Escuchar en Soledad, la Maravilla del Silencio.

La contemplación es el estado espiritual que aparece en el ser humano cuando practica el silencio mental.

El silencio mental se consigue con el desapego de pensamientos y sensaciones. Se puede trabajar para que aparezca mediante la meditación o la oración en silencio. El desapego por lo material surgirá como resultado de la práctica y esfuerzo total.

Coincidente en  diferentes culturas.

La contemplación ha sido practicada desde tiempos inmemoriales por la humanidad.

Formas de contemplación diversas las podemos encontrar en diferentes culturas y épocas de la humanidad, desde los chamanes o brujos de las tribus, hasta los tiempos actuales como los sufíes, los monjes tibetanos, los maestros zen, los gurus de la India, etc. Para que aparezca la contemplación, primero debemos de ver en nuestra mente que no puede tener interferencias de tipo, pensamiento, imaginación, etc. Luego simplemente contemplar.

La maravilla de la contemplación surge, aparece en la propia contemplación sin dar nombre a lo contemplado. Contemplar no tiene nada que lo rodea, nada que lo envuelve, es la magia de la propia contemplación sin ser magia. Como contemplación no necesita nada más.

Hasta que uno no se acostumbra a mantenerse en silencio y sostenerlo atentamente –no sólo exteriormente, sino sobretodo interiormente– es prácticamente imposible acceder a vivencias contemplativas.

No es lo mismo estar solo que sentirse solo.

«La soledad es un universo. No es un estado. Es, más bien, una posibilidad, un don que ofrece la vida y del que podemos extraer grandes lecciones».

Así nos lo explica Francesc Torralba, filósofo y autor del libro El arte de saber estar solo.

La soledad no es un objetivo que queramos perseguir. Es una vivencia del alma, una experiencia por la que podemos pasar. El ser humano no es sólo el animal social que teje vínculos con los suyos para defenderse de los enemigos y ayudarse mutuamente. También se retira, toma distancia, se aleja de la comunidad.

El ruido, la interacción, la multiplicidad de imágenes nos dispersa y nos evita pensar en aquello que realmente nos puede hacer sufrir. La soledad nos hace pensar en los pequeños vínculos, el tipo de vida que llevamos, nuestros proyectos, frustraciones. Una ocasión para profundizar, ver los puntos débiles de uno mismo y los recursos que dispone.

Los grandes creadores, poetas, artistas, literatos, músicos, ¿cómo han creado sino en soledad? Cerrándose en su taller esperando aquella inspiración o aquel buscar el argumento, verso o fórmula mágica. Es una ocasión para la creación intelectual. Las grandes obras se han hecho en soledad.

La soledad puede ser una enorme oportunidad. Porque en la soledad podemos encontrar la maravilla del silencio.  En el silencio encontramos la habilidad de escuchar; escucharnos a nosotros mismos, a los demás y a Dios.

 Es en el silencio donde puedes escuchar la voz de Dios. Solo a través del silencio puedes tener contacto directo con la fuente de todas las cosas. Y los grandes místicos y maestros espirituales del mundo sabían que esto era cierto.

“El silencio es el sueño que nutre la sabiduría.” (Francis Bacon)

Escuchar es como un arte olvidado. Sin él no podemos comunicarnos, ni relacionarnos con los demás y por tanto, no podemos vivir una vida significativa. Necesitamos aprender a escuchar.

Sentarnos en silencio nos permite escucharnos a nosotros mismos y comprender. Este silencio puede sanar. Las preocupaciones y el dolor pueden sanarse cuando escuchamos. La medicina espiritual está siempre presente en el alma. Siempre que la necesitemos, hasta el punto en que la necesitemos, podemos encontrarla en el interior.

En el silencio también acumulamos poder espiritual. Este poder del silencio transforma la atmósfera, generando paz donde había intranquilidad. Primero nuestra atmósfera interna y luego la atmósfera a nuestro alrededor, a medida que irradiamos vibraciones silenciosas de paz.

Necesitamos conocer y experimentar con mayor profundidad el poder del silencio. Los instrumentos del silencio son los pensamientos puros, los buenos deseos y el lenguaje de la mirada.

Con el poder del silencio y con el lenguaje de la mirada podemos dar una experiencia de espiritualidad a los demás. Donde las palabras no pueden hacer que una tarea sea exitosa, la experiencia de amor y compasión a través de los medios del poder del silencio, pueden llevarla a cabo.

Para desarrollar la experiencia del poder del silencio, es necesario permanecer introvertidos y en soledad, practicando la experiencia de la conciencia del ser espiritual y la conexión con la fuente eterna de poder espiritual.

La práctica se puede acompañar de lecturas que inspiren a la persona a continuar en el silencio interno y lo ilustren de cómo otros lograron que ese estado espiritual sucediera. Aparece, ya que no lo podemos provocar voluntariamente, solo meditando en silencio sin buscarlo.

Imagen de Andrea Don en Pixabay

Contemplación Cristiana.

Se trata de hacerse consciente de las realidades sobrenaturales, centrando la mente en Dios.

Los primeros grados para alcanzar la contemplación se basan en la ascesis, en que se domina el cuerpo para iluminar el alma, haciéndola más sensible a la Presencia Divina. El último grado de contemplación se podría definir como experiencia mística, aunque para llegar a este estado no es necesario experimentar éxtasis o levitaciones. Las levitaciones pueden ser paranormales, pero pueden ir acompañadas de estos fenómenos .

El iniciado debe ir evolucionando en su capacidad de contemplación a medida que se va haciendo más sensible al Amor transmitido por Dios. La intimidad con Cristo hace posible la unión con el Padre, haciéndonos Uno con Él, a través de la asistencia del Espíritu Santo. Mediante esta unión nos vinculamos a todo el Cosmos creado.

Los principales maestros contemplativos de la Iglesia se encuentran en las órdenes contemplativas, especializadas en la oración. Para llegar a este estado mental y espiritual se pueden usar diferentes tipos de oración, generalmente la meditación. Para practicar la contemplación no es necesario ser clérigo o religioso, basta con tener fe y fuerza de voluntad.

Existe una oración contemplativa por excelencia, el Oficio divino; en el cual se meditan salmos y lecturas del Nuevo Testamento y se dirigen preces o peticiones a Dios. Siendo muy útil para disipar de la mente los pensamientos banales, haciendo del Creador el centro del pensamiento.

Una lectura recomendada acerca de la contemplación cristiana es La nube del no-saber, un libro anónimo inglés del siglo XIV.

El Silencio te ayuda a acceder a la sabiduría de tu Alma.

La verdadera sabiduría se encuentra en el silencio. Y a través de la quietud puedes aprovechar la sabiduría de tu alma y acceder a los sentimientos y experiencias que están fuera de este mundo

Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.” (Jacinto Benavente)

El silencio crea el clima interior de quietud en el cual se puede escuchar la voz de Dios. El abstenerse de diálogo con otros libera la comunicación fácil, espontaneidad con Dios que es la oración meditativa.

“Donde falta el silencio, donde sólo hay las muchas palabras y no La palabra, entonces allí hay mucho bullicio y actividad, pero no hay paz, no hay pensar profundo, no hay quietud interior. Donde no hay paz, no hay unos y no hay amor” (Thomas Merton.)

El impacto en el agua es una analogía del alma en el Brahman. Puede servirnos para comprender la metafora, la idea de Santa Teresa de Jesús. Mistica de la Oración Meditativa y su Castillo interior, ese del que habla en sus «Moradas». En palabras de Santa Teresa, el Castillo interior es ese lugarAdonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.

Citando a Santa Teresa, indica que ocurre cierto tipo de superstición en el sentido de que estamos temerosos aún de toser o de respirar, a fin de evitar movimientos corpóreos que hagan evitar el estado silente que se ha logrado. Dios, quien es el autor de esta paz, no nos la priva aún con inevitables movimientos del cuerpo o con involuntarios escapes de imaginación.

Los frutos espirituales del Silencio Contemplativo,  según Santa Teresa, son: Paz interior, la que continúa aún luego de la oración, · profunda humildad, · aptitud y disposición para los deberes espirituales, · luz divina del intelecto, y · estabilidad de la voluntad dentro de la bondad.

Cuando el silencio es profundo y rebosante de plenitud, cuando no anhelamos ya el sonido, cuando la concentración en el Uno es completa, entonces como una flecha el pensamiento encuentra su blanco y se derrite en él. Ahí el alma humana no sólo tiene un breve destello de Dios sino que la pureza de ese Ser la absorbe, de manera total, completa y absoluta. Una vez que el alma está repleta de la luz pura que se ha convertido ahora en su ser, irradia hacia otros dicha energía en la forma de paz y amor, como un faro viviente.

La soledad y el silencio no son una meta, una finalidad en sí. Son un medio, un camino que nos lleva al encuentro con la humanidad (la nuestra y la de los otros), con la creación en su conjunto, con la trascendencia, con la libertad..

Y para terminar una de esas frases para reflexionar sobre este el silencio y la amistad.

La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno. – Erasmo de Rotterdam –

Seamos valientes, programemos en nuestra agenda un par de instantes de soledad al día donde tomar un café y hacer amistad con nosotros mismos. Dejar que la mente se aclare, que bajen las mareas de las preocupaciones para atisbar las auténticas necesidades. Hagamos de la soledad elegida y puntual nuestro auténtico bálsamo.

FUENTES:

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About Post Author

Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.
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2 comentarios en “Meditación Silente: Contemplación Cristiana.

  1. Parece Mercedes, que lo de buscar el silencio es otra cosa en común (; Es muy cierto tu artículo, pero qué difícil es estar en silencio y más difícil aún saber escuchar. La mayoría queremos que nos escuchen y nos comprendan, pero ¡qué poco practicamos la escucha activa y la compasión por el otro! ( compasión bien entendida ¡ que bonita palabra!)
    Todos estamos conectados, ¡lo que le hacéis a estos a mi me lo hacéis! Decía Jesús….lo que me pasa a mi , lo que nos pasa a todos es parte de lo mismo, pero qué ceguera tan grande pensarnos tan exclusivos, y qué antigua es esta ceguera, diríase que la humanidad no tiene remedio.
    La meditación Zen propone un silencio en el que uno llegue a fundirse con el Todo, al menos lo intenta, pues todos somos el Todo.
    El silencio es la llave maestra que abre los corazones.

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