ordo Virtutum (“Orden de las virtudes”).

Ordo Virtutum – Hildegard Von Bingen

 El Ordo Virtutum es uno de los clásicos dramas musicales del medioevo, compuesto por la profetiza teutona para coros y solistas en monofonía, con textos latinos en verso libre. Se habla de su obra Ordo Virtutum (uno de los primeros ejemplos de drama litúrgico) como una proto-opera.  Su latín literario está considerado por los especialistas como una de las maravillas de la época: dulce al oído, brioso en la declamación, inmensamente rico en imágenes creativas y teológicas.

Un estudio de su vocabulario poético pone al desnudo la lógica de sus excentricidades musicales: sorprendentes saltos melódicos, súbita interrupción de pasajes declamados por melismas ricamente ornados, yuxtaposición de modos musicales incoherentes en apariencia. Hildegarda se sirvió como mística de la composición musical para expresar sus experiencias visionarias: en el Ordo Virtutum describe con cantos un universo religioso en el que las obras de las fuerzas cósmicas, bajo la forma de figuras alegóricas, actúan a favor del alma humana en su batalla contra las tentaciones del demonio. Y todo ocurre en el escenario terreno del alma humana donde tiene lugar la confrontación entre las huestes celestiales, representadas por las virtudes, y el bajo mundo profano, simbolizado por el diablo.

En ninguna de sus obras, Hildegarda se atribuye a sí misma ningún mérito. Antes bien, se define como «pobre criatura falta de fuerzas». Todo lo que sabe y hace es obra de Dios. Sus visiones, revelaciones y las curaciones que realizó, fueron sobrenaturales. Descubriéndose como instrumento de la voluntad divina, produjo una serie de obras artísticas que mucho heredaron de sus experiencias místicas personales. Ella misma lo describió minuciosamente:

«Todas las cosas que escribí desde el principio de mis visiones, o que vine aprendiendo sucesivamente, las he visto con los ojos interiores del espíritu y las he escuchado con los oídos interiores, mientras, absorta en los misterios celestes, velaba con la mente y con el cuerpo, no en sueños ni en éxtasis, como he dicho en mis visiones anteriores. No he expuesto nada aprendido con el sentido humano, sino sólo lo que he percibido en los secretos celestes».

Hildegard Von Bingen (1098-1179).

Hildegarda fue una mujer adelantada a su tiempo que vivió en un tiempo de incertidumbres.

Su relación con la Iglesia no siempre fue cordial, porque Hildegard no escondió su opinión crítica con la degradación de las costumbres y con la falta de compasión con los pobres.

Su conflicto con la jerarquía de la Iglesia alcanzó la cima cuando Hildegard y las monjas del convento de Rupertsburg dieron sepultura en el cementerio del convento a un joven revolucionario, que había estado excomulgado por el arzobispo. La abadesa se negó a desenterrarlo e incluso hizo desaparecer cualquier rastro del entierro, para que nadie pudiese buscarlo.

Este problema le significó a Hildegard la prohibición de hacer música, por lo que protestó ante el arzobispo con una carta en la que se lamentaba de la pérdida que la sanción representaba para toda la comarca del Rin, amonestando por ello a la autoridad eclesiástica,

Y sin ánimo de declarar una guerra a sus correligionarios aceptó con humildad el castigo, el cual, realmente sirvió más bien como una bendición para la abadesa y para el cenobio. Pues como les habían prohibido cantar aquellos textos sagrados, decidió componer otros; y al final, resultaron ser al menos 78 obras musicales de gran valor para la comunidad religiosa.

La sibila del Rhin, la profetisa, la secretaria de Dios, la primera mujer médico alemana y la primera mujer en publicar textos médicos, la respetada abadesa, la Santa, la luz de su pueblo y de su tiempo. Estos son algunos de los calificativos que se han usado para referirse a Santa Hildegarda de Bingen, una de las mentes más prolíficas y sorprendentes de la religión, el arte y la ciencia de todos los tiempos.

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Murio  17 de septiembre de 1179 en el monasterio Rupertsberg cerca de Bingen am Rhein. 

La salud de la abadesa era tan débil que en varias ocasiones recibió la extrema unción. Solo una de las veces que la dieron por muerta no despertó. Y lo hizo a una edad impensable en una época en la que la muerte llegaba en torno a los cuarenta. Con 82 años murió, con fama de santidad, rodeada por sus hermanas en Ruperstsberg, monasterio que hoy ya no existe.

Cuenta la tradición que a la hora de la muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores en el cielo. Sin embargo, las diversas tentativas de canonización nunca acabaron con éxito.

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Reliquias de Hildegarda de Bingen en la Iglesia de Eibingen. Las reliquias de la Santa erudita se conservaban en la iglesia de Eibingen y existe una Fundación que se ocupa de divulgar su extenso legado.

Hildegard fue adorada como una santa durante su vida . En vida, el Papa Eugenio XXI la definió como “una auténtica maestra en teología”, y la autorizó con toda solemnidad a escribir, a hablar en público y a hacer viajes apostólicos para dar sermones, algo impensable para una mujer de aquella época. La  mística Santa Hildegarda de Bingen  es la prueba de que en el seno de la cultura cristiana fue posible para una mujer, evidentemente excepcional, producir alta cultura y hacerse escuchar por los poderosos-

Buena parte de las noticias sobre su persona las debemos a su biógrafo, Godofredo de Disibodenberg. Tras su fallecimiento se iniciaron los procesos necesarios para elevarla a los altares. Se le atribuyeron varios milagros en vida e incluso otros después de su muerte.

Hildegarda luchó para que la Iglesia la aceptase y vaya si lo consiguió. La Iglesia siempre ha considerado a los visionarios con gran desconfianza y por lo general los ha calificado como falsos profetas y herejes.
En un periodo de tiempo en que la enfermedad era equiparada a mal; aquellos que curaban las enfermedades estaban tocados por Jesús o por el Diablo. La Iglesia católica no arreglaba mucho el asunto, conseguía enreversarlo aún más. Afirmaba que la medicina estaba relacionada con religiones paganas y que cuestionaban la fe. Las sanadoras durante este periodo fueron torturadas como herejes o paganas

Durante los siglos XIII y XIV, acrecentada su fama, se intensificaron los esfuerzos para declararla santa: varios papas, como Gregorio IX e Inocencio IV, ordenaron un proceso de información con vistas a estudiar su posible canonización.

En 1484 el Papa Inocencio VIII, de pronto, cambió su opinión acerca de las brujas. Hasta esa fecha su posición era que no existían. Pero gracias a una bula papal el Mallificarum Malleus afirmaba que no solo existían sino que además había que eliminarlas. Siguiendo a pies juntillas el pasaje bíblico de “No dejarás que la bruja viva” (Éxodo 22.18). La Iglesia incluyó como brujas a parteras y herbolarios. Inocencio VIII condenaba al cannabis como “sacramento impío” de las misas satánicas y prohibió su uso como medicamento. Culpó al cannabis, que utilizaban los paganos, de asesinatos, enfermedades, malas cosechas. Así se culpó a las brujas del deterioro del cristianismo mediante el establecimiento de un “ejemplo pernicioso para las multitudes”

La Iglesia prohibió todos los libros de Hildegarda. Así que todo el conocimiento «verde» de Hildegarda fue ocultado y su santidad, en proceso en aquel momento, fue postergada. Pero su figura jamás se pudo ocultar ya que tenía una fuerte devoción por parte del pueblo.

La vida de los santos incluye más de una vez este tipo de «problemas en casa propia». San Juan de Ávila lo sabía muy bien, pues se pasó más de un año en la cárcel de la Inquisición. No perdió la calma y aprovechó el tiempo para escribir el esquema de uno de sus libros, Audi, filia, que ha hecho mucho bien, desde entonces a millones de personas. Así son los Doctores de la Iglesia.

Tras ser silenciada casi ocho siglos, la figura de la mística, poeta, filósofa, naturalista y compositora Santa Hildegarda de Bingen fue rescatada del olvido para manifestarse como una de las mujeres más poderosas e influyentes del medioevo.

En mayo de 2012 el papa Benedicto XVI la canonizó y nombró Doctora de la Iglesia. Su onomática se celebra el 17 de septiembre, día de su nacimiento, fecha que también le dedican, curiosamente, la iglesia anglicana británica y la episcopal escocesa. Sus reliquias están en la iglesia parroquial de Eibingen .

El 14 de abril de 1998, el gobierno alemán puso en circulación una moneda conmemorativa del 900 aniversario de Hildegarda de Bingen. La edición constó de un total de 4,5 millones de monedas de 10 marcos, hechas de plata de ley de 925 milésimas, donde se aprecia la efigie de la santa escribiendo los mensajes divinos junto a una banda que dice Liber Scivias Domini y los años de su nacimiento y muerte.

El valor teológico de las enseñanzas de Hildegarda ha sido reconocido desde antiguo por la Iglesia católica en una tradición continuada hasta nuestros días. Muestra de ello fue la inclusión de su vida y obras en el famoso compilado histórico de teólogos publicado en 1885 por Jacques Paul Migne, la Patrologia Latina, que dedica su tomo CXCVII a esta escritora. A ello se aúna su estudio y consideración modernas, de lo que es prueba su mención en declaraciones públicas y homilías de Benedicto XVI, así como su reconocimiento como Doctora de la Iglesia. Existen solamente 33 doctores de la Iglesia de las que cuatro son mujeres: Hildegarda, Catalina de Siena, Teresita de Lisieux y mi admirada Teresa de Ávila.

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Moneda alemana de 10 marcos de plata conmemorativa del noveno centenario del nacimiento de Hildegarda de Bingen.

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FUENTES:

  • Wikipedia
  • Hildegarda de Bingen (2011). Libro de los merecimientos de la vida, Liber vitae meritorum. Buenos Aires: Miño y Dávila Editores.
  • Causas y remedios. El arte de curar de Santa Hildegarda. Edición Manfred Pawlik. Madrid: Susaeta Ediciones, 1999.
  • Physica. Libro de medicina sencilla. Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas, Liber simplicis medicinae. Astorga: Editorial Akrón, 2009.
  • Libro de las obras divinas, Liber divinorum operum. Barcelona: Herder Editorial, 2009.
  • Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales. Madrid: Editorial Trotta, 2003.
  • Martínez Lira, V. y Reta Lira, A. (2003). El lenguaje secreto de Hildegard von Bingen. Vida y obra. Espejo de viento, UNAM, FCE, México.
  • Muncharaz, A. (2013). Santa Hildegarda de Bigen. Mística y visionaria alemana del siglo XII. Doctora de la Iglesia. Editorial Palabra. Madrid.
  • Scivias. Conoce los caminos. Madrid: Editorial Trotta, 1999.
  • Hertzka, G. (2014). Manual de medicina de Santa Hildegarda. Libros Libres.
  • Schiller, R. (1997). La farmacia natural de Santa Hildegarda: plantas medicinales para una vida sana, recetas para preparar medicamentos naturales, indicaciones prácticas para el autotratamiento. Susaeta Ediciones.
  • Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente. Barcelona: Herder Editorial, 2005.
  • Flisfisch, María Isabel (2003), “Las figuras femeninas en la Symphonia de Hildegard de Bingen: Caritas, Sapientia, Ecclesia
  • Chiaia, M. (2006). El dulce canto del corazón. Mujeres místicas, desde Hildegarda a Simone Weil. Narcea. Madrid.
  • Cirlot, V. (2009). Vida y visiones de Hildegard von Bingen. Ediciones Siruela. Madrid.
  • Cirlot, V. Blanca Garí, B. (2008). La mirada interior: Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media. Ediciones Siruela. Madrid.
  • Hildegarda de Bingen, una conciencia inspirada del siglo XII, Régine Pernoud
  • Mujeres trovadoras de Dios, Georgette Epiney-Burgard y Emilie Zum Brunn
  • http://www.hildegardiana.es/
  • http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_letters/documents/hf_ben-xvi_apl_20121007_ildegarda-bingen.html

Y finalmente recomiendo la lectura de “La mujer de las nueve lunas” de Carmen Torres Ripa- La primera novela sobre el personaje más fascinante de la Edad Media: Hildegard de Bingen, la mujer de las nueve lunas, que en una época de oscurantismo y superstición,  se atrevió a desafiar todos los tabúes de su tiempo.

Hildegard von Bingen – Las Voces de la Ascención

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