«EL KYBALIÓN»: 4. Principio de Polaridad

El Principio de la Polaridad explica que en cada cosa se encuentran dos polos, dos aspectos, y que los «opuestos» son, en realidad, los dos extremos de la misma cosa. 

4. PRINCIPIO DE POLARIDAD

Dice textualmente: «Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse»

Imagen Portada: Coniunctio Solis et Lunae como la unión suprema de los opuestos en la alquimia.

Todo es dual; y todo tiene dos polos. Toda realidad tiene dos polos; cada ente, su contrario, distinto en polaridad, idéntico en naturaleza, y ambos se atraen y se armonizan en el equilibrio del cosmos.

La polaridad mantiene el ritmo de la vida. Conocemos la existencia de algo por el contraste de su opuesto.  Así encontramos: luz – oscuridad / amor – odio / espíritu – materia / vida – muerte / bien – mal / vigilia – sueño / valor – miedo / alegría – tristeza.

El Kybalión dice que “los opuestos son iguales en naturaleza, pero que difieren en grados”.

Los opuestos se presentan siempre en el mismo elemento.  El principio de polaridad funciona a lo largo de una escala vibratoria de grados que va de lo positivo a lo negativo, siendo lo positivo de naturaleza superior a lo negativo: en cada cosa hay dos polos.

El gran ejemplo que se utiliza para entender este principio es el de la temperatura. Frío y calor son una misma cosa: temperatura; con una diferencia de diversos grados entre ambos. Si cogemos un termómetro y lo introducimos en agua fría obtendremos un determinado grado de temperatura, si lo introducimos en un vaso con agua caliente, el termómetro reflejará otro muy diferente. Así pues, el hombre ha llamado «calor» a un tipo de graduación de la temperatura, y «frío» a otro. Pero a pesar de la diferencia de grados, y de la forma diferente de manifestarse cada uno de los elementos, en el fondo sólo es Temperatura. Es decir, es exactamente lo mismo, manifestándose de maneras distintas.

Para entender mejor este concepto debemos imaginarnos un termómetro. En él vemos cómo el mercurio sube o baja la escala de grados indicando la temperatura del ambiente. Pero aquí surge una pregunta clave. ¿Dónde empieza el frío y dónde empieza el calor? El límite no está en el grado cero. Cuando hace cero grados se siente mucho frío en cualquiera de las dos escalas conocidas (centígrados o farenheit). De acuerdo con los grados centígrados, para algunos el frío comienza a sentirse a los quince grados, para otros, a los diez. La interpretación es completamente subjetiva.

La conclusión final es que no existe diferencia entre el frío y el calor. Los dos son extremos de una misma cosa, son polos opuestos, la única diferencia entre ellos es el grado en el que se están manifestando. Cuando el termómetro marca los grados menores, tenemos la sensación del frío. Por el contrario, cuando la marca llega a grados mayores decimos que hace calor. Pero en esencia, estamos hablando siempre de la misma cosa: la temperatura.

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Norte-Sur. Frío-Calor. Alto-Bajo. Positivo-Negativo… El Principio de Polaridad equivale al Yin Yang taoísta.

 El espíritu y la materia son la misma cosa pero se manifiestan vibratoriamente opuestos. Cualquier fenómeno tiene la posibilidad de su manifestación contraria, y es factible cambiar algo no deseable en su condición opuesta. Esta es la base de la transmutación mental, el arte de polarizar. Lo no deseable se neutraliza, cambiando su polaridad.

Los extremos se tocan; los dos extremos de la polaridad se atraen mutuamente.  La distancia más corta en este caso no es la línea recta, sino el círculo.

Otra parte de este mismo Principio sostiene que “los extremos se tocan”. Para entender esto, veámoslo en otro ejemplo práctico: si yo decido viajar siempre en dirección este y pudiera dar toda la vuelta al mundo, entonces terminaría en el mismo punto de partida. La pregunta que surge entonces es: ¿Dónde está el oeste? La respuesta más acertada de acuerdo con este principio, sería que el este y el oeste son lo mismo. Debemos recordar que “como arriba es abajo, como abajo es arriba”, lo más probable es que si yo viajara a través del Universo siempre en la misma dirección, finalmente terminaría en mi punto de partida.

En el Universo todo tiene un movimiento circular cíclico

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El perímetro del círculo evoque el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza (tal como en la tradición helenística lo proponía, por ejemplo, el uróboros

Nuestra mente también se ve reflejada continuamente la polaridad.

Este principio, a nivel práctico, permite apreciar los obstáculos de la vida en su justo valor, ya que posibilita que una situación conflictiva pueda ser cambiada gradualmente a través de una adecuada polarización en lo opuesto. El cambio de un grado a otro de la escala vibratoria se consigue mediante la voluntad y el autodominio.

El Principio de Polaridad, al desarrollar la dualidad, nos viene a decir que los polos se tocan en los extremos, que la unión o la división de los polos va a depender de los grados en los que se desarrollen esos extremos, al igual que en el punto anterior, la vibración de cada persona, o cosa, depende de la frecuencia en la que ésta se encuentre.

Ahora bien, si realmente nos interesa conocer este principio es por sus consecuencias a efectos mentales. El espíritu y la materia no son más que polos de las mismas cosas, siendo los planos intermediarios cuestión de grados vibratorios meramente. El TODO y los muchos son los mismos, residiendo la diferencia solamente en el grado de manifestación mental.

El «Bien» y el «Mal» no son sino los polos de una misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce perfectamente el arte de transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio de polaridad. Y en realidad, ésta es la alquimia de la que el ser humano se puede realmente beneficiar. El arte de polarizar, por ejemplo, odio en amor.

La coniunctio Solis et Lunae. La doncella de azul está de pie sobre la Luna (?). (De S. Trismosin, Splendor Solis, 1582, British Museum, Londres.) Figur

Un ejemplo clarísimo es el del Amor-Odio.

Veamos otro ejemplo práctico: a veces, cuando amamos demasiado a alguien también pasamos al extremo del odio con facilidad. Después de haber compartido intensamente nuestra vida con una persona, no queremos volver a verla nunca más. Hemos pasado de un polo al otro, como del frío al calor. Cuando alguien afirma que no desea ver más a su ex pareja es porque en el fondo todavía siente mucho amor. Todavía está actuando dentro de la polaridad amor/odio. La ausencia de amor se constata cuando hay indiferencia, cuando a la persona le da lo mismo ver al otro o no.
Dice el refrán que “del amor al odio sólo hay un paso” y, aunque todos comprendemos que son manifestaciones totalmente distintas, una de tipo positivo y otra de tipo negativo, no se puede negar que ambas son, en esencia, lo mismo. Es por esta razón por lo que es más fácil transformar el odio en amor que desde la indiferencia.

El amor y el odio son considerados como diametralmente opuestos, completamente diferentes e irreconciliables. Pero si aplicamos el Principio de Polaridad, encontraremos que no existe un amor absoluto o un odio absoluto, diferentes uno de otro. Los dos no son más que términos aplicados a los dos polos de la misma cosa. Empezando en cualquier punto de la escala, encontramos «más amor» o «menos odio», si ascendemos por ella, o «menos amor» si por ella descendemos, y esto es cierto, sin importar nada el punto, alto y bajo, que tomemos como partida.

El valor y el miedo quedan también bajo la misma regla. Los pares de opuestos existen por doquier. Donde encontremos una cosa, encontraremos también su opuesta: los dos polos. Este hecho es el que permite al hermético transmutar un estado mental en otro, siguiendo las líneas de polarización.

¿Cuántas veces hemos escuchado que los polos opuestos se atraen? ¿Que todo es lo mismo manifestándose de formas distintas? El ser humano está muy acostumbrado a clasificar el mundo que le rodea a través de las aparentes diferencias que existen en él. De esta manera va agrupando y jerarquizándolo todo. Pero si nos guiamos hacia un nivel más profundo, podremos comprender que realmente todo se reduce a la existencia de la dualidad o polaridad positiva o negativa.

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor observaremos que todo se mueve por este principio. Otro ejemplo claro es la diferencia entre el blanco y el negro. Ambos son reflejo de unas determinadas vibraciones que emiten un color. En el blanco residen todos los colores y en el negro no reside ninguno. Aunque en apariencia son muy distintos, a niveles más profundos son lo mismo. Y ocurre igual con la luz y la oscuridad, con el hombre y la mujer, lo bueno y lo malo…

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Cristo Solarizado. Paradoja de la coincidencia de lo sagrado con lo profano

«Ley de la Paradoja»

Lo que los hermetistas conocen como «Ley de la paradoja» es un aspecto del principio de polaridad.

Aunque para el TODO infinito el Universo, sus leyes, sus poderes, su vida, sus fenómenos, son como cosas contempladas en el estado de meditación o ensueño, el Universo debe ser tratado como realy la vida, las acciones y los pensamientos deben estar basados en ello, acordemente, si bien se tenga un claro conocimiento y realización de la Verdad Superior cada uno respecto a su propio plano y leyes.

Recordemos siempre los dos polos de la verdad: lo absoluto y lo relativo. Guardémonos de las verdades a medias.

Las verdades absolutas han sido definidas «como las cosas, tal como las conoce y las ve la mente de Dios», mientras que las verdades relativas son «las cosas tal como la más elevada razón del hombre las comprende». Y de esta manera, mientras que para el TODO el Universo debe ser ilusorio e irreal, un simple sueño o resultado de la meditación, sin embargo para las mentes finitas que forman parte de ese Universo, y mirando a través de las mortales facultades, el Universo es ciertamente real, y así debe ser considerado. Al reconocer así el punto de vista absoluto, no cometeremos el error de ignorar o negar los hechos y fenómenos del Universo, tal como se nos presentan antes nuestras facultades mortales: no somos el TODO, recordémoslo.

Reconozcamos más bien la verdadera naturaleza del Universo y tratemos de comprender sus leyes mentales, esforzándonos en emplearlas en la forma más efectiva para nuestro progreso ascendente en toda la vida conforme vamos viajando de un plano a otro del ser. Las leyes del Universo no dejan de ser «leyes de hierro» porque sean de naturaleza mental. Todos excepto el TODO, están sujetos a ellas.

No nos sintamos, pues, inseguros o temerosos; sintámonos firmemente sostenidos en la mente infinita, y nada existe que pueda dañarnos o causarnos miedo. No hay poder alguno fuera del TODO que pueda afectarnos. Podemos permanecer tranquilos y seguros.

Debe evitarse la media‑sabiduría, que es locura y que ignora la verdad de que: «El dominio consiste, no en sueños anormales o visiones y fantásticas imaginaciones, sino en emplear las fuerzas superiores contra las inferiores, escapando así a los dolores de los planos inferiores mediante la elevación a los superiores». Recuérdese siempre que la «transmutación y no la negación presuntuosa es el arma del Maestro»

Este principio encierra la verdad de que todo es dual; todo tiene dos polos; herméticos. Explica y dilucida las antiguas paradojas que han dejado perplejos a tantísimos investigadores, y que literalmente decían: «La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza, difiriendo solo en grado»; «los opuestos son idénticos en realidad, diferenciándose en su gradación»; «los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan»; «todo es y no es al mismo tiempo«, «toda verdad no es sino media verdad»; «toda verdad es media falsa», etc.

Este principio explica que en cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y que los «opuestos» no son, en realidad, sino los dos extremos de la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados entre ambos. El calor y el frío, aunque opuestos, son realmente la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados de aquella. Mirad un termómetro y tratad de averiguar donde empieza el calor y donde termina el frío. No hay nada que sea calor absoluto en realidad, indicando simplemente ambos términos, frío y calor, diversos grados de la misma cosa, y que ésta se manifiesta en esos opuestos no es más que los polos de eso que se llama Calor, o sea la manifestación del principio de polaridad que nos ocupa. El mismo principio se manifiesta en la «luz» y la «oscuridad«, las que, en resumen, no son sino la misma cosa, siendo ocasionada la diferencia por la diversidad de grado entre los dos polos del fenómeno. ¿Dónde termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál es la diferencia entre grande y pequeño? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál entre blanco y negro? ¿Cuál entre alto y bajo? ¿Cuál entre positivo y negativo?

El principio de polaridad explica esta paradoja. El mismo principio opera de idéntica manera en el plano mental. Tomemos, por ejemplo, el amor y el odio, dos estados mentales completamente distintos aparentemente, y notaremos que hay muchos grados entre ambos; tantos, que las palabras que nosotros usamos para designarlos, «agradable» y «desagradable«, se esfuman una en la otra, hasta tal punto que muchas veces somos incapaces de afirmar si una cosa nos causa placer o disgusto. Todas no son más que gradaciones de una misma cosa, como lo comprenderéis claramente por poco que meditéis sobre ello. Y aun más que esto, es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio por vibraciones de amor, en la propia mente y en la mente de los demás, lo que es considerado como lo más importante por los hermetistas.

Y ahora comprenderéis la posibilidad de efectuar esto por medio del poder de la voluntad, de acuerdo con las fórmulas herméticas. El «Bien» y el «Mal» no son sino los polos de una misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce perfectamente el arte de transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio de polaridad. En una palabra, el «arte de polarizar se convierte en una fase de la alquimia mental, conocida y practicada por los antiguos y modernos Maestros herméticos. La perfecta comprensión de este principio capacita para cambiar la propia polaridad, así como la de los demás, si uno se toma el tiempo y estudia lo necesario para dominar este arte.

En otra parte, el principio de Polaridad sostiene que “todas las verdades son semiverdades”. En pocas palabras, esto significa que nadie en el planeta Tierra es poseedor de la Verdad Absoluta, sino que todos tenemos nuestra cuota de verdad. Es decir que al igual que con las piezas de un rompecabezas, uniendo nuestra semiverdad con la de los demás, encontraremos la verdad completa. Por eso es importante escuchar a otros. Siempre se aprende algo nuevo de los demás.

Cuando nos encontramos defendiendo ciegamente nuestro punto de vista, en realidad, estamos errando porque “ninguno de nosotros es portador de la verdad completa”. Cuando criticamos a alguien que piensa o actúa de una manera diferente de la nuestra, en realidad, nos estamos cerrando a la posibilidad de aprender otra parte de la verdad. Cada persona, aunque nos parezca errada, tiene su porción de conocimiento. El mantener nuestra mente abierta nos ayudará a escuchar y aprender otra forma de lógica que, finalmente, nos llevará a encontrar el punto medio, o sea, aquello que definimos técnicamente como la armonización de los opuestos.

Al estar frente a personas o situaciones que ponen en conflicto nuestra manera habitual de pensar, es aconsejable pedir Guía a nuestra Alma; pedir que se nos revele ¿qué tenemos que aprender de eso, cuál es el mensaje o verdad comprensible a nuestro desarrollo espiritual, ¿En que grado de verdad estamos?

En el camino de la evolución espiritual se debe evitar todo tipo de fanatismo. No tienes ni siquiera que defender las ideas que estás estudiando ahora. Si estás de acuerdo, tómalas como parte de una verdad relativa, pero siempre mantente abierto a seguir aprendiendo de numerosas fuentes. El fanatismo lleva a pararse en un polo, en un extremo; por lo tanto, nunca te conducirá a vivir en paz. La Verdad está siempre en el medio.

Las personas que tienden a ir a los extremos en sus reacciones tienen más trabajo que realizar. Las conductas extremistas producen resultados extremistas, por lo tanto, tampoco conducen a soluciones felices. Cada uno de nosotros debe aprender a encontrar el punto medio y su propio equilibrio.

La razón por la cual somos poseedores solamente de una verdad relativa es que debemos aprender a encontrar la unidad en todos. Nuestro ego genera diferencias y separaciones entre las personas pero, de acuerdo con este principio “Todos somos parte de lo mismo”. Dicho en términos metafísicos, “El Hijo de Dios es Uno solo y está formado por cada uno de Nosotros”. Nuestro ego se resiste a esa idea y no quiere renunciar a su individualidad.
Si analizas los grandes problemas del mundo, te darás cuenta de que, en esencia, están generados por el ego humano: la diferencia de razas, culturas, economías, límites entre países, y demás. En síntesis, es un problema de percepción errónea. Cuando aprendamos a ver la Unidad en cada uno de nosotros, la mayoría de estos problemas desaparecerán de la Tierra.

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Armonizar los Opuestos

Las cosas de diferente clase no pueden transmutarse unas en otras, pero sí las de igual clase. Así, pues, el Amor no podrá convertirse en Este u Oeste, o Rojo o Violeta, pero puede tornarse en Odio, e igualmente el Odio puede tornarse en Amor cambiando su polaridad. El valor puede transmutarse en miedo y viceversa. Las cosas duras pueden tornarse blandas, las calientes, frías, y así sucesivamente, efectuándose siempre la transmutación entre cosas de la misma clase, pero de grado diferente. Tratándose de un hombre cobarde, si se elevan sus vibraciones mentales a lo largo de la línea Miedo-valor, se llenará de valentía y desprecio por el peligro. E igualmente el perezoso puede hacerse activo y enérgico, polarizándose simplemente a lo largo de las líneas de la deseada cualidad.

El odio y el amor son recíprocamente transmutables, así como el miedo y el valor. Pero el Miedo no puede transformarse en Amor, ni el Valor en Odio. Los estados mentales pertenecen a innumerables clases, cada una de las cuales tienen sus polos opuestos, a lo largo de los cuales es posible la transmutación.

No existe ningún indicador que determine donde empieza y termina cada polo. Es decir, no se puede especificar donde acaba lo alto y comienza lo bajo, y viceversa; donde acaba el norte y comienza el sur, y viceversa; donde acaba el amor y comienza el odio, y viceversa, etc.

Para orientarnos en el mundo vamos creando términos medios, que también lo podemos llamar equilibrio, pero los términos medios son creaciones mentales que vamos creando nosotros. Ese punto medio, al igual que con el Principio de Vibración dependerá del grado de equilibrio en el que nos encontremos, por eso es importante asimilar el concepto de “unidad”. Si estamos en el polo negativo, las cosas nos parecerán negativas, mientras que si estamos en el polo positivo, las cosas nos parecerán positivas.

La mayoría de los resultados obtenidos mediante los «tratamientos mentales» se obtienen según ese principio. Por ejemplo, una persona está triste, melancólica y temerosa. Un científico de la mente eleva su propia mentalidad al deseado grado de vibración, mediante su voluntad previamente ejercitada, y de esta manera obtiene la polarización requerida en su propia mentalidad. Entonces por inducción, produce un estado mental análogo en el otro, siendo el resultado que las vibraciones de éste se intensifican y el paciente se polariza hacia el polo positivo de la escala, en vez de polarizarse hacia el negativo, y sus temores, melancolía, etc., se transforman en valor, contento y parecidos estados internos. Un poco de meditación sobre el asunto demostrará que esos cambios mentales se efectúan casi todos a lo largo de las líneas de polarización, siendo el cambio más bien cuestión que de clase.

Debemos aprender a “armonizar los opuestos”. Venimos al planeta Tierra a desarrollar la habilidad de encontrar el justo equilibrio entre los distintos polos. Tenemos que aprender a pararnos justo en el medio.

¿Cuál es la razón por la cual debemos aprender a armonizar los opuestos? La respuesta es sencilla: encontrar la unidad en todo.

En el Universo existe un solo Dios, una sola Fuente, una sola Energía, un solo Amor; por lo tanto, la diferencia que percibimos entre polos opuestos no es real. Lo que existe en esencia es la Unidad. Si queremos acceder al estado de paz y armonía en la cual habita Dios, debemos aprender a encontrar la unidad en todo lo que nos rodea. Mientras más separación percibimos, más lejos estaremos de encontrar el amor y la paz de Dios. Cuanto más separación percibimos más se manifiestan los conflictos.

Debemos aprender a reconocer que el “culpable” también es inocente; que nadie es tan bueno ni tan malo como parece; que nada es tan lindo o tan feo como lo catalogamos; que nada es tan caro o tan barato. Cuando empezamos a ejercitarnos para encontrar la unidad en todo, el resultado que se obtiene es la paz.

Lo único que no tiene opuestos es el Amor de Dios, que es incondicional, permanente y sanador. Dios nos ama y nos acepta tal como somos. El nos ha creado de esa forma; por lo tanto, Él conoce cada una de nuestras virtudes y defectos. Su aceptación es total y no hay ninguna clase de condenación de su parte. Cuando hablamos de la polaridad amor/odio, por lo general estamos hablando del amor romántico. Recuerda siempre que el Verdadero Amor no tiene opuestos.

Seguramente estarás preguntándote ¿cómo se utiliza este principio en la vida práctica? la explicación es ésta: cada vez que te encuentres viviendo una situación extrema, es decir, que estés ubicado en uno de los polos y desees revertir o neutralizar la situación, deberás comenzar a crear la energía de la polaridad opuesta. De esta manera, llevarás el “termómetro” a su punto medio. Como ejemplo concreto, piensa en lo siguiente: cuando tienes frío, enciendes la calefacción o te abrigas más, es decir, buscas calor. Con el calor se neutraliza el frío y viceversa; con la luz se hace desaparecer la oscuridad; con el amor se transforma el odio, y así con todas las polaridades.

Es probable que hayas escuchado alguna vez un comentario como el siguiente: “¿Por qué Dios no le da una pareja a esta chica que es tan buena y servicial? La respuesta se encuentra en este principio. Por que esa joven está generando la energía de las polaridades del servicio y la bondad, pero no la del amor. Con la bondad se elimina la maldad; con el servicio se elimina el desamparo. En otras palabras, no se consigue pareja siendo “bueno”; sólo se consigue Amor cuando se ama. ¿Pero a quién vas a amar si no tienes a nadie? En primer lugar, a ti mismo, y luego a la persona ideal que “fabriques” en tu mente. Sólo así se manifestará el Verdadero Amor en tu vida.

No se puede cruzar de un par de opuestos a otro y esperar un resultado en el primero. Si deseas transmutar una situación, tendrás que utilizar la energía envuelta en ese par, no en otro. Volviendo al ejemplo anterior, si tienes frío, buscas cómo generar más calor -y no otra cosa. Si estás en una situación de pobreza, buscas ganar más dinero, no más frío ni calor. Se debe trabajar siempre con elementos de la misma naturaleza, a los cuales les cambia su grado de manifestación.

La Sombra es uno de los arquetipos principales de lo inconsciente  según la psicología analítica de Carl Gustav Jung. Sobre este tema de las dualidades y como superarlas ya se ha hablado en el blog. 

VER: # LA SOMBRA

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Principio de Polaridad a través de la Ciencia

¿Cómo conecta este principio mental con algunas teorías científicas actuales?

En física, todos los opuestos dados en el plano físico, luz/oscuridad, alto/bajo, rápido/lento, lleno/vacío… son semejantes en naturaleza y difieren en grado. Esta ley de polaridad permite transmutar uno en otro siguiendo las líneas de polarización. Se puede pasar de frío a caliente pero no de frío a lleno.

En psicología, este principio también es aplicable. Así, se puede pasar del odio al amor, del miedo al valor… La clave está en desarrollar la virtud opuesta al defecto con el que se quiere trabajar.

En mecánica cuántica, la ecuación formulada por Einstein, E = m.c 2, expresa que la energía y la materia son intercambiables. Según la velocidad que lleve esa masa, será energía o materia.

La teoría del caos plantea que detrás del aparente caos de la naturaleza hay un orden estricto, pero se trata de un orden tan complejo, con tantas variables que escapan a nuestro control, que nos parece caos.

La teoría de la relatividad. Einstein nos da otras contradicciones a nivel de los opuestos, espacio/tiempo, inmovilidad/movimiento, que parecen cosas completamente irreconciliables. Y nos muestra que es imposible conocer el movimiento y la inmovilidad.

En su ejemplo del ascensor en caída libre, nos describe lo que ocurre en el espacio. Si estuviéramos dentro de un ascensor y ese ascensor entra en caída libre, estaríamos ingrávidos, como si estuviésemos en una nave espacial. La nave espacial está en un sistema sin gravedad, pero está siendo acelerada. De la misma manera, nosotros en la Tierra nos sentimos inmóviles, pero estamos viajando.

En medicina, la homeopatía se hace eco de este principio de que los extremos se tocan. Aquello que te enferma también te puede curar. Y entonces utiliza los venenos, los diluye en dosis; en pequeñas cantidades curan, en grandes cantidades matan.

NOTA:

Los Principios no son «leyes». Las leyes son locales y variables. Por ejemplo, sabemos que la Ley de la Gravedad tiene características específicas en el planeta Tierra, pero también sabemos que en la Luna tendrá otras características, incluso es posible hablar de gravedad cero en ciertas condiciones. Todo esto nos permite comprender que las leyes están sujetas a variaciones según el ámbito que en que se desenvuelven. Los Principios, por su parte, son universales e invariables. No importa donde se esté, en qué momento histórico, bajo qué leyes particulares nos estemos moviendo, que los Principios siempre actuarán, aun sin importar que uno los conozca o no. En una forma resumida, éstas son las ideas que rodean el concepto de «principio».

Reflexiona sobre ello amigo lector, siempre agradezco nuevos puntos de vista.

Os deseo una jornada llena de bendiciones. Así sea

MAS INFORMACIÓN:

LOS 7 PRINCIPIOS DEL #KYBALION,  LA FILOSOFÍA  HERMETICA:

1. El Principio del Mentalismo
2. El Principio de Correspondencia
3. El Principio de Vibración
4. El Principio de Polaridad
5. El Principio del Ritmo
6. El Principio de Causa y Efecto
7. El Principio de Generación

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FUENTES:

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