La Diosa Mari, Tejedora del Destino.

MARI es la deidad principal de la mitología vasca, conocida en todos los rincones de Euskal Herria.

MARI, la diosa vasca, hila el hilo del destino (a veces de oro), símbolo de los caminos de la vida, que corta, cose o une a su libre albedrío. Mari al igual que sus hermanas cantábricas las anjanas, las xanas y las mouras y sus descendientes griegas (moiras) y romanas (parcas) es, entre sus múltiples funciones, una hilandera del destino, que cose dentro de su cueva frecuentemente ayudada por Aker (macho cabrio), en cuyos cuernos enrolla el hilo. Dicho hilo, si nos atenemos a la etnografía comparada parece ser un símbolo de los caminos de la vida, los cuales Mari corta, cose o une a su libre albedrío, pero también en virtud de cada conducta humana.

MARI es la figura central del panteón mitológico vasco, la manifestación de las fuerzas de la naturaleza divinizadas. Pero no en el sentido de divino tal como lo entienden las grandes religiones patriarcales, sino en el sentido de sagrado de los pueblos indígenas.

El euskera es una reliquia de las antiguas lenguas de Europa occidental, no sólo prerrománica, sino pre-indoeuropea. Es la única lengua autóctona que ha podido superar las invasiones e influjos culturales de los últimos 3000 años. Los vascos han demostrado una gran capacidad para integrar esos influjos sin perder su personalidad cultural. Constituyen, de hecho, la gran excepción de las leyes de la historia política y cultural de Europa. No hay duda alguna de que sus tradiciones descienden directamente de los tiempos neolíticos. Muchos aspectos culturales de la Vieja Europa (la religión de la Diosa, la utilización del calendario lunar, el parentesco matrilineal y la responsabilidad de la mujer en la agricultura perduraron hasta principios del siglo XX (…) En el sistema legal autóctono no se le daba preferencia al hombre sobre la mujer”.

Marija Gimbutas, “The living Goddess”.

Mari es un ejemplo viviente de que las teorías de Marija Gimbutas iban bien encaminadas. Está Gran Madre que recibe los nombres de Dama o Señora, representa, según la arqueóloga, un excepcional nexo con la cosmovisión originaria de los primeros europeos. Al igual que la Diosa neolítica, Mari es la figura central del panteón mitológico vasco, todos los demás seres y genios están supeditados a ella. Según la tradición, representa tanto a los fenómenos naturales como a los animales (cuyas variadas formas adopta) y aparece vinculada a espacios sagrados (manantiales, cuevas, montañas,…). Es además sacerdotisa (sorgin) y rige la conducta de los seres humanos.

Mari es la Señora del Destino y de la Muerte.

Existe un mito primigenio de la Gran Diosa, la Diosa del Destino, que era hilandera. 

Las diosas Tejedoras como Mari al igual que sus hermanas cantábricas las anjanas, las xanas y las mouras y sus descendientes griegas (moiras) y romanas (parcas) es, entre sus múltiples funciones, una hilandera del destino, que cose dentro de su cueva frecuentemente ayudada por Aker (macho cabrio), en cuyos cuernos enrolla el hilo. Dicho hilo, si nos atenemos a la etnografía comparada parece ser un símbolo de los caminos de la vida, los cuales Mari corta, cose o une a su libre albedrío, pero también en virtud de cada conducta humana.

“Mari, la diosa ancestral vasca, suele llevar cautiva a una jovencita y la retiene por un tiempo en su cueva, enseñándole a hilar y desvelándole ciertos secretos. Nos hallamos frente al arquetípico esquema de la iniciación femenina, con la reclusión de la novicia en un lugar donde no ha de ver el Sol y en conexión, por tanto, con el simbolismo de la Luna como artesana del tiempo y tejedora de la existencia, concebida ésta a modo de laberinto, como un intrincado cruce de caminos sobre el que se cierne el destino. No en vano la tela de araña, imagen perfecta de este concepto, se llama en euskera “amama sare” , es decir, red de la abuela ( o lo que es lo mismo, red de los ancestros femeninos)”.

Txema Hornilla “Zamalzain el Chamán y los Magos del Carnaval Vasco”

A mediados del siglo XX, el antropólogo y sacerdote José Miguel de Barandiarán recopiló los mitos, relatos y leyendas de esta milenaria religión, que fueron conservados a lo largo de los siglos por la tradición oral. Cuando Barandiarán comenzó a estudiar este paganismo, que seguía vigente de modo más o menos difuso en la mentalidad popular vasca, se vio sorprendido por el hecho de que gran parte de las informaciones que recibía estaban relacionadas de un modo u otro con la figura de Mari, diosa principal del panteón vasco.

Se cuenta que Mari desata tempestades, pero no siempre es fuente de temor y ayuda a quienes creen en ella. Con frecuencia la gente se dirigía a ella en busca de consejo como en una ocasión en la que un hombre acudió hasta su cueva del Amboto para pedirle consejo porque su ferrería no funcionaba, y esta le dio certera solución. A veces hace de oráculo, hilando la madeja del destino, dentro de su cueva, frecuentemente sobre los cuernos de Aker, su fiel numen servidor. Hilo del destino (a veces de oro), símbolo de los caminos de la vida, que Mari corta, cose o une a su libre albedrío.

Algunos ejemplos fueron recogidos por el etnógrafo J.M. de Barandiaran:

“En Goyaz cuentan que se ocupa en desmadejar el hilo en el portal de su habitación en la montaña de Murumendi, sobre todo cuando hace sol y hay nubarrones tempestuosos en el cielo. En Zuazo de Gamboa dicen que Mari hace ovillos con hilo de oro en su cueva de Amboto, colocando la madeja en los cuernos de un carnero que le sirven de devanadera”

En mitos y leyendas populares las hilanderas a veces ayudan a terminar un trabajo muy pesado a cambio de una ofrenda (pan, pasteles, rezos). En esta historia las mujeres de un pueblo dejan su lino o su lana generalmente a la entrada de una cueva o en una fuente natural y al día siguiente su trabajo aparece hilado mágicamente. Eso también sucede con Mari que ayuda a las hilanderas.

El oficio de hilandera y tejedora, como típicamente femenino, permitía a las mujeres de antaño reunirse durante horas sin presencia masculina. Estas reuniones servían para mucho más que simplemente coser y establecían fuertes vínculos entre las mujeres de cada valle. Txema Hornilla argumenta que algunos ritos de pasaje femeninos pudieron estar relacionados con este oficio.

En la Edad Media existían gremios de tejedoras, el arte de tejer tiene también un valor comunitario, hasta hace unas décadas que las mujeres se juntaban para tejer, esta practica tuvo a su vez contextos ritualísticos e iniciáticos, la historia muchas veces minimiza el valor de este aspecto del oficio porque se resguardaba en las tradiciones orales.

Pongo algunos datos sobre las “Hilas” en Asturias recogidos por Constantino Cabal:

Las viejas hilas eran reuniones de mujeres ,en las que era de ritual en determinados días que no entrasen los hombres. En las reuniones platicaban de supersticiones, cuentos y cosas del paganismo y el sábado celebraban una fiesta.! Las viejas hilas eran como cauce que transmitía de generación en generación el espíritu y la entraña de las antiguas celebraciones religiosas!.

Más la diosa de las hilas, la que las amparaba y presidía, la que sin duda alcanzaba los mayores honores de los gremios no debió de ser la Xana, sino Diana. Al culto primitivo de la luna debieron de unirse bien pronto las astures a la tradición de Roma, dando a su divinidad algunas cualidades sin sentido y añadiéndole otro nombre.

En la Asturias sometida , Diana tuvo que hacer lo que la luna y el germinar de los campos, el florecer de los árboles (….).
Esta creencia arraigó de modo principal en la mujer y cuando el paganismo sucumbió ella guardó un pedazo de su espíritu para sus divinidades, llevándolas a la casa, al hilandero, al telar… La diosa del telar era Minerva , y la de los hilanderos la diosa de la” rueca de oro fino” y de ahí probablemente el celebrar las hilas por la noche. Y el sentarse en corro las hilanderas, y el prohibir los hombres que pasaran a la estancia y el bailar en la fiesta de los sábados la danza de Diana o “prima”…y de ahí que las hilas prolongaran de manera muy especial todas las supersticiones de las mujeres próximas al parto.”

Lo que pasaba en las hilas en tiempos cristianos apartados, se deduce fácilmente de lo que sucedía en los telares.

Los telares eran los sitios donde se agazapaba el cristianismo con toda intensidad e integridad; en ellas se guardaba con calor la adoración de los antiguos dioses y se invocaba a Minerva como favorecedora de cuantas se dedicaban al oficio de tejer. ”Mulieres in tela sua Minervam nominare “ dice San Martín de Braga ,¡que puede ser sino alabar al diablo , “mulieres in tela sua Minervam nominare……”contaba luego Pirminio.”

Ello es que un folclorista portugués, mitólogo y filólogo de monta, repara en este detalle: en algunos lugares portugueses se aconseja no hilar en el antruejo, porque se hilan las barbas y porque, además,”as mãos estão untadas de comer carne e os ratos roem despois o fiado”.

En refrán de Castilla se decía en tiempos antañones: El buen hilar,de San Miguel a Navidad; de marzo ayuso, no rabea bien el huso… y otro refrán aconsejaba así: ”Día de Santa Inés, mujeres no hilés”
Las mujeres asturianas comenzaban las “esbillas” en septiembre y se ponen a las hilas en cuanto las esbillas se terminan.

No suelen darles fin en Navidad y suspenden el hilar en los días del Antruejo y aunque vayan a las hilas y lleven los avios de trabajo,se dedican a otras cosas. ”

Constantino Cabal “La mitología asturiana.

Mari en la Mitología Aragonesa.

 La mitología aragonesa es muy rica y de orígenes muy antiguos, además, en muchas zonas se han conservado y se han transmitido las leyendas de manera muy fiel debido al aislamiento propio de zonas rurales, apenas pobladas y situadas en las altas montañas pirenaicas o de difícil acceso.

En las antiguas creencias de los habitantes pirenaicos que han sobrevivido a pesar de la romanización y la cristinización, se hallan mitos sobre dioses identificados con montañas como los Omes granizos, Moros constructores de dólmenes, Filaderas o diosas hilanderas gigantas, la diosa Marigüena o la creencia en númenes de la naturaleza como Silbán, Basajarau o las Tres Buenas Fadas.

En el Alto Aragón a Mari se le conoce con el nombre de Mariuena. También llamada La Madre, La Buena Mari, Marguana, Mari Castaña, La Filadera, La Hilandera o La Tejedora, enn la tradición aragonesa la diosa es buena.

Mariuena es una diosa de la Naturaleza y de la fertilidad análoga con la Diosa Mari de la mitología vasca. También se la representa como una diosa telúrica y maternal, siendo guía de los espíritus, de los muertos y de otros seres.

Es guardiana de la vida y del destino de los seres, por eso también se la llama Tejedora del Destino.  En algunas leyendas se dice que tiene tres aspectos, que son joven, adulta y anciana, representando el ciclo de la naturaleza, de ahí que también se la llame las Tres Buenas Fadas o las Tres Serols.

El cáñamo en el Pirineo | Elaboración tradicional de tejidos y fibras | Oficios Perdidos

Entre todos los cultivos que los vecinos de San Juan de Plan (Huesca) han practicado en sus escasos terrenos de labor, destaca el del cáñamo. En el año 1996, un grupo de vecinas decidieron sembrar de cáñamo una parcela para poder dejar documentados todos los pasos de este proceso tradicional, desde la siembra hasta la elaboración de los tejidos con sus fibras.

Txema Hornilla argumenta que algunos ritos de pasaje femeninos pudieron estar relacionados con este oficio:

Mari atiende a quien acude a ella. Si alguien la llama en tres veces seguidas, diciendo Aketegiko dama, «señora de Aquetegui», ésta se coloca sobre la cabeza del invocante, según se contaba en la región de Cegama. En ciertos casos se pedía consejo a Mari y los oráculos de ésta resultaban verídicos y provechosos. […] Mari quiere que sean respetadas las personas, prescribe la asistencia mutua y el cumplimiento de la palabra empeñada. Condena la mentira, el robo, el orgullo y la jactancia.»

Es también común encontrarse a deidades hilanderas cerca del agua, en ríos, arroyos, lagos y fuentes. Las Xanas de Asturias se aparecen cerca de arroyos, cascadas o fuentes, peinándose con un peine de oro e hilando hilos de oro.

Cuando hilamos recuperamos nuestro poder como creadoras de nuestra propia realidad, de nuestro propio destino, creando nuestro hilo con el oro del sol, con la luz del arco iris y con el conocimiento que proviene de la oscuridad de Amalur, la Madre Tierra. Cuando hilamos somos parte de un linaje que porta en sus manos la tela de la vida, que lleva creando lo que hay, poniendo y quitando, como la Mari, por los siglos de los siglos.

Si las cosas te van tela de mal, quizá puedas pedirle que te haga un remiendo la diosa Mari

FUENTES:

  • Wikipedia
  • Biblioteca digital mundial
  • «Mitología vasca: todo lo que tiene nombre, es«(Andrés Ortiz-Osés, Luís Garagalza)
  • J.M. de Barandiaran, “Mitos del pueblo vasco”
  • Guillermo Piquero “La Europa indígena” (http://www.europaindigena.com)

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Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.

3 comentarios en “La Diosa Mari, Tejedora del Destino.

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