LA DIOSA BLANCA. 

El eterno y terrible femenino.

La más famosa evocación de la Diosa Madre en la literatura reciente es probablemente la descripción que hace de ella Robert Graves en La Diosa Blanca.

La diosa blanca. Una gramática histórica del mito poético (The White Goddess: a Historical Grammar of Poetic Myth) es un ensayo de 1948 del escritor británico Robert Graves, publicado en 1948.

La Diosa Blanca representa la Madre de Toda Vida, el antiguo poder del terror y la lujuria, la araña o las Parcas que tejen los hilos de la vida y de la muerte, o la abeja o mariposas en que se regenera lo muerto, o tantas otras formas más de una imaginería que, según la arqueóloga Marija Gimbutas han poblado los mitos y leyendas de la Vieja Europa. Como Proteo, las mil y una formas que adopta esta Gran Diosa de la Vida, Muerte y Regeneración desorienta de su verdadera naturaleza, y desvía la atención sobre estas formas antropomórficas, o en figura de insectos, animales… que se plasmaban en diferentes comunidades y épocas.

LA DIOSA LUNA.

Graves reconstruye lo que considera el lenguaje mágico de la Europa antigua mediterránea y septentrional, vinculado a ceremonias religiosas populares en honor a la diosa Luna.

A lo largo del libro, relata cómo en Europa y Oriente Próximo existían culturas matriarcales que adoraban a una Diosa Suprema y que reconocían a los dioses masculinos solo como sus hijos, consortes o víctimas para el sacrificio. Estas culturas, según Graves, fueron eliminadas por la irrupción del patriarcado que arrebató a las mujeres su autoridad, elevó a los consortes de la Diosa a una posición de supremacía divina y reconstruyó mitos y rituales para ocultar el pasado. Según el autor, la conquista patriarcal llegó a Europa occidental alrededor del 400 a. C.

Originariamente en el Mediterráneo y en Gran Bretaña se adoraba a esta deidad femenina, mil veces más generosa y cruel que cualquier dios masculino.

Ella era la Tierra, la fuente de donde brotaba la vida, era la muerte o la vieja porque también era la señora y guardiana del Otro Mundo y era la Doncella porque era al mismo tiempo una virgen inocente… O no, eso tan sólo lo sabe ella.

Es la diosa blanca de la irracionalidad poética, de los mitos y los ritos asociados a la diosa lunar desalojada en el siglo V a. C. por la cultura patriarcal que impuso el racionalismo y el culto a Apolo, el pensamiento lógico y el raciocinio filosófico que articula la cultura occidental desde Sócrates, Platón y Aristóteles:

La realidad era que en la época de Sócrates el sentido de la mayoría de los mitos pertenecientes a la época anterior había sido olvidado o mantenido en un estricto secreto religioso, aunque todavía se conservaban pictóricamente en el arte religioso y seguían circulando como cuentos de hadas que citaban los poetas

LA DIOSA DE LOS MIL NOMBRES.

 ¿Quién es la Diosa Blanca y qué tiene que ver con las brujas?

La más famosa evocación de la Diosa Madre en la literatura reciente es probablemente la descripción que hace de ella Robert Graves en La Diosa Blanca.

Es “una mujer bellísima, delgada, con nariz aguileña, el rostro de una palidez mortal, los labios rojos como serbas salvajes, los ojos de un azul increíble y largos cabellos rubios; se transformará de repente en cerda, yegua, perra, asna, comadreja, serpiente, lechuza, loba, tigresa, sirena u horrible arpía”. Graves asocia la Diosa Madre a la musa y a la luna, y llega a afirmar que ninguna composición poética es verdadera poesía si no la invoca. El deseo de la Diosa Madre asume muchas formas, y los arquetipos de la bruja buena y mala son sólo dos de ellas.

Para Graves, toda la verdadera poesía es en realidad una evocación a la antigua diosa adorada en el Cercano Oriente y en Europa.

El acreditado libro de Graves que, por admisión del autor mismo, tiene origen en una visión poética, expone esta tesis: que toda la verdadera poesía es en realidad una evocación a la antigua diosa adorada en el Cercano Oriente y en Europa; que su culto sobrevive en el lenguaje de la poesía, aunque sea oficialmente proscrito desde hace siglos; que todos los verdaderos poetas la honoran, consciente o inconscientemente; que el lenguaje mítico usado por los poetas es en realidad lo que queda de su liturgia. Estas son ideas fascinantes y provocativas, que arrojan luz sobre tanta poesía que de otra manera quedaría oscura. Además es interesante notar que la Diosa Blanca de Graves, la bella mujer pálida de labios de serbas salvajes, se acerca a muchas descripciones de la bruja bella.

La Diosa Blanca nos detalla el origen ancestral de los arquetipos, de los alfabetos como versión desmejorada de los antiguos íconos paganos. Pronto surge una maravillosa lengua hecha de árboles y estrellas, que, a su vez, encarna distintos valores, sabidurías y maldiciones

Así la evoca Graves en esta versión definitiva de su libro:

La Diosa es una mujer bella y esbelta con nariz aguileña, rostro pálido como la muerte, labios rojos como bayas de serbal silvestre, ojos pasmosamente azules y larga cabellera rubia; se transformará súbitamente en cerda, yegua, perra, zorra, burra, comadreja, serpiente, lechuza, loba, tigresa, sirena o vieja repugnante. Sus nombres y títulos son innumerables. En los relatos de fantasmas aparece con frecuencia con el nombre de la «Dama Blanca», y en las antiguas religiones, desde las Islas Británicas hasta el Cáucaso, como la «Diosa Blanca».

No recuerdo ningún verdadero poeta, desde Homero en adelante, que, independientemente, no haya dejado constancia de su experiencia de ella. Se podría decir que la prueba de la visión de un poeta es la exactitud de su descripción de la Diosa Blanca y de la isla sobre la que gobierna. La razón por la cual los pelos se erizan, los ojos se humedecen, la garganta se contrae, la piel hormiguea y un escalofrío recorre la espina dorsal cuando se escribe o se lee un verdadero poema es porque un verdadero poema es por necesidad una invocación a la Diosa Blanca, o Musa, la Madre de Todo Viviente, el antiguo poder del terror y la lujuria -la araña hembra o la abeja reina cuyo abrazo significa la muerte.

Una vez que Graves nos la ha descrito, empezamos a detectar su presencia por doquier. Por cierto es ella «La Belle Dame Sans Merci» de Keats, la encantadora que representa el amor, la muerte y la inspiración poética, la moderna encarnación del tríplice aspecto de la diosa.

Si se buscan las huellas de esta diosa en la literatura poética, se hallan invocaciones dirigidas a ella por doquier, de Shakespeare a Spenser, a Donne, a John Clare, a Coleridge, a Keats, a Yeats y otros.

Dice Graves que la presencia de la diosa se reconoce no sólo por su aparición en un poema, sino también por sus manifestaciones invisibles.

…por ejemplo, cuando las lechuzas gritan, la luna navega entre las nubes huidizas, los árboles ondean lentamente, todos juntos, sobre una cascada fragorosa, y se oye un lejano ladrido de perros; o cuando el sonido de las campanas en el aire gélido anuncia al improviso el nacimiento del Año Nuevo.

Todos los poetas saben que algunos lugares, los brezales, los bosques, el mar, son más que otros fuente de inspiración, y esto pasa porque están habitados por la diosa, mientras que ha sido ya desterrada de ciudades y autopistas, o, más probablemente, se fue por su propia iniciativa.

VER: La Dama Blanca de Aubinyà – Leyenda Andorrana

EL LENGUAJE DE LA DIOSA.

Todo poema verdadero es en realidad una invocación a la Diosa Blanca.

El lenguaje del mito poético, en uso en el Mediterráneo y la Europa septentrional en la antigüedad, era un lenguaje mágico vinculado a ceremonias religiosas populares en honor de la diosa Luna, o Musa, algunas de las cuales datan de la época paleolítica, y que éste sigue siendo el lenguaje de la verdadera poesía.

En La Diosa Blanca, Robert Graves expone su teoría de que la poesía fue originariamente un lenguaje mágico religioso vinculado a la Gran Diosa Madre.

Este lenguaje sagrado fue corrompido por los invasores patriarcales en un principio y más tarde por los filósofos griegos porque los antiguos eruditos griegos sólo aceptaban lo que podían comprender con la razón….y nadie puede comprender del todo a la Diosa de los Mil Nombres.

Ese lenguaje, sostiene Graves, fue manipulado al final del período minoico cuando invasores procedentes de Asia Central comenzaron a sustituir las instituciones matrilineales por las patrilineales y remodelaron o falsificaron los mitos para justificar los cambios sociales.

Luego vinieron los primeros filósofos griegos, que se oponían firmemente a la poesía mágica porque amenazaba a su nueva religión de la lógica, y bajo su influencia se elaboró un lenguaje poético racional (ahora llamado “clásico”) en honor de su patrono Apolo, y se impuso en todo el mundo como la última palabra sobre la iluminación espiritual, opinión que prácticamente ha predominado desde entonces en las escuelas y universidades europeas, donde ahora se estudian los mitos solamente como reliquias pintorescas de la era infantil de la humanidad.

De este modo pudieron tergiversar su historia y someterla al sistema patriarcal, pero la esencia de la diosa (Robert Graves prefiere llamarla Diosa Blanca porque dice que ese ere su color, la cebada blanca era su cereal y el cerdo uno de los animales que le estaban consagrados), no pudo ser sometida por completo y su recuerdo perduró, aunque adulterado, en los mitos y religiones que sustituyeron su culto.

Pongo el ejemplo de la diosa griega Deméter, una diosa cerda por excelencia que en la mitología clásica pasó a ser hermana de Zeus y diosa de la agricultura, que ella enseña a Triptólemo y cuya hija Perséfone fue raptada por el señor de los infiernos, Hades. Deméter se enfureció de tal manera que nada crecía en la tierra, hasta que pudo recuperar a su hija seis meses al año (la primavera y el estío). Pero Perséfone era la Gran diosa en su representación de doncella, del mismo modo que ésta se convertía en la reina Hécate de los infiernos y ésta en Deméter, la madre… Por cierto, cuando Hades raptó a la diosa el porquerizo Eubuleos se hallaba cerca de allí con su piara y fue devorado por los cerdos…

En esa sociedad matriarcal, las mujeres eran las reinas y sacerdotisas y los reyes eran consortes de éstas y eran sacrificados cuando acababa el año solar (de manera simbólica, aunque quizá a veces… Mejor no pensarlo), porque su sacrificio significaba renovación.

VER: La Virgen de las Nieves, la Dama Blanca

LA DIOSA BLANCA, FUENTE DE LA POESIA.

Todo poema verdadero nos pone los pelos de punta, porque es una invocación a la Diosa.

Graves sostiene que la poesía «verdadera» o «pura» está inextricablemente ligada con el antiguo ritual de culto de su propuesta Diosa Blanca y de su hijo. La prueba decisiva de la inspiración de un poeta, podría decirse, es el esmero con el que pinta la Diosa Blanca y la isla sobre la que reina. La razón por la que un poema nos hace poner los pelos de punta, lagrimear los ojos, cerrar la garganta, enchinar la piel y sentir un escalofrío en la espina dorsal es que se trata de un verdadero poema, y un verdadero poema es necesariamente una invocación a la Diosa Blanca o Musa, a la Madre de Todos los Vivientes, al antiguo poder del miedo, y de la sexualidad… la araña hembra, o la abeja reina, cuyo abrazo significa muerte.

«¿Cuál es la utilidad o la función de la poesía en la actualidad?» es una pregunta no menos dolorosa aunque la hagan con insolencia tanta gente estúpida o la respondan con disculpas tanta gente necia. La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la experiencia de una mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita.

Hubo, desde ya, críticas feroces sobre el libro; incluso se acusó a Graves de ser psicológicamente incapaz de interpretar los mitos que alude. Éste respondió con un argumento magistral, demostrando que el concepto de «Religión Matriarcal» como origen de todas las mitologías y creencias, se extiende desde los mitos y leyendas más antiguos hasta los estudios más respetables de su época, apoyándose, además, en la monumental obra de Sir James Frazer: La rama dorada (The golden bough). Para mayor indignación, Robert Graves incluye al cristianismo en su hipótesis de trabajo, señalando que el único elemento original del cristianismo es la figura de Jesús, pero el Jesús humano, el Jesús rabí; no ya el hijo de Dios, en cuya labor encarna perfectamente lo que se espera de todo héroe mitológico.

El acreditado libro de Graves que, por admisión del autor mismo, tiene origen en una visión poética, expone esta tesis: que toda la verdadera poesía es en realidad una evocación a la antigua diosa adorada en el Cercano Oriente y en Europa; que su culto sobrevive en el lenguaje de la poesía, aunque sea oficialmente proscrito desde hace siglos; que todos los verdaderos poetas la honoran, consciente o inconscientemente; que el lenguaje mítico usado por los poetas es en realidad lo que queda de su liturgia. Estas son ideas fascinantes y provocativas, que arrojan luz sobre tanta poesía que de otra manera quedaría oscura.

Graves concluyó, en la segunda y ampliada edición, que el dios monoteísta dominante en el sexo masculino del judaísmo y sus sucesores fueron la causa de la caída de la Diosa Blanca, y por lo tanto la fuente de gran parte del dolor del mundo moderno.

En dedicatoria

Todos los santos la vilipendian, y todos los hombres sobrios
que se rigen por el justo medio del dios Apolo,
despreciando a los cuales navegué para buscarla
en lejanas regiones, donde era más probable hallar a aquélla
a la que deseaba conocer más que todas las cosas,
la hermana del espejismo y del eco.

Fue una virtud no detenerse,
seguir nuestro necio y heroico camino
buscándola en la cima del volcán
entre los témpanos de hielo, o donde se desvaneciera la huella
más allá de la caverna de los siete durmientes:
cuya frente ancha era blanca como la de cualquier leproso
cuyos ojos eran azules, con los labios de bayas de fresno,
y el cabello de miel ondulante cubriendo sus caderas blancas.

Una verde savia primaveral agitándose en el bosque joven
se prepara a celebrar a la Madre Montaña,
y cada canto de ave trina un momento para ella;
pero yo estoy dotado, incluso en noviembre,
la más cruda de las estaciones, con un enorme sentido
de su desnudez gastada y magnificencia
que olvido la crueldad y la traición pasadas,
sin importar dónde puede caer el próximo rayo.

La Diosa Blanca es uno de los libros más extraordinarios del siglo veinte.

Robert Graves. La Diosa Blanca. Traducción de William Graves. Alianza Literaria. Madrid, 2014.

Traducida por su hijo William Graves, La Diosa Blanca es –como señala en su espléndida introducción Grevel Lindop- “uno de los libros más extraordinarios del siglo XX” y una exploración monumental en la raíz de la poesía en un ensayo que acaba inundándose de un potente lenguaje poético, lo que explica esta advertencia inicial de Graves: es justo advertir a los lectores de  que éste sigue siendo un libro muy difícil, así como muy extraño, y que deben evitarlo quienes posean una mente distraída, cansada o rígidamente científica.

Subtitulado como «una gramática histórica del mito poético», es una apasionante aventura de investigación a través de la historia, una búsqueda a rienda suelta a través de los bosques de las mitologías y religiones de medio mundo; pero también es una introducción a la poesía para poetas, una crítica a la civilización occidental, una visión polémica de lo que fueron y son las relaciones entre hombre y mujer, y en algunos aspectos una velada autobiografía.

La Diosa Blanca (título original: The White Goddess: a Historical Grammar of Poetic Myth, 1948) ha sido publicado por Alianza Editorial en su Colección Alianza Literaria. Traducido por William Graves. Encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, tiene 778 páginas.

[Prólogo del libro en PDF] 

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

NOTA: Robert Graves nació en Inglaterra en 1895, en una familia de clase alta y de moral conservadora y victoriana. Estudió en Oxford y participó en la 1ªGuerra Mundial, donde fue herido. Se separó de su mujer y sus hijos y acabó con una poetisa, una relación que tampoco fue buena. Fue catedrático de universidad y en 1929 se instaló en Mallorca donde fallecería en 1985.

Advertencia de Graves: es justo advertir a los lectores de que éste sigue siendo un libro muy difícil, así como muy extraño, y que deben evitarlo quienes posean una mente distraída, cansada o rígidamente científica.

En una posdata de La Diosa Blanca el autor escribe sobre el origen de la obra, aunque se ve precisado a exponer una serie de aclaraciones: no es ningún místico, elude participar en sesiones de hechicería, espiritismo y yoga, no pertenece a ninguna sociedad secreta, culto religioso ni secta filosófica. También dice no confiar en su intuición histórica, sino en lo que se puede comprobar con hechos.

La teoría de Graves es innegablemente sugestiva y poderosa.

Que el poder  de la Diosa Blanca os acompañe.

FUENTES:

  • Wikipedia
  • Biblioteca digital mundial
  • La Diosa Blanca. Robert Graves.  Traducción de William Graves.  Alianza Editorial, 2014. 
  • Perceval Graves, Richard. (1987). Robert Graves and The White Goddess.
  • GIMBUTAS, M. (1974): Diosas y dioses de la vieja Europa. 7000-3500 a. C., Colegio Universitario de Ediciones Istmo.
  • Imagenes de Pixabay

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Maria Mercedes

Cosmopolita. Soy gnostica de raíces cristianas , mi parte pagana es mi amor incondicional a la Madre Tierra. No Teista y universalista. Anti-dogmatica por naturaleza- Políticamente humanista.

7 comentarios en “LA DIOSA BLANCA DE ROBERT GRAVES

  1. No hay duda entonces de qué fue la Diosa Blanca quién me inspiró este poema.

    *Inspiración*

    Dichoso el que contempla a las sirenas

    cantando mientras juegan con su pelo

    las olas que se acunan complacidas

    la brisa susurrando amor sincero

    El dios Poseidón calma su furia

    cual fiera deleitada por Orfeo

    surge la inspiración como un milagro

    las puertas se han abierto en el cielo.

    Interesante artículo, un saludo!

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