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Prefiero tener una mente abierta por el asombro, que una mente cerrada por mis creencias.

La leyenda del Fénix surgiendo de las cenizas es una creencia en la resurrección tan impresa en la civilización occidental que ha pasado a los planos simbólico y literario.

Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa; cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación. Básicamente creer significa «dar por cierto algo, sin poseer evidencias de ello».

Aún hoy en nuestro mundo es muy difícil tratar el tema de la fe, la creencia o la verdad sin vernos afectados, inconscientemente, por los filtros intelectuales y dogmas que nos lastran nuestro desarrollo desde la infancia.

«Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad…
condicionados por el recuerdo de «no puedo»…
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo
poniendo en el intento todo tu corazón…»

Jorge Bucay

«EL ELEFANTE ENCADENADO» es uno de los más famosos cuentos de Jorge Bucay que nos explica con claridad porqué actuamos cómo actuamos y cómo podemos cambiarlo.

Desde pequeño, el protagonista de nuestra historia se pregunta por qué el elefante del circo, tan fuerte y poderoso, no se libera de la pequeña estaca a la que lo atan después del espectáculo. Un día, un amigo muy sabio le ofrece una respuesta: ‘El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca como esta desde que era muy, muy pequeño. En ese momento, lo intentó con todas sus fuerzas y no pudo. Y desde entonces cree que es imposible liberarse.

A igual que el elefante de la historia, todos llevamos inconscientemente las cadenas de límites psicológicos que nos marcaron desde pequeños y que deterioraron nuestra autoestima y confianza en nuestras posibilidades.

Son las Creencias Limitantes.

Las creencias limitantes son una percepción de la realidad que nos impide crecer, desarrollarnos como personas o alcanzar todas esas cosas que nos hacen ilusión. Es algo que realmente no es cierto pero que como si lo es para nuestra mente y eso es lo que vale para nosotros, lo damos por bueno.

Nacemos ya con un equipaje enorme de creencias evolutivas, históricas, culturales, familiares, pero incluso con todas estas limitaciones mientras somos niños estamos totalmente abiertos y receptivos a lo que la vida nos trae, viviendo cada instante con entrega y pasión.

Hemos aprendido a mirar al exterior para tener las referencias de lo que somos o de cómo tenemos que comportarnos, y eso es debido a que durante por lo menos dieciocho años nuestros padres son los responsables de mantenernos, educarnos y proporcionarnos la orientación y la guía para saber tomar nuestras propias decisiones cuando seamos plenamente adultos. El estar por lo menos dieciocho años a merced de que otros, desde fuera, nos indiquen cómo tenemos que ser o lo que tenemos que hacer nos lleva, de forma subliminal o encubierta, a pensar que ellos tienen el poder sobre nosotros y que somos «víctimas» de las circunstancias que nos ha tocado vivir.

Sentirse impotente y víctima no es una sensación agradable. Nos produce rabia, tristeza, miedo, dejadez, desesperación, sensación de incapacidad y muchos más sentimientos que no solo no añaden nada a nuestra autoestima sino que le restan.

Y estas emociones y sentimientos nos indican que en cierto modo somos realmente víctimas, por lo menos hasta que alcanzamos la mayoría de edad. Porque estas emociones y sentimientos, junto con las memorias a las que están asociados, nos van condicionando, y a partir de ellos vamos formando unas creencias, normalmente limitantes, de cómo somos, que van a hacer de filtro de lo que percibimos en la vida desde ahí.

Nuestras creencias limitantes son generalizaciones según nuestras experiencias, que nos proporcionan explicaciones que nos dan seguridad y nos permiten predecir futuros acontecimientos. Lo más alarmante es que nuestras creencias limitantes se forman en la infancia. De niños nos sentimos pequeños, con falta de recursos, carentes de capacidades para poder cambiar las situaciones que nos causan malestar. Así pues, si hemos formado creencias limitantes en nuestra infancia, y a base de repetirlas se han vuelto inconscientes, nos están condicionando ahora que somos adultos y nos hacen sentir como niños faltos de recursos y posibilidades.

Cuando el pasado nos condena

Cuando el pasado nos condena Krishnamurti decía que el «pensamiento nuevo» sólo puede alcanzarse cuando nos salimos del mundo conocido, es decir, cuando rompemos las ataduras al pasado aunque sea de vez en cuando. De lo rígido y esquemático sólo surgen pequeñas variaciones sobre el mismo tema, porque ni lo insólito ni lo distinto tienen cabida.

Alguien dijo una vez: «No hay nada más peligroso que una idea cuando es la única que se tiene.»

Si el pasado nos guía de manera radical y absoluta, nuestras decisiones no serán otra cosa que una triste imitación. Esto no significa que debamos exaltar la amnesia como una forma de conocimiento; más bien la premisa es: debemos aprender del pasado sin convertirlo en dogma de fe. Una tradición amable, enmarcada en un contexto de crecimiento y respeto a la memoria de los antepasados, no tiene por qué ser un problema si sirve para permitirnos evolucionar como seres humanos. Por ejemplo, algunos ritos antiguos de los indios americanos les permiten alcanzar estados de conciencia que redundan en un mayor autoconocimiento. Hay tradiciones que asfixian y otras que liberan. El pasado nos condena solamente si lo dejamos actuar en su faceta negativa, activando aquellos aspectos destructivos que se enquistan en el cerebro

TOMA DE CONCIENCIA

Tomar conciencia es hacer emerger esa información que está en nuestro interior y comprender que estamos viviendo igual que lo hacían nuestros padres y nuestros abuelos. A pesar de que nuestra circunstancia es diferente resolvemos las situaciones de la misma manera.

Cuando comprendemos dejamos de posicionarnos, perdonamos y nos liberamos del victimismo. Alcanzamos una madurez emocional.

Según Walter Riso, la fuerza del pensamiento flexible radica en que, a pesar de los obstáculos, permite que nos inventemos a nosotros mismos y ser flexibles con los eventos de la vida sin lastimar ni lastimarnos.

Encuentra tu propia luz.

Somete toda enseñanza y práctica a tu propia experiencia; si después de un cuidadoso estudio está de acuerdo con tu razón y corazón,  y conducen a tu bienestar y al de los demás, entonces acéptalas como verdades y regula tu vida en consecuencia.

Para finalizar, aléjate de los malos patrones de comportamiento. Mira alrededor… y mírate al espejo. Atrévete a analizarte. Luego de hacerlo realiza los cambios necesarios, no solo los que sean fáciles. De nada te sirve que sepas lo que está mal contigo, sino haces nada al respecto. ¡No seas tu peor enemigo! El beneficio es para ti.

Conócete a ti mismo y conocerás al Universo.

Reflexiona sobre ello amigo lector, siempre agradezco nuevos puntos de vista.

Paz, Luz y Bendiciones

FUENTES Y BIBLIOGRAFIA:

  • Wikipedia
  • El arte de ser flexible: De una mente rígida a una mente libre y abierta al cambio de Walter Riso
  • Abraza tu niño interior de Victoria Cardoso

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Nos leemos en el próximo post.

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Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.
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