Geber, el Alquimista Árabe

Geber, su nombre completo era Abu Abd Allah Jabir Ibn Hayyan Al Sufi es considerado el mayor de todos los alquimistas árabes.

El más grande de los adeptos musulmanes a la alquimia fue un místico. Jabir Ibn Hayyan al-Sufi, que sería luego conocido en la Europa medieval como Geber, la versión latina de su nombre, nació en Kufa (Arabia) hacia el año 722 de nuestra era.

La Escuela de Farmacia

Durante los califatos de los Abasidas desde 750 a 1258, floreció en Arabia una escuela de farmacia.

Jabir ibn Hayyan, más conocido por su nombre latinizado Geber, nació en el siglo VIII en la región de Jurasán, perteneciente al actual Irán, aunque no se tiene muy claro si era de etnia árabe o persa.  Al parecer era hijo de farmacéutico, lo que le ponía en contacto con todo un mundo de pócimas, extracciones y de alquimia aplicada, que no tardó en desarrollar gracias a su potencial intelectual, aplicando muchos de sus conocimientos en la obtención de nuevos compuestos. El que pudiese combinar el carácter práctico de un farmacéutico con la indagación especulativa de un filósofo de su época, le convertirá en uno de los grandes impulsores de la alquimia de la época

Su humilde origen no le impidió manifestar desde su juventud una profunda inquietud espiritual que le llevó a seguir las enseñanzas del imán chiita Jafar al-Sadiq, célebre por sus vastos conocimientos de magia, astrología, filosofía y alquimia, disciplinas en las que con toda probabilidad inició a su joven discípulo.  De su mano logró, también, una notable intimidad con una poderosa familia que le abrió las puertas de la corte de los califas, y que le permitió acceder libremente a los tratados bizantinos sobre el arte sagrado y extraer de ellos la vieja sabiduría de los adeptos alejandrinos.

Pero poco había de tardar el discípulo en convertirse en maestro. Caída en desgracia la familia que le amparaba, algo frecuente en una época en la que el califato había evolucionado ya hacia una suerte de despotismo oriental, hubo de regresar a Kufa, donde, sumido en el anonimato, se dedicó en cuerpo y alma a la alquimia, cuyo edificio, teórico y práctico, renovó por completo sin destruir los viejos cimientos sobre los que se había levantado siglos atrás.

Su trabajo fue tan prolífico que la tradición le atribuye más de tres mil títulos de temas muy diversos, desde la alquimia al misticismo, pasando por la cosmología y otras disciplinas semejantes, aunque no se han conservado más allá de doscientos. Por supuesto, es muy poco probable que escribiera más de una pequeña parte de estas obras, sobre todo porque alguna de ellas, como la titulada Libro de la misericordia, contiene alusiones a sucesos que no tuvieron lugar hasta varios siglos después de su muerte.

No obstante, el mero hecho de que semejante número de autores posteriores se prestaran, complacidos, a colocar sus trabajos bajo el nombre del maestro ofrece una prueba inmejorable del gran prestigio que alcanzó. Además, el estilo de todos ellos es tan homogéneo que permite pensar con toda lógica que fundó una verdadera escuela cuyos discípulos siguieron durante mucho tiempo leales a las enseñanzas recibidas.

Por ello resulta común hoy en día agruparlas bajo el denominador genérico de corpus jabiriano, aunque no falta quien, con actitud un tanto aventurada, niega incluso la existencia del propio Jabir y atribuye sus obras a un grupo de místicos sufíes con sede en Basora, los llamados Hermanos de la pureza, cuya sociedad habría usado ese nombre como denominación genérica de sus miembros.

De hecho, Jabir puede considerarse sin temor a exagerar el verdadero fundador de la alquimia musulmana. Fue él quien sometió a revisión la teoría aristotélica sobre la materia para, sin descartarla por completo, introducir en ella la idea de los dos principios contrapuestos simbolizados, respectivamente, por el azufre y el mercurio, dando así forma a la visión de la naturaleza que, con escasos matices, se mantuvo vigente hasta el siglo XVII.

A él debe también la alquimia el concepto de elixir, la sustancia capaz de transmutar los metales innobles en oro, devolver la salud al hombre y prolongar su vida.

Y gracias a su constancia se produjeron avances de gran trascendencia en el campo de la química práctica, ya que sus obras no solo describen e incluso explican con todo detalle el laboratorio alquímico y las operaciones que en él se desarrollan, como la calcinación, la sublimación, la reducción o la cristalización, sino que proporcionan recetas y procedimientos que siguieron utilizándose durante siglos. Sean o no fruto de su pluma obras tan prestigiosas como La suma de la perfección, El testamento o El libro de los hornos, lo cierto es que, a través de ellas, la sombra del más grande de los alquimistas árabes se proyecta con autoridad muchos siglos después de su muerte.

Aunque sus obras poseen, en mayor grado que las de sus predecesores, un carácter muy práctico, no olvidan tampoco insistir en las virtudes personales que deben adornar al alquimista: paciencia, sabiduría, moderación… También en esto la influencia de sus enseñanzas se proyectó más allá de su época.

Aunque Geber no fue el padre de la alquimia, existe un antes y un después de sus trabajos, especialmente por su valoración del trabajo práctico y la experimentación. Posteriores a Geber son Avicena (siglo XI), cuyo prestigio fue inmenso como alquimista, filósofo, astrónomo, matemático y, sobre todo, médico, y Averroes (1126-1198), nacido en Córdoba, célebre por sus comentarios sobre Aristóteles y que ejerció un gran influjo en el pensamiento medieval.  

El primer trabajo conocido de esta escuela es la obra que se difundió en Europa en su versión latina titulada De alchemia traditio summae perfectionis in duos libros divisa, atribuido al científico y filósofo árabe Abú Musa al-Sufí, conocido en Occidente como Geber; este trabajo, que podemos considerar como el tratado más antiguo sobre química propiamente dicha, es una recopilación de todo lo que se creía y se conocía por entonces

Jabir profesó haber extraído su inspiración alquímica de escritores anteriores, tanto legendarios como históricos, sobre el tema. En sus escritos, Jabir rinde homenaje a los alquimistas egipcios y griegos Zosimos, Demócrito, Hermes Trismegisto,  Agathodaemon,  pero también PlatónAristótelesGalenoPitágoras y  Sócrates, así como a los comentaristas Alejandro de Afrodisias , Simplicio , Pórfido y otros.

El objetivo primordial de Jabir era la takwin, la creación artificial de vida en el laboratorio alquímico, hasta e incluyendo la vida humana. El Libro de la Asamblea «Kitāb Al-Tajmi ‘»  incluye varias recetas para crear criaturas como escorpiones , serpientes e incluso humanos en un entorno de laboratorio, que están sujetas al control de su creador. Lo que Jabir quiso decir con estas recetas es desconocido. Jabir declara en su Libro de Piedras (4:12) que «¡El propósito es confundir y llevar al error a todos, excepto a aquellos a quienes Dios ama y provee!» 

Kathleen Malone O’Connor escribe:

Desde el emic perspectiva del alquimista, el acto de takwin era una emulación de las facultades creativas y vivificantes divinos de Génesis y la resurrección y golpeó las fuerzas físicas y espirituales en la naturaleza. Al mismo tiempo, fue un acto a través del cual el alquimista se transformó y purificó internamente, una regeneración espiritual. Tal acto destaca la interrelación creativa y a menudo incómoda de la magia y la ciencia islámicas con la revelación y la tradición islámicas

El Libro de las Piedras fue escrito deliberadamente en un código altamente esotérico, de modo que solo aquellos que habían sido iniciados en su escuela alquímica pudieran entenderlos. Por lo tanto, para el lector moderno es difícil, en el mejor de los casos, discernir qué aspectos del trabajo de Jabir deben leerse como símbolos (y qué significan esos símbolos), y qué debe tomarse literalmente.

El gnosticismo islámico presente en las obras de Jābir pertenece al tipo que era común a finales del siglo IX: otro indicio de que algunas de las obras que se le atribuyen probablemente daten de este período. Estas obras ofrecen una ventana al gnosticismo islámico de finales del siglo IX y clarifican los textos científicos griegos clásicos, cuyos originales, en su mayoría, no han sobrevivido. Las obras alquímicas de Jābir incluyen descripciones sobre la destilación, la calcificación, la disolución, la cristalización y otras operaciones químicas que se usaron más adelante en el mundo islámico y en Europa durante siglos.

Geber expandió los conceptos aristotélicos de los elementos (fuego, aire, tierra y agua) a otras cuatro propiedades: seco, caliente, frío y húmedo De acuerdo con él, en cada metal dos de estas cualidades eran interiores y dos exteriores. Por ejemplo, el plomo era externamente frío y seco, mientras que el oro era caliente y húmedo. De esta forma, teorizaba Jabir, reordenando las cualidades de un metal, podía obtenerse uno diferente. Con este razonamiento, la búsqueda de la piedra filosofal fue introducida en la alquimia occidental. Jabir desarrolló una elaborada numerología mediante la química. ibn Hayyān es considerado otro de los precursores de la química moderna.

El «Problema» de Geber-Jābir

Yabir ibn Hayyan es el autor de los primeros libros publicados que trataban acerca de la práctica de la alquimia.  Sus conocimientos se documentaron por sus discípulos en la obra “El libro de los secretos de la creación”. Sin embargo, aunque hoy en día valoremos su trabajo por su énfasis en la experimentación y el rigor científico, no podemos olvidar la parte de superstición, inextricablemente unida a la ciencia naciente de la época, presente en sus obras. Casi todo lo bueno y lo malo de la alquimia medieval árabe y europea de la Edad Media tiene su origen, de una manera u otra, en Geber.

La primera biografía de Jābir, en al-Fihrist, fue escrita en el siglo X por ibn al-Nadīm, erudito y bibliógrafo que vivía en Bagdad. Contiene gran cantidad de elementos imaginarios, aunque existe evidencia externa que ha demostrado que la lista de obras atribuidas a Jābir en este trabajo es, en general, correcta. Sin embargo, el gran volumen de literatura que se atribuye a Jābir, y que comprende obras sobre alquimia, filosofía, astrología, matemática, música, medicina, magia y religión, no puede haber sido obra de una sola persona. Tampoco puede haber sido compilado antes del final del siglo IX, como lo demuestra el hecho de que la terminología científica utilizada en el corpus jabireano recién fue introducida por Ḥunayn ibn Isḥāq al-ʻIbādī (circa 809–873).

El gnosticismo islámico presente en las obras de Jābir pertenece al tipo que era común a finales del siglo IX: otro indicio de que algunas de las obras que se le atribuyen probablemente daten de este período. Estas obras ofrecen una ventana al gnosticismo islámico de finales del siglo IX y clarifican los textos científicos griegos clásicos, cuyos originales, en su mayoría, no han sobrevivido. Las obras alquímicas de Jābir incluyen descripciones sobre la destilación, la calcificación, la disolución, la cristalización y otras operaciones químicas que se usaron más adelante en el mundo islámico y en Europa durante siglos.

Por ello, sobre esta figura histórica, pesa una incertidumbre considerable desde hace un siglo,  la incertidumbre continúa hoy.  Esto a veces se llama el «problema de Geber-Jābir». Es posible que los hechos mencionados en las obras latinas, atribuidos a Geber y que datan del siglo XII y posteriores, puedan atribuirse al crédito de Jabir.

El corpus latino consiste en libros con un autor llamado «Geber» para los cuales los investigadores no han podido encontrar un texto en árabe. Estos libros fueron fuertemente influenciados por los libros árabes escritos por Jabir, el «verdadero» Geber, y por Al Razi y otros. Están disponibles solo en latín, datan de aproximadamente el año 1310, y su autor se identifica como «Geber» o pseudo-Geber

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Retrato europeo del siglo XV de «Geber», Codici Ashburnhamiani 1166, Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia

El Geber Hispánico o pseudo-Geber

La identidad del autor de las obras atribuidas a Jabir ha sido discutida durante mucho tiempo.

Geber se dice que vivió en Sevilla durante el siglo VII. La seudoepigrafía era común en la Edad Media y el Pseudo-Geber europeo (italiano o español) adoptó el nombre de su ilustre predecesor árabe para alcanzar más estatus en su propia obra.

Se le considera el más importante de los alquimistas medievales no se conoce por su nombre, ya que escribió con el seudónimo de Geber, el alquimista árabe que había vivido dos siglos antes. Nada se sabe de este «falso Geber» excepto que fue probablemente español y que escribió alrededor de 1300. Fue el primero en describir el ácido sulfúrico, la sustancia simple más importante de las utilizadas por la industria química en la actualidad (después del agua, aire, carbón y petróleo). Describió también la formación de ácido nítrico fuerte. Estos ácidos se obtenían de los minerales, mientras que los ácidos conocidos con anterioridad, como el acético y el vinagre, procedían del mundo orgánico.

MAS INFORMACIÓN: «ALQUIMIA» La Ciencia Árabe.

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Nos leemos en el próximo post.

 

 

FUENTES:

  • Wikipedia
  • https://www.wdl.org/es/item/10675/
  • En Busca De La Piedra De La Sabiduria: Historia De La Alquimia. 2 Tomos. de HANS-WERNER SCHÜT

BIBLIOGRAFIA:

  • DE LA INVENCION DE LA VERDAD O PERFECCION  Autor: GEBER
  • DE LA INVESTIGACION O BUSQUEDA DE LA PERFECCION Autor: GEBER

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