Brujas y «Familiares»: Ranas y Sapos.

Octubre es el mes de las brujas! Y de sus «Familiares» como los Sapos…

Como podéis ver en articulos anteriores, #EL SAPO es un animal relacionado con la muerte y con lo femenino por lo que estamos ante un animal que simboliza la transmutación, la transformación. Tiene asociaciones con la fertilidad, la magia, las hadas y la brujería. Los brujos que tienen sapos es porque ven en ellos una especie de «familiar»que les asiste.

El Sapo es activo de noche  por lo que, como otros animales, está conectado con las energías lunares y con la Gran Madre. Vive en dos medios, el agua y la tierra por lo que es un animal capaz de viajar entre dimensiones. Por extensión, su capacidad de moverse en la oscuridad y esta habilidad de vivir en dos medios lo asocian con los misterios de la vida y con lo desconocido, territorio afín a la brujería, que siempre nace y se mueve en senderos escarpados y oscuros.

RANAS Y SAPOS, SIERVOS DEL DIABLO Y «FAMILIARES» DE LAS BRUJAS

Bruja dando beso a una ranaEl sapo es un animal estrechamente relacionado con el folclor de la bruja. Por esto lo encontramos entre las imágenes arquetípicas de la bruja o el brujo, que aparecen cerca de un caldero humeante. Al igual que el gato negro y el cuervo.

En la antigua Grecia, Roma y en Escandinavia el sapo representaba el útero de la mujer. A causa de este simbolismo, el sapo se convirtió en símbolo de la partera o comadrona y probablemente parte de ese origen su asociación con la brujería. Las parteras eran grandes expertas y conocedoras del organismo femenino y, por supuesto, de hierbas que sanaban o ayudaban a abortar. Daban la vida, ayudaban al ser humano en su tránsito hacia la vida, pero también hacia la muerte. Normalmente eran también requeridas en trances de muerte. En algunas zonas de Europa había pequeñas estatuillas de sapos que eran dejadas en lugares sagrados por las mujeres en busca de ayuda y fertilidad.

Dentro de la cultura gitana, se dice que la Reina de las Hadas vivía en un castillo que tenía forma de sapo dorado.  Los sapos se consideran criaturas de cuentos de hadas, retratados como comienzos mágicos que pueden convertirse en un príncipe o, a veces, incluso utilizados por brujas y magos para preparar una poción.

Los antiguos griegos y romanos creían que los sapos tenían dos hígados, uno lleno de veneno mortal y el otro que contenía un antídoto. Por eso se usaban a menudo en hechizos mágicos y brujería desde la antigüedad hasta la Edad Media, e incluso más allá, en Europa

Los sapos secretan un veneno blanco y espeso a través de su piel. Esta «leche de sapo» o bufotenina a veces es alucinógena, y se dice que es un ingrediente en algunos ungüentos voladores antiguos. Las exudaciones de los sapos son uno de los ingredientes alucinogenos, para la grasa con que se untaban las brujas para volar al aquelarre.  Hay quien los chupa, literalmente, para colocarse (una locura suicida) El asalto masivo al sistema nervioso que produce el veneno de sapo es muy bestia y que para cualquiera que se halle fuera del mundo tradicional (chamanes, brujas, etcétera) experimentar con estas sustancias resulta «el pináculo de la estupidez».

VER: El Poder Mágico de «la Leche» de Sapo

En el folkore de Euskadi así como en los Pirineos, se identificaba a una persona como bruja si esta tenía en la piel una pata de sapo. Se creía que la saliva de un sapo era especialmente dañina por ser venenosa. Se pensaba incluso que el sapo escupía fuego. Un animal tan terrible como la propia bruja, la cual se pensaba también, utilizaba al sapo en su adoración al diablo, echándolo en su caldero para fabricar pociones y conseguir la invisibilidad o viajar al sabbat. Los sapos segregan por la piel una sustancia blanquecina y venenosa llamada bufotenina, popularmente conocida como “leche de sapo”, con propiedades alucinatorias y utilizada, probablemente, como ungüento volador.

1579 xilografía que muestra a una bruja alimentando a sus familiares sapos.

En Europa en la Edad Media , ranas y sapos  se asociaron con el Diablo

La época medieval se encargó de transmitir unas cualidades que quizás no le pertenecían, relacionando a las Brujas, las Ranas y los Sapos con magias, hechizos y actos de brujería. Cargadas de connotaciones veladas y ocultas. En la época de la Inquisición, estos pequeños animales no gozaron de la mejor fama ya que fueron condenados junto a brujos y brujas a la hoguera.

Los brujos tenían sapos. El Demonio se los entregaba para que los cuidaran. Les vestían con ropitas de colores, les alimentaban y los llevaban al aquelarre la noche de reunión brujeril. Allí los dejaban en un pequeño corral y encargaban a un niño, que seguramente había sido raptado de su cama y llevado a la fuerza al aquelarre, que los mantuviera dentro del recinto mientras todos los brujos y brujas se rendían a las aberraciones que el diablo disponía.

Hay varios relatos también que cuentan cómo las brujas tenían estos animales como mascotas, dándoles nombres y llenándolos de toda clase de cuidados. Gracias a esta relación con la magia, se ha hecho popular la creencia de que, si se besa un sapo, se romperá un conjuro y se transformará en príncipe. Es decir, el sapo es un animal embrujado.

Al menos eso era lo que se deducía de los testimonios que recogía la Santa Inquisición. San Cipriano, en el libro de su historia como hechicero, dice que el sapo tiene una gran fuerza mágica invencible desde el momento en que es la comida que Lucifer da a las almas que están en el infierno. Por esta razón pueden hacerse con el sapo los encantos y hechizos que se recogen en diversos tratados de magia popular.

Los batracios entran en la composición de brebajes mágicos y talismanes. Las brujas de Bearn se servían de los sapos para preparar filtros con el fin de pervertir a las jóvenes. Gregorio de Toulouse cuenta que un obispo de la diócesis de Soissons deseoso de vengarse de sus adversarios junto con una bruja -quemada en 1640- bautizó un sapo con el nombre de Juan y le hizo comer una hostia; acto seguido ella desgarró el animal en trozos y compuso un veneno que dio este obispo a sus enemigos que murieron miserablemente

El sapo es un poderoso símbolo de transformación, ya que crece de renacuajo a sapo.

La creencia de que los humanos pueden transformarse en animales es muy antigua. Se creía que esta habilidad estaba reservada a las brujas especialmente leales y que era una especie de recompensa del diablo. En Inglaterra H. Robbins cita la obra The Devil’s Desulion (1649), donde se recoge el acta de un juicio en que se asegura que John Palmer, ejecutado el 16 de julio de 1649, confesó que «tras reñir con un joven se transformó en sapo y que como se encontraba en un sitio por el que tenía que pasar dicho hombre, éste le dio una patada; inmediatamente, Palmer se quejó de que le dolía la espinilla y hechizó al joven durante muchos años, causándole gran aflicción».

En la peninsula, la mas famosa bruja-liebre fue María Zozaya, que apareció a la cabeza de los condenados a muerte del gran proceso a las brujas de Zugarramurdi.  María relata que cuando el párroco de Errenteria salía a cazar, el demonio la transformaba en liebre a fin de que pudiera divertirse volviendo locos a los galgos y al propio abad que, de este modo, lo único que cazaba era un enfado morrocotudo. Por supuesto, criaba sapos en casa, a los que sacaba agua a base de azotes para la olla del akelarre.

Ordeñar a su sapo, extraerle parte del veneno masajeando su piel, permitía hacer pócimas y ungüentos alucinógenas. Hay que tener en cuenta que los efectos pueden producirse simplemente con el tacto de esa sustancia. En muchos casos el ungüento era utilizado para embadurnarse el cuerpo a modo de rito brujesco; así que la consecuencia era un viaje sobre una escoba que para la bruja afectada era de lo más real. Quizá sobre decir que ingerir la pócima provocaba los mismo efectos y podía llegar a ser mortal.

En el País Vasco se decía que los sapos eran familiares favorecidos, y las brujas llegaban a «bautizar» a sus sapos en los cementerios y los adornaban con cintas de terciopelo y campanas. A menudo los demonios familiares acompañaban a las brujas en forma de sapos y es tradición que a las personas que acudían tres veces a un aquelarre o reunión sabática para satisfacer sus instintos más bajos les quedaba ya para siempre una señal en forma de sapo en lo blanco del ojo o en un repliegue de las orejas.

Esta leyenda está en todo el País Vasco, donde en cada pueblo se ha conservado algún rasgo o anécdota de una diosa: Mari, la diosa madre de los Pirineos. El dueño de una ferrería no logrando hacerla funcionar, fue a pedir consejo a la señora en su caverna. Mari le reveló entonces que, bajo las losas del yunque, había un enorme sapo. Él era el culpable de que la fábrica no funcionase. Así, gracias a la dama de Amboto, una vez fue quitado el sapo de allí, la ferrería volvió a ir viento en popa.

«De pronto divisó el enorme sapo nadando entre las espadañas. Nadaba despacio, sin alborotar el agua, con los ojos abultados, fríos e indiferentes, en un punto fijo».

(M. Delibes, El hereje

Los valdenses de Arras (siglo XII) durante la celebración de la misa negra distribuían en la Eucaristía sapos que servían para confeccionar polvos maléficos. De esta forma los brujos volvían los campos estériles, hacían morir a los hombres y a los animales o provocaban las tormentas y expandían epidemias.

El sapo aprisionado vivo en bronce fundido era una práctica utilizada en los ritos satánicos polacos. La mayoría de los herejes quemados hacia el año 1200 por Conrado de Marburgo -gran inquisidor alemán, asesinado por los secuaces de una secta luciferina- habían confesado el culto del sapo.

En el mundo románico, de arraigado y profundo simbolismo, se representa con frecuencia a la mujer lujuriosa con sapos que le succionan un seno, como muestran las portadas de las iglesias de Santa Cruz de Burdeos y la de Charlieu (Loira). Su modo de acoplamiento observado en la naturaleza ha dado origen al pecado capital de la lujuria. Aunque más expresivos resultan unos versos de Etienne de Fougères, obispo de Reims, tomados de su obra Livre de manieres que sirven para ilustrar los castigos que las cortesanas sufrirán en el infierno:

Sapos, culebras y tortugas
les cuelgan de sus pechos desnudos.
¡Ay! Cuan mal fueron entonces vistos
los amoríos de las frivolas amantes.

brujas-zugarramurdi-L-2

En el folklore se instaba a sacar a los sapos de las casas con sumo cuidado por miedo a la ira del espíritu de la bruja que habitaba en él.

“Una vez que se tenga bien agarrado y sujeto para evitar cualquier tipo de molestias que pueda ocasionar, deberá pasárselo cinco veces por el bajo vientre, utilizando la mano derecha, a la vez que se dicen estas palabras: Sapo, sapito, así como yo te paso por el bajo vientre, así (nombre de la persona a quien se quiera hechizar) no tenga sosiego ni descanso, mientras no venga a mí de todo corazón y con todo su cuerpo, alma y vida. Hacerse con un hilo fino verde y enhebrarlo a una aguja lo más delgada posible, cosiendo la piel que rodea a los ojos de abajo arriba, evitando dañar la niña, pues el amado podría quedar ciego”.

Terminada esta operación, se dirá lo siguiente:

“Sapo, yo, por el poder de Lucifer, el príncipe Belcebú te cosí los ojos, que es lo que debería de hacer a(nombre de la persona) para que no tenga sosiego ni descanso en parte alguna del mundo sin mi compañía, y ande ciego para todas las mujeres/hombres. Véame únicamente a mí y en mí solo tenga su pensamiento.(Nombre de la persona) aquí estás preso y amarrado sin que veas el sol ni la luna hasta que no me ames. De aquí no te soltaré; aquí estás cautivo, preso; así como lo está este sapo”.

Fue la Alquimia la que por primera vez asoció al sapo con la parte más oscura de la experiencia humana. El sapo negro, en alquimia, representa la materia primordial que tiene que ser transmutada. De esta precisa idea proviene el cuento de El príncipe y la rana, recopilado por los Hermanos Grimm. Supongo que todos conoceréis la historia pero resumiendo mucho, una princesa besa a un feo sapo y este se convierte en un apuesto príncipe. Como todos los cuentos llamados de hadas, existe aquí un conocimiento iniciático muy profundo que nos muestra, a través del símbolo cuyo significado es prohibido para el profano, la transmutación de la Obra, la transmutación del espíritu de tosco a eterno. Este Arte es la forja, la conversión del hierro en obras de arte de gran flexibilidad y dureza al mismo tiempo.

En los cuentos para niños, es muy común que las brujas tengan un caldero hirviendo para elaborar pócimas malévolas y casi siempre el ingrediente secreto para que surta efecto el hechizo son los ojos o las patas de un sapo o una rana.

OJOS DE SAPO, ANCAS DE RANA

Canción de Halloween

Ojos de sapo, ancas de rana,
que tengas suerte toda la semana.

Alas de murciélago, ojos de lombriz,
que hoy y siempre seas muy feliz.

Hilos de araña, escamas de dragón,
que nunca nadie hiera tu corazón.

Cola de culebra, patas de chucho,
que siempre todos te quieran mucho.

Dientes de rata, uñas de urraca,
que cada año te pongas más flaca

Noche de luna, bruja en escobita,
que cada día te mires más bonita

Sacos de duende, poción en calderito,
que siempre, siempre te abunde el dinerito

Con este conjuro todo has de lograr,
y de tu buena suerte nunca has de dudar.

Para muchos pueblos el sapo sólo sirve para causar maleficio, sin embargo para otros es de origen divino y, como tal, ayuda y protege a los que creen en su poder benéfico. Pero lo singular es que los mismos que lo maltratan e infaman por un lado, por el otro lo veneran como un numen tutelar.

Entre los mapuches existe la creencia de que los sapos conservan el agua de las vertientes y los manantiales. Los antiguos araucanos tenían entre sus deidades a Ngenko, una especie de batracio al que reverenciaban como guardián de sus bebederos y anunciador de lluvias. Dentro del folklore araucano el sapo sigue siendo el símbolo del agua y su canto es un anuncio de lluvia. Ambrosetti recoge prácticas supersticiosas como la de arrojar sapos vivos al interior de las balsas para que conserven el agua, por ser ellos los que cavan las vertientes.

En San Luis, para que llueva, cuelgan al aire libre de un árbol o de un palo un sapo vivo por la pata, y en Entre Ríos, sobre una cruz de ceniza hecha en el suelo, lo estaquean con la barriga hacia arriba, clavándolo con espinas de naranjos, pues conocida es la creencia general que predice lluvias cuando los sapos gritan pidiéndola.

Los sapos siguen estimulando muchas supersticiones y temores.

Siendo parte de la mitología brujeril, existen en la actualidad numerosos mitos y leyendas que reconocen a los sapos y las ranas como seres malignos o mágicos. Pero la superstición más popular alrededor de las ranas y los sapos es que si las tocas te pueden causar verrugas, lo cual puede suceder ya que algunas están cubiertas de protuberancias; sin embargo, la realidad es que las verrugas suelen aparecer por algunos virus, en particular el del papiloma humano, pero es más interesante creer que las ranas y los sapos son los culpables.

Muchos de estos mitos y leyendas hacen que este grupo de animales sea rechazado y genere un desprecio injustificado, lo cual ha generado cierta preocupación en términos de conservación de algunas especies. A pesar de ser una especie completamente inofensiva para el ser humano y que incluso es muy beneficiosa para la agricultura, aun sigue teniendo que soportar el peso de absurdos mitos y leyendas que le han dado una injustificada fama de animales peligrosos e incluso demoníacos.

La ciencia está descubriendo nuevas aplicaciones terapéuticas al veneno de sapos y ranas. La ciencia está aprovechando este conocimiento mediante investigaciones, para ser aplicado el veneno en medicinas para el dolor,  porque según descubrimientos puede ser más efectiva que la morfina y, además no produce dependencia.

A pesar de los avances científicos, este anfibio ha sido víctima de injustas alevosías por parte de las personas supersticiosas, que implacablemente lo rechazan por inspirarles horror su fealdad. Amén de atribuirles cualidades siniestras que no poseen, como una baba ponzoñosa, una orina corrosiva, una mordedura peligrosa u otros anatemas de este animal, que sólo hallan refugio en su pétrea ignorancia, llevando su hostilidad hasta el extremo de perseguirlos

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FUENTES:

  • Wikipedia
  • https://es.qaz.wiki/wiki/Common_toad
  • AGUIRRE, A. (1996): Supersticiones populares vascas, Euskal gaiak, Bilbao.
  • CABAL, C. (1993): Mitología ibérica. Supersticiones, cuentos y leyendas de la vieja, GEA, Oviedo.
  • Cunning folk and familiar spirits. Emma Wilby. Sussex Academic Press. (2005)
  • http://www.cervantesvirtual.com

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