«EL KYBALIÓN»: 6. Principio de Causa y Efecto

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“El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”

6. PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO

El sexto Principio metafísico es uno de los más difundidos y dice textualmente: 

«Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad pero nada escapa a la Ley»

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 Principio de Causa y Efecto o “Efecto Boomerang”

Existe un proverbio chino que dice que “el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” expresando de ésta manera una visión holística en la que todos los acontecimientos en la vida estan relacionados y repercuten los unos en los otros. Alquímicamente está relacionado con el 6. Principio del Kybalion: Principio de Causa y efecto.

Esta interrelación de causa-efecto se da en todos los eventos de la vida. Un pequeño cambio puede generar grandes resultados o, hipotéticamente, «el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tempestad en Nueva York».

Este Principio es al que le debemos prestar más atención y que mejor debemos asimilar, ya que es de  donde van a desprenderse las demás leyes y casi toda nuestra vida. Esta ley nos dice “Toda Causa tiene su Efecto y todo Efecto tiene su Causa”, también conocida como ley de Acción y Reacción o Boomerang.

No hay efecto sin causa, al igual que no hay estímulo sin respuesta. Este principio se estudia junto con el Principio de Mentalismo, ya que el efecto de ser infeliz tiene su causa en pensar y sentir negativamente. Esta ley también dice que todo lo que hagamos a los demás, ya sea bueno o malo, nos será devuelto, de ahí que también se llame “Efecto Boomerang”.

Ninguna creación física, mental o espiritual, es posible sin este principio. La comprensión del mismo ilumina muchos de los problemas que tanto han confundido la mente de los hombres. Este principio creador obra siempre en el sentido de «generar«, «regenerar» y «crear«. Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos de este principio. Si deseáis conocer la filosofía de la creación, generación y regeneración mental y espiritual, debéis estudiar este principio hermético, pues él contiene la solución de muchos de los misterios de la vida.

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Detalle de El Principe de los Lirios donde aparece una mariposa revoloteando entre los tallos. . Arte minoico, desarrollado en Creta entre el III y el II milenios.

La Causualidad y el Azar (Casualidad)

No es azar que existan calamidades y tragedias para unas personas mientras existen maravillosas experiencias de la vida para otras, es CAUSALIDAD.

Como dice el 6º Principio del Kybalion egipcio:  Afirma  la verdad de que todo efecto tiene su causa, y toda causa su efecto. Entendemos entonces, que nada ocurre casualmente y que todo ocurre conforme a la Ley. Es decir, todo es CAUSALIDAD. En todo hay causalidad, y es, por tanto, posible describir mediante leyes cualquier fenómeno de la naturaleza.

Esta es una de las leyes mejor conocidas de los Principios Herméticos, quizá porque cualquiera que se ha adentrado un poco en la sabiduría espiritual la tiene siempre en cuenta, conozca los principios o no.

Todo en el Universo está creado por una causa, nada ha nacido de la nada. Todo tiene su causa en el Universo, absolutamente todo. Todo lo que te sucede en el presente es lo que se ha creado en el pasado, y todo lo que se está creando en el presente, es lo que sucederá en el futuro.

No existe la casualidad sino la «causalidad». Para que se produzca el efecto del crecimiento de un árbol en un jardín, ha sido necesario generar la causa de plantarlo. Para tener amor en su sentido más amplio hemos tenido que generar la causa de dar amor. Para ser feliz, hemos tenido que generar la causa de una correcta aplicación de los Siete Principios que rigen el Universo…Así con todas y cada de las facetas de nuestra vida.

”Azar o Casualidad”, no es sino un nombre para la ley no reconocida. Hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley.   Absolutamente todo lo que estamos viviendo en el presente ha sido generado en algún momento, lo hemos creado ya sea consciente o inconscientemente en esta o en otra vida.

Esta ley es tan fuerte que lo trasciende todo, que va más allá de estas y otras vidas. Esta ley dice que absolutamente nada sucede por azar, esta ley dice que no existe la casualidad sino la «causalidad». Nada en el Universo es casual, todo está perfectamente organizado y calculado. Si existiera el efecto aleatorio el Todo sería un caos y sabemos que eso no es así sólo con mirar hacia las leyes universales. Lo que ocurre es que al hombre le cuesta mucho ver en lo más profundo de su alma para determinar realmente por qué está sucediendo lo que está sucediendo. Es más fácil echarle la culpa al destino o a otras personas de aquello que la vida nos devuelve en desgracias que admitir que nosotros hemos tenido algo que ver.

Hay que recordar siempre que la vida es un teatro donde nos fijamos un guión según unas directrices que eviten el caos. Basta con imaginar qué ocurriría si alguien que sembrase durante mucho tiempo amor, nunca lo fuera a recibir simplemente por un factor aleatorio. Eso no sería justo. Para eso está la justicia divina: todo cuanto se haga, tendrá un efecto y ese efecto su recompensa, ya sea positiva o negativa, siempre en función de su causa. Todo, absolutamente todo, está en nuestra mente y lo hemos creado nosotros.

Nada surge de la nada, al igual que ninguna de las personas que habitamos el mundo hemos surgido de la nada. Cuando se conozcan en profundidad todos los principios que rigen el Universo, se comprobará que todas las apariencias de problemas son responsabilidad únicamente nuestra.

Y es que en el Universo hay un continuo emitir y recibir energía de cada componente, según leyes precisas -que la física sólo ha detectado en parte- y que ordena cuanto existe desde el micro al macrocosmos. Y en lo que respecta al ser humano, de acuerdo con sus emisiones, recibe. O sea, que si uno caza, será cazado; si comete un crimen, será muerto en esta o en otra existencia. Si uno roba y no lo repara, le robarán antes o después; si uno es un explotador, será explotado; y así sucesivamente. Y eso nunca ocurre por azar.

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El que a hierro mata, a hierro muere

El Principio de Causa y Efecto = de Siembra y Cosecha.

La ley de siembra y cosecha establece que cosechas aquello que siembras, cosechas más de lo que siembras y cosechas luego de que siembras. Es una ley cristiana escrita en la Biblia que aquello que siembres es lo que vas a cosechar.

Muchos son los versículos en la Biblia que apoyan esta ley, incluso muchos de ellos son usados en nuestro hablar cotidiano en forma de refrán por ejemplo, quien no conoce el refrán que dice:

“Siembra viento y recogerás tempestad” Ese refrán es un versículo que puedes leer en el libro de Oseas 8:7.

Otros versículos que también se aplica a la ley de la siembra y la cosecha son:

  • Proverbio 22:8. El que siembra dificultades, cosechará desgracias; terminará destruido por el mal que les causó a los demás.
  • Gálatas 6:9. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.
  • Corintios 9:6.  El que siembra escasamente,  también segará escasamente;  y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Cuando trasladamos el concepto de siembra y cosecha a nuestras vidas, a la parte mental, la semilla es el pensamiento y la cosecha son tus resultados.  El agricultor es tu mente consciente, es la parte de ti que toma decisiones de lo que quieres conseguir, el suelo fértil es el subconsciente, es la parte de ti donde se alojan todos tus hábitos y creencias y que esta constantemente produciendo los resultados de tu vida.

Si entiendes la ley de siembra y cosecha puedes tomar el control y decidir exactamente que quieres sembrar en tu mente subconsciente. Cuando eres capaz de formar nuevos hábitos empezaras a cosechar mejores resultados.

Cada vez que veas un resultado que no te gusta, no te sientas mal, es simplemente lo que estas cosechando de acciones en el pasado. Recuerda que el presente es solo un residuo de lo que fue. Lo que hagas hoy sera lo que coseches mañana.

No pienses que esto es algo religioso, es una ley universal, es la misma ley de causa y efecto o la ley del karma.

Se puede decir que este Principio apela a la Ley del Karma. Este principio encuentra un cierto parecido con las filosofías orientales, en las cuales se cree que las personas construyen su futuro en función de las acciones que comenten en su vida. A esta ley de reciprocidad o de causa y efecto, se le conoce como karma. Así, el karma implica que todo aquello que se hace, genera consecuencias.

De forma más cotidiana esta ley se podría comparar con la Ley del Talión, o lo que es lo mismo, con el «Ojo por ojo. Diente por diente». Para curar ese karma negativo, una de las cosas más comunes, es sufrir en nuestras «carnes» aquello que en su día hicimos mal o le hicimos mal a otros. Se supone que así uno aprende la lección y no lo vuelve a hacer a no ser que desee volver a sufrir. Por ello, es muy típico que quien se dedica a la hipocresía, después sufra en su propia vida los efectos de la misma, por ejemplo.

Otro dicho que encarna un sentido equivalente es “Perros que con lobos mata, lobos lo matan”. También puede ser semejante, aunque no equivalente, a “El que busca donde no debe, encuentra lo que no quiere”.

“El que a hierro mata, a hierro muere” es un refrán que da a entender que cada quien recibe el trato que merece de acuerdo a su actuación. Se usa particularmente cuando una persona ha cometido un daño contra otra, y luego la vida lo pone en una situación equivalente. Así, este refrán representa cómo la sabiduría popular entiende el principio de reciprocidad o de causa y efecto.

No es por azar que existan calamidades y tragedias para unas personas mientras existen maravillosas experiencias de la vida para otras, pues estamos bajo una ley inflexible y universal, que es la ley de causa y efecto = de siembra y cosecha. Esto es lo que determina nuestra existencia. Esta es la razón por la que es tan importante conocer la cualidad positiva o negativa de nuestros pensamientos. Y también es esta la razón por la que si nos auto observamos a través de la meditacón podemos descubrir quiénes somos realmente en lugar de quiénes nos imaginamos que somos y pretendemos ocultar a otros o enviar al sótano del subconsciente. Sólo conociendo lo que emitimos podemos imaginar lo que nos puede suceder antes o después en esta vida, en otra existencia o en el Más Allá.

Es agradable pensar que todo lo bueno que nos ocurre es el producto de nuestras buenas acciones; pero por el contrario, nos cuesta aceptar que las situaciones negativas que se nos presentan también las hemos creado. Se nos hace difícil llegar a entender ¿por qué y cuándo generamos lo negativo? Este principio nos da la respuesta al explicarnos que son muchos los planos de causación; algunos de ellos provienen desde muy atrás en el tiempo y están dormidos en la memoria, son eventos que pudieron darse tanto en la infancia como en vidas anteriores.

Además, genéticamente recibimos la “influencia” de  nuestros padres, a eso le agregamos la influencia de cuatro abuelos y, si seguimos, vemos que también recibimos la influencia de ocho bisabuelos. Así, esta cadena continúa infinitamente. También recibimos las influencias de la sociedad en la que crecemos, la religión que practicamos, las instituciones de enseñanza a las que asistimos, los lugares de trabajo, los clubes, los amigos que nos rodean, y demás. Estos son sólo algunos ejemplos para indicar que existen muchos planos de causación y nosotros somos el resultado de la suma de dichos planos. Llamamos “planos de causación” a los lugares, personas y eventos que nos han enseñado un “patrón mental o creencia ” que tomamos como verdaderos.

Siempre nos han enseñado que todo lo que hagamos tendrá una recompensa. Si nos sacrificamos y trabajamos duro a largo plazo obtendremos un éxito; si respetamos a los demás, los demás nos respetarán a nosotros, etc. Todo esto está inmerso en las profundidades de esta ley, donde a niveles de vida más superficiales esta ley es la que nos ayuda siempre a obtener esos logros que tanto perseguimos durante nuestra vida o a obtener esos fracasos que la mayoría de nosotros llamamos con el calificativo de «anunciados».

Pero, ¿por qué son «anunciados» esos fracasos o esos éxitos? Porque la persona ha estado trabajando, creando y forjando una serie de causas para que al final se llegara al efecto deseado como objetivo.

Lo importante de este conocimiento es que cambiemos las causas que están provocando las situaciones infelices que no queremos en nuestra vida. Al cambiar las causas, conseguiremos tener el efecto deseado que es nuestra felicidad y las causas se cambian a través de los pensamientos, los sentimientos, las acciones y la palabra positiva.

Einstein decía “si quieres resultados distintos, no hagas lo mismo”, pues hagamos nosotros justamente eso, si estamos enfocados en la negatividad de nuestra vida, cambiemos el polo y centrémonos en lo positivo de nuestra vida;si pensamos sobre nuestro futuro y eso nos hace tener sentimientos de miedo o sufrimiento, no hagamos lo mismo, pensemos nuestro futuro de forma positiva, pensemos que todo nos va salir bien y eso nos causará un sentimiento de tranquilidad, armonía, paz…

Lo que ocurre es que en la sociedad estamos muy acostumbrados a pensar sobre nuestro futuro de forma negativa, y es justamente eso lo que estamos atrayendo, y cuando se produce el efecto en el mundo físico y se manifiesta lo que no queríamos, entonces decimos “lo sabía”, y es cuando a boca llena decimos que tenemos mala suerte.

Este principio nos afecta a todos, no distingue entre razas, géneros o edades, no importa donde vivas, ni en que situación te encuentres, tu vida se rige por esta ley universal que es inmutable. Creas o no en esta ley, no hace ninguna diferencia, no puede ser cambiada ni manipulada, no hay forma de escapar de ella, lo único que puedes hacer es entenderla y usarla a tu favor.

Cada estudiante de metafísica debe analizar el conjunto de información que ha recibido a lo largo de su vida; conscientemente debe seleccionar aquello que desea mantener en su mente y lo que debe desechar. En este proceso se debe reconocer lo que pensaba nuestro padre, nuestra madre, nuestros abuelos, y qué es lo que elegimos pensar nosotros. También es conveniente recordar lo que uno acostumbraba pensar tiempo atrás y lo que elige pensar ahora. Siempre tenemos la libertad de poder elegir en el presente, que es el único momento que existe. Recuerda que lo llamamos “libre albedrío” no es más que la oportunidad que se nos da de elegir nuestros pensamientos. En esto radica nuestro verdadero poder y es así como tomamos las riendas de nuestra vida.

Nosotros somos seres dotados de libre albedrío. Dotados pues de una capacidad de libertad de acción en nuestra vida. De nosotros depende saber utilizarla en nuestro favor o en nuestra contra. Es el momento ideal para recordar esa famosísima frase de Jesús que dice «se recoge lo que se siembra». La naturaleza nos da pues la pauta. Si siembras negatividad, pensamientos oscuros, deprimentes, tristes, o todo lo ves mal; entonces recogerás todo eso que has pensado. Sin embargo si piensas en positivo, en amor, en la alegría de vivir; verás que recoges también todo eso que has pensado. Es el momento de decirte que midas muy bien tus palabras, actos y pensamientos porque ellos son siempre los que originan esas causas que después te traerán una serie de consecuencias.

En este proceso de selección de pensamientos debemos ser responsables y evitar en todo momento caer en el papel de víctima. Para la mayoría, es más fácil culpar a alguien o a algo por la infelicidad y, por lo tanto, se deja de lado la posibilidad de “cambiar y crecer”. Hay personas que culpan al gobierno, la situación económica, su pareja, su familia, sus hijos, jefes, y además, algunos llegan a culpar al clima (humedad, calor, frío) por su insatisfacción.

En general es difícil desligarse de las voluntades y deseos de los demas, pero si aprendemos a generar y reconocer nuestra vibración, y alcanzamos mentalmente el plano superior, los efectos se convierten en causas, y podemos construir la realidad a consciencia, y no desde la victimización, en la que todo “me pasa”

Cuando el hombre conoce esta ley es capaz de discernir de dónde han partido las desgracias o beneficios que se está viviendo ahora. Pero hay algunos efectos cuya causa se ha originado en vidas pasadas y por ello no logramos a entender de dónde ha surgido o se nos hace más difícil llegar a comprender cómo fue. Para ello suelen ser muy útiles las meditaciones profundas o las regresiones conscientes.

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¡Tira los dados! Así se empezó a estudiar el azar

Principio de Causa y Efecto a través de la Ciencia

¿Cómo conecta este principio mental con algunas teorías científicas actuales?

La noción de azar está presente en la historia desde tiempos remotos. Se conocen discusiones filosóficas de la Antigüedad clásica que incluyen este concepto, y sabemos que desde mucho antes ya se jugaba a los dados. Sin embargo, sorprende que  la teoría de la probabilidad o azar, es decir, el establecimiento de métodos para su análisis, no surgiese hasta hace unos pocos siglos, concretamente en el XVII.

En física, la 3.ª ley de Newton de la termodinámica, llamada también ley de acción y reacción, establece que, cuando se ejerce una fuerza en un sentido sobre un objeto, se produce una reacción, una fuerza de igual intensidad, pero en sentido contrario.

A modo de inciso, esta misma idea se ha explicado a través del concepto de karma en las filosofías orientales, ampliando la ley de acción y reacción a planos psicológicos, mentales y espirituales.

En biología, la teoría de la epigenética nos diría que lo que hacemos y el resultado de nuestras acciones tienen un efecto sobre nuestros genes y puede modificarlos.

A principios del siglo XIX, Pierre-Simon Laplace publico en 1812 su obra «Teoría analítica de las probabilidades». En ella, realizó aportaciones fundamentales para la nueva teoría, tanto desde el punto de vista matemático como filosófico. Laplace no atribuía al azar una existencia genuina, sino que lo consideraba un indicador de lo que el ser humano ignora: debido a la imposibilidad de conocer las causas de todas las cosas, tenemos que recurrir a una nueva forma de evaluar los fenómenos que sirva, mediante el cálculo de promedios, para extraer información antes oculta. Esta teoría es conocida como determinismo.

El determinismo causal sostiene que todos los eventos son el resultado de leyes naturales y de condiciones precedentes. Laplace creía fuertemente en el determinismo causal, tal como puede apreciarse en la siguiente cita:

Podemos mirar el estado presente del universo como el efecto del pasado y la causa de su futuro. Se podría concebir un intelecto que en cualquier momento dado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y las posiciones de los seres que la componen; si este intelecto fuera lo suficientemente vasto como para someter los datos a análisis, podría condensar en una simple fórmula el movimiento de los grandes cuerpos del universo y del átomo más ligero; para tal intelecto nada podría ser incierto y el futuro, así como el pasado, estarían frente a sus ojos.

 Desde esta perspectiva, y sosteniendo que los problemas de la vida no son más que problemas de probabilidades, aplicó las leyes del azar a las más diversas áreas del conocimiento. Es de especial relevancia su trabajo sobre la probabilidad inversa. Este método no trata de hallar la probabilidad de que ocurran ciertos eventos, sino que, habiendo observado dichos eventos, calcula la probabilidad de que se deban a cierta causa.
Se dice que presentó una edición de su «Mecánica celeste» a Napoleón, a bordo del barco que lo llevaba a Egipto. Unos días más tarde se quejó a Laplace de que en el texto no apareciera ninguna referencia a Dios. La respuesta de Laplace fue: «Señor, no necesito esa hipótesis».
La idea de que Dios es una hipótesis en lugar de una verdad evidente es una idea moderna en Occidente, aunque ya fue discutida por los filósofos jónicos hace unos 2400 años.

En mecánica cuántica, en la teoría del «orden implicado», de David Bohm, se descubrió que hay electrones que están emparejados. De manera que un electrón a gran distancia del otro sufre las mismas modificaciones que el electrón emparejado, y lo hace aparentemente a la velocidad de la luz.

Para entender esta idea, podemos imaginar que si tuviéramos una pecera con un pez y a su lado pusiéramos dos cámaras, al proyectar las imágenes de las cámaras tomadas desde distintos ángulos en una pantalla, parecería que hay dos peces, pero solo hay uno.

Bohm diría que habría un orden implicado, un orden explicado, que es lo que vemos en nuestro mundo, y un orden implicado. Y ese orden implicado haría que todas las partes estuviesen conectadas entre ellas. Eso explicaría lo que aparentemente no tiene explicación.

La mayor parte de la comunidad científica considera la mecánica cuántica como un evento azaroso y no determinista, al basarse en probabilidades y al parecer no estar regida por principios comunes a la mecánica tradicional. Al contrario de lo que pensaba Einstein que sostenía la idea de no predictibilidad basándose en la existencia de variables ocultas desconocidas que determinarían esa aparente realidad aleatoria. La cuestión abierta en la ciencia actualmente no es si las escalas cuánticas se comportan o no de manera determinista sino porqué la realidad macroscópica es determinista y la realidad cuántica indeterminista.

La solución a este problema podrá llegar de la mano de la ansiada y esquiva teoría del todo, que explicaría las aparentes contradicciones entre las observaciones de la realidad macroscópica de la Teoría de la relatividad y las observaciones de la Teoría cuántica, ambas indudablemente demostradas empíricamente por el método científico. En el ámbito subatómico una aproximación válida a este salto indeterminista-determinista sin necesidad de tener la teoría del todo podría venir de la explicación de como la observación y más concretamente la conciencia provoca el colapso de la función de onda definiendo esa indeterminación.

Hoy el azar sigue siendo una fuente de discusiones filosóficas. De ello es un ejemplo paradigmático la famosa frase de Albert Einstein, en la que se posiciona en contra de la aparente aleatoriedad en la descripción cuántica del mundo, que nos transporta al origen de todo: “Dios no juega a los dados”.

Einstein era férreo defensor del universo determinista y se oponía a la idea de un universo  descrito por la mecánica cuántica, dependiente de la casualidad y probabilidad, en la que un electrón “decide” su trayectoria y el momento en que es emitido. Esto le llevó a confrontarse en múltiples ocasiones con su colega Niels Bohr, adalid en aquella época de la mecánica cuántica. En uno de sus encuentros en Berlín, durante una de estas discusiones que iban directamente a los fundamentos de la constitución del cosmos, Einstein intentó reafirmar su postura alegando “Dios no juega a los dados“, a lo que Bohr le replicó: deja de decirle a Dios lo que tiene que hacer“.

Las primeras explicaciones científicas sobre los fenómenos aleatorios no aparecen hasta el siglo XVII, de la mano de las matemáticas . Con la Ilustración surgio una corriente intelectual, científica y filosófica muy arraigada en el mundo moderno que defiende el Azar como algo universal, y le da un valor absoluto. En vez de hablar de Dios hablamos de Azar, que viene a ser su caprichoso dios gracias al cual tendríamos que imaginar que absolutamente todo cuanto acontece es aleatorio.  Esta de moda simular que se es ateo, pero han sustituido al dios Patriarca del que hacen bien en no creer, por el dios Azar, que resulta más cruel y caprichoso que el de los manipulados Libros Sagrados

Imaginar un dios azar capaz de generar y mantener el Universo parece mucho más difícil que creer en un Dios que ordena su propia Creación. Y respetando las creencias de cada cual, no me extraña que hayan existido tantos intelectuales y filósofos locos de atar o suicidas. Y es que no es para menos cuando se llega al extremo de vivir el mundo con ese sentimiento trágico de estar sujeto a algo aleatorio cuando uno pretende vivir con la lógica racionalista.

Por mi parte creo en un Dios que es energía amorosa y acogedora para cada una de sus criaturas y que nos ama tanto que fue capaz de enviarnos aquí a Su Hijo primogénito no para morir asesinado, sino para guiarnos con su antorcha de la verdad -el Sermón de la Montaña- a comprender cuál debe ser nuestro modo de vivir desde el punto de vista de la energía positiva. El siempre advirtió sobre la ley de siembra y cosecha y la necesidad de vigilar nuestros modos de pensar, sentir, hablar y actuar para no cargar nuestra alma de siembras que serán cosechas no deseadas.

 La vida es un reflejo de las acciones que llevas a cabo. Así que tú eliges si pensar y actuar de manera positiva o negativa.

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Quizas a Dios lo que le gusta realmente es el domino. El movimiento de un dominó está determinado por las leyes de la física. Principio de Causa-Efecto

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